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Wednesday, August 3, 2016

Manuel Sosa vs. Norberto Fuentes y Senel Paz

Desde luego, hay que reconocer que el autor de Condenados de Condado disfruta de ese limbo estamental en que él mismo se situó luego de abandonar la corte isleña. Goza lo mismo que ha de gozar aquel que le presta la esposa al gigoló, sin participar participando, observando cada detalle detrás del cortinaje. Sabe que puede salir y detener las acciones, si quiere. Después de todo, es su esposa.
   Rozando sin rozar, acariciando sin acariciar, paladea la ambigüedad por obligación, y es que su destierro (que ya había comenzado en 1989, dentro de la corte) no vino por hacer cosa contestataria alguna, sino por haber estado donde no debió. De igual modo podría vincularse al escudero con la desgracia del paladín: el sujeto es inconveniente por asociación, sin que haya movido un dedo.
   La crítica hacia sus libros siempre nos estampa esa extrañeza, ese no creer lo que parece ser. A medio camino entre lo servil y lo irónico, escudriñado por lectores y críticos que se quedan con la boca abierta, y se preguntan: ¿Pero, es posible que este hombre pretenda dar testimonio de su propia desfachatez, de esta manera?
   Reconozco que no abunda esa sensación de tratar con un cronista al que leemos más para despreciar más. Y que siempre nos suelta perlas informativas, sólo accesibles a un falderismo de su nivel. Eso está bien; para eso es que se escribe, al fin y al cabo.
   Da gusto ver cómo Fuentes le entra al fomentense Paz, tras desilusionarse del concepto que no llegó a ninguna parte por medio de En el cielo con diamantes. El mismo Norberto de siempre, con su veta de adjutant, usando las terminologías que él solo ha paladeado hasta el cansancio: bandidos, contrarrevolución, combatientes. Su crítica literaria es bien práctica: el fomentense debió definir una franja y no posarse sobre el borde; el fomentense oculta lo evidente gracias a su estilo; el fomentense se limita a darle brillo a la Gran Vitrina. Estamos de acuerdo en que el libro no funciona, como no funciona el fenómeno retórico al que pertenece el fomentense. Pero nuestras razones van más allá de lo que son las expectativas del lector Norberto. La falsedad, por supuesto; es inevitable no reparar en ella. Su prosa tiene conciencia de sí, y persigue un sistema que se funda sobre símbolos y alegorías obvias. El fomentense no da para más.
   Y cómo no sonreir al comprobar que los razonamientos de Fuentes no se alejan de factores corporales “culito, nalgas, verga”. Sabemos que sus análisis comparativos dependen de larguras, abultamientos, grosores. Nadie como él para gastar tiempo anotando esos detalles.
   Hay que advertirle un par de cosas a Fuentes, dejando la novela a un lado. La llamada contrarrevolución sí que ha logrado su “producto literario” en Cuba. Está latente en todo lo que la oficialidad ha negado. Está en todo lo que acecha, y no se publica. Está fuera y dentro, defendiéndose de la retórica positivista que nos meten todos los días. Quizás estemos muy próximos para darnos cuenta.
   La otra cosa: entre Alberto Delgado y Julio Emilio Carretero, me quedo con el segundo. Le regalo el primero a Fuentes, con soga y carné y Corrieri y todo.
   Y tendremos que releer Dulces guerreros cubanos en la primera ocasión que se nos presente. Por eso de la extrañeza y la incredulidad, para que no se nos esfumen.

(Norberto Fuentes le agita la merienda a Senel Paz. Blog La Finca de Sosa, agosto 2007)

Thursday, July 28, 2016

Fermín Gabor vs. Senel Paz y Norberto Fuentes

A ver, ¿qué dice ese niño? ¿Qué es lo que dice?
   ¿Cómo que cuál niño? ¡El niño aquél!
   Se-nel-el-ni-ño-aquél. 
   ¿Qué dice Nené Senel? Repite conmigo, nené: ce-re-bro, ce-re-bro.
   Estaba en Roma el niño aquél, hablaba de su novela, de su novela, no con título de Amaury Pérez, no con título de Silvio Rodríguez, sino con título de Lenin y Marc Anthony. Hablaba C’est ne Pas de En el cielo con diamantes. Que era hablar del bloqueo provocado por su obra anterior.
   ¡La culpa de todo la tiene el bloqueo!
   Muy capaz se mostraba Senel de saltar de su bloqueo narrativo al criminal bloqueo que mantienen los Estados Unidos sobre el heroico pueblo cubano. Y no dio ese salto de puro milagro. Pero la amenaza imperialista no dejó de merodearlo, así que, refiriéndose a esta nueva obra suya, notificó a la prensa italiana que la había sentido en peligro. Pues muchas veces estuvo a punto de escribir el libro que querían sus lectores, y no el que guardaba él en su corazón.
   ¡Ay, Edmundo de Amicis! ¡Ay, Sánchez de Fuentes! ¡Ay, Instituto Nacional de Cardiología!
   La importancia del más reciente libro de Senel Paz puede medirse por la atención que ha recibido de parte de Norberto Fuentes. Fuentes, que no ha leído nada desde que en sus manos cayera Isaak Bábel, no tuvo más remedio que sentarse a recorrer En el cielo con diamantes. Encontró la novela bien escrita, incluso muy bien escrita (considérense, empero, sus pobres exigencias: “construir con firmeza tus párrafos e hilvanar las palabras sin ruidos”). La descubrió graciosa y, alguna vez, le arrancó carcajadas. Pero al final tuvo que reconocer que constituía “un objetivo literario mal construido” (ah, dialecto de los talleres literarios del Minín), y que escondía adentro, ahogado de tan escondido, “un excelente libro de memorias”. 
   Muy ridícula es la noveluca de Senel Paz, ni graciosa ni bien escrita. Pero aún más ridícula resulta la impostura con que la lee Fuentes, como si él hubiera sido líder de alguna campaña militar. Considerándose a sí mismo protagonista épico, Eneas y Virgilio a un mismo tiempo (Virgilio no es Piñera, Eneas no es el talludo amigo de Benitín), Norberto Fuentes suena más falso que ese falso a quien critica. 
   “Eran los niños a cuidar”, escribe de la generación de Senel Paz y de sus personajes. Y agrega: “Ellos retozaban alegremente con sus culitos y nosotros teníamos que estar dispuestos a dar la vida por defenderlos”. Pero, ¿cómo? ¿Arriesgó alguna vez su vida Norberto Fuentes? Y, si lo hizo, ¿fue por defender a otros, o por aventurerismo, narcisismo o carrera propia? Ahora resulta que el General Fuentes arriesgaba su vida por defender a jóvenes cubanos a los cuales ni siquiera conocía. (¿Atacaba alguien a esos jóvenes? El imperialismo yanqui, lobo feroz que bloquea a Cuba y bloquea las posibles novelas de Senel Paz, ¿sitiaba también las bequitas kubanisches?)
   La historia parece haber sido muy distinta a como la cuenta el falso militar a cargo de un kindergarten, el General Nana Fuentes. Pues mientras Senel y sus amiguitos retozaban alegremente con sus culitos, nada hacía él sino retozar alegremente en compañía de sus amiguitos militares de alta graduación. E importa poco si el culo (u otra zona erógena) iba incluido en tales retozos, pues no faltó en ellos la delectación en la machanguería de uniforme, y sale de aquellos goces una prosa que suspira por muñecas masculinas con Rolex. Existe pues un patético Paz (no Octavio) que necesita justificar revolucionariamente la mariconería, así como existe un patético Fuentes (no Carlos) que justifica con razones altruistas el alargamiento a placer de su Servicio Militar.
   Claro que, como el segundo afirmara, es imposible componer una épica con las boberías que repuja el niño aquél. Pero tampoco la alternativa de Norberto Fuentes da para mucho: cuatro o cinco antenas en un Lada. Y tan pobre como su imaginación es la disyuntiva que le impone al tainaje: “O eres la contrarrevolución, que en Cuba nunca ha logrado ningún producto literario, o te exaltas y asumes el proceso, la Revolución, con todos los hierros”.
   A estas alturas no vale la pena discutir su ecuación entre Revolu y “producto literario” (ah, dialecto de agromercado). Norberto Fuentes parece ser un ejemplar escapado del gabinete del doctor Mabuse Fornet. “La miríada de blindados y transportadores avanza hacia el combate”, metaforiza, “y las comadres, en la cuneta, ruborizadas y apenas contemplando”.
   Entre esas comadres apostadas a la orilla del camino, incluye él a Senel Paz.
   En uno de los primeros blindados y transportadores viaja, de uniforme militar, Norberto Fuentes. Es duro el hombre, es épico, es con todos los hierros.
   ¡A Norberto Fuentes hay que tocarle los cojones!
   Lástima que, de vez en cuando, lo delate la comadre que lleva adentro y elija, por ejemplo, un vocablo tan camafeado como “miríada”.

(La Lengua suelta # 45. La Habana Elegante, segunda época)

Friday, January 8, 2016

Baltasar Santiago Martín vs. Senel Paz

Senel,
nuevo Ulises
que sucumbiste al canto de las hienas,
en tu viaje tras el pene de la gloria;
perdiste el bosque
debido al lobo viejo,
y ya no hay chocolate ni fresa en el Coppelia,
a no ser en pesos convertibles,
palabra muy a tono con tu historia.

(En Calentando el bate. ZV Lunáticas, París, 2008)

Tuesday, January 13, 2015

Antonio José Ponte vs. Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz

Cuando leí el anuncio de que Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz iban a juntarse en un panel titulado "Tan cerca y tan lejos. Literatura cubana de autores residentes fuera del país", supuse que esos tres escritores hablarían de libros, citarían nombres, ofrecerían (aunque fuese incompleto o inexacto) un panorama de cuanto publican los escritores exiliados. Sin embargo, las filmaciones del panel que he visto desmienten tal suposición. Antes que de literatura, el debate trata de políticas editoriales. Allí se habla, no de la literatura de autores residentes fuera del país, sino de la gestión de esa literatura desde La Habana. "¿Cómo gestionar la literatura del exilio?", debió ser titulado.
   González, Padura y Paz, ¿desde dónde hablan? Al parecer, ninguno de ellos figura en la mesa como escritor. Actúan, no como lectores de las obras de colegas lejanos (con toda la generosidad o rispidez que quepa en la lectura entre colegas), sino como posibles editores, censores o impresores de esas obras. Consideran los modos de acercar al lector en Cuba libros de exiliados, advierten lo complicado de la gestión: derechos de autor, billetes de avión, invitaciones… Forman, antes que una mesa de debate, una junta de importadores.
   González, Padura y Paz son voceros de la política cultural, comisarios culturales. Aunque afirmar que defienden una ejecutoria oficial de más de medio siglo, sería difamarlos. Hablan institucionalmente, sí, pero en nombre de nuevas costumbres, de una política de acercamiento y no de exclusiones. Lo aclara desde el inicio Reynaldo González: "Dentro de Cuba se está viviendo realmente una búsqueda de cambios saludables para el país". Y puntualiza: "El país implica a todos los cubanos, a la larga".
   Padura lo explica mejor: "Es inadmisible desde cualquier punto de vista considerar que la política o la filiación política de un escritor como un invalidante para su pertenencia nacional". Allí donde González intenta ser esperanzador, Padura se muestra tajante. No admite justificación alguna para las exclusiones, y en un momento del diálogo alude a derechos que están por encima de la actual Constitución. (Senel Paz modera débilmente. Podría aventurarse que hay diferencias entre los de la mesa, aunque ninguno objete al otro, ninguno contradiga abiertamente. El debate arroja, más bien, unanimidades.)

(¿Cómo gestionar desde La Habana la literatura del exilio?, Diario de Cuba, febrero 2012)

Tuesday, April 22, 2014

Fermín Gabor vs. “En el cielo con diamantes”, de Senel Paz

Para la presentación de su tan esperada novela, Senel Paz decidió asombrar a la prensa española con la noticia de que los guajiritos de Cuba se singan a las chivas. Echó mano, travestido de Samuel Feijoó, a una mitología que no desmereciera frente a los amores entre Leda y el cisne o Pasífae y el toro blanco.
   Piensen que los autores del exilio tienen la libertad de echarle con el rayo al ñangarismo en cualquier presentación, pero quienes viven en la Siempre Fiel y se asoman a Madrid o Barcelona sí que tienen que hilar fino. Pues en cualquier momento, apenas se entretengan, ya están hablando en contra del próximo permiso de salida. Se ha hecho recurrente entonces paliquear de cuestiones sexuales con el fin de  saltarse las preguntas políticas.
   Así, mientras le preguntan si Quiéntedije volverá a gobernar, el autor isleño confiesa que, allá en la adolescencia, no le quedó otro remedio que mamarle el bollo a su madrastra (en tanto el padre lo espiaba desde un escondite). Y, si lo interrogan acerca de las aptitudes de Compay Segundo para llevar las riendas del país, él afirma: “Muchos años después, enfrentado a las preguntas de un notario, me acordé de la tarde en que no tuve más remedio que mamarle el bollo a mi madrastra”.
   Ejemplos no faltan. Pedro Juan Gutiérrez ha intentado convencernos de que su vida es una incesante templeta. No tiene a menos posar desnudo o enseñar un tatuaje que celebra la salida de uno de sus libros. Ha llegado, incluso, a tratar públicamente acerca del tamaño de su falo. Senel Paz, que no hallaría éxito en tal clase de maniobras, ha preferido pastorear chivas durante la salida de su novela En el cielo con diamantes (Bruguera, 2007) y habla, a página entera de El País, acerca de la obsesión sexual de los cubanos. Porque el calamar echa su tinta para que no lo agarren, y una receta equivalente consiste en explayarse sobre lo épico sexual, aquello que (refiriéndose a los gatos) Virgilio Piñera llamó “templetas homéricas”.
   Cuatrocientas veinte y seis páginas tiene de largo el mandado de Senel Paz. Cuatrocientas veinte y seis páginas para que el protagonista de su novela pierda la virginidad. David se llama el tal protagonista, David igual que todos los protagonistas que el autor ha escrito. Porque la suya es siempre la misma historia de becaditos, de guajiritos que llegan a La Habana para despertar al sexo y a la cultura. David es el Harry Potter de Senel Paz.
   La novela cuenta el asedio al pudor femenino de un joven cubano de los años sesenta (Pamela o la virtud recompensada, podría llevar como subtítulo), y gasta medio millar de páginas en convencernos de que, aunque David Pamela Potter no quiere acercársele a ninguna jevita, David Pamela Potter no es maricón.

(La Lengua suelta # 40. La Habana Elegante, segunda época)

Wednesday, April 3, 2013

Andrés Reynaldo vs. Reynaldo González, Leonardo Padura y Senel Paz

González, Padura y Paz ejemplifican un género de intelectual cubano que paga su cuota de silencio y ambigüedad con tal de permanecer en el establishment sin llegar a disfrutar, dicho sea en su descargo, de un excesivo favor oficial. De visita en el extranjero, si alguien se interesa por saber de qué lado andan, se retuercen en evasivas convulsiones porque ellos, juran una y otra vez, no son políticos. A esta pícara neutralidad panglossiana, que no se atreven a observar en la Isla (en realidad tienen exhaustivas opiniones políticas sobre todo lo que sea castristamente correcto), agregan la desfachatez de acusar de fundamentalistas atascados en el discurso de la Calle Ocho a quienes levantan su voz desde el exilio, tal como la dictadura acusa de mercenarios a quienes la levantan en Cuba.

(No de nuestra parte, Diario de Cuba, febrero 2012)

Monday, March 18, 2013

Juan Abreu vs. Senel Paz

Sentarse con ese tipo de escritor vendido a un régimen totalitario es ya validarlos. Es una manera de frivolizar la tragedia cubana, de hacer el juego a los carceleros y a los torturadores. Encaja a la perfección en la estrategia castrista de las “dos orillas que dialogan” y otras políticas concebidas y propagadas por el DGI cubano. No importa lo que digamos al emisario; compartiendo con él un foro de ciudadanos libres rebajamos el concepto de libertad. No se sirve a la libertad y a la democracia hablando con el sirviente de los conculcadores de la libertad y la democracia.
   ¿Tiene el sirviente entidad propia? Creo que no.
   El caso de Senel Paz es especialmente lamentable pues se trata, como ya dije, de un personaje que firmó la infame carta de apoyo al fusilamiento de tres infelices cubanos que intentaban escapar del paraíso de Senel Paz y los Castro.

(Carta abierta a Casa Amèrica Catalunya, Blog Penúltimos Días, marzo 2009)