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Thursday, January 21, 2021

Ana María Simo vs. El Caimán Barbudo y Jesús Díaz

El Caimán Barbudo fue el zarpazo de la contrarrevolución, que ya entonces no era ni “Revolución”. Su finalidad era prevenir el surgimiento de cualquier otro proyecto joven independiente que amenazara su hegemonía. Darle el golpe de gracia a El Puente y borrarlo de la historia no fue fin, sino medio. El Caimán Barbudo fue el anti-Puente oficial. En todo sentido: rígido, excluyente y caricaturesco. Sus fundadores eras hombres, heteros, pálidos, universitarios y conformistas.

   Yo había decidido irme del país poco antes de la polémica con Díaz. Me costó sangre, sudor y lágrimas conseguir el odioso “Permiso de salida”. Mi expediente “se perdió” varias veces durante más de año y medio de batalla. Esto era común en esos años, así que no sé si fue consecuencia de haber osado contradecir en público a Díaz, que era entonces el “golden boy” intelectual del régimen.

(Entrevista con Abel Sierra Madero. Hypermedia magazine, diciembre 2020)

Monday, November 2, 2020

Juan Abreu vs. Reinaldo García Ramos, Ana María Simo, René Cifuentes

He rechazado algunas entrevistas recientemente, sabía que tendría que hablar de Mariel (revista, generación, etcétera) y el tema me aburre, me tiene harto. No pensaba volver a tratar el asunto. Pero. Leo una entrevista con García Ramos. Y hay que puntualizar algunas cosas. Marcia Morgado fue fundamental para la revista Mariel, por su experiencia como editora y por su capacidad de trabajo. La revista se hacía en la sala de su casa. Ayudó en la distribución, dice García Ramos, sí, en eso también. Ana María Simó, santocielo. Por lo que recuerdo la señora o señorita Simó era una lesbiana grave, engolada, a la que apenas se le entendía nada de lo que hablaba. No digamos ya de lo que escribía. Era compinche (o algo por el estilo) de García Ramos, y ese fue el único motivo por el que tuvo algo que ver, muy poco, con la revista. ¿René Cifuentes? Cifuentes era la loquita bonita del momento, nada más. García Ramos quería llevarse la revista a NY para hacer galones de intelectual, ya que hasta su salida de Cuba lo único que había sido era un burócrata de la dictadura. García Ramos despreciaba Miami e iba de marquesa intelectual newyorkina en esa época. Esa fue más o menos la cuestión. Marcia se enfadó, como era lógico, yo más bien me sentí aliviado. A fin de cuentas, el trabajo lo hacíamos nosotros, en Miami, Luis de la Paz ayudaba, Carlos Victoria a veces aparecía. Marcia no fue el detonante del fin de la revista, el detonante fue que en NY ya nadie quería trabajar en la revista. Se habían dado cuenta de que el juguetito daba mucho trabajo. Y en cuanto a Reinaldo, durante el proceso, hizo de veleta y de intrigante, cosa que disfrutaba, y al final se cansó de hacerlo todo él solo. Y, por último, no olvidemos que el “amparo” de Florencio García Cisneros, era pagado. Reinaldo le pagaba los números de su revistica cuando publicaba textos de marielitos. En fin, lo mejor es que García Ramos no revuelva más esa mierda. Dice García Ramos que su memoria funciona como un mecanismo de defensa. Será porque lo necesita.

(Blog Emanaciones, junio 2020)

Wednesday, May 8, 2013

Jesús Díaz vs. Ana María Simo, El Puente y José Mario

Me voy a referir brevemente a los elogiosos comentarios que graciosamente Ana María Simo dedica a mis supuestas habilidades verbales: es la vieja técnica de gritar: ¡Al ladrón! Me interesa también otra cosa; en su artículo hay una buena cantidad de alusiones equívocas. Por ejemplo, dice “porque no es lo mismo hacer una labor como aquella, que ser un burócrata de la cultura, como no es igual hacer la reflexión generacional en plena Crisis de Octubre que realizarla en la relativa comodidad del año 1966”. ¿Es que Ana María piensa que soy un burócrata de la cultura? Si lo piensa, ¿por qué no lo deja claro? Si no, ¿a qué viene esa frase? La técnica empleada en un artículo plagado de insinuaciones, que van creando insensiblemente en la mente del lector la imagen de un burócrata de la cultura, jefe de una de las camarillas literarias que asolan nuestro país y que se mantuvo escondido en las aulas universitarias hasta hacerse una especie de representante oficial del poder ante los problemas de la cultura joven, ¿se debe a Life, o lo aprendió leyéndome? En todo caso me ha superado, porque cuando pensé, como pienso, que El Puente fue “empollado”, lo dije claro. Es cierto que durante la Crisis de Octubre no pude entregarme al peligro de una profunda reflexión generacional: estaba dirigiendo una batería de cañones antiaéreos. Siento que esto suene mal, que suene pedante, que hasta suene “dogmático” en boca de un escritor, Ana María recordó la Crisis de Octubre, yo también. Luego me usa de dogmático tecnificado y letal. Sería bueno que les preguntara a los defensores del Indio Naborí o de los manuales de marxismo si existe un pensamiento dogmático-terrorista, existe también un pensamiento histérico-liberalista. Son primeros, ninguno discute ideas, ambos acusan. Y si se entiende como dogmatismo luchar contra las posiciones ideológicas que, independientemente de la opinión de quienes ¿codirigían?, se impuso en la editorial hasta el extremo de la disolución Ginsberg y desde 1962, cuélgueseme el sambenito.
   Al final Ana María, cuya “actuación escrita” en este proceso me recuerda por antítesis la actuación de otra María, Schell en la película El último puente, me libera de un temor: El Puente está vivo dice que en las publicaciones universitarias. Por más que he revisado las revistas de nuestras universidades, no he podido hallar la prueba, pero... me hace falta creer en Ana María. Sería bastante triste ser conocido como el asesino de un muerto.
(…)
   Para decirlo todo en junto: El Puente era dirigido por un grupo. En ese grupo (independientemente de las buenas intenciones con las que está empedrado un camino conocido) se impuso siempre la línea personal y la actitud disoluta y negativa de José Mario Rodríguez, pródigo ¿poeta? que logró publicar La conquista, De la espera y el silencio, Clamor agudo, A través, 15 obras para niños, La torcida raíz de tanto daño y Muerte del amor por la soledad, en menos de cuatro años; una fertilidad digna de Lope o del Indio Naborí. Todos los libros fueron editados por El Puente a pesar de que “la mayoría de nosotros no pensó nunca en utilizar indefinidamente las Ediciones para autoexpresarse”. “La mayoría de nosotros”..., es decir, el resto del grupo, permitió, en aras de no sé qué mítica amistad, esos hechos. Como permitió y apañó toda la errónea evolución política de la Editorial. ¿Dónde reside la corresponsabilidad de Ana María Simo? Evidentemente es corresponsabilidad en el error, el silencio y la debilidad ideológica, ya que no pudo serlo en la dirección efectiva de la Editorial.

(Respuesta a Ana María Simo,  La Gaceta de Cuba, No. 52, 1966)

Tuesday, February 12, 2013

Ana María Simo vs. Jesús Díaz

Es peligroso por eso agrupar bajo una sola etiqueta de diccionario puritano a todo un proceso editorial de cuatro años y a un grupo de personas que discrepaban radicalmente entre sí.
   Disoluto es el individuo que se entrega únicamente a los placeres y que los tiene como finalidad principal de su exis­tencia. Sus sinónimos son: licencioso, vicioso y libertino. Son ideas afines a estas, las de corrupción, depravación, perversión, inmoralidad y pecado. Lo contrario de disoluto es lo austero y lo virtuoso. Disoluto es un calificativo de orden moral (en su sentido más restringido, en el de moral sexual incluso). Calificar una empresa literaria y a un grupo de escritores en tanto que escritores (pues se supone que de esto se trata), con una palabrita así, es un recurso victoriano o un acto de dela­ción intelectual.

(Respuesta a Jesús Díaz, La Gaceta de Cuba, No. 51, 1966)