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Wednesday, November 2, 2016

Luis Ortega vs. Guillermo Cabrera Infante y Carlos Franqui

Cabrerita habla de que él era en Cuba "un periodista tal vez con demasiado éxito." Se han muerto todos los testigos. Escribía en Carteles, una revista de circulación muy pobre, una gacetilla de cine, firmada por un tal Caín. Abeles eran los pocos lectores que tenía. Luego cayó en Revolución con su carnal Carlos Franqui. Y aquí viene lo mejor. Cabrera no tiene mala fama por sus pocos libros, que no tienen importancia, sino por los horrores que hicieron Franqui y él en Revolución. Desde convertir los fusilamientos de los primeros tiempos en un espectáculo, con palco y todo, para regocijo de los miembros de su pandilla hasta perseguir a todos los intelectuales y periodistas que ellos creían que les hacían sombra. Jorge Mañach tuvo que irse de Cuba, disgustado, y murió en Puerto Rico en 1961. La pareja de pillos lo obligó a irse de Cuba. A Paco Ichaso lograron meterlo en la cárcel, sin motivo ninguno, y lo sacaron en la portada de Revolución con una P enorme en la espalda. Ichaso murió en México en 1962. Miguel Ángel Quevedo tuvo que exiliarse, perseguido por Cabrera, Franqui y Delanoza. Cabrera, después, con un cinismo increíble, se alababa en un mamotreto titulado Mea-Cuba de haber creado en Cuba una verdadera Inquisición para limpiar el país de la escoria literaria y periodística.
   Al final, después de casi diez años de fechorías, los dos sujetos, Cabrera y Franqui, salieron huyendo. Este último con una fortuna en cuadros y joyas.
   Cabrera Infante ha sido hábil. Para cubrir ese pasado de infamia y hacer que se olviden de la cantidad de gentes que empujaron al paredón, Cabrera se ha inventado una fama siniestra de perseguido por el gobierno de Castro. No hay tal. Nadie lo persigue. Castro ha sido demasiado benévolo con los que desprestigiaron la revolución en los primeros tiempos. Y, en definitiva, ni siquiera sabe quién es el pícaro Cabrera. El hombre recorre el mundo buscando periodistas ingenuos que lo entrevisten. Y que le pregunten cositas literarias cuando, lo cierto es que deberían interrogarlos sobre los crímenes que cometieron aprovechando el desorden inicial de la revolución.
   Lo más gracioso en esta entrevista es la historia que hace Cabrera sobre las gentes que hacen cola en La Habana para alquilar subrepticiamente sus libros y poder leerlos en secreto. "Para poder leer mis libros durante unas horas pagan hasta diez latas de leche condensada," explica. ¿Hasta dónde llega la vanidad de este pobre hombre? En la misma edición de El Mundo aparece un artículo del canario J.J. Armas Marcelo, que contiene elogios extraordinarios sobre este personaje de la picaresca cubana que se llama Cabrera. Increíble.

(Cabrera Infante y sus 10 latas de leche condensada. Publicado en la red, abril 2001)

Friday, April 3, 2015

Luis Ortega vs. Guillermo Cabrera Infante

Si no hubiera ocurrido la Revolución en 1959 este señor seguiría escribiendo unas croniquitas de cine en la revista Carteles, —la más sonsa que existía en Cuba—, y recorriendo la calle Obispo, arriba y abajo, con un libro en el sobaco, presumiendo de su importancia y viviendo de un sueldo de alguna oficina del Estado. Fue necesario que el país entrara en Revolución para que este pobre gacetillero de Carteles lograra colarse en un periódico como subdirector, a la cola del pillo Carlos Franqui, para organizar aquella cosa horrenda y ridícula de Lunes de Revolución.
   ¡Cuántas cosas tuvieron que pasar en Cuba para que el pobre Cabrerita pudiera convertirse en personaje y vivir en Londres y lanzar ex comuniones y amenazas desde su precaria vivienda!
   Se lo debe todo a la Revolución. La Revolución lo hizo persona. Sin la Revolución estaría todavía deambulando por la Habana Vieja y viviendo en la casa de vecindad de la calle Zulueta. Los años que pasó con la Revolución los ha explotado muy bien. Haber estado y haber desertado, le ha dado material para construirse una personalidad refleja.
   En algunas de sus obras se puede apreciar a Cabrera Infante inventando a otro Cabrera Infante. Es un ejemplo típico de la obsesión de un hombre por el homosexualismo de los otros. Es lo mismo que Franqui.

(Miami, donde el tiempo se detuvo. Edición digital)

Wednesday, March 4, 2015

Zoé Valdés vs. Luis Ortega

No sólo se dedicó a hablar horrores de los escritores cubanos del exilio, además escribía cartas, junto a otro grupito de funestos mediocres -a la cabeza un librero de Nueva York-, al diario español El País, para que no publicaran nunca más a Guillermo Cabrera Infante. Y por supuesto, no logró lo que quería, por torpe y estúpido. Pero sobre todo, porque jamás hubiera podido pararse al lado del Premio Cervantes cubano, el autor de La Habana para un Infante Difunto.
   Ustedes se preguntarán por qué escribo esto entonces. Bien, me explico: Ya me estoy cansando de que cada vez que se muere una alimaña de éstas haya que leer mierdas como que fue un gran periodista y todo tipo de sandeces del mismo género. Luis Ortega fue una alimaña, basta; pero no fue ni es la única. Tiene unos cuantos alumnos que podrían aventajarlo, o que casi lo han superado ya.

(Luis Ortega. ¿Periodista? Blog Zoé Valdés, abril 2011)

Wednesday, February 18, 2015

Guillermo Cabrera Infante vs. Gastón Baquero y Luis Ortega

Fue el poeta negro que introdujo, Esquilo tropical, la tragedia al traer al héroe condenado a la casa del futuro jefe, ahora sólo un aspirante a poeta laureado que quería verse publicado en las revistas más esotéricas de América. Con el tiempo, sin embargo, se haría periodista aduciendo que los poetas también comen. Cosa curiosa, el poeta negro, que tenía ambiciones de contarse entre los poetas herméticos, también se hizo periodista y llegó a ser, ironías isleñas, director del periódico más rancio, conservador y prestigioso de Cuba y terminó de consejero consultivo del dictador de turno —que era tan mulato como el poeta comunista.
   Fue bueno que ambos compañeros de cuarto supieran pronto que no tenían talento para la poesía, pero sí para las relaciones menos púdicas o más públicas: el periodismo sicofante con las prebendas más fáciles. Dejaron de escribir sonetos a las aplomas maternas, de grabar palabras eternas en la arena y escribieron en su lugar apostillas políticas con las que hicieron una veloz carrera hacia sus sespectivas metas —que eran una sola: esa sólida sinecura segura. Si algo mata más el talento que la envidia literaria es recordar el tiempo infeliz desde la gracia.
   Lo que trajo a casa el poeta negro fue un muchacho nada común. Era rubio, de ojos azules y además quería escribir. Pero no componía versos sino que escribía cuentos, poemas en prosa y narraciones —todo de una gran ingenuidad. Cuando el futuro jefe se miró, literalmente, en los ojos azules del recién venido, vio el mar. El muchacho de ojos azules miró al futuro jefe pero no vio en sus ojos negros el mal sino una intensidad nueva. Se enamoraron. El poeta negro comprendió que no tenía nada que hacer sino formar un triángulo en que no hay tres catetos posibles. Como había estudiado arquitectura sabía que estaba ante un triángulo que es una figura de fuerzas inestables. Se quedó viviendo con el jefe y su efebo, pero se retiró a su cuarto —que se hizo un espacio de repetidas masturbaciones. Después de cada eyaculación, el poeta negro, como era católico, se persignaba con la misma mano con que se había masturbado. A veces iba a confesarse con un padre poeta que era su confesor. Siempre recibía la absolución. Ya el poeta negro se había ido a ejercer el puesto de redactor jefe del periódico más católico —y también el más racista— de Cuba. Pero el poeta negro no veía ninguna incongruencia en su exaltación, sino que llamaba al diario Pan del Cielo.
(…)
   El hombre que fue jefe volvió a la superficie en Miami, el centro universal del exilio. Pero ya no es un exiliado como era cuando me visitó. En otro salto mortal viaja a Cuba y se abraza al Máximo Líder que le dice sin ironía: “Chico, los grandes periodistas nunca mueren”. Sólo se suicidan, digo yo, más de una vez. El futuro jefe rescatado de las aguas se presenta en Miami como un corajudo verbal y declara: “Yo no me vendo, yo me alquilo”. Este alquilón se cree, créanlo o no, una fuerza moral. Pero pocos cubanos que conozco tienen, o publican, una idea tan errónea de sí mismos. Había que haberlo visto en el patio de su casa de lo que se llama La Sagüesera y para él el centro de la gusanera ofreciendo máximas morales como si fuera un Sócrates que ha hurtado el cuerpo a la cicuta y no le debe un gallo a Esculapio. Sus visitantes lo oyen desgranar perlas políticas pero el otrora jefe no sabe que ellos saben la historia obscena de su vida y acogen sus aforismos con un grano de sal marina. El jefe es rencoroso y amargado y se dedica a la difamación. Pero ¿no será que desde entonces, desde aquella tarde en que fue salvado de las aguas por el lanchón de la basura, cumple cadena perpetua por asesinato en la cárcel que es su cuerpo?

(“Un jefe salvado de las aguas”. En: Todo está hecho con espejos. Alfaguara, 1999)

Tuesday, July 1, 2014

Luis Ortega vs. Carlos Alberto Montaner

El hombre más apto para organizar congresos de intelectuales cubanos sin intelectuales es Carlos Alberto Montaner. Su capacidad para inventar disidentes, falsificar poetas, recaudar enormes cantidades de dinero, viajar incansablemente por el mundo entero, coordinar festivales, piñatas políticas, banquetes, negocios, editoriales, etc. , es extraordinaria. Nadie lo puede superar en ese terreno.
   Hay que ubicarlo en la picaresca española. Es un tipo muy hábil para hacer trampas y ganar dinero. Se promociona bien. Este tipo de hombre se ha dado siempre muy bien entre nosotros. Sueña con un protagonismo que siempre se le escapa de las manos.
   Montaner no es un intelectual ni un periodista ni un político. Es un excelente publicitario. Y lo hace bien, sin escrúpulos de ninguna clase. Ni siquiera se molesta en escribir o en elaborar ideas. Tiene un equipo que le trabaja la prosa de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Y en cuanto a las ideas, usa las ajenas con un desparpajo admirable.

(Miami, donde el tiempo se detuvo. Edición digital)

Wednesday, June 11, 2014

Luis Ortega vs. Jorge Mañach (2)

Mañach como todos nuestros profesionales del intelecto, adolece de un cierto defectillo de vanidad. Les es más importante sobrenadar en la cultura que la cultura misma. Son como señoritos del arte. Lo fundamental es la exhibición. Ignoran la soledad. El modo como Mañach acomete los problemas, deja entrever siempre el rasgo característico de una generación que ha vivido volcada sobre los cargos públicos. Su mismo estilo es terso, elegante, distinguido, insincero. Nunca ahonda. Pero siempre se mantiene en el ápice del tema, en una pose algo circense.

(Coquetería intelectual. Prensa Libre, octubre 1949)

Tuesday, November 5, 2013

Luis Ortega vs. Jorge Mañach

Cuando Mañach dice no entiendo está poniendo sobre el tapete, con una sinceridad admirable una confesión de aniquilamiento.
   No puede entender, esto es, se ha aniquilado porque anda demasiado entreverado, demasiado asenderado. Mañach ha sido siempre un escritor. Pero además ha sido político, orador de barricada, periodista, profesor, congresista, ministro, etc. Él y todos los que ayudaron a componer esa especie de generación literaria han abarcado todas las ramas del saber y del hacer. Se forjaron en el puro quehacer de la cultura, pero la revolución los lanzó al pasquín callejero. Luego han vivido angustiosamente tras la conquista del poder. De pueblo en pueblo, de barrio en barrio han ido mendigando el voto.
   Y Mañach es el tipo de ejemplar de aquella hornada intelectual. Es el más puro, el más limpio, el más admirable. Y por eso en él la caída es más dura y la confesión íntima más angustiada. Ha caído de lo más alto.

(Una generación que se rinde. Prensa Libre, octubre 1949)

Monday, September 23, 2013

Luis Ortega vs. Carlos Franqui

A los pocos días de mi regreso me cayó arriba Carlos Franqui que manejaba el periódico Revolución. No había conocido nunca a Franqui y tampoco a Guillermo Cabrera Infante. Ellos organizaron la cacería de todos aquellos periodistas que en el pasado habían tenido algún nombre, incluso, los que, como yo, habían estado en el exilio. Así son las revoluciones y eso explica por qué no soy revolucionario. En los primeros tiempos siempre surgen todos los detritus de la sociedad.
   Franqui es un bandido que ha vivido de las obras de arte que sacó de Cuba cuando se fue al extranjero... Estuvo viviendo muchos años de la Revolución antes de tomar partido en contra, en 1968...

(Miami, donde el tiempo se detuvo. Edición digital)