Total Pageviews

Showing posts with label Castro escritor?. Show all posts
Showing posts with label Castro escritor?. Show all posts

Thursday, August 1, 2019

Néstor Díaz de Villegas sobre “La Historia me absolverá”


El batistato es nuestra edad de oro, y La Historia me absolverá, su canon literario definitivo. El personaje más completo, más logrado del batistato, es Fidel Castro. En su noveleta jurídica todavía existían las leyes –y el castigo por infringirlas– pero, sobre todo, existía la idea de una República. En esa obrita está resumida toda la Libertad que pudo amasar y expresar una época de libertinaje. Y también, la crisis, la negación de esa Libertad. El acusado se convierte en acusador, y encarnando al fiscal condenará la época de oro que lo engendró. En lo sucesivo, ya nunca dejará de ser juez y parte, defensa y fiscalía en una sola pieza, tanto para sí como para cada uno de sus súbditos. El salvador de la República que vemos aquí en su momento estelar, durante el desenlace trágico del fin de la Historia, devendrá destructor de la República. Y toda esta riqueza descriptiva, estilística y semiótica, está contenida en un solo panfleto, en un único auto de fé, donde Batista deviene Claudio; Cuba, Gertrudis; Fidel, Hamlet, y Martí, el fantasma del Padre.

(Macramé para el primer aniversario de un blog. Blog Penúltimos Días, julio 2007)

Tuesday, September 20, 2016

Alejandro Armengol vs. Fidel Castro escritor (2)

El artículo —ya no se utiliza la categoría “reflexiones”, al parecer por la falta de continuidad— es similar a otros anteriores por su falta de coherencia. Castro no presenta una idea, la desarrolla y concluye, sino que lanza palabras, conceptos, frases, estereotipos, recuerdos, todo mezclado en una especie de narrativa cercana a un flujo de conciencia. En este monólogo uno siempre espera encontrar una revelación, una singularidad, algún detalle curioso, pero casi nunca ocurre. Dentro de un marco de referencia, que en lo que respecta a la ciencia y la historia universal, parece fundado en lecturas repetidas de una publicación como la Revista Selecciones, se intercalan algunas anécdotas personales —casi siempre sin mucha trascendencia—, lugares comunes y una visión del proceso revolucionario que inició y llevó a cabo en cuya descripción cada vez más se acentúa una posición a la defensiva: es perenne la confusión entre la realidad y una serie de supuestos ideales y metas. Hay en este punto un curioso desplazamiento que solo se explica como una forma tergiversada de justificación: Castro habla de la actualidad en términos casi siempre catastróficos, pero ajenos a Cuba: proyecta lo que podría considerarse su concepción del mundo excluyendo la realidad cubana. Puede argumentarse que procede así debido a su alejamiento de la vida pública nacional, pero en la práctica tal alejamiento no es tal: más bien su actitud es propia de un desterrado, solo que ese destierro obedece a razones de salud y no políticas.

(El largo adiós. Blog Cuaderno de Cuba, marzo 2016)

Thursday, May 28, 2015

Alejandro Armengol vs. Fidel Castro escritor

Demasiados participantes en el proceso que llevó al poder a Fidel Castro añoran ser escritores. Memorias, testimonios y diarios de combate han terminado por llenar los estantes de las bibliotecas, y por crear una bibliografía cuyo último destino en muchos casos es hacerles consumir una enorme cantidad de tiempo a los investigadores.
   Primero fue Ernesto Che Guevara, con sus ataques —el famoso pecado original de los intelectuales cubanos— y una vocación medio frustrada por convertir en literatura sus recuerdos de guerra.La realidad ha terminado por superar la frase del guerrillero: lo peor de muchos revolucionarios cubanos es que han pretendido ser intelectuales.
   Durante los primeros meses de su convalecencia, Fidel Castro se apropió de un libro ajeno y convirtió una larga entrevista —y un montón de declaraciones— en una especie de testamento literario. Hizo el libro suyo, lo nacionalizó, intervino, y terminó incorporándolo al patrimonio de la isla. Se dedicó a firmarlo y regalarlo a invitados extranjeros.
   Todo aquel esfuerzo —cuando aún se encontraba débil y se ponía en duda su recuperación— para hacer realidad algo que había dicho antes.
   Cuando apareció publicada la autobiografía de Gabriel García Márquez, Fidel Castro confesó su envidia literaria.
   Entonces dijo que, de reencarnar, preferiría hacerlo como escritor. Reconoció que todo lo hubiera cambiado por una labor más íntima: una novela bien escrita, un verso logrado, el cuento que se vuelve a leer con agrado varias semanas después de hecho.
   La ocasión no era propicia, y Castro se limitó al deseo de una tarea no emprendida. Culpó a la historia de ser un gobernante por tantos años.
   Un poco mejor de salud, comenzó a reparar ese error del destino. Se dedicó al periodismo para ilusionarse con una vocación que nunca desarrolló. Quizá encerrado y enfermo imaginaba poemas que no podía escribir.
   Cuando se recuperó de su dolencia, pero sin capacidad para asumir de nuevo el gobierno cotidiano, abrió una nueva etapa. Asistimos al momento en que intentó consolidarse como escritor en pleno. Publicó varios libros con alguna fanfarria —uno incluso de 896 páginas, con fotos, mapas y documentos—, pero que no han logrado satisfacer las esperanzas de éxito intelectual, que quizá había puesto en ellos. Ni siquiera despertaron polémica. Quedaron para ser almacenados en los estantes. Su destino, una vez más, fue superar la muerte, pero al precio de eludir al menos buena parte de la gloria. Ahora sabe que el destino de esos libros es similar al de esas Obras Completas de Lenin, para poner un ejemplo de la labor del olvido: ediciones profusas para almacenar polvo o ser convertidas en pulpa.
   Si de lamentos se trata, al pesar se une lo relativamente fácil que hubiera resultado evitar el castrismo. De acuerdo a esta perspectiva libresca, todo podía haberse resuelto de forma más satisfactoria para Cuba, de haber existido, durante la época republicana un mayor reconocimiento para los creadores: un buen concurso de narrativa, más revistas prestigiosas que hubieran permitido al joven Castro desarrollar una carrera que nunca ha podido desempeñar hasta ahora.
   Cuando se unió al homenaje a Gabriel García Márquez, en la revista Cambio, Fidel Castro buscó alcanzar no sólo su dimensión como escritor, sino que se atrevió a confesar su pena por no haberlo sido a plenitud. Es importante detenerse en este momento, desechar la sospecha de que se trataba de un texto escrito o arreglado por otro. Vale la pena concederle la posibilidad del logro literario. Porque si Castro aparentó despojarse por un momento del poder y aparecer como escritor, nos brindó entonces un atisbo de lo que sería un empeño en que el tiempo termina por colocar las cosas en su sitio, y hasta permite que se utilice esta frase común en un comentario más en éste, uno de los tantos blogs.
   Tras aquellos libros, abandonadas las “reflexiones”, ahora solo le queda una carta ocasional, como último refugio no solo al temor de ya no permanecer siempre en el presente, sino lo que es peor: dejar de estar en la memoria.

(Fidel Castro y su arte inútil de la memoria. Cuaderno de Cuba, julio de 2013)

Monday, February 18, 2013

Rafael Rojas vs. Fidel Castro escritor


Fidel Castro confunde la narración de su vida con el relato de la historia de Cuba, y no duda en alterar detalles. ¿Cómo podría reivindicar la vida del padre Varela si esta es incompatible con un régimen de partido único?

   ¿Por qué un político como Fidel Castro, que gobernó durante medio siglo Cuba y que no siguió gobernándola sólo porque su salud se lo impidió, que tiene a su hermano menor al mando del país y que jamás es cuestionado en la opinión pública de la isla, dedica su retiro a justificar insistentemente su lugar en la historia? En los últimos seis años, Castro ha publicado cuatro libros de memorias y ha agenciado la publicación de alguna biografía favorable. ¿Cuál es la raíz de esa obsesiva administración de un legado político?
   Hay algo significativo, por no decir sintomático, en el hecho de que este dictador haya iniciado su carrera política anunciando que la historia lo "absolvería" y que la termine enfrascado en alegatos personales sobre su comportamiento en el pasado. Si no fuera forzar demasiado el paralelo, podría observarse en Fidel Castro el gesto de Luis XVI en la Torre del Temple, narrado por Lamartine en la Historia de los girondinos (1847). El historiador francés destacaba que en su alegato justificativo, antes de ser condenado a muerte por traición a la patria, Luis XVI atribuyó toda la tragedia francesa a la "situación" y al "tiempo" que le tocó vivir.
   Los cuatro últimos libros de Fidel Castro —Biografía a dos voces (2006), una larga entrevista autobiográfica con Ignacio Ramonet, La ofensiva estratégica (2010), La victoria estratégica (2010) y el más reciente, Guerrillero del tiempo (2012),otra larga entrevista autobiográfica, en dos tomos y más de mil páginas, con la periodista cubana Katiushka Blanco— son narraciones que reiteran pasajes conocidos de la vida del político cubano: la infancia en Birán, los estudios en el jesuita Colegio de Belén, la turbulenta juventud universitaria, el Moncada, México, el Granma, la Sierra Maestra, la entrada en La Habana en enero del 59, Playa Girón, los atentados, los sabotajes y su larga "lucha contra el imperio", frase con la que se despachan de un plumazo los últimos 50 años de la historia de Cuba.

   Pasajes tan conocidos que hasta un escritor cubano, Norberto Fuentes, los contó ya en primera persona y mejor prosa. Si alguna historia conoce el pueblo de Cuba es esa, ya que, en síntesis, no es otra que la historia oficial de la Revolución Cubana, machacada durante cinco décadas a varias generaciones de niños y jóvenes. La misma historia que en cinco décadas han contado la radio y la televisión, los carteles y la fotografía, el cine, la plástica y los cientos de escritores y periodistas que han aspirado, alguna vez, al cobijo del Estado cubano. La misma historia que repite día con día la cronología épica y el panteón heroico del Gobierno insular.

(La tiranía de la memoria, Informe21.com, febrero 2012)