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Wednesday, October 14, 2015

Manuel de la Cruz vs. Aniceto Valdivia

Aquella balumba de autores hacía sospechar que Valdivia hacía de sus lecturas una promiscuidad increíble, que en un mismo día devoraba centenares de páginas de libros diversos. Así era en efecto: y antes y después de aquel largo período de su vida, sus escritos han reflejado ese desorden de torbellino de sus lecturas, su cultura esa desorganización originaria, fruto de una alteración profunda en el funcionamiento de las facultades, por exceso y desproporción de ejercicio y por la monstruosa cantidad de alimento. Si sus lecturas hubiesen sido hechas con lentitud y método, y si no hubiese propendido siempre á desarrollar su fantasía con evidente detrimento de sus facultades reflexivas, no cabe dudar que hubiera sido un literato y un crítico. Buscó su deleite, momentáneo, fugitivo, excluyendo el provecho, la utilidad remota del trabajo, y la mayor cantidad de esa lectura ha sido tan estéril en su intelecto, como si éste fuese una vorágine destinada á sumergir en sus antros páginas impresas. Es un literato y es un crítico, pero que adolece de aquellos males que cohiben el desarrollo que, en otras circunstancias, hubiera adquirido, y por los cuales ofrece el aspecto de un organismo en que miembros y vísceras, en vez de llegar al desarrollo pleno, han cído en la atrofia ó en la hipertrofia.

(Aniceto Valdivia. Cromitos cubanos. Habana, 1902)

Thursday, November 28, 2013

Emilio Bobadilla vs. Aniceto Valdivia

Personalmente Valdivia no me es antipático del todo, y le estoy agradecido por alabanzas que en otro tiempo escribió con motivo de mi personalidad humilde. He dicho, y no tengo empacho en repetirlo, que es hombre leído, si bien le sucede lo que á ciertos animales inferiores, que, á diferencia de los carnívoros, tragan mucha materia indigesta, según advierte Spencer; nada tonto, de los vulgares, porque hay el tonto literario, que es quizá el peor de los tontos.
   Valdivia carece de sentido crítico, y á veces de sentido común; juzga por impresiones, sin método; no sabe asociar las ideas; todo lo caldea con el fuego de su imaginación enferma.
   Hay en sus escritos dejos de lirismo hugoniano, hinchazones hidrópicas, salidas de tono, desplantes de epiléptico. Hay momentos en que parece un loco á quien se ha puesto una pluma en la mano mojada en sangre de tonina. A ratos, parece un Carlyle traducido y rebajado, sin el talento, ni sombra, del famoso historiador inglés.
   Su prosa churrigueresca y malsonante me produce el efecto de un gran collar de cuentas de vidrio multicolores, desgranado sobre un caldero viejo.

(Triquitraques, Madrid, 1892)

Monday, September 2, 2013

Jesús David Curbelo vs. Emilio Bobadilla y Aniceto Valdivia

Como detalle curioso, he de apuntar la presencia de Bobadilla y Valdivia, exponentes de la crítica satírica. Por lo general, no aportaron ideas sustanciales al devenir literario del país, pero se hicieron muy célebres, sobre todo Bobadilla, por la biliosa agresividad con que acometía a las víctimas de sus dictámenes. Bobadilla publicó mucho, y malo, y participó en innumerables polémicas, siendo la más recordada aquella donde ataca a Varona (que lo había juzgado con severidad desde las páginas de la Revista Cubana) y que mezcló en el debate los nombres de Manuel de la Cruz y Manuel Sanguily. Aun con las clavijas ajustadas, Bobadilla insistió en ir contra Varona, y admitió su maestría para luego agregar, con mucha coña, que Varona se asemejaba a Menéndez y Pelayo en que todos lo admiraban pero en verdad muy pocos lo leían. Valdivia, por su parte, se caracterizó por la prolijidad con que mostraba sus fuentes y por un estilo ampuloso y efectista, pleno de cabriolas en el juicio que, al final, no estaban fundamentadas. Ambos críticos enlazan, de algún modo, con el estilo corrosivo y dogmático de la crítica teatral escrita por Buenaventura Pascual Ferrer, en los primeros años de la centuria, para El Regañón de La Havana, y alimentan la peregrina idea de que el ingenio, la mordacidad, los ataques personales, los chismes y, en fin, la ventilación pública de los trapos sucios del resentimiento, la envidia, el oportunismo o la mediocridad, pueden cooperar al análisis de la literatura. Aquí pido la policía (de la posteridad) para que se lleve a estos y otros matones literarios que han hecho de la filípica y la maledicencia una forma de abordar (como los piratas) el hecho artístico.

(Meditraiciones, Cubaliteraria, 2004)