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Monday, May 18, 2020

Heberto Padilla vs. Luis Pavón


Navarro Luna publicó un hermoso ensayo sobre mi poesía en la revista Verde Olivo, órgano oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El viejo llegó a decir que yo era uno de los grandes poetas de nuestro tiempo. Su afirmación fue legitimada por el poderoso organismo que representaba la revista.
   Me dijo Navarro que el propio comandante Guevara, verdadera fuerza rectora de Verde Olivo y Prensa Latina, había aprobado personalmente la publicación del ensayo, no sin el disgusto del director, Luis Pavón Tamayo, un versi!cador recién llegado de Holguín que se empeñaba en aumentar su figurita de pelele con ambiciones descomunales de poder. Lo tuvo algún tiempo, cuando Fidel accedió a conceder al Ejército la dirección de la cultura, como hicieron los dirigentes chinos en sus legendarias «brigadas rojas».
   Después de haber hecho alarde de su resentimiento en los comentarios firmados con el pseudónimo de Leopoldo Ávila, el enano de Holguín arremetió contra sus antiguos obstáculos literarios y publicó un librito de poemas que era más una guía sentimental de viajes por el mundo, que el testimonio apasionante de la revolución que se esperaba de él. Echado a puntapiés del cargo, se vio flotar a la deriva como el papanatas que era, hasta convertirse en un alcohólico. Hoy es la mala sombra del montón de canalladas impunes que cometió en nombre de la Revolución y de la clase obrera.
   El papanatas tenía voz meliflua, un cultivado aspecto de orfandad campesina, y ese talante reverencial y abyecto que predomina en momentos en que el caudillo pide lealtad incondicional. Pavón contó con la estrecha colaboración de la Seguridad del Estado, que le prestó el término con que justificó las tantas depuraciones llevadas a cabo en los sectores artísticos: parámetro. Se llenaban o no se llenaban los parámetros. El Consejo Nacional de Cultura creó equipos de comisarios políticos para juzgar (parametrar) a cada uno de los miembros de los grupos artísticos y asociaciones
culturales del país. Se hacía tomando en cuenta la información policial que se nutría de los testimonios de sus informantes.
   La conducta sexual era factor determinante. De un maricón o una lesbiana lo primero que se esperaba era desafección al régimen. El homosexual no era un problema de la nueva sociedad, sino al contrario, una lacra del antiguo régimen que tenía por objetivo principal socavar o negar el actual proceso social. Pavón creía agregarle pulgadas a su estatura cada vez que rebajaba con infundios a los pobres bailarines de ballet o a actores mal pagados. Dio más prebendas a poetastros y narradorcillos que en los peores años de la condenada corrupción del pasado; pero la dirección política pensaba que un determinado grado de venalidad era inevitable para llevar a cabo sus propósitos.
   Muy altos dirigentes decían que no se actuaba aún con la audacia necesaria para «golpear» a ciertos sectores del país demasiado sensibles y peligrosos porque suelen despertar la solidaridad internacional. Pavón fue el ensayo. Desde Verde Olivo él articulaba la ofensiva en colaboración con viejos profesores con ínfulas de literatos que ilustraban al pie de la letra aquel resentimiento en la moral de que hablaba Max Scheller.

(La mala memoria, Plaza y Janés, 1989)

Friday, February 14, 2020

Carlos Ferrera vs. Luis Pavón


Era noviembre de 1968 y los lectores de Verde Olivo se preguntaban quién era Leopoldo Avila. Nadie lo sabía entonces. Hoy se sabe que era Luis Pavón, a veces con la ayuda de José Antonio Portuondo. Sin embargo, la auténtica autoría intelectual de esos textos, bajaba del gobierno comunista cubano, al que el ficticio Leopoldo Ávila convirtió en el único gobierno de la historia en usar un heterónimo.
   Desde las páginas de Verde Olivo, Pavón crucificó la homosexualidad, y con arrogante ignorancia definió a Heberto Padilla, a su mujer la poetisa Belkis Cuza Malé, a Virgilio Piñera y a Cabrera Infante, como “escritores irrelevantes dentro de la narrativa cubana”: Según Pavón, “Cabrera es un tallador de la CIA. Con Severo Sarduy y Adrián García, trazan desde el extranjero el camino de la traición...”
   Luis Pavón hizo también suyo el apotegma de Castro, “Dentro de la revolución: todo; fuera la Revolución nada”, otro de los clamorosos fraudes discursivos del comandante, recortado descaradamente de la máxima de Mussolini: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.
   Resumiendo, el posicionamiento público de Luis Pavón al lado de la dictadura y en abierta beligerancia contra la intelectualidad más respetada del país, lo hizo merecedor del puesto más sensible dentro del estamento cultural: Por indicación expresa de Raúl Castro, en 1971 Luis Pavón fue nombrado presidente del Consejo Nacional de Cultura, el Ministerio de Cultura de entonces.
   No hay dudas sobre la identidad del autor de este nombramiento, porque en los días previos a hacerse efectivo, el propio Raúl era recibido por Pavón en su oficina de la revista que dirigía, delante de todo el mundo. “El general utilizaba el despacho de Pavón en Verde Olivo para reunirse con quienes lo asistían en la tarea de espiar a "la ciudad letrada", que en todos los tiempos ha sido una fuente de zozobra para los poderes liberticidas”, cuenta el poeta y periodista Manuel Díaz Martínez, director de la revista “Encuentro de la cultura cubana”, en un artículo publicado en El País.
   También en su “Intrahistoria abreviada del caso Padilla”, Díaz Martínez describe “la época en que Raúl Castro presidía unas reuniones que se celebraban en la oficina de Pavón, en las que, a partir de informes aportados por los cuerpos de seguridad, se seguía el comportamiento político de los escritores y artistas cubanos que vivíamos en la isla”.
   El Pavonato fue pues, la puesta en práctica de los lineamientos de Fidel, de quien Pavón y Quesada fueron ayudantes necesarios y ejecutores serviles. Su primera acción notable, fue el acoso y derribo del ya entonces defenestrado Heberto Padilla. De ahí en adelante, Quesada y Pavón sembraron el terror en la intelectualidad cubana, como nunca antes nadie lo había hecho.

(Tomado de Facebook, febrero 2020)

Thursday, December 22, 2016

Pío E. Serrano sobre Luis Pavón

La selección de Luis Pavón (1930) para que hiciera el trabajo sucio no fue casual. Se escogió para la jefatura del Consejo Nacional de Cultura a una persona que ni por su cultura ni por una destacada posición política respondía a las responsabilidades del cargo. Pavón era un menesteroso cultivador de la poesía, digamos, épica, con un libro perfectamente prescindible, publicado en 1960 (en 1967 publicaría el segundo). Su militancia política se había alimentado en las filas del Ejército. Pero era un joven flexible que cultivaba el peculiar género de la ambición que desborda al afanoso. Quizás fuera esta falta de condiciones lo que favoreciera su nombramiento. El régimen deseaba un ejecutor gris, alguien fácil de olvidar después del crimen. Ninguna virtud singular permitiría su perseverancia en la memoria pública. Como en el Ejército debió aprender una cierta disciplina, estaba dispuesto a obedecer. Tampoco creo que fuera excesivamente perverso. Su conciencia debió acogerse a la obediencia debida. Los jerarcas del régimen habían encontrado el rostro, el instrumento desechable y, como al Golem, lo echaron a andar. En ello, hay que reconocerlo, fue escrupuloso. Fue la primera vez que lo traicionaron.

(Discurso en defensa de Pavón. Revista Otro Lunes, mayo 2007)

Friday, December 2, 2016

Eliseo Alberto vs. el Quinquenio Gris (¿y Luis Pavón?)

Un año después, el Congreso de Educación y Cultura llenó el país de ratas y alimañas. Comenzaba el Quinquenio Gris. ¿Comenzaba? Haré lo humanamente posible para que la cólera no rija mis recuerdos y me haga calificar con palabras demasiado crudas a los promotores de aquel auténtico patíbulo de la cultura nacional. No sé si pueda. Verdugos a sueldo de incapaces y tenientes alcoholizados por los licores de la envidia se atrevieron a humillar a prestigiosos intelectuales y artistas, sin distinción de origen ni de nacionalidad, y convirtieron nuestros teatros, galerías y editoriales en letrinas donde ellos, y sólo ellos, nadaban a gusto como renacuajos en un mar de babas. Por viles negaron a José Lezama Lima y por viles acorralaron a Virgilio Piñera, que no estaban fuera del juego sino en el centro mismo de la literatura universal. Por impotentes, herniados de intolerancia, persiguieron a los escritores que habían tenido la valentía crítica, y por tanto amorosa, de publicar libros de pelo en pecho sobre el combate de Playa Girón o la lucha contra bandidos en el Escambray. Por débiles de espíritu acosaron a los homosexuales (que se negaron a ser sus amantes porque eran mucho más hombres y mujeres que ellos), los dejaron sin trabajo y los desdeñaron ante sus vecinos. Todavía en 1990 varios de esos funcionarios-gusarapos andaban coleando por oficinas de la administración pública, venidos a menos, requisados a media, pero pavoneándose de sus canalladas de antaño, y no faltó alguna que otra cucaracha que los aplaudiera.

(Informe contra mí mismo. Alfaguara, México, 1998)

Tuesday, November 17, 2015

Carlos M. Alvarez vs. Luis Pavón

Su amarguísima estela como Presidente del Consejo Nacional de Cultura, desde el propio 1971 hasta 1976, devoró cualquier otro rostro. Su encomiable labor de custodia, su rol protagónico en la depuración estalinista del arte y la literatura cubana de la época, tienen un nombre, y este nombre encierra un concepto. El nombre es el pavonato. El concepto es la censura y la opresión, la humillación moral y el aislamiento físico.
   Con el argumento del socialismo, del pueblo y de la Patria, Pavón maniobró, y esa maniobra, a la vuelta, lo dejó sujeto al pavonato. Jamás pudo desprenderse de tan miserable legado. Cuando decimos Pavón, lo más probable es que recordemos a Arrufat, a Arenas, a Virgilio, a Lezama, las víctimas directas y más encumbradas del quinquenio y sus alrededores.
   Desde 1976, con su destitución como comisario cultural, Pavón desapareció. Fue diluyéndose en un provechoso olvido, hasta enero de 2007, justo cuando Impronta, el breve programa de la televisión nacional, dedicado a personas relevantes, decidió brindarle un espacio. En un acto canallesco, aceptó la propuesta. Le pareció que aún merecía un micrófono, y esto, finalmente, debemos agradecérselo. Gracias a su torpeza, y quizás a su egolatría y vanidad, hoy los cubanos con menos de cuarenta años sabemos quién es.
   La simple omisión habría sido recompensa suficiente. Pavón debió saber, o algún familiar debió haberle advertido que no aceptara la invitación de Impronta. Por su bien, no por el nuestro, alguien tuvo que haberle recordado su pasado infame, su rectorado homofóbico e impío, y el estropicio que provocó en la cultura del país. Pero no lo hicieron, y la resurrección de su imagen pública trajo una oleada de reacciones, un pavoroso grito unánime de nuestra comunidad artística y literaria.
   Más que la guerrita de los emails, y más que el posterior ciclo de conferencias sobre el quinquenio, impartido por algunos de los escritores que sufrieron oprobio y marginación, lo que nos demuestra o nos dibuja una idea más o menos exacta de la  magnitud del pavonato fue esa protesta inicial, espontánea, mezcla de miedo y ardor, de estupefacción y rabia. Como diciendo: “¿qué hace este hijo de puta de nuevo aquí?”.

(Pavón. Blog On Cuba, julio 2013)

Friday, April 24, 2015

Manuel Sosa vs. Luis Pavón y José Martínez Matos

Los hubo peores que Luis Pavón, pero pocos dejaron un testimonio tan explícito de su condición miserable. Por ejemplo, casi nadie menciona a José Martínez Matos, delator y testigo en procesos penales contra otros escritores, y cuyo nombre aparece incidentalmente en algún documento de ignominia. Pero al comisario Pavón es fácil ilustrarlo, pues cada artículo suyo (publicados en la revista Verde Olivo, usando el seudónimo “Leopoldo Ávila”) ha sido archivado y expuesto por gente memoriosa, que se sirve de ellos para demostrar los límites a que llegaba el estalinismo cultural de entonces.

(Luis Pavón: queda escrito. Blog Penúltimos Días, mayo 2013)

Thursday, April 9, 2015

Norge Espinosa vs. Luis Pavón (2)

Su poesía es hoy ilegible e inmencionable, aunque tal vez suene más digna traducida al eslavo, si recordamos que entre sus condecoraciones, Pavón ostentaba la Orden Cirilo y Metodio. Sus artículos en la prensa, una invitación al peor olvido, al tiempo que ejemplares muestras de la intolerancia que primó en nuestra prensa durante un buen tiempo, dejando secuelas que siguen dejándose ver aún hoy, de vez en vez.
   En una antología preparada por Luis Suardíaz, David Chericián y Eduardo López Morales, puede encontrarse su rostro, emparedado entre versos de Roberto Fernández Retamar y José Martínez Matos, en el mismo tomo donde algunas de sus víctimas eran devueltas a la luz como parte de una generación que en realidad no fue nunca tal.
   Recuerdo otra foto suya, en la cual aparece junto a Alfredo Guevara en el entierro de Bola de Nieve, que había fallecido repentinamente en México. Era 1971 y Pavón empezaba a disfrutar de su poder ante el CNC. Funcionario y enterrador, debió haber sentido un alivio profundo ante el cadáver del escandaloso piano man. Uno menos, se habrá dicho, al frente de aquel cortejo literalmente fúnebre.
   Hablé con Luis Pavón Tamayo, según creo recordar, solamente una vez. Por teléfono. Había dictado ya mi conferencia, y con los materiales que la alimentaron, me di cuenta de que tenía que ir aún más profundo en el tema. Un libro, me dije, hay en todo esto, y aún estoy dándole vueltas a esos testimonios de quienes sintieron la grisura de aquella época en carne propia. Quise, sin embargo, escuchar tantas voces como me fuera posible antes de entrar en semejante empresa. Y así como hablé y entrevisté a Ramiro Guerra, Ingrid González, Antón Arrufat, Armando Suárez del Villar, José Milián, Iván Tenorio y muchos otros, me pregunté qué podría contarme Luis Pavón acerca de ese tiempo.
   Procuré su número, lo llamé. Ya le habían advertido. Repitió a través del cable la pantomima que el programa de televisión quiso hacernos creer. Apeló a su vejez, a su enfermedad, para negarse delicadamente a una entrevista. No iba, como sí hizo Julio Dávalos, a revelarme otras aristas del asunto. Acaso, mientras hablábamos, se habrá encogido en su sillón, para simular con mayor credibilidad el papel del anciano mártir. Un viejo pánico, como aquellos que Virgilio Piñera imaginó en una obra que presagiaba el silencio y el terror de sus días finales.
   No hubo pues entrevista. No creo que hubiera sacado mucho de ella. Pero a fuerza de ser justos, sentí que tenía al menos que intentarlo. Desaparecen archivos, se soplan las cenizas, se borran diarios y páginas que otros dictan desde el reverso opaco de los espejos que vieron lo que no quisiéramos tal vez saber, y así se va desmantelando cierto costado de la Historia. Mueren algunos personajes de esta otra obra, y con ellos algún matiz, un claroscuro, un índice de verdad, así sea corrompida, se nos escapa en el empeño de reconstruir las claves de un error. Qué me hubiera revelado ante la noticia que me empuja estas líneas, por ejemplo, el mismísimo Suárez del Villar, desaparecido ya hace casi un año. Para imaginar esa respuesta, seguiré persistiendo en los capítulos de mi libro.
   Murió Luis Pavón, y La Habana lo despide con un golpe de llovizna. A estas alturas, no encuentro en la prensa nacional noticia de su deceso. Me gustará ver si se le recuerda y cómo. De qué manera a una persona que no tenía ya ni peso, ni obra, ni nombre, se le dice adiós. Alguno de sus viejos colegas: esos otros comisarios grises y mal sobrevivientes, midiendo el tiempo que pueda quedarle en este mundo a partir de la desaparición de quien fuera un soldado tan enérgico en el cumplimiento de su fatal misión, tal vez le dedique un instante de silencio. Probablemente menos de un minuto: el tiempo que en la lluvia media entre uno y otro relámpago.

(Luis Pavón Tamayo: Sinfonía en gris menor. Diario de Cuba, mayo 2013)

Thursday, April 2, 2015

Alejandro Armengol vs. Luis Pavón

No es que Luis Pavón muera sin pena ni gloria, es que murió oficialmente olvidado. Nadie mencionó su fallecimiento en la prensa oficial cubana, ninguna nota breve, no hay hasta el momento un cable de agencia noticiosa que recoja el hecho. Por otra más de las ironías del destino, la historia o la política —la retórica aquí no importa— ha sido en el exilio donde más se ha comentado, o al menos mencionado, el fin de alguien al que muchos con razón consideraron y han considerado siempre un hijo de puta. Que ya no exista no cambia en nada ese criterio. Al menos, si se quiere se consecuente.
   Pavón, que fuera director de la revista Verde Olivo y también el aparente autor de unos pocos textos que, con el nombre de Leopoldo Ávila —los trabajos se han atribuido también a José Antonio Portuondo, otro mediocre estalinista— sirvieron para desatar el terror entre escritores y artistas, en momentos en que se impuso el dogmatismo, la mediocridad y la estulticia en buena parte de la literatura cubana. Sin llegar nunca a convertirse en una especie de Marat o Robespierre del trópico —no por falta de vocación sino por carencia de posibilidades— este poeta mediocre trató sin descanso de arruinarle la vida a varios creadores. Lo conseguiría mejor desde la presidencia del Consejo Nacional de Cultura entre 1971 y 1976, donde pudo ejercer casi a plenitud su destino de censor.
   Tras su breve reinado de terror cultural pasó no sólo a la oscuridad casi total sino al rechazo poco menos que absoluto. Luego sirvió de pretexto para una de las tantas jugadas con múltiples interpretaciones que han ocurrido en la isla a partir de 1959, cuando apareció en un programa de televisión en 2007.  Es posible que aquella “guerrita de los emails” rindiera provecho a unos cuantos, lo que sí es seguro que nadie está dispuesto a repetirla ahora, ni en la más ligera escaramuza. Quizá, después de todo, ha sido el miedo, no a Pavón sino a mencionar a Pavón, lo que explique este silencio momentáneo en la prensa cubana.
   La muerte de Pavón, por lo demás, a estas alturas no significa nada. Si acaso servirá para que algunos de los perseguidos de entonces, que han permanecido en la isla y logrado el pleno reconocimiento oficial y oficioso —premios nacionales incluidos— le dediquen una sonrisa irónica. No creo que la condición de humanista haga a nadie humanitario, al menos eso espero. Deberían celebrar, no tanto la victoria sobre el censor, que lograron hace mucho tiempo, sino el olvido como una forma más sutil, pero también más poderosa, de detracción.

(Pavón, el olvido oficial. Cuaderno de Cuba, mayo de 2013)

Tuesday, February 17, 2015

Norge Espinosa vs. Luis Pavón

Pavón, que en su entrevista parecía el buen señor mayor de la puerta de al lado, repasó sin detallar su carrera política al frente de un mundo cultural que por poco deshizo, obrando como un buen soldado bajo las órdenes de otros personajes a los cuales representó con mano dura. Al final de su programa, la voz de la locutora insistía en destacarlo como una figura a la que se le recordará por su condición de intelectual de infinito compromiso revolucionario. Si esa es la tónica que tendrá el programa, si esa es la línea de selección por la cual podremos saber o no quiénes merecen o no ser elegidos para alzarse ante el público televisivo como figuras de referencia, vale preguntarse por qué el organismo que produce esa clase de espacios no prefirió entrevistar a Roberto Fernández Retamar o Graciela Pogolotti, por poner sólo dos ejemplos de intelectuales que no sólo poseen una obra de muchísima mayor firmeza, merecedora del Premio Nacional de Literatura, y para los cuales el compromiso con la Revolución ha sabido resolverse en formas mucho más pródigas de lo que entendemos como cultura y diálogo. Claro que también valdría preguntarse por qué no pueden ser otros los invitados a Impronta. Por qué la selección, entre nosotros, para esos espacios, trae consigo una resaca que, a la vez que elige a unos, evidentemente impone a otros una cuota de silencio o invisibilidad rampante.
   La resurrección de estos cadáveres es un síntoma que, leído en secuencia, puede y debe provocar reflexiones e inquietud. Si la cultura cubana es consciente de su pasado y su tradición, si en verdad está apta para revisitarse y comprender lo que es, por encima de sus logros reales, no los triunfalistas, y los errores que la han traspasado; estas presencias no deben ser recibidas con indiferencia. Las víctimas de lo que, como mando de censura y parametración organizaron Serguera y Pavón, debieran sacudirse el polvo y el lodo que este regreso les echa encima, y levantarse con voz de alerta. Lo que implica el que tales nombres ocupen espacios principales de la televisión, ganen una atención y una promoción que otros de mucha mayor valía y trascendencia no poseen, es un signo grave que puede desatar otras preocupaciones. Repasar sin asomo de respeto el pasado cultural cubano, sin la debida delicadeza ni la conciencia real de lo que ahí se acumula; es lo que parecen introducir entre nosotros, como penosa actitud, estos acontecimientos. Espero que la vergüenza propia de quienes sufrieron esos desmanes se alce y no acalle la indignación que ha corrido por las calles habaneras, por la discreta ciudad letrada cubana, tras estas fantasmagorías que hemos debido ver, sintiendo el golpe de lo que se llama "pena ajena". Sería una actitud que dignificaría y nos recordaría el modo en que la cultura, para ser manipulada, debe ser ante todo un valor moral y de dignidad regeneradora. Teniendo en cuenta, sobre todo, que muchos de esos que fueron alejados de su quehacer durante el quinquenio gris bajo el mando de Serguera y Pavón, aún esperan una disculpa real y palpable por lo que debieron padecer.

(Circulado en la red, enero 2007)

Monday, May 5, 2014

Luis Pavón vs. Virgilio Piñera y Antón Arrufat

A las posiciones de vanguardia de la Revolución, al poderoso esfuerzo en la construcción del país que hace nuestro pueblo, no se corresponde una obra artística de pareja audacia. Sólo puede hasta ahora hablarse de algunos intentos por expresar la nueva realidad, así como de cierta tendencia a evadirla y aun falsificarla. En teatro, es sabido lo mal que andamos. Entre un Piñera que se repite hasta la monomanía y un Arrufat que repite a Piñera con mayores oscuridades, reticencias y anfibologías (por otra parte, tan transparentemente hostiles a la Revolución), nuestro teatro parece desembocar irremediablemente a la tontería.

(sin especificar, copia de impreso)

Thursday, October 17, 2013

Manuel Vázquez Portal vs. “el artista capataz”

De ese rejuego infernal brota el artista capataz, aunque no sea el artista más diestro, pero sí el más leal. Este artista capataz se torna correa transmisora de los designios del poder para el resto de los artistas. Lleva y trae. No puede otra cosa. Gira, según le impone la polea del poder. Han sido estos los sucesivos Pavones, aunque con otros apellidos, de la cultura cubana, y han ido creando sus propios sucesores. Con su flaco poder han repartido premios y lustres, y de Luises Pavones se ha transitado a Edeles Morales, sin que, en rizoma, nada cambie, ni pueda cambiar en el futuro de mantenerse tal situación. Ha de cambiar primero la relación gobierno artista para que cualquier debate en este sentido fructifique verdaderamente. Ha de ganar primero el pensador su libertad de pensamiento para que pueda decir el nombre de las cosas y defender su criterio sin miedo a represalias, represalias que, como ha demostrado esta casi media centuria, pueden tener muchas variantes. Un artista dependiente es un artista a medias. Un artista comprometido es un medioartista. Un artista capataz es un cínico.

(Nada de que pavo[nearse], Publicado en la red, Ene. 2007)

Thursday, September 19, 2013

Antón Arrufat vs. Luis Pavón

Allí estaba, sin duda, quien durante cinco largos y estériles años, presidió la institución rectora de nuestra cultura, desde su alta torre del palacio del Segundo Cabo, frente a la Plaza de Armas. Allí estaba hablando como si nada hubiera ocurrido, lavado por arte del ocultamiento, de toda responsabilidad con su conducta de aquellos años. Ni el texto encomiástico que un locutor leía, en el que las víctimas televidentes se enteraron por primera vez de su importancia como poeta, ni las incoherencias musitadas del entrevistado realizaron alguna referencia, ni por un segundo, al pasado ominoso de quien presidió durante esos cinco años el Consejo Nacional de Cultura.
   Es decir que todos habían tomado el agua del Leteo, que da el olvido, y que esperaban que las víctimas, por el contrario, recordaran a su verdugo. Allí estaba, vestido de blanco, el gran parametrador de importantes artistas, ahora sí de verdad, el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, los despojó de sus salarios y de sus puestos, quien los condenó al ostracismo y al vilipendio social, quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, el que anuló la danza nacional, mutiló funciones del guiñol, quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura, quien persiguió a pintores y escultores despojándolos de sus cátedras y de la posibilidad de exponer sus obras, el gran censor de músicos y trovadores, allí estaba quien enseñó a los artistas cubanos un ejercicio apenas practicado en nuestra historia, el de la autocensura, inventor y propiciador de la mediocridad que llenó todo su período con obras que hoy felizmente a nadie le interesa recordar, sabiduría crítica que los dirigentes de la televisión y sus responsables ideológicos no han sabido imitar.

(correo publicado, 2007)

Thursday, September 12, 2013

Angel Santiesteban vs. “pavones”

Ojalá que el escarnio sirva para actualizar y desenmascarar a los actuales sicarios de la cultura, lo que ahora sucede lo mismo que en aquella época, nadie quiere meterse contra el poder, los pavones actuales aún están vigentes y obligan a respetarlos hasta que los verdaderos dirigentes den la señal de que los leones pueden comer.
   A Pavón y sus secuaces los dejaron solos después de ser utilizados. Al menos ésa sería una buena lectura para los que son utilizados ahora razonen, y antes de censurar y perseguir, sepan que después también serán echados a las jaulas para que los devoren.

(correo publicado, 2007)

Thursday, March 14, 2013

Abelardo Estorino vs. Luis Pavón

Una noche pasé frente al TV y vi la imagen de un anciano sentado con cara agriada pero conocida aun, el locutor dijo su nombre y me quedé sorprendido. No sabía si existía o había muerto, hacía mucho tiempo que nadie pronunciaba su nombre, todos lo habíamos olvidado. Fue una cura de salud olvidar sus momentos de poder cuando puso en peligro todo el trabajo que se hacía por construir una cultura diferente, con aliento renovador. Si ha muerto, ni siquiera debemos recordarlo y para suerte nuestra no volveremos a oír su voz, ni firmará nuevos edictos; si vive, permitir que su voz vuelva a oírse, será sufrir otra vez las persecuciones, el miedo, la mentira.

(correo publicado, 2007)