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Monday, November 16, 2020

Enrique del Risco vs. Leonardo Padura

En entrevista a dúo con Mauricio Vicent, el Compay Segundo de la corresponsalía extranjera en Cuba, Padura se hace una buena pregunta ("la pregunta debiera ser por qué alguien se va de su país"). Pero la respuesta que se da él mismo no cuestiona -como cabría esperar- las razones por las que alguien se ve obligado a irse de su país sino la decisión de irse de un lugar mayormente invivible. La razón que ofrece Padura es un delicioso extracto de la que llamo "ideología del boniato", esa que esgrime la gente que apenas pasan de ser raíz, con ese apego literal a la tierra. "Más si ese alguien es un escritor, específicamente un novelista que se alimenta de su realidad para crear su obra”. Y así, con esa frase Padura intenta borrar tres milenios de literatura y exilios. Como si la única materia literaria posible la ofreciera la tierra que te vio nacer. Como si solo se pudiera escribir sobre esa tierra por el procedimiento de no alejarse nunca de ella. Pero ya se ha visto que esas creencias hace rato que se han arraigado en los tubérculos patrios.

(Publicado en Facebook, agosto 2020)

Friday, December 23, 2016

Enrique del Risco sobre Leonardo Padura

Lo realmente interesante en la carta del compañero Padura es su mención a un incidente ocurrido hace casi dos siglos entre el crítico y promotor cultural Domingo del Monte y el poeta José María Heredia. Heredia, “desterrado en México por sus ideas independentistas, pidió un permiso a las autoridades coloniales para realizar la que sería su última visita a Cuba, deseoso de ver a su madre antes de morir” y del Monte, residente en la isla, le afeó la conducta por haber escrito una carta que le pareció servil. Padura insinúa que él es algo así como un Heredia policiaco aferrado al carapacho de la Mantilla de sus amores mientras que los que han rechazado la invitación serían del Montes que por vueltas que da la historia se han quedado en la parte de afuera de la isla. La insinuación llega un tilín más lejos y tal parece que sus contradictores se las han arreglado para delatar la conspiración de la Escalera hacia 1844. La maldad no conoce límites, ni siquiera los que impone la irreversibilidad del tiempo.
   Pero si se quiere que el ejemplo que propone el compañero Padura tenga validez en estos días debería hacérsele ciertos ajustes. Primero, por muchos esfuerzos que haga nuestro querido Padura no hay manera que le sirva el traje de Heredia: ni por su empeño en aferrarse a su residencia en Mantilla (un detalle que en mi opinión lo enaltece, al menos en su capacidad de encontrar alquileres bajos) ni por un éxito editorial que supera en mucho al que tuvo en vida el autor de la “Oda al Niágara”. Padura, compañero o escritor, deberá reconocer que en sus circunstancias geográficas y políticas anda más cerca del Domingo del Monte de 1836 que de Heredia. Es sin embargo un del Monte que ha optado por no recriminar a los desterrados de este mundo que visiten su país ya sea para ver a su madre moribunda o presentar una edición de su último libro sino que en cambio los insta a hacerlo. (Si cursa la invitación a nombre propio o en el del capitán general de la isla ya es otra discusión).
   Si adoptamos una visión circular y budista de la vida y no toscamente anclada en la Historia y la Política, entenderemos que esa actitud indulgente en verdad honra al autor de la “Oda a Párraga”, nuestro estimado Padura. Pero también habrá que aceptar que si los tristes colegas de Heredia que andan regados por medio mundo se niegan a transformar el “Himno del Desterrado” en el “Himno del Poeta Residente en el Exterior” acusarlos de profesionales del odio o jornaleros de la envidia es una banalidad y un  exceso. Un exceso y una banalidad que calumnian los esfuerzos de Padura por dominar el arte de la reconciliación, arte más complejo –y menos rentable- que el de producir libros como “La novela de mi vida”.  

(Dilema 2012: Heredia, del Monte o el Himno del Poeta Residente en el Exterior. Blog Enrisco, marzo 2012)

Wednesday, December 7, 2016

Enrique del Risco y su Chaba-Canon

En los últimos años se ha puesto de moda hablar del canon literario cubano no se me ocurre para qué puede servir salvo para discutir quienes faltan o sobran en el canon cuando la conversación se pone aburrida. Más útil seria hablar del canon de las obras cubanas perfectamente ilegibles, ridículas y cheas: el chaba-canon. Pienso tanto en las obras cumbres de autores pésimos como en obras de buenos escritores que si tuvieran una nueva oportunidad sobre la tierra tratarían de desaparecer de su bibliografía. Son títulos para como para ponerlos lejos del alcance de niños y adultos o para regalar a los enemigos. Concentrémonos en los últimos 50 años y que sean libros que hayamos leído. Aquí les dejo mi lista de diez sin encarnizarme demasiado en tipos olvidados. Son todos títulos en prosa. La poesía se la dejo a Salcedo o a Sosa, poetas que frecuentan este blog.

-“La consagración de la primavera” (novela). Alejo Carpentier.
-“La noche del aguafiestas” (novela) Antón Arrufat.
-“Canto de amor y de guerra” (cuento) Jesús Díaz
-“La última mujer y el próximo combate” (novela) Manuel Cofiño. (aunque debería haber puesto “Obras completas”)
-“Sacchario” (novela) Manuel Cossío Woodard.
-“El vuelo del gato” (novela) Abel Prieto.
-“Acero” (cuento) Eduardo Heras León.
-“La sorpresa” (teatro) Virgilio Piñera.
-“Y si muero mañana” (novela) Luis Rogelio Nogueras.
-“No hay problema” (novela) Edmundo Desnoes.

(Chaba-Canon. Blog Enrisco, agosto 2007)

Monday, October 24, 2016

Enrique del Risco vs. “Viajes de Miguel Luna”, de Abel Prieto

Doce años es menos que nada, es un suspiro en marcha atrás. Eso lo confirma el ministro Abel Prieto que, sin darnos tiempo a recuperarnos de El vuelo del gato (1999) -porque no alcanza tiempo en esta vida, y eso incluye a la de Esteban Montejo o la de Matusalén, para sobreponerse a un libro así- da a la imprenta Los viajes de Miguel Luna, su temida nueva novela. Si hay dos cosas a las que Abel Prieto ha dedicado sus desvelos durante los últimos veinte años es a convencernos de que en Cuba no se discrimina a ningún artista por pensar diferente y de que debajo de la melena del ministro se esconde un escritor. Puestos a comparar lo primero es casi más creíble que lo segundo. Y eso hace que su reincidencia y alevosía sea más inexplicable. Lo único que se me ocurre es que Prieto trata de justificar como escritor su autoridad como ministro. Si su misión durante tres lustros de ministerio* ha sido decidir qué es cultura cubana y qué es bazofia desechable con su escritura trata de convencernos que su trabajo de catalogación y eliminación de desechos no es obra de un funcionario sino de un colega más que sabe lo que está haciendo. Y en ese aspecto es convincente: si de experiencia productiva se trata poca gente le puede disputar al ministro su autoridad en determinar qué no es literatura. O la honestidad de además de ofrecer buenos ejemplos de mala literatura (para instruir a las nuevas generaciones por supuesto) tiene el valor de estamparle su firma.
   Pero dejemos al autor y ocupémonos por un instante de la obra. Según Prensa Latina este nuevo reto a nuestro concepto de verosimilitud narra un viaje “desde la occidental provincia de Pinar del Río a La Habana y de allí a la imaginaria República Socialista Popular Democrática Obrero-Agrícola-Pastoril de Mulgavia" aunque en la nota no se aclara quién firmó el permiso de viaje. "Memorable", "casi un milagro literario", “de notable efecto" por su "desmesura pantagruélica", "eficaz”, "magistral", "excepcional", "hilarante", "de inventiva y cromatismo” son los comentarios que le han dedicado sus subalternos al ministro que aprueba sus nóminas y firma sus permisos de viaje. Es lo que en cualquier otro lugar del mundo le llamarían conflicto de intereses pero ya se sabe que en Cuba los conflictos se resuelven a favor de los intereses de los ministros o de su inmediato superior.
   Por si pareciera poco se anuncia que Prieto contó con un equipo de asesores para escribir la novela compuesto nada menos que por Amaury Pérez, Ambrosio Fornet y Marilyn Bobes. ¿Qué no sería capaz de hacer el ministro con el respaldo de un cantautor, un escritor en ciernes de ochenta años y una compañera de oficina? Porque todo parece poco para un libro que viene acompañado con 52 dibujos del ministro -posiblemente elaborados durante sus frecuentes reuniones- y que en la presentación contó con el acompañamiento al piano de Frank Fernández. Con todo un ministerio a su disposición esperamos que en su gira mundial de promoción el novelista por partida doble cuente con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica Nacional, el Ballet Nacional de Cuba y el Circo Nacional o en su defecto el Consejo Nacional de la UNEAC. Ya se sabe que con tal de promover la cultura el ministerio que preside no escatima recursos. Si hay que ahorrar algo que sea talento pues ya se sabe lo peligrosos que se han puesto los ladrones de cerebros y Prieto siempre ha tratado de evitar que codicien el suyo.
   Todo apunta a que la publicación de este libro se convertirá en un campeonato del adjetivo elogioso y desvergonzado, en un torneo de guataqueo -como no lo vio la ANAP en sus mejores tiempos- que rivalice con el que ya provocó su anterior novela. Y como dijo el también crítico literario Mario Moreno ahí está el detalle. Porque si según sus críticos El vuelo del gato dejaba chiquita a la Ilíada que comparen a esta con Los viajes de Gulliver da para sospechar que todavía es peor que la primera. Si a mí, uno de los cuatro lectores que ha tenido El vuelo del gato no vinculado laboral o espiritualmente al Ministerio de Cultura, la lectura de la primogénita del ministro me había hecho abominar cada uno de los minutos que pasé siguiendo las incidencias de Freddy Mamoncillo y Marco Aurelio ¿qué puedo esperar de los viajes de este Miguel Gulliver?

(El viaje del ministro Luna. Blog Enrisco, febrero 2012)

Tuesday, October 11, 2016

Enrique del Risco sobre Silvestre de Balboa

Aún así con esto no se agota el recurso de ocultar intereses concretos tras entidades mayores y más prestigiosas. Pienso en el propio poeta-escribano y las circunstancias que lo llevaron a escribir su poema. ¿Por qué no lo escribió cuando aún estaban frescos los acontecimientos o mucho tiempo después cuando éstos amenazaran ser disueltos por el olvido? ¿Por qué lo hizo meses después de que todos los pobladores acusados de contrabando se habían beneficiado con el indulto real? ¿Por qué este intento de legitimación colectiva llegaba tarde? Entre los pocos datos que conocemos del poeta hay uno muy significativo: luego de ocho años de ostentar el codiciado puesto de escribano de Puerto Príncipe, justo en los días en que se daba a la tarea de perpetuar los acontecimientos bayameses, Balboa estaba en peligro de perder dicho puesto. ¿La causa? A la corona le parecía sospechoso el escaso precio que había pagado Balboa por un empleo ofrecido en pública subasta. No creo descaminado suponer que el poema estaba marcado por la necesidad de demostrar sus capacidades en un campo familiar al de la escribanía: el de la escritura de poesía. Su destinatario y supuesto protagonista era alguien -el obispo- que podía interceder ante las autoridades y dar fe de su valía. Parte de quienes entonan los cantos de alabanza al poema son los mismos que garantizan en otro documento su suficiencia como escribano. En cualquier caso llegaría tarde su esfuerzo poético pues el 22 de febrero de 1608 en Sevilla se decretaba el cese de Balboa como escribano. Para quienes gusten de finales felices sepan que en 1621 fue reintegrado a su puesto (Garcia del Pino.137) Ya para entonces Silvestre de Balboa no sólo era el futuro fundador de la futura literatura cubana. También había fundado en los escuetos márgenes de la isla la figura del escritor, ese ser cuya existencia parece ligada a la salvación de la memoria colectiva cuando en realidad sólo intenta salvarse a sí mismo.

(El escribano paciente. Publicado en la red, octubre 2008)

Monday, August 22, 2016

Enrique del Risco vs. Abel Prieto y su “El vuelo del gato”

Abel Prieto ha arribado a la flor de la edad, la cincuentena, como el dios Jano, bifronte, con la cabeza mitad chea (la de alante), mitad pepilla (la de atrás), conformando un modelo de peinado que hace parecer a Oswaldo Payá un top model. No mencionaría ese detalle si no simbolizara dimensiones más profundas de su personalidad y su quehacer como ministro-escritor.
   Hay que reconocer que en su doble condición hizo el bien mientras pudo. Como ministro, daba declaraciones que pueden resumirse en esta: "la cultura cubana es una sola". Como escritor, se consagró en un género desde el cual realizó el mayor aporte que ningún escritor de su generación haya hecho a la cultura cubana. Me refiero al difícil género de la firma de permisos de salida. Gracias a estos, miles de artistas han podido continuar sus carreras en cualquier parte del mundo que reclamara el concurso de sus modestos esfuerzos —o donde lo simulara la carta de invitación falsificada—.
   (No hay en este elogio ningún interés personal: antes de salir yo trabajaba en el cementerio de Colón, el cual dependía de Servicios Comunales, que, a su vez, dependía del Poder Popular. De manera que si a alguien debo agradecer mi salida es a Ricardo Alarcón).
   Hubo una época en que al ministro-escritor se le perdonó todo, incluso las pulgadas de estatura que le sacaba al Comandante, siempre y cuando en las fotos en que aparecieran juntos estuviera parado un escalón más abajo.
   Pero eso era antes. Ahora, haciendo honor a la parte delantera de su peinado, el ministro se ha dedicado a hacer declaraciones enérgicas. De modo que ahora la cultura cubana sigue siendo una sola, pero si alguien queda afuera es porque es agente de la CIA. El ministro también ha dicho que los disidentes detenidos en 2003 eran agentes de la Oficina de Intereses norteamericana y que, después de todo, han salido bien porque en otro país habrían aparecido muertos en una cuneta. Que yo sepa no hay ningún país que se dedique a llenar cunetas con agentes norteamericanos.
   Una conocida ley física afirma que: a) si una persona es agente de los norteamericanos ningún gobierno lo dejará caer muerto en una cuneta, b) la capacidad de caer muerto en una cuneta es razón suficiente para demostrar que no es agente norteamericano. Luego, si los presos cubanos son, según la lógica del ministro, cuneteables, definitivamente deben ser opositores por cuenta propia. Y si en Cuba no le dan licencia a los payasos, ¡qué pueden esperar los opositores! Yo, personalmente, si fuera payaso en Cuba, nunca me acercaría a una cuneta.
   Pero ese no es el principal problema de nuestro ministro-escritor. El problema es que quiere convencer a media humanidad que si en Cuba hay algún tipo de censura (y con la que él estaría de acuerdo), es la censura estética. Si en Cuba no se le publica a alguien, no es por causas políticas sino porque escribe mal. Si no se publica a Cabrera Infante, es porque él no lo permitió, y si no se dio oficialmente la noticia de su muerte, es porque Infante le vendió a las agencias de prensa capitalistas el copyright de su fallecimiento.
   La declaración de que la censura en la Isla es sólo estética, merece un estudio. Porque sucede que, además de su labor como firmante de permisos de salida, el ministro también ha escrito una novela, El vuelo del gato. Sospecho que soy uno de los pocos seres en este planeta (incluyo aquí a cualquier especie) que se la ha leído completa. Una tortuosa obligación académica es lo único que puedo aducir en mi defensa.
   Para hacerle entender al amigo lector las sensaciones que me provocó la lectura de El vuelo del gato, no encuentro nada más apropiado que la diferencia de esta con un examen de la próstata: los guantes y la vaselina. Las líneas que siguen intentan examinar el fondo de la novela del ministro, o, diciéndolo poéticamente, de palpar la próstata de su texto.
   Haciendo honor a la parte posterior del pelado del ministro, no podía tratarse de otra cosa que de una historia de adolescentes. Adolescentes eternos, de esos que llegan a los 50 años con la misma bobería del preuniversitario. De esos a los que cuatro décadas no les sirven para aprender nada, porque todo el cerebro lo tienen ocupado con los nombretes de sus condiscípulos del pre.
   Empeñados en reunirse treinta años después, pierden la oportunidad de hacer un balance de sus vidas porque quedan paralizados ante la presencia de la hija fea de uno de los amigos, que tuvo la mala idea de casarse con una rusa (alegoría nada oscura de lo que antes era la "amistad indestructible" con la Unión Soviética y hoy oficialmente se ha reciclado como "alianza táctica").
   En esas cuatro décadas, que van desde los años sesenta a los noventa, el ministro logra la curiosa hazaña de mencionar una sola vez la palabra "revolución", con lo que se pudiera pensar que la historia pudo transcurrir en Suiza o en la Antártida. Sin embargo, la ausencia de frío (y de queso) nos devuelve a la realidad tropical. No se menciona la revolución porque en realidad el protagonista, Marco Aurelio, la lleva por dentro. Como su homónimo, el emperador romano, es un estoico. O sea, pocos placeres y mucho aguante, y eso lo convierte en reserva espiritual de la nación o en cederista modelo. Pero, como en el mundo creado por el ministro para mi consumo casi exclusivo, tampoco existen los Comités de Defensa de la Revolución, la cosa va por otro lado.
   El clímax de la novela (sugiero que se tome la palabra "clímax" con cuidado, pues se trata de una novela con la misma intensidad dramática que la fotosíntesis de un cactus) sobreviene cuando Marco Aurelio, quien se acaba de divorciar de su mujer, recala en casa de Freddy Mamoncillo, un socio del pre devenido uno de esos nuevos ricos autorizados, asociados a alguna corporación con capital extranjero. Fiestas van y vienen, el whisky corre a raudales, pero Marco Aurelio, estoico, apenas bebe ron aguado, inequívoco símbolo de profunda raigambre nacional, sobre todo por lo de aguado. Bueno, también se acuesta con la mujer de su socio cuando este se va de viaje.
   El espejo de virtudes, paladín de la ética, mantiene —sin el más leve asomo de remordimiento— un intenso intercambio de fluidos con la mujer del amigo que le ha dado alojamiento cuando no tenía a donde ir. No es que yo vea mal compartir la mujer de un amigo —¿para qué están los amigos si no es para compartir?—, ni que vaya a invocar uno de los diez mandamientos ("no desearás a la mujer del prójimo").
   En una nueva sociedad, con una nueva ética, sobra ese mandamiento y el otro que dice: "no matarás al prójimo, ni lo tirarás en una cuneta" ("y si no lo haces, hay que agradecértelo"). De hecho, el único mandamiento al que se atiene el protagonista es "no desearás el whisky del prójimo".
   El problema es que después de que el ministro nos machaque durante más de 200 páginas con la pureza del personaje, este parece tener menos consistencia dramática que una ameba, por lo demás esquizofrénica. Cuando el amigo Mamoncillo regresa del viaje, lo menos que le pasa por la cabeza al bebedor de ron aguado es confesar lo que hizo, escaparse con la mujer o sencillamente marcharse solo. Nada de eso. Marco Aurelio se mantiene clavado en la casa del amigo como usufructuario (sexualmente) oneroso. Una cosa es ser espiritual y la otra dedicarse a la tarea de buscar techo en La Habana.
   En lo adelante, cada vez que se le presente un viaje a Mamoncillo, Marco Aurelio se revolcará con la mujer de este sin mayores conflictos espirituales que el que nos causa decirle a la suegra que luce tan joven como siempre. Y si en lugar de una foto que pidió de la columna de su tocayo en Roma, Mamoncillo le trae una simple postal, Marco Aurelio se sentirá con derecho a disgustarse ante la falta de sensibilidad del socio.
   La conclusión está clara: uno puede hacer lo que le venga en ganas si luego se purifica el alma con ron aguado, mientras los que toman whisky lo menos que merecen es que les peguen los tarros. Es algo muy consolador para el cubano de a pie ver que uno de los suyos tarrea a diestra y siniestra a uno de esos que parece irle tan bien en la vida.
   No digo que la novela sea absolutamente abominable. Al menos no para todos. Habrá a quien le guste, siempre que cumpla con una condición: no habérsela leído. Lo que quiero decir aquí es que escribir novelas mortalmente ridículas y aburridas no es un delito. Si acaso, una mala costumbre. Así que si el ministro no se opuso a publicar su novela, debiera por esa misma razón dejar que se publiquen libros que él insiste en considerar malos (algo que no le discutiré porque es evidente que de libros malos sabe muchísimo).
Ministro: no sea tan exquisito. Deje que la gente decida lo que quiere leer y lo que no, incluso si se trata de historias tan irreales que sugieran que el gobierno del que usted forma parte no es bueno ni para dirigir un puesto de viandas. O sobre todo para eso. No tenga miedo a la libre competencia. Estoy seguro que por mucho tiempo su firma en los permisos de salida seguirá siendo un bestseller.

(Retrato del ministro adolescente. Cubaencuentro, octubre 2005)

Monday, August 8, 2016

Enrique del Risco vs. Abel Prieto

“-¿Viste lo último que dijo Abel Prieto?
   -No. Todavía me estoy riendo con lo penúltimo.
   -¿Lo de que la cultura cubana era una sola, como las madres?
   -No. Que en Cuba los opositores no aparecían muertos en las cunetas. Ahora tiene que demostrar que Payá no era un opositor o que la cuneta donde murió todavía era parte de la carretera.
   -Sí pero todo eso lo dijo cuando todavía era ministro. Ahora en el retiro se ha puesto todavía más imaginativo.
   -¿Y cuál es la nueva ocurrencia de Melena de palo?
   -Ahora dice –y te lo cito textual para que no me digas que estoy inventando cosas- que “En los cubanos no hay un solo chiste que aluda a la Revolución, ni a delaciones ni a presos de conciencia, ni a personajes escindidos", y que los chistes de los cubanos "apuntan a las carencias o a la emigración", pero "de forma benevolente, perdonadora, sin rencor ni hiel".
   -Esa es buena. Como decir que la Tierra es plana.
   -Bueno, eso era más o menos lo que se decía hasta que el viaje de Magallanes lo cambió todo.
   -Pero fue porque la noticia de lo de Magallanes no apareció en el Granma. Si no el titular hubiera dicho: “Elcano, mercenario al servicio del imperialismo, acaba de jorobar la Tierra”.
   -Sí, pero al menos tú miras por la ventana y la tierra te parece plana, sobre todo si estás en Miami o Camaguey pero los chistes… ¿Qué nos queda a los cubanos sin los chistes?
   -Ser Corea del Norte. Ese debe ser el sueño de Melena de Palo: un país en el que a la gente la jodan y en la casa donde nadie los oiga se pongan a alabar la sabiduría del primer Castro que le pongan delante.
   -Sí pero ¿Cómo tú puedes ignorar los chistes? En Cuba los chistes están por todos lados.
   -Es que a lo mejor sabiendo que Abelito era del gobierno los vecinos, además de no decirle quién vendía carne de res  lo mantenían a dieta con los chistes. Le contarían cuentos en que Pepito le decía a Fidel: “Comandante en jefe ¡Ordene!”
   -¿Y dónde está el chiste ahí?
   -En que Abel Prieto siga pensando que la Tierra es plana. Plana y con cunetas por los costados. En alguna parte habrá que meter a los opositores”.

(Chistes. Blog Enrisco, octubre 2012)

Thursday, July 21, 2016

Enrique del Risco vs. Fernando Martínez Heredia y Eduardo Heras León

-Dirigió un departamento universitario que buscaba dar con la clave de un marxismo autóctono hasta que a las más altas esferas les resultaron incómodos sus intentos alquímicos: ya el marxismo estaba inventado y lo único que había que hacer era importarlo. Fue clausurada la revista que dirigía y el departamento arrasado por bulldozers. Un par de décadas estuvo dando tumbos en empleos oscuros hasta que los que lo defenestraron lo invitaron a que les echara una mano en remendar con parches nacionalistas la ideología anteriormente intocable. Diligente respondió al llamado. En el lugar donde antes estuvo el departamento que dirigió sigue habiendo un cráter inmenso.

-Escribió algún libro que resultó demasiado escandaloso por detalles que hoy parecerían risibles así que decidieron castigarlo enviándolo a una planta de fundición de acero o un almacén de libros, no queda claro del todo. Allí estuvo hasta que vinieron a rescatarlo más o menos los mismos que habían decidido que debía pasar por el proceso reeducativo. Lo importante es el entusiasmo con el que hoy afirma y firma que no hay nada mejor en este mundo que el sistema que ha conducido su vida con tanta autoridad y que quien contradice dicho sistema no puede ser otra cosa que un mercenario.

El sistema, si hay alguno, es golpear a todos por igual lo más duro que se pueda y luego esperar. Siempre habrá quienes opten por escapar y dedicarse a hacer denuncias que a muchos les parecerán increíbles. Pero otros resistirán las pruebas hasta que les llegue el momento de ser recuperados. No se podrán encontrar en el mundo servidores más fieles que esos.
   Moraleja: no siempre Saturno devora a sus hijos. A veces tras masticarlos un rato los escupe para entonces encontrarlos mucho más obedientes que al principio.

(Sistema. Blog Enrisco, enero 2011)

Tuesday, July 5, 2016

Enrique del Risco vs. Guillermo Rodríguez Rivera y Manuel Cofiño: socialistas y realistas

Hace un par de años Guillermo Rodríguez Rivera al ser entrevistado para La Jiribilla declaraba que “Aquí nunca hubo una expresión única que fuera la revolucionaria, cosa que sí pasó en Europa. Aunque el realismo socialista dio algunas cosas interesantes, pero solo cuando el autor lo eligió él mismo, porque todas las cosas impuestas son malas, pero en arte son terribles. En Cuba hubo gente que quiso imponerlo, que luchó por eso, pero jamás se impuso el realismo socialista como política oficial”. Y lo dice con propiedad porque él mismo hizo su novelita policiaca, “El cuarto círculo” haciendo uso de su libre albedrío. Y llegó un poco más lejos al enunciar los principios a partir de los cuales se debía escribir una novela policiaca socialista:

   1. El criminal no es el enemigo de una víctima personal, sino del Estado (...)
   2. (...) El investigador (...) forma parte de una policía eficaz, bien entrenada y bien equipada técnicamente, y se distingue por su ‘moral intachable’ que le gana la admiración y el respeto del pueblo cubano, a quien representa. (...) [El protagonista] se concentra tanto en seguir la pista del asesino, que no se menciona su esposa hasta la página 235 (la novela tiene 266 páginas). (...)
   3. El investigador cubano cuenta con la ayuda de los ciudadanos cubanos y, sobre todo, de los Comités de Defensa de la Revolución (...)
   4. (...) se subraya la importancia del trabajo de equipo en la sociedad socialista.(...)
   5. El propósito de la obra policíaca no es sólo divertir, sino también investigar las causas sociológicas y psicológicas del crimen.

   Otro novelista teórico del realismo socialista fue Manuel Cofiño, que en paz descanse quien también tuvo tiempo de escribir los principios en los que se había basado para escribir obras maestras como “La última mujer y el próximo combate”.

   -Concepción de un héroe positivo que resume en su trayectoria vital el compromiso del individuo con el proceso revolucionario desde adentro del mismo, en una marcada relación dialéctica entre individuo y sociedad. (…)
   -Caracterización tipológica de los personajes siguiendo el método realista, lo cual no excluye, todo lo contrario los conflictos propios del mundo exterior, pero se enfatizan aquellos que se afrontan en el contexto.
   –Confección novelesca ajena a la alegorización y mitificación de la realidad (…) para tender a un plano significacional directo, desprovisto de afanes ontologizantes acerca de “lo cubano”.
   -(…) Utilización de un lenguaje y de una estructura que posibilitan un mayor acceso a la comprensión de la obra. (…) Sobrio manejo de los recursos expresivos de la novela contemporánea (…) sin pretensiones experimentalistas.

   ¿Y a los que no les atraía el realismo socialista como Lezama o Piñera, a qué se dedicaban en los 70? Pues a escribir obras póstumas.

(El realismo socialista como trabajo voluntario. Blog Enrisco, mayo 2008)

Tuesday, June 14, 2016

Enrique del Risco vs. “Historia mínima de la Revolución cubana”, de Rafael Rojas

Si hablar de lo que dice un libro siempre es un negocio tramposo, lo es mucho más hablar de lo que no dice. No obstante, en el caso de una historia nacional que se pretenda abarcadora y objetiva, hay silencios que afectan irremediablemente la idea de conjunto. En el caso de esta historia, por mínima que se pretendiera, deberían haberse dedicado algunas páginas más a abordar el período que va desde el derrocamiento del régimen de Gerardo Machado en 1933 hasta el golpe de Eestado en 1952. Sobre todo en lo que respecta a la década populista de Fulgencio Batista (1934-1944), la constitución de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) y su traspaso violento de manos comunistas a "auténticas" y el desarrollo de lo que en la Historia de Cuba se viene a conocer como el "bonchismo" o "gangsterismo" político.
   Sin lo anterior, muchos fenómenos descritos en el libro resultan incomprensibles al lector no iniciado: desde la relativa popularidad de Batista antes del golpe, el gran peso de los sindicatos en ciertos momentos de la vida política del país, la escasa intervención de la clase obrera en la oposición contra Batista, lo incruento del golpe de Estado de 1952 o los orígenes políticos gangsteriles de Fidel Castro.
   En cuanto al costo en vidas humanas del proceso que recoge Rojas es más bien parco (su conteo se detiene en 1.330 ejecuciones hasta 1960) a pesar de la abundante y fiable información que existe al respecto. Y, aunque su libro se adentra hasta el primer semestre del 2015, eventos con tantas repercusiones en la historia reciente como el hundimiento del remolcador "13 de Marzo" en 1994, la muerte en huelga de hambre del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo o los fallecimientos en circunstancias muy cuestionables del exministro del Interior José Abrahantes y de opositores como Oswaldo Payá y Laura Pollán, son ignorados.   
   Pero mucho más importante que todo lo anterior es la ausencia del que posiblemente sea el factor más importante en la historia cubana de las últimas seis décadas: la infatigable voluntad de (adquirir y retener) poder de los hermanos Castro. Sin abordar y entender dicho factor, buena parte de esa historia reciente es un amasijo de hechos incomprensibles, sin mucha relación entre sí: desde la ruptura, bajo los pretextos más peregrinos, de pactos con el resto de las organizaciones opuestas a Batista hasta los cíclicos ascensos y destituciones de figuras supuestamente llamadas a tomar el relevo de los Castro.
   Dicha voluntad de poder explica por qué la mayor concentración que llevó la oposición pacífica contra Batista en el Muelle de Luz en noviembre de 1955 buscando una salida negociada al conflicto fue reventada por efectivos del Movimiento 26 de Julio a silletazos y gritos de "¡Revolución!". Explica la sucesiva provocación de crisis por parte de Fidel Castro para conseguir determinados objetivos políticos (en contraste con los métodos más discretos de su hermano para aprovecharse de esas mismas crisis). Hacen comprensible la fría ejecución de tramas de extorsión a Estados extranjeros o la de notorios crímenes de Estado sin importar si sus víctimas fueran niños o los colaboradores más cercanos y eficientes.
   Esa voluntad de poder y su necesidad de imponer ciertas condiciones en sus relaciones con los soviéticos explican bastante mejor sus vaivenes en política económica en la segunda mitad de la década del 60 que la hipótesis de Rojas de que, en un inusual ataque de sentimentalismo, "Fidel Castro intentara serle leal por un tiempo" al legado ideológico del Che Guevara.
   En la Historia mínima… el vacío que queda en el lugar donde debería ir esta voluntad de poder da lugar a situaciones que rozan la comedia. Así, según Rojas, luego del discurso en el que Fidel Castro declara el carácter socialista de la revolución "varios líderes del viejo Partido Socialista Popular" entienden tal declaración "como una invitación a integrar plenamente la estructura del Estado". Luego serán "designados en posiciones clave del nuevo Estado socialista". Así, impersonalmente, como si el plan en el que serían usados como meras piezas recambiables no tuviera un autor muy concreto.
   Pero todavía más llamativa es la ausencia de dos palabras sin las que, desde mi punto de vista, es imposible entender la historia cubana reciente: estos son conceptos tan elementales como dictadura y totalitarismo. Bueno, debo rectificar. El de dictadura se emplea ampliamente en el libro, pero solo para designar a regímenes como el de Batista, Duvalier, Somoza, Rojas Pinilla o Marcos Pérez Jiménez pero nunca para el liderado por Fidel Castro o por su hermano y sucesor. Y no porque Rojas le tuviera reservado un concepto más preciso como el de totalitarismo, a pesar de que el propio Rojas reconoce en diferentes momentos del libro que la Revolución cubana dio origen a "un Estado con gran capacidad de intervención en la vida cotidiana" (pág. 15), a "un acelerado proceso de militarización de las masas" y a una creciente "segregación social y represión política" (pág.125), a un total "control del Estado sobre la economía" (pág.158), a un proceso de "sovietización de la cultura" (pág. 171) y a diversas maneras de censura y control ideológico de un gobierno dedicado a "combatir la tendencia a la autonomía de los artistas e intelectuales" (pág. 175).
   Sin embargo, la mención dispersa de los componentes del totalitarismo no sustituye el concepto ni mucho menos explica la persistencia del régimen y su peso decisivo en la vida, el imaginario y las expectativas de los cubanos. Ni el concepto de "orden socialista" elegido por Rojas refleja las dimensiones económicas, políticas, sociales y culturales del régimen que imperó en Cuba durante décadas, como tampoco el desmantelamiento de dicho orden explica el carácter epidérmico de las actuales reformas.
   Adoptar conceptos distintos a los que durante décadas ha usado un régimen para disimular su dimensión arbitraria y represiva es, más que un prurito ético, un imperativo gnoseológico. Como diría Richard Rorty, aceptar el vocabulario heredado es rendirnos de alguna manera ante cierto orden de la realidad, "es aceptar a otro la descripción de uno mismo, ejecutar un programa previamente preparado, escribir a lo máximo variaciones de poemas previamente escritos", resignarnos a hacernos las mismas preguntas de siempre en lugar de plantearnos cuestiones nuevas. Insistir en el mismo vocabulario habla menos de cierta comprensión del pasado que de una profunda y entendible desesperanza ante el presente.
   Que un intelectual de la talla y el rigor conceptual de Rafael Rojas use esos términos para referirse al régimen cubano como manera de atestiguar el carácter objetivo de su estudio nos da una idea de lo absoluta que ha sido la victoria del castrismo sobre el imaginario colectivo de su época. De lo inevitable que nos parece su control, no solo sobre el presente, sino también sobre el futuro cubano.
   Ya se sabe que quien controla el presente controla a su vez el futuro y el pasado y, ante el previsible futuro que le aguarda a Cuba, parece lógico excluir del pasado todo elemento que desentone, ya sea en el plano de los conceptos o el de los hechos, con "la postergada reforma del sistema político heredado de la Revolución de 1959" (pág. 193). Cierto que, dadas las actuales circunstancias, una sucesión dentro del marco castrista sería el escenario más esperable pero, como todo historiador debe saber, lo único seguro en el transcurso de las cosas humanas es su carácter incierto. De modo que lo más prudente es tener a mano todos los pasados que tengamos a nuestra disposición, sin excluir ninguno. Ya el futuro sabrá qué hacer con ellos.  

(Una historia mínima de la Revolución. Diario de Cuba, septiembre 2015)

Thursday, June 4, 2015

Enrique del Risco vs. Belkis Cuza Malé y Pablo de Cuba Soria

A partir de un artículo de Pablo de Cuba Soria en El Nuevo Herald y las consiguientes respuestas de Belkis Cuza Malé, Jorge Luis Arcos y Nicasio Silverio comienza a generarse un debate en torno al poeta Heberto Padilla. La respuesta fuera de tono de Belkis Cuza Malé parece darle la razón al iniciador del debate. Al querer la ex esposa de Padilla convertir en agente castrista a todo el que cuestione la calidad poética de su ex marido afirma sin querer la necesidad de esos cuestionamientos pero al mismo tiempo enturbia el sentido del debate. A Belkis Cuza Malé se le escapa la principal debilidad del artículo de Pablo de Cuba: fuera de algunas frases rotundas (pero no por ello especialmente sustanciosas) nos convence de poco más que de su derecho a cuestionar la calidad poética de Padilla. Nos dice un par de veces que el título de “El hombre junto al mar” es ridículo lo cual es cierto pero otro tanto se puede decir del nombre del autor del artículo cuya unica justificación aceptable es que nació con él y no se trata de un seudónimo que le sentaría mejor a un repentista de Palmas y Cañas o a un pianista de un restaurante de Miami. (Justificación ya que no disculpa porque podría usar cualquier otro nombre, aunque sea “Neftalí Reyes”). Su artículo se resiente por esa obsesión canónica que tanto aqueja a nuestros escritores en estos tiempos y en el empeño de resolverlo todo con el dictamen de que se trata de un poeta menor. Es esa una solución fácil pero engañosa si se piensa en la dificultad de encontrar en Cuba a algún poeta post Lezama que escape del todo a la vaga maldición de poeta menor. Dando por sentado la pertinencia de cuestionar la calidad poética de Padilla -o su necesaria impertinencia- queda ese otro problema que resume Pablo de Cuba cuando se pregunta retóricamente: “¿se sostiene la obra de Heberto Padilla más allá del entramado político en el que se halla sumergida hasta hoy?” Intuyo que esa pregunta de algún modo quiere incluir una cuestión más vasta: ¿puede la poesía aproximarse a la política sin comprometer definitivamente su calidad o su autonomía? Que el entramado al que se refiere Pablo de Cuba Soria se haya sostenido tanto tiempo –al punto que de circunstancia se haya convertido en naturaleza- explica la persistencia del fervor con que todavía muchos lectores –incluso los que habitualmente eluden la poesía- se acercan a los poemas de Padilla, un fervor muy parecido a aquél con el que, según Borges, los libros se convierten en clásicos. Puesto a escoger yo preferiría que las causas de ese fervor, que según Pablo etc… descansan en ese entramado desaparezcan junto con el entramado de marras pero si de lo que se trata es de crear un conjuro que pretenda anular al poeta y con ello las causas de su fama (esto es, el dichoso entramado) me parece un procedimiento un poco chungo.

(Padilla, un caso. Blog Enrisco, julio 2007)

Wednesday, May 13, 2015

Enrique del Risco vs. la UNEAC

UNEAC: Siglas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Los escritores y artistas cubanos a diferencia de los de resto del mundo no están devorados por la fiebre del mercado. Gente idealista y espiritual cuando están creando su arte lo hacen pensando únicamente en conseguirse un viajecito. Y cuando regresan del viaje cargados de pacotilla diversa les cuentan a sus amigos que sí, que afuera los supermercados están llenos de productos pero que como Cuba no hay nada y a continuación se enfrascan de nuevo en la ardua tarea de conseguirse otro viaje. O sea, la UNEAC puede definida en pocas palabras como una agencia de viajes para gente creativa y espiritual.

(Publicado en la red)

Tuesday, January 20, 2015

Emilio Ichikawa vs. Enrique del Risco

Enrique de Risco dice y basa su tesis doctoral en que la idea de que la irreverencia de Reinaldo Arenas, que no creía en muchas cosas, se detuvo sin embargo ante José Martí. De Risco le ha dicho a la gente y al tribunal de su tesis, que esa idea fue suya, que no la tomó de nadie y que por tanto era suficiente para el doctorado. Pero eso De Risco lo escuchó, no lo descubrió: Emplazo al activista político Enrique de  Risco a que cite la fecha en que él dijo tal cosa sobre Arenas como idea suya para contrastarla con fechas anteriores donde se manejó la misma idea. Desafío a De Risco a que confiese que fue en casa de nuestros amigos María y Geandy donde le dieron  a conocer tal cosa y que él usó como “aporte” a los estudios sobre literatura latinoamericana en los EEUU.

(Enrique de Risco: ¿Un plagio?, Blog Emilio Ichikawa, marzo 2013)

Monday, September 15, 2014

Enrique del Risco vs. Lisandro Otero

Así incluso Lisandro Otero, antiguo mandarín cultural del castrismo y hoy una especie de fidelista por cuenta propia, decidió por esta vez controlar un poco su viejo rencor por el Infante al fin difunto. Así que si, mientras aún vivía, había llegado a decir entre otras cosas que Cabrera Infante no había “logrado comprender que su acumulación verbosa y deshumanizada no es verdadera literatura”, ahora Otero ha condescendido en decir que Cuba ha perdido con Infante a “uno de sus más ingeniosos, imaginativos y talentosos escritores”. Es sabido que la muerte mejora a la gente una vez que nos podemos librar de su más o menos incómoda presencia. Lo que desconocíamos era que tuviera efectos tan dramáticos en la literatura algo que, al fin y al cabo, no suele ir a la tumba con su autor. Quizás Lisandro haya cambiado de opinión con la esperanza de que algo parecido pase con sus libros pero nos preguntamos ¿Cuántas veces tendrá que morir Lisandro Otero para que sea considerado uno de nuestros más talentosos escritores? Sólo de pensar en hacer los cálculos da vértigo.

(No hay consuelo, Guillermo. La Habana Elegante, segunda época, 2005)

Monday, September 1, 2014

Enrique del Risco vs. Edmundo Desnoes

Otro reciente cultor del género de las declaraciones es Edmundo Desnoes, un destacado escritor cuya última novela, Memorias del subdesarrollo, fue estrenada tiempo atrás, justo en la tertulia de Domingo del Monte (ciertamente con mucho menos éxito que Cecilia Valdés, aunque en su adaptación al cine tuvo bastante más suerte que su competidora.)
   Desnoes, en medio de las gestiones para presentar una nueva edición de Memorias del subdesarrollo, declaró: La Habana (¿Blues?) “es la única ciudad del mundo que ha envejecido conmigo, a diferencia de otras ciudades mitológicas en las que han crecido nuevos órganos y que han sufrido cirugía plástica”.
   El escritor añadió: “en Cuba he descubierto arrugas en los edificios y paredes desconchadas”, pero “esto no me entristeció, pues las ruinas tienen su belleza”. Eso es realmente consolador para todo el que se pregunte qué sentido tiene el último medio siglo de historia cubana. Y ahí está la respuesta: para que el ex-critor Edmundo Desnoes se sienta mejor con sus arrugas. Si alguien se pregunta por qué Desnoes no regresa a vivir a un país que le ofrece una ventaja tan apreciable, su respuesta no va a ser menos enriquecedora: “Necesito las comodidades del desarrollo y la única intensidad que puedo asimilar es la de un buen roquefort”.

(Despejando la ‘X’ [Alfonso]. Cubaencuentro, junio 2006)

Tuesday, March 11, 2014

Enrique del Risco vs. Miguel Barnet

Pero Barnet no solo habla sino también actúa como lo podría confirmar –si fuera libre de hacerlo- cualquier miembro de la UNEAC. Porque cada uno de los miembros de esa institución está sometido a un minucioso sistema de extorsión aplicado por Barnet para silenciar sus opiniones. O pregúntesele a los creadores cubanos que hace tiempo han renunciado a integrar las filas de la UNEAC porque se niegan a someterse al chantaje alegremente prodigado por gente como Barnet.

(Mis coincidencias con el señor Armengol, Blog Enrisco, febrero 2011)

Friday, January 10, 2014

Enrique del Risco vs. escritores oficialistas y Abel Prieto

El diálogo no tengo que inventármelo, ya ha ocurrido en varias ocasiones y el resultado es francamente desalentador. Te confieso una vieja sospecha que tengo: los escritores adictos al régimen cubano no existen. Pueden apoyarlo por conveniencia personal o porque relacionan su adhesión a algún tipo de estabilidad emocional que necesiten pero hasta ahora no he encontrado ninguno que crea realmente que el régimen que apoyan funciona. Un escritor adicto a un régimen como el cubano es una imposibilidad teórica y según mi experiencia, también una imposibilidad práctica. Cuando me he encontrado uno de estos personajes se puede hablar de cualquier cosa excepto de la situación cubana. Llegado a ese punto sólo pueden hilar unas cuantas consignas. Eso es en público. Una vez que pasan a un plano más privado, en caso que tal cosa suceda, te pasan el brazo por arriba, tratando de convencerte de dos cosas: que los invites a tomarse una cerveza y de que nada de lo que han dicho en público hay que tomárselo totalmente en serio. Después de un par de cervezas vuelve el tema político pero esta vez en la forma de algún ataque personal, como para sentirse ellos mismos libres de la culpa de haberle aceptado una cerveza al enemigo. Es un patrón casi matemático. Me lo explico pensando que un régimen decrépito como el cubano, incapacitado de producir nuevas ideas o aún de dejarlas producir aunque le sean favorables, sólo permite la reproducción de consignas. Los escritores que apoyan al régimen tienen muy poco juego y su contribución se reduce a añadir comas y adjetivos, crear epítetos contra el enemigo pero siempre atentos a los caprichosos cambios de humor y de consignas del caudillo. Sólo Él decidirá cual es la táctica del momento y el enemigo del momento. De otro modo el escritor oficialista, pongamos por caso al propio ministro de cultura, habla de integración y acercamiento en una feria donde uno de los primeros actos es una burda provocación contra la presentación de una revista, provocación que hace quedar en ridículo a ese propio ministro. Ante una situación así los cambios se hacen imprescindibles para los propios sectores oficiales y el único tema de discusión posible sería la dirección y la envergadura de esos cambios. Pero poco se puede esperar en ese sentido cuando hablar de cambios no sólo puede ser considerado peligroso sino inconstitucional.

(En Milenio, 2003)

Thursday, September 26, 2013

Daniel Iglesias Kennedy vs. Enrique del Risco

El comentarista en cuestión se llama Enrique del Risco y firma un artículo titulado La Gaceta de Cuba, 1995-1999. Su propósito es criticar la manipulación de que son objeto las revistas literarias cubanas, que para nadie es un secreto que responden a los intereses del régimen. Y demostrar cómo La Gaceta de Cuba ha sido utilizada para lavar la cara de la Revolución y darle una imagen aperturista con la publicación de algunos escritores cubanos en el exilio. Hasta ahí, nada que objetar. Sin embargo, Enrique del Risco toma como referencia el número cuatro de La Gaceta (1998), en el cual se publica Erotismo y humor en la novela cubana de la diáspora, una selección de capítulos de novelas editadas fuera de Cuba, recopilados por Ambrosio Fornet. Del Risco asegura que los autores escogidos por Fornet producen “una literatura al menos convenientemente neutra en términos políticos”. Y afirma que, “a cambio de un expediente de buena conducta se ofrece la acogida en el seno de la cultura nacional como contrapartida al desamparo crítico”. Se lamenta de que en esa selección no aparezcan los autores cubanos que “integran el reciente boom internacional de la literatura haber sido escogido para aparecer en el número cuatro de La Gaceta está reservado para “los que habiendo salido muy jóvenes de Cuba...se comporten adecuadamente”. A todo esto debo responder por alusiones directas.
   Resulta casi axiomática la fórmula de que el coeficiente de agnosia y la falta de información están siempre en proporción directa a la seguridad y la vehemencia con la que un crítico defiende un criterio. Las afirmaciones de del Risco son, como poco, desacertadas. Me explico: entre esos autores cubanos de la diáspora seleccionados por Fornet para ser publicados en La Gaceta me encuentro yo, junto a Carlos Victoria, Mayra Montero, René Vázquez Díaz, y otros que no sé quiénes son (Fausto Masó, Mireya Robles, Guillermo Rosales, Carlos Rubio Albet y Omar Torres). Es muy probable que Enrique del Risco no me conozca ni haya leído mis libros, como yo tampoco le conozco a él ni he leído nada suyo. Pero, antes de hacer esas afirmaciones, debió haberse informado. Cualquiera que haya leído La ranura del horizonte en llamas (Tusquets, 1987), El gran incendio (Tusquets, 1989) o La hija del cazador (Betania, 1995) no diría nunca que son libros “políticamente neutros”. Si en algo coinciden todos los críticos profesionales que han publicado comentarios acerca de mis libros —después de haberlos leído—, en periódicos como El País, ABC, Diario 16, El Correo Español, etc. (lo cual no es ningún “desamparo crítico”, como asegura del Risco), es precisamente en todo lo contrario.

(Comportamientos adecuados, Revista Hispano Cubana, No. 6, 2000)

Tuesday, August 13, 2013

Enrique del Risco vs. La Gaceta de Cuba

El trabajo sucio lo realiza La Gaceta de Cuba todo lo limpiamente que puede. Mientras la concesión del premio Cervantes a Cabrera Infante ocupaba grandes espacios en los medios de prensa del mundo hispanohablante, en Cuba sólo La Gaceta de Cuba da cuenta del hecho concediéndole apenas una columna donde equilibra lisonjas (“obra magnífica”) con injurias (“libros que nos avergüenzan”): Nótese el martilleo incesante del “nosotros”. La revista se instituye en nación o al menos en portero de la gloria nacional, cumpliéndose así lo que pudiera tomarse como la misión más constante de la revista: la domesticación sistemática de todo suceso cultural que amenace la paz espiritual de la comunidad de los más enterados, justo aquellos que no necesitan leer La Gaceta de Cuba para enterarse de que Cabrera Infante ganó el premio Cervantes. La ansiedad por tal domesticación queda definitivamente expuesta en la oración final de la glosa sobre el premiado: “También querríamos que un premio de esta naturaleza sea celebrado como lo que es: un reconocimiento literario, y que no sirva como pedestal desde donde atacar a la Revolución, y a una cultura que, a pesar de él mismo, lo cuenta entre los suyos”. ¡Curioso modo de contar entre los suyos (y aquí hacemos nuestra para subrayar la falacia, la equiparación implícita del texto de política cultural del actual régimen con cultura nacional) a un autor cuyos libros ni se editan ni se venden oficialmente en Cuba desde hace más de tres décadas y cuyo nombre no aparece siquiera en ningún diccionario o programa de estudio de literatura cubana!

(“La Gaceta de Cuba” 1995-1999. Revista Hispano Cubana, No. 6, 2000)

Thursday, July 25, 2013

Enrique del Risco sobre José Martí

Diversos son los rasgos de Martí que pueden haber colaborado con su variado uso posterior a la veneración, interesada o no, que se le ha profesado. Su tono incansablemente mesiánico y trascendental aun en la más breve carta personal, sus frases contundentes y sentenciosas, sus parábolas, a veces claras, pero en ocasiones de sentido escurridizo, la amplitud y variedad de su obra, el tratamiento general y equívoco de multitud de temas, y la inconsistencia de una obra fragmentaria (que no obstante apuntaba invariable a metas trascendentes), junto al hecho decisivo de su muerte en el campo de batalla contribuyeron a que su culto se extendiera con cierta rapidez. Pero ya desde sus inicios estaban marcados algunos de los rasgos principales, que no hacen del todo sorpresiva su mitificación nacional.

(Elogio de la levedad, Editorial Colibrí, Madrid, 2008)