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Friday, June 13, 2014

Enrico Mario Santí vs. “Sobre los pasos del cronista”, de Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal

Las distorsiones bibliográficas, el torpe recorte de citas, el silenciamiento de fuentes claves, la retórica burocrática (“dictadura”, “Revolución”, “Fidel” son términos por antonomasia) contrastan en cambio con la pericia con que los autores leen los contextos en que se movió GCI. El libro describe en detalle las correderas de Nuestro tiempo, los líos de la Cinemateca, los episodios de Ciclón y El Puente, la polémica de Lunes, la bronca de P. M. y del ICAIC, las peleas en Revolución y la debacle de las llamadas “Palabras a los intelectuales”. Es aquí donde el entrenamiento periodístico de los autores nos lleva a buen puerto. La narración fluye mejor en esos capítulos, aun cuando la pertinencia de algunas secciones resulta cuestionable. GCI no fue un actor importante, por ejemplo, ni en Ciclón ni en El Puente y por tanto esos capítulos suenan a relleno; o mejor dicho, a más pretexto. En cambio, el mayor espacio, y el mejor análisis, aparece en los capítulos sobre el ICAIC, Revolución y las llamadas “Palabras” (pp. 189-278), casi cien páginas, donde GCI desde luego está muy involucrado pero no juega un papel necesariamente central. Sí lo juega, en cambio, y con un papel nefasto, quien pudiéramos llamar el “anti-Guillermo” de estas páginas, Alfredo Guevara, el Gorki de La Habana, aun cuando los autores se abstienen de mencionar quién verdaderamente fue el responsable de todo el desastre ideológico y moral de la época: Fidel Castro. Por eso, si a la impericia del análisis sobre la obra de GCI añadimos el evidente esmero que los autores dedicaron a estas secciones llegamos a la conclusión de que, en efecto, el quehacer intelectual de GCI fue el pretexto –un pretexto desde luego importante– para abordar un tema mucho más caro a las élites intelectuales cubanas: las guerritas intelectuales de La Habana, la lucha por el poder. Aunque no me refiero a las guerras de hace cincuenta años sino a las de hoy. No podría identificar a los actores de esas guerras actuales, que tal vez sea sencillamente una lucha generacional en tiempos de larga, interminable, transición. Pero una lucha de grupos es lo que se desprende de la narración del libro, que usa a GCI, y las antiguas guerras que ocurrieron alrededor suyo, sombra de las de hoy, como pretexto de discusión, como chivo expiatorio de un ritual de poder.

([Per]versiones de Cabrera Infante. Letras Libres, marzo 2012)

Thursday, June 12, 2014

Fermín Gabor vs. Ambrosio Fornet (2)

De haber sido bailarín de profesión, lo suyo habría sido el danzón sin salir del ladrillito. Si artista plástico, algún conceptualismo que desaconsejara el caballete. Dedicado a diseñar edificios, la coartada de Mies van der Rohe: "Less is more". Como chef, la cocina al vacío. Modisto, la doctrina de Diana Vreeland en Harper's Bazaar: "La elegancia es negación". (No resulta díficil, dado lo poco practicado de su arte, imaginarle cualquier otro destino: Ambrosio es la cuquita perfecta.)
(…)
   Desde hace varios años la consigna oficial privilegia el ahorro de papel: luego de un Jaime Sarusky, de una Graziella Pogolotti, de un Leonardo Acosta, de un Humberto Arenal, de un Luis Marré, premian a Pocho. No es descabellado suponer que la gente del Ministerio (no me refiero al de Cultura ni al del Interior, sino a la sinergia entre ambos) procura establecer una mitología del silencio.
   No perdamos tiempo, pues, en disquisiciones (que si Sarusky no es mal periodista... que si Pogolotti fue excelente profe... que si Acosta tocaba la batería o el saxo... que si Arenal tiene una hija actriz... que si Marré fue interés erótico de Virgilio Piñera... que si Fornet es buen consejero editorial...). Preguntémonos, mejor, qué se ha premiado en la ausencia de obra del último galardonado. Preguntemos por le silence de Ambroise.
   De entrada, queda descartada la hipótesis del estilismo y el rigor que castra. ¿Estilista él? Cualquier página suya podría publicarse como artículo de Pedro de la Hoz (por citar un ejemplo), sin que nada ocurriera.  A nadie la daría un yeyo, ni siquiera a Pedro de la Hoz.
   Tampoco es de creer que la mucha lectura le haya pasmado obra. Quien habla de lo muy leído que es Ambrosio no ha tenido nunca un modesto armarito con volúmenes ni gastó foto suya en carné de biblioteca. Fornet va por la vida tan apertrechado de lecturas como cualquier mortal puede estarlo de música: unos estribillos heredados de los padres, buena parte del cancionero de la edad pepilla y dos o tres éxitos posteriores escapados del cuarto de los hijos. Lo suyo es de temboteca: Flaubert, Faulkner, Carpentier, los muchachones del Boom, los becaditos Seneles, y paren de contar.

(La Lengua Suelta # 57. La Habana Elegante, segunda época)

Wednesday, June 11, 2014

Luis Ortega vs. Jorge Mañach (2)

Mañach como todos nuestros profesionales del intelecto, adolece de un cierto defectillo de vanidad. Les es más importante sobrenadar en la cultura que la cultura misma. Son como señoritos del arte. Lo fundamental es la exhibición. Ignoran la soledad. El modo como Mañach acomete los problemas, deja entrever siempre el rasgo característico de una generación que ha vivido volcada sobre los cargos públicos. Su mismo estilo es terso, elegante, distinguido, insincero. Nunca ahonda. Pero siempre se mantiene en el ápice del tema, en una pose algo circense.

(Coquetería intelectual. Prensa Libre, octubre 1949)

Tuesday, June 10, 2014

Raúl Hernández Novás vs. Bernardo Callejas

Oh, Bernardo que no dejas
de gruñir aunque te calles,
tú que aspirabas a calles
y te quedaste en callejas:
el verte vivir sin quejas
de tu amo a buen resguardo,
en lamerle nunca tardo
y cuidándole sus yerros,
ya comprendo que haya perros
llamados de San Bernardo.

(Blog Efory Atocha)

Monday, June 9, 2014

Duanel Díaz vs. Ernesto Hernández Busto (3)

Mientras en su curiosa excursión por la tangente mi adversario ha recurrido a un buen número de hipótesis contrafácticas, hay una, la que más viene al caso, que significativamente evitó explorar. Si Hernández Busto fuera Duanel Díaz no hubiera plagiado a un colega, no hubiera desconocido a quienes escriben desde la Isla con el falso argumento de que sólo los que viven en el exilio han participado en el debate del canon cubano, no hubiera realizado un inventario tan parcial con el único objetivo de inflar el trabajo propio.

(Duanel Díaz sobre la entrevista a Hernández Busto, III y final. Cubaencuentro, agosto 2005)

Friday, June 6, 2014

Carlos Ripoll vs. “Diccionario del pensamiento martiano”, de Ramiro Valdés Galarraga

Agotada, o al menos reducida aquella “ofensiva revolucionaria” que quiso convertir a Martí en un precursor del marxismo-leninismo, ante el fracaso de la torpe falsificación que llevó a tantos disparates, los esbirros a cargo de la cultura en Cuba parecen haber decidido una nueva estrategia para limitar el alcance de Martí y preferir en su estudio las más inofensivas trivialidades, y diluir lo que más les molesta de su doctrina en torrentes de palabras sin contenido ideológico.
   Habían pasado los tiempos de aquella afirmación de Marinello en la que, escondiendo lo dicho años antes por él, de que Martí había sido “un gran fracasado”, y que lo correcto era “dar la espalda de una vez a sus doctrinas” ya que sus ideas no podían “servir más que como trampolín de oportunistas”, escribió en el “Prólogo” de las Obras Completas, en 1963: “La postura martiana empalma con toda transformación igualitaria y es un antecedente poderoso y legítimo de nuestra etapa socialista”. Habían pasado los tiempos en que José Antonio Portuondo afirmaba que Martí y Lenin coincidían “en la organización celular” del Partido Revolucionario Cubano y del Partido Comunista, en el llamado “centralismo democrático” que excluía el multipartidismo. Habían pasado los tiempos en que Fidel Castro afirmaba que las relaciones entre Martí y Carlos Baliño (antes de que se descubriera que entonces Baliño era un fervoroso anarquista) simbolizaba “la conexión directa entre el Partido Revolucionario Cubano, de Martí, y el primer Partido Comunista de Cuba”. Habían pasado los tiempos en que Armando Hart, como Ministro de Educación, le impuso al Centro de Estudios Martianos la tarea de “exponer, con información y datos concretos, los lazos que unen el movimiento democrático revolucionario del Maestro con el ideario socialista de Marx, Engels y Lenin”. Habían pasado los tiempos en que Roberto Fernández Retamar, con un poeta ucraniano, llegó a imaginar a Martí cargando en el hombro a Fidel Castro como si fuera “Ismaelillo”. Habían pasado los tiempos en que Cintio Vitier veía en el “julio y enero” de Martí, de sus Versos Sencillos, el anuncio del 26 de julio, del ataque al Cuartel Moncada, y del primero de enero de 1959, del triunfo de la revolución. Habían pasado los tiempos en que los marxistas de Cuba, ante el colapso del comunismo, en 1992 se vieron obligados a incluir en la Constitución de 1976 el nombre de Martí: donde antes citaban sólo a Marx y a Engels, y afirmaban estar “guiados por la doctrina victoriosa del marxismo-leninismo”, después dijeron “estar guiados por el ideario de José Martí”; y en el Artículo Quinto, donde decían que el Partido Comunista era nada más ni menos, que “marxista-leninista” lo cambiaron para que dijera que era “martiano y marxista-leninista”. Habían pasado los tiempos, en fin, de esas mentiras, falsificaciones y torpezas, y de otras semejantes, con sus correspondientes fracasos, y entraron en la etapa actual de trivialidades y diluciones para dejar del mensaje de Martí sólo lo que menos perjudica sus intereses, o esconderlo.
   La falta de honradez intelectual llega en el autor de este Diccionario del pensamiento martiano a extremos de difícil disculpa. Como de Martí lo que prefieren hoy los que gobiernan en Cuba es su postura antiimperialista, también para así esconder las ideas de Martí sobre la libertad, la justicia, la política, los derechos humanos, entre otras vertientes de su doctrina (…)

(Martí secreto, Web de Carlos Ripoll)

Thursday, June 5, 2014

Lourdes Gil vs. Belkis Cuza Malé

Ya dije que en el amor se interioriza al otro; también se heredan venturas y desventuras. Vivimos dentro del antagonismo agresivo y feroz de sus hijos y ex mujeres a partir de febrero de 1997, cuando Heberto sufrió dos infartos seguidos y pasó dos años y medio sin trabajar. Situación que se recrudeció después de su divorcio. El silencio que mantuvimos al respecto ya no tiene sentido y si he decidido romperlo ha sido motivado por el crimen cometido con el patrimonio literario de uno de los escritores cubanos más importantes del siglo XX.
   En el verano del 98 Heberto hizo arreglos con un anticuario de libros de Boston para que lo representara a la hora de disponer de sus libros, papeles, manuscritos, correspondencia, etc. Heberto le explicó que Belkis, durante la separación, le había escondido doscientas cajas con sus libros antes de marcharse a Texas y nadie sabía donde estaban. Tenía todos los derechos legales para recuperarlas, pero desafortunadamente en esas fechas le sobrevino el ataque al corazón que lo colocó al borde de la muerte. Heberto ya no tendría fuerzas sobrantes para una lucha familiar interna.

(El invierno del poeta, Encuentro de la cultura cubana, No. 19, 2001)

Wednesday, June 4, 2014

Leonardo Padura vs. Andrés Reynaldo

1. Resulta verdaderamente revelador que mi comentario “Los profesionales del odio” haya motivado su ataque a mi persona, cuando yo no menciono jamás su nombre. Es usted, entre todas las personas posibles, el que se ha sentido aludido, como si fuese la encarnación en el presente del espíritu de Domingo del Monte. Eso advierte a las claras que le sirvió el sayo. Y que la viscosa sustancia delmontina es como los bichos malos: nunca muere. Usted es el más lamentable y fiel ejemplo.

2. No responderé a sus insultos personales. No puedo dedicar un segundo a pensar en ellos, pues no son otra cosa que la expresión del odio y la envidia a que aludo en mi antes mentado comentario que tanto le picó. Sus sandeces, por demás, están más que respondidas por mi actitud ante la vida y la literatura.

3. No me llame amigo. Nunca he sido amigo suyo y, si alguna vez hubiera sido posible esa contingencia, desde ahora y para siempre le digo que no suelo tener amigos de la catadura moral que exhibe usted.

(Carta respuesta a un discípulo de Domingo del Monte. Blog Café Fuerte, marzo 2012)

Tuesday, June 3, 2014

Alberto Edel Morales vs. “Tumbas sin sosiego”, de Rafael Rojas

Estructurado en una introducción y tres grandes momentos, Tumbas sin sosiego nos propone una lectura de la memoria cultural cubana desde un principio interesado: el pensamiento liberal de la República, no decantado sino cancelado por la Revolución de 1959 y superior en si mismo a otras tradiciones (sean comunistas o católicas o en cualquiera de sus variantes nacionalistas) es visto aquí como la piedra angular de la reconstrucción intelectual poscomunista. Previamente se nos ha hecho ver (académicamente, se nos ha demostrado) que en la República todos los debates eran posibles (superiores) y se realizaban con total respeto por el otro y en pie de igualdad para su legitimación pública.
   Esa tesis de partida hace fallar a Rojas, en tanto lo sitúa en dos perspectivas equivocas: una de origen y otra de destino. Y lo lleva a cometer gazapos conceptuales en profundidad, intentando fundamentar su punto de vista.
   Un ejemplo, puntual y extremo: sus perfiles intermedios son más favorables a autores de importancia bastante relativa como Raúl Rivero, que a pensadores de significación indiscutida para Cuba (pero culpables, ante los ojos del autor, de mantenerse e incluso liderar intelectualmente el campo político opuesto), como Cintio Vitier o Roberto Fernández Retamar.
   Otro ejemplo, más en el entorno generacional del autor: pretende erigir en paradigma de nueva civilidad poética a recién llegados a trompicones del tipo de Pablo de Cuba Soria, desconociendo (¿por pecado de lesa ignorancia?) autores como Reinaldo García Blanco, Pedro Llanes, León Estrada o Rigoberto Rodríguez Entenza, por señalar solo algunos de los muchos nombres que los ochenta y noventa del pasado siglo aportaron a la poesía cubana en materia de conciencia ciudadana. O se esfuerza en consagrar desde su autoridad (poder) a refinados vocales entusiastas del parricidio intelectual, como Duanel Díaz.
   Porque el pecado original de Rafael Rojas, que en Tumbas sin sosiego adquiere categoría de escándalo (Kundera dixit) es derrochar su indudable capacidad de análisis y el alto nivel de información que siempre nos muestra, en sustentar una idea política preestablecida: la Revolución fracasó hace tiempo (finalmente en los noventa) y para Cuba no hay alternativa viable fuera de la transición al modélico pasado, tantas veces anunciada.
   Rojas escamotea hábilmente la presencia y peso específico de la política norteamericana en los proyectos de esa transición (por ejercicio del mando o por imposibilidad de contención a las fuerzas imperiales), el modo en que históricamente esa presencia se hizo injerencia, intervención y ocupación del espacio público cubano siempre que fue necesario y el hecho de que si algo tiene tradición intelectual y popular en Cuba es el rechazo mayoritario a la política intervencionista del gran vecino.
   Quizá ningún libro desarrolla mejor, en lo específico, la idea última que la revista Encuentro de la Cultura Cubana viene proponiendo desde hace diez años: la construcción intelectual de una memoria otra para Cuba, distinta y opuesta a la que las mayorías del país han percibido como su memoria desde el triunfo mismo de la Revolución de 1959, pero muy peligrosamente deslindada también de valores patrios arraigados en la memoria nacional previa a ese proceso histórico y que en mucho lo fundamentaron en sus orígenes y lo sostienen en su devenir actual.
   Más allá de esos improcedentes puntos de partida, el libro revela el engarce apresurado de ideas y textos quizá pensados o escritos en momentos cronológicamente cercanos, pero diferentes en su esencia. De modo que ciertos síntomas de la creación artística o de la realidad social, que podían ser manifestación de algo en un tiempo, ya no lo son, o no lo son exactamente como el autor los maneja, y utiliza largamente a su favor. Errata o gazapo menor, pensando en la distancia desde la cual escribe, pero que revela también que algunos otros de sus argumentos son traídos a empellones hasta las páginas que aquí se nos presentan con el gozoso lustre de academia.

(Examen de memoria, Rebelión, octubre de 2006)

Monday, June 2, 2014

Jorge Mañach sobre Enrique José Varona

La filosofía de Varona, tan nítida, tan ordenada y categórica, carece, por lo mismo, de trasfondo. Es toda luz y llanura como el paisaje camagüeyano. Todo se halla en primer término y en el mismo plano, ceñido por un horizonte evolucionista que no es sino la promesa indefinida de idéntico paisaje. Comprometida por su teoría relacional del conocimiento, esa filosofía metódica no se entrega jamás a la intuición, ni entiende los valores sino como transicionales ajustes. Sobre ese mediodía no brillan nunca las estrellas. Carece, por todo ello, de misterio, de poesía.

(Para una filosofía de la vida, Editorial Trópico, Madrid 1998)