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Monday, February 8, 2021

Cintio Vitier sobre Jorge Mañach

Mañach publicó un artículo en el Diario de la Marina que era irónico, sobre la valoración de la poesía de Lezama, y por lo tanto, de todo el grupo y toda la obra de la revista; no puedo decir que fuera un ataque burdo, era una apreciación en la cual se reconocían determinados valores, pero al mismo tiempo se ponía en tela de juicio la orientación misma de todo aquello, y en una forma elegante se ironizaba sobre esa poesía y esa obra que estábamos haciendo desde hacía años en torno a Lezama. Creo yo que Lezama le respondió muy bien, en Bohemia, y Mañach le ripostó; yo entré en la polémica, porque hacía alusiones a mí también, a todo el grupo; resultó que nosotros, que nunca habíamos polemizado con nadie, porque una de sus características fue esa, en la revista no hay polémicas con nadie, pero en este caso hubo que polemizar con Mañach, cosa que por otra parte era una especie de deporte nacional entonces, todo el mundo polemizaba con Mañach. Yo recuerdo que Mañach, en un artículo, no sé a propósito de qué, dijo que “tal cosa podían comprenderla hasta los barberos”, y al otro día, o a los dos o tres días apareció una carta de un barbero diciendo que por qué hasta los barberos; él tenía el arte de despertar la polémica en todo el mundo, hasta en los barberos. Pues también nosotros tuvimos que polemizar con Mañach; pero no es el caso específico de Mañach, sino fue un síntoma; él fue portavoz, diríamos, de una especie de irritación que había en torno a este grupo y a esta revista.

(Entrevista con Orlando Castellanos, en Más palabras grabadas, 2008)

Thursday, December 11, 2014

Jorge Mañach sobre “La roca de Patmos”, de Alberto Lamar Schweyer

Parecía inevitable que Alberto Lamar Schweyer nos diera algún día una novela. Toda su obra literaria llevaba ese rumbo. Se inició con ensayos de crítica y continuó con ensayos de sociología. Pero su crítica era más descriptiva que discernidora, y su sociología abundaba más en las intuiciones del novelista (y en sus imaginaciones) que en los análisis cabales y rigurosos del crítico social. El desborde de malicia imaginativa y verbal que todos le conocemos, la vocación periodística a que ha acabado de entregarse y hasta las tentaciones diplomáticas que le han rondado, eran también señales inequívocas de un gesto novelesco en él, de una codicia de las concreciones vitales, más bien que de las abstracciones intelectuales. Tras el reporter un poco apresurado y embrollado de las teorías, se veía venir a este reporter de vida. Y al fin apareció aquello. Porque, en efecto, esta breve novela de 200 páginas es una pequeña orgía de sociedad en el sentido minúsculo y croniquil, pero al través de la cual se quiere ver también el estremecimiento final, la agonía de liquidación, de la sociedad más grande que es Cuba toda, y de la aun mayor que es el régimen burgués. (…) Pero ni la novela de Lamar es obscena, ni toda inmoralidad consiste en descripciones escabrosas. La única inmoralidad que literariamente nos interesa es la verdadera; la de una actitud carente de ilusión y de criterio valorador frente a la vida, la de una actitud sin moral en el sentido casi militar de la palabra. En este sentido sí creo que La roca de Patmos es una novela tristemente inmoral. Es en efecto, la novela del derrotismo cubano.

(Citado por Adis Barrio en su prólogo a La roca de Patmos, Letras Cubanas, 2010)

Tuesday, August 26, 2014

Jorge Mañach sobre la literatura cubana en 1925

¿Dónde está, en efecto, la producción literaria gallarda y extensamente prestigiosa que corresponde a un pueblo de nuestra tradición?  ¿Quien recogía la lira poderosamente templada de Heredia? ¿Quién la inspiración enérgica y la fecundidad gloriosa de la Avellaneda? ¿Que bríos han sabido desarrollar, en nuestro siglo, las iniciativas precursoras de Julián del Casal y de José Martí en el Modernismo poético americano?  ¿Donde está el novelista que supere a Cirilo Villaverde, el ensayista que emule a Varela, a Saco o a Varona, el crítico que rivalice con Piñeiro o Justo de Lara?
   Me anticipo a los reparos posibles.  Se dirá que tenemos actualmente poetas de genuina inspiración, novelistas destacados, ensayistas de publicidad y nombradía y hasta periodistas con estilo.  Cierto.  Pero lo que se ha de ver es, por una parte, si son bastantes en numero para que nos conformemos con ellos, a estas alturas de la evolución nacional; y por otra parte si esos valores en realidad satisfacen nuestro criterio más riguroso y legítimo en la hora actual.  A estas dudas yo me contesto que las dos generaciones últimas no han producido, ni en número ni en calidad, una sola hornada literaria capaz de representamos con el debido prestigio ante los pueblos extranjeros.  De Martí para acá, el Santos Chocano, el Amado Nervo, el Lugones, el Horacio Quiroga o el Vasconcelos no aparecen en Cuba por ninguna parte.  Ante la misma América hermana, que con tal indulgente simpatía nos mira, Cuba es un pueblo sin literatura relevante en lo que va de siglo.  Si figuramos todavía en el mapa literario de la América, se lo debemos a la ejecutoria de los viejos gloriosos.  La juventud ahora estante, entre la cual se acusan, a no dudarlo, genuinas vocaciones y alentadores bríos, todavía no rinde sabrosa cosecha, sino fruto en agraz, a veces servido antes de tiempo y endulzado con el polvo de azúcar que son los encomios prematuros.

(La crisis de la alta cultura en Cuba [Conferencia]. La Habana, 1925)

Wednesday, June 11, 2014

Luis Ortega vs. Jorge Mañach (2)

Mañach como todos nuestros profesionales del intelecto, adolece de un cierto defectillo de vanidad. Les es más importante sobrenadar en la cultura que la cultura misma. Son como señoritos del arte. Lo fundamental es la exhibición. Ignoran la soledad. El modo como Mañach acomete los problemas, deja entrever siempre el rasgo característico de una generación que ha vivido volcada sobre los cargos públicos. Su mismo estilo es terso, elegante, distinguido, insincero. Nunca ahonda. Pero siempre se mantiene en el ápice del tema, en una pose algo circense.

(Coquetería intelectual. Prensa Libre, octubre 1949)

Monday, June 2, 2014

Jorge Mañach sobre Enrique José Varona

La filosofía de Varona, tan nítida, tan ordenada y categórica, carece, por lo mismo, de trasfondo. Es toda luz y llanura como el paisaje camagüeyano. Todo se halla en primer término y en el mismo plano, ceñido por un horizonte evolucionista que no es sino la promesa indefinida de idéntico paisaje. Comprometida por su teoría relacional del conocimiento, esa filosofía metódica no se entrega jamás a la intuición, ni entiende los valores sino como transicionales ajustes. Sobre ese mediodía no brillan nunca las estrellas. Carece, por todo ello, de misterio, de poesía.

(Para una filosofía de la vida, Editorial Trópico, Madrid 1998)

Friday, May 9, 2014

Cintio Vitier vs. Jorge Mañach (2)

Pero el doctor Mañach no nos ha dicho cuál es para él la esencia de la poesía de José Lezama Lima, de Eliseo Diego, de Gastón Baquero o de Octavio Smith. Y quiere desde afuera, basado en ilustres generalidades y no en un conocimiento íntimo, señalar sus errores. Pero como esto es imposible (no porque no existan esos errores, sino porque ese no es el modo de hallarlos), tiene que liquidar su juicio aventurando que esta poesía, no obstante poseer sus cultores un gran talento, no es la que debiera hacerse. No se trata, pues, de que ciertas manifestaciones de esta poesía sean erróneas o de baja calidad, sino de que su orientación germinal es descaminada. Y esto yo no lo puedo admitir por dos razones: la primera, porque el doctor Mañach en ningún momento estudia cuál sea esa orientación específica de nuestra poesía; y la segunda, porque pienso que en lo esencial de su orientación no puede equivocarse, un poeta genuino.
   En cuanto a la teoría de la expresión que se desliga de la comunicación, fundada siempre en ella (y con el apoyo del excelente crítico inglés John Livingston Lowes), el doctor Mañach afirma que no cree que la poesía en principio sea trascendente, sino al contrario, inmanente, "y que sólo el arte la hace trascender". De esto, en efecto, se trata, de que el arte la hace trascender. ¿Cómo hablar entonces de poesía inmanente, no ya en el poeta, sino en el poema mismo? ¿Qué poema puede ser aquel que no hace que la poesía trascienda? Por mi parte pienso que desde su mismo nacimiento la poesía se configura como un salto hacia la trascendencia incesante, y que en todos los momentos de su encarnación es fiel a ese impulso en que reside. Pero cualesquiera que sean las opiniones sobre este punto, no cabe duda de que poeta es el hombre que hace trascender a la poesía, y poema el sitio desde donde la poesía trasciende. Si nada de esto ocurre, no hay comunicación ni hay expresión: la poesía no se ha realizado.

(Jorge Mañach y nuestra poesía II. Diario de la Marina, octubre 1949)

Thursday, April 17, 2014

Jorge Mañach vs. Cintio Vitier

Vitier parece hallar contradicción entre mi referencia a "los Lezama Lima y sus cofrades", y mi reconocimiento de que estos poetas nuevos son "tal vez la generación mejor dotada para la poesía que Cuba ha dado". Es decir, no comprende que se les pueda reconocer talento a poetas a quienes "no se entiende". Que ciertos plumíferos adventicios tomaran mi "no entiendo" al pie de la letra, se entiende; pero que tal entienda Vitier, no lo entiendo. Ni un ápice quito del elogio que, desde mi primer artículo, dediqué a los momentos de indudable logro poético de un Baquero, un Gaztelu, un Vitier, del propio Lezama (y la enumeración no fue taxativa). Pero no puedo aceptar la tesis de Vitier según la cual el talento poético es necesariamente infalible en todos sus empeños, o en la totalidad de cada empeño dado. Según eso, no habría derecho a opinar que a veces Shakespeare es artificiosamente cultista, tedioso Dante, prosaico Jorge Manrique, desmayado Garcilaso, pujador de conceptos Góngora, como ya se lo dijo Lope de Vega, pedregoso Unamuno y sobreintelectualista Valéry, con ser todos ellos grandes poetas. Sin el derecho a tales reparos, la crítica no tendría razón de ser (porque el poeta —dice Vitier— siempre sabe lo que hace), o sólo tendría una función descriptiva y apologética. Si eso es lo que quiere decir Vitier, por ahí podía haber empezado.
   Pero no. La aceptación in toto es una de las formas de la beatería, que también se da en literatura. La crítica está en el derecho de velar, entre otras cosas, porque la poesía tenga una eficacia no sólo expresiva, sino también comunicativa. Vela por los derechos del consumidor de poesía, si se me permite expresarme burdamente. Y le incumbe decir, en nombre de ese consumidor, que "cierta" poesía nueva resulta fatigosa de leer y azarosa de gustar por ser a trechos absurda. Absurda, no porque no tenga sentido para el poeta, sino porque ese sentido no se ha hecho suficientemente explícito dentro del misterio que toda poesía envuelve.
   Ese "a trechos" lo subrayé mucho en mis artículos, y no me parece leal de Vitier el ignorarlo. Desde mi primer comentario mostré cómo en un poema de Lezama —el primero de su último libro— un pasaje de sentido metafórico "logrado con mucha energía y novedad" seguía a unos versos que no voy a reproducir de nuevo, para que no se me acuse de separarlos del ámbito semántico del poema; pero que, aun dentro del sentido general de este, resultaban totalmente ininteligibles. Como eso no es un caso aislado, sino que se repite mucho en la obra de casi todos estos nuevos poetas nuestros, creo que hay derecho a pedirles que no nos torturen tanto el seso o la sensibilidad a cuenta de la belleza que nos dan.
   De extraña y confusa tacha Vitier mi teoría de "la expresión separada de la comunicación". No es tan mía la tesis como él supone: muchas ideas semejantes hallaría, por ejemplo, en un libro que le recomiendo del excelente crítico inglés John Livingston Lowes, titulado Convention and Revolt in Poetry. Por lo demás Vitier está en su perfecto derecho de desestimar la tesis, como yo lo estoy para enjuiciar aquella poesía del modo como lo hago. Pero a muchos otros lectores desapasionados la teoría les ha resultado clara. Y yo no me explico que una inteligencia tan fina como la de Vitier, y sobre todo un poeta como él, no advierta que todo poema es, antes que nada, un ensueño, una imagen, una intención (lo que Jean Hytier, agudo exégeta de Paul Valéry por cierto, llamó en su libro Le plaisir poétique, París, 1923, "el poema interior"), y que lo demás, el poema escrito, es ya la realización, más o menos lograda, de esa experiencia. No: yo no creo que la poesía sea "trascendente por definición", como dice Vitier. Creo, al contrario —si es que tenemos que usar jerga filosófica— "inmanente", y que sólo el arte la hace trascender. Toda mi "teoría" consiste en reclamar que la realización artística logre, en efecto, hacernos partícipes en satisfactoria medida de la intención poética. ¿Es esto mucho pedir?
   Termina Vitier pidiéndome que diga, como lo dije en mi primer artículo que padezco de "incapacidad de fruición" respecto a los poetas de Orígenes, declaración que reputa de "sincera, exacta y tal vez inevitable". Siento defraudar un poco a Vitier; por lo visto, tiene el temperamento demasiado grave para captar ironías. Lo que yo dije es que pudiera ser que se tratase de una incapacidad mía de fruición, o de una extralimitación de los poetas de marras. Y claro es que mi modestia no llega al extremo de suponer lo primero, pues tal sospecha me hubiera disuadido enteramente de escribir sobre el asunto.

(Breve réplica a Cintio Vitier. Diario de la Marina, octubre 1949)

Tuesday, February 18, 2014

Cintio Vitier vs. Jorge Mañach

Diga el doctor Mañach, como lo dijo en su primer artículo sobre este asunto, que padece de incapacidad de fruición con respecto a los poetas de Orígenes —entre los que hay temperamentos claros y oscuros, atormentados y serenos, y que sólo se agrupan y unifican por el fervor absoluto hacia la poesía. Esa declaración suya es sincera, exacta y tal vez inevitable. Pero no haga crítica ininteligible. No nos dé una lección confusa.

(Jorge Mañach y nuestra poesía. Diario de la Marina, octubre 1949)

Friday, November 29, 2013

Manuel Millor Díaz vs. Jorge Mañach

Mañach y los de su generación, constituyen hoy la tesis carcomida, y pútrida que se revuelca en sus últimos estertores. No importa que truene con los rayos de su negación. Ni con su actitud de incomprensión de mentalidad presuntamente ahíta de sabiduría se levante como un santo laico imponiendo como norma "su verdad" para señalar las fronteras de lo cierto y de lo falaz. Lo cierto es su derrumbe inevitable. Lo falaz es su empecinamiento en persistir. La fe y el ideario de los hombres de la Revista de Avance se ha derrumbado porque estos artífices de la pluma y el verbo han sido los grandes sofistas de la Revolución cubana. Nos enseñaron un lenguaje y un estilo nuevo. Pero nada más. Sobre su habilidad de alquimistas que todo lo tornaban en oro al contacto con su palabra tersa y cantarina y de su prosa embrujadora, se ha levantado el bostezo y la indiferencia del pueblo. Y ya hoy se lee una página de Mañach o se escucha una oración suya con la misma indiferencia que se asiste al cinematógrafo a presenciar un drama conmovedor. Al regreso nos hemos olvidado de todo. Es que, como muy certeramente dijo Lezama Lima, cambiaron la "fede por la sede".

(Sobre el diálogo Lezama-Mañach. Prensa Libre, octubre 1949)

Tuesday, November 5, 2013

Luis Ortega vs. Jorge Mañach

Cuando Mañach dice no entiendo está poniendo sobre el tapete, con una sinceridad admirable una confesión de aniquilamiento.
   No puede entender, esto es, se ha aniquilado porque anda demasiado entreverado, demasiado asenderado. Mañach ha sido siempre un escritor. Pero además ha sido político, orador de barricada, periodista, profesor, congresista, ministro, etc. Él y todos los que ayudaron a componer esa especie de generación literaria han abarcado todas las ramas del saber y del hacer. Se forjaron en el puro quehacer de la cultura, pero la revolución los lanzó al pasquín callejero. Luego han vivido angustiosamente tras la conquista del poder. De pueblo en pueblo, de barrio en barrio han ido mendigando el voto.
   Y Mañach es el tipo de ejemplar de aquella hornada intelectual. Es el más puro, el más limpio, el más admirable. Y por eso en él la caída es más dura y la confesión íntima más angustiada. Ha caído de lo más alto.

(Una generación que se rinde. Prensa Libre, octubre 1949)

Friday, October 18, 2013

Jorge Mañach sobre los origenistas

Pero también puede muy bien ocurrir, amigo Lezama, que no sea tanto una limitación mía como una extralimitación de ustedes. También es posible que ustedes se hayan forjado un concepto de la poesía demasiado visceral, por decir así, demasiado como cosa de la mera entraña personal, ajena a la sensibilidad de los demás. De viejo es sabido que la poesía ha estado oscilando siempre entre el polo de la expresión y el de la comunicación, y que se ha acercado más al uno o al otro según el humor de los poetas y de los tiempos. Pero en todas las épocas, hasta esta que vivimos, el poeta se sintió en alguna medida obligado a hacer comunicable, en términos de la común experiencia y del común lenguaje, la sustancia misteriosa de sus sueños y las aventuras de su fantasía. Llevaría un espacio, del que ahora no dispongo, el exponer la explicación que me tengo hecha de por qué, a partir de la resaca romántica, el individualismo poético se ha ido exacerbando con el humor mayoritario de nuestro tiempo, hasta dar de sí esos excesos de expresión sibilina, en que el poeta se queda ya casi enteramente sólo con su misterio.

(El arcano de cierta poesía nueva. Carta abierta al poeta José Lezama Lima. Bohemia, septiembre 1949)

Friday, June 28, 2013

Virgilio Piñera vs. Jorge Mañach

Amigo Mañach, lo peor de las cosas es que nos gusten a pesar de ellas mismas. Un espíritu astuto diría que no, que lo mejor de las cosas es que nos gusten a pesar de ellas mismas. Pero no nos importan los espíritus astutos sino solamente los espíritus. Para usted es Poeta, nada más y no otra cosa, que “reticencia polémica un poco menuda” y “cuarzo y niebla”. Lo demás que usted añada es sólo pura cortesía; que no cuenta.
   Y un pequeño error de cálculo que ha sido la causa de todo esto. Quiero decir que yo envié Poeta al Mañach de la Revista de Avance, pero el envío me fue respondido por el Mañach de próximo ingreso en la Academia de Artes y Letras. Y como la existencia de este personaje último exige necesariamente la muerte del primero, me pregunto melancólicamente, si el destino del homme de lettres en Cuba sea el de sucesivas metamorfosis hacia un espécimen de simetría cada vez más opuesta a la de este puro hombre de letras. Porque es indudable que existe una profunda disociación entre aquella declaración contenida en el número inicial de la Revista de Avance y el juicio que usted ahora comporta sobre la declaración hecha en Poeta. Poseo la seguridad de que ese fallecido personaje no se habría escandalizado con la lectura de “Al levar el ancla” o con la “Terribilia Meditans”; y entre otras razones fundamentales porque no “llevaría en su bagaje la bandera blanca de las capitulaciones”.
   ¡Capitulaciones!... He aquí uno de los agudísimos problemas que cooperan a esa frustración antedicha. Yo no sé por qué causa (dejo esto al minucioso sociólogo) el hombre cubano (el americano en general) en llegando a un punto capitula; y comienzan entonces esos hombres sucesivos que no son ningún hombre y que implantan la confusión; que instauran la escuela del confusionismo.
   Sí, usted “se asusta a veces un poco de su propia herencia…” Pero, Mañach, es que en materia de sustos, de terrores la de nosotros tiene sobrados fundamentos para asustarse ate la franca capitulación de la generación anterior. Y sabe usted que no hay cosa más difícil para una generación que toparse con que la precedente ha capitulado. Y a nosotros —de quienes se dice que somos erizados puercoespines, supercríticos de todo—, ha tocado representar ese difícil papel de la rebeldía; del espíritu metódico y de intransigencia en un medio, que después de la seudo revolución machadista, sólo quería el pesebre y el conformismo en todos los órdenes y en todas las esferas.
   Esto nos ha traído graves reproches de los que nos sentimos satisfechos. Por ejemplo, los hechos a Poeta, recorren la gama más variada; ellos son la contrapartida al sentido de método, ordenación y jerarquía que caracterizan al cuaderno. ¡Y a esto llama usted así simplemente “cuarzo y niebla”! Pero no hay tal cuarzo ni tal niebla si yo sinceramente aviso de ciertos peligros en los cuales estamos a punto de caer o ya estamos cayendo; porque la peor de las morosas delectaciones es la originada precisamente en los grupos afines. Y esto, si no me equivoco se denominaría cristalización, y cristalización es muerte.
   Para salvarnos —en la medida que un hombre en Cuba pueda salvarse—, hemos tenido que suprimir toda amabilidad, pues, ¿no es cierto, por ejemplo, que el completo abandono del principio polémico y de jerarquía ha sido causa de la confusión y desorden literarios en que nos movemos? Y nosotros, ¿podíamos admitir que la jerarquía poética fuese mancillada? ¿Que esa relajada democratización en marcha inundase el predio de la recta poesía cubana? Sabe usted muy bien que hoy se escribe a cualquiera, titulado poeta porque sí, un ensayo de crítica aunque ello signifique la confusión. Denunciar estos hechos, ordenar el desorden; no pactar, no capitular; meterse de lleno en la obra es nuestra misión. La posteridad se encargará de confirmar o desmentir.
   Pero antes que la posteridad y para que ella posea material suficiente, deberá usted, Mañach, escribir de lleno ese “escandaloso” ensayo sobre “Lo poético irresponsable” al que —nunca lo dude— le haremos, naturalmente, todo el caso. Mientras, yo releeré su carta, que es un breve tratado de ironía beocia. Yo ruego a los dioses que el suyo próximo sea una muestra acabada de ironía ática. Usted decidirá.

(Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones Unión 2011)

Tuesday, May 21, 2013

Fausto Masó vs. Jorge Mañach

Mañach siempre se ha quedado a medias. Ha podido serlo todo en Cuba y no ha sido en definitiva casi nada. Su conducta política es irresponsable, pero a cada hombre se le debe juzgar según lo que ha pretendido ser. Mañach y los hombres de su momento hablaron de la Alta Cultura y no la hicieron. No creyeron en el pueblo, y han quedado retrasados. Pertenecen al pasado, no al presente.

(Revolución, mayo 1959, Citado por Carlos Espinosa en Polemiza, que algo queda, Cubaencuentro)

Thursday, February 28, 2013

Jorge Mañach sobre Guy Pérez Cisneros

Y ¿cómo no referirme a esas alusiones, un poco crueles sin duda, de su compañero Guy Pérez de Cisneros en el número inicial? Tenía noticia vaga de ellas; sólo ahora las veo en su concreción, en su espíritu. Marinello y yo “mercenarios”, vendedores al extranjero del esfuerzo que ahí se necesita…No protesto de la actitud; este pedir cuentas, este ajustar a cada cual la responsabilidad de su conducta, es cosa saludable, y así me inicié yo, y no otra cosa hice mientras viví allá. Pero sí protesto de la inexactitud. ¿Sabe Pérez de Cisneros que yo desde que estoy en este país no hago sino anhelar volver a Cuba? ¿Sabe que por mi terquedad en esa esperanza, en ese propósito, he rehusado aceptar en esta tierra posiciones académicas muy brillantes que se me han ofrecido bajo condición de permanencia? ¿Sabe que, desde este exilio, no hago sino acechar la oportunidad de poder volver a Cuba en forma que no tenga que esclavizarme desde que llegue, y que a ese afecto aguardo se cree en la Universidad la cátedra de Historia de la Filosofía, para ir a las oposiciones de ella y ver así de darle a Cuba lo que no quisiera estar dando a gente extraña?

(En carta a José Lezama Lima, abril de 1938)