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Friday, March 12, 2021

Fermín Gabor vs. Jorge Fornet

Cualquier asomo al Caso Padilla, por somero que sea, ha de tener en cuenta la acción de la policía política cubana. Sin embargo, Jorge Fornet ha escrito todo un libro sobre el tema ("El 71. Anatomía de una crisis", Letras Cubanas, La Habana, 2013) y en su índice analítico, de una veintena de páginas, donde aparecen autores como Verlaine y Turguéniev, e instituciones como el Museo de Artes Decorativas, no aparece Seguridad del Estado.

   Esa fuerza policial es mencionada un par de veces en su libro. La primera, dentro del recuento de una novela. La segunda, en una frase de Heberto Padilla. Fornet, por sí mismo, no se atrevió nunca a aludirla.

   Tanta cautela puso en eso que se despreocupó de la suerte del poeta: da noticias de su detención por una patrulla policial y elude el encierro en Villa Marista. De manera que cuando volvemos a saber de él,  Padilla está ya pronunciando su autocrítica en la Sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Las cinco semanas de arresto se mencionan únicamente en una cita del argentino Rodolfo Walsh. Fornet, por sí mismo, no se atrevió a aludirlas.

   Aunque donde más evidentes se hacen sus esfuerzos por narrar una historia sin violencia ni presiones del Estado es cuando explica las razones de tantos escritores cubanos para firmar en 1966 una carta pública contra Pablo Neruda.

   Fornet Jr. recuenta: "No es extraño que los escritores cubanos firmaran veloces y entusiastas aquella carta: mirado desde el campo político, eso los ubicaba en una posición radical que los complacía; desde el literario, los involucraba en un género (el de la polémica y la carta abierta) que gozaba de prestigio, y contra una figura mayor que, como reflejo, les otorgaba un alto estatus a ellos mismos".

   Veloces y entusiastas, afirma Jorge Fornet, que lo reduce todo a cuestiones de ego. Y aunque él no lo sabe porque le conviene no saberlo, la mayoría de los lectores de su libro sabemos bien de dónde brotan esa velocidad y ese entusiasmo, esas ganas de firmar contra Neruda o contra quién sea.

(Publicado en Facebook, marzo 2020)

Friday, January 1, 2021

Fermín Gabor vs. Ambrosio Fornet y Jorge Fornet

Ambrosio Fornet y Jorge Fornet, padre e hijo, han querido resolver el Caso Padilla a la cañona. Son investigadores que hacen cambios en la escena del crimen con tal de que el modus operandi del criminal coincida con el que ellos traían pensado.

   Según averiguaciones suyas, antes de que Heberto Padilla se pusiera a hacer poemas moscovitas el horizonte habanero se encontraba completamente despejado, sin asomo de estalinismo.

   Fue Padilla, sostienen los investigadores Fornet y Fornet, quien vino a complicar las cosas, extrapolando experiencias soviéticas e importando a la isla mercancía averiada.

   Padilla era un exotista. Igual que un siglo antes lo había sido Julián del Casal. Importador de bibelots uno y de abedules el otro. De manera que si a Casal lo habían acusado de afrancesado, a Padilla lo acusaron de sovietizante. O mejor dicho, de estalinizador. Y así fue explicado su caso en la época en que lo detuvieron y estuvo recluido en Villa Marista bajo interrogatorio.

   Cuatro décadas más tarde, Ambrosio Fornet sostuvo que Padilla: "aun bajo el sol tropical se sentía asediado por los fantasmas del estalinismo" ("La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión", Centro Teórico-Cultural Criterio, La Habana, 2007).

   No es superfluo el detalle del sol tropical. De ese sol a plomo se valieron las denuncias de exotismo contra Casal, así que valdría también para denunciar el extraño comportamiento del poeta Heberto Padilla. No obstante, desde los experimentos ópticos de Eliseo Diego en la Calzada de Jesús del Monte es conocido el fenómeno de que la demasiada luz puede formar otras paredes con el polvo. Y para Padilla esas otras paredes coincidieron con las murallas rojas del Kremlin.

   En su libro "El 71. Anatomía de una crisis" (Letras Cubanas, La Habana, 2013), Jorge Fornet habla del Caso Padilla como si de una autoprofecía cumplida se tratara. Coincide el investigador hijo con el investigador padre en que la Cuba de la época no vivía bajo amenaza estalinista. Tal amenaza residía únicamente dentro de Padilla, quien a fuerza de imaginar un estalinismo insular en poemas y conversaciones con diplomáticos y visitantes extranjeros, consiguió que aquel estalinismo fructificara en Cuba.

   O sea, que el poeta resultó capaz de imponer sus fantasmas al Estado revolucionario. Es decir, que todo cuanto ocurrió después de su detención policial, la "autocrítica" y la férrea censura que se iniciara, emanó de Heberto Padilla y estaba concentrado en él. Fue Padilla quien forzó a sus represores, que no querían reprimirlo, a obrar en contra suya.

   Represores a su imán.

   Todo lo anterior conduce a una cuestión mayor, desatendida por los Fornet: la de cómo pudo una sola persona lograr cambios tan grandes en un régimen. O, dicho de otro modo, cómo fue capaz Heberto Padilla de convencer a las autoridades revolucionarias para que se comportaran tan soviéticamente con él y luego con la intelectualidad en pleno.

   Es indudable que un avezado comisario político, un buen perro de presa en su puesto, habría ordenado la detención, reclusión e interrogatorio en Villa Marista de Ambrosio Fornet y Jorge Fornet.

   También habría ordenado que ambos se autocriticaran en público por contrarrevolucionarios. Contrarrevolucionario el padre, contrarrevolucionario el hijo. Porque, con la excusa de exculpar de despotismo a las autoridades revolucionarias, tanto Ambrosio como Jorge ponían en entredicho la fuerza y convicción de esas autoridades, hasta el punto de pretender que un intelectual, no guerrillero, lograba imponerles sus lineamientos.

   ¿Cuál imagen creían Fornet padre y Fornet hijo que el Comandante en Jefe prefería que se diera de él? ¿La de un déspota o la de un mentepollo?

(Publicado en Facebook, marzo 2020)

Monday, November 23, 2020

Fermín Gabor vs. “Antón Arrufat. Autorretrato sin enmiendas”, de Carlos Espinosa (2)

"Volviendo a mis hábitos como escritor, no reescribo", declara Antón Arrufat a Carlos Espinosa Domínguez.

   Ah, qué bien. Estamos en una página crucial del recién aparecido "Antón Arrufat. Autorretrato sin enmiendas" (Los Libros de las Cuatro Estaciones, Kansas, 2020).

   Antón Arrufat, que vio salir de un prostíbulo a Jorge Mañach y supo de labios de una prostituta lo que Mañach hizo con ella allá adentro, parece dispuesto a confesar lo que él hace cuando se queda a solas y escribe.

   "De hacerlo", dice del reescribir, "habría recibido ya muchos premios y estaría camino del Nobel".

   Creo que este es un momento perfecto para aclarar que tanto las frases elegidas de las prosas de Leonardo Padura y Senel Paz publicadas aquí como esta frase arrufatiana que acabo de teclear, son exactas y verdaderas. Invención de esos autores a los que les han sido adjudicadas y de ningún modo invención mía.

   Corte al Paseo del Prado. Exterior, día. Caminan dos escritores, uno anciano y el otro maduro. Van de la estatua de Manuel de la Cruz a la estatua de Juan Clemente Zenea o viceversa. Pasan entre leones. El anciano es Arrufat. El maduro, Senel Paz. Los llamaremos (por títulos de sus libros) Pequeñacosa y Niñoaquel.

   Van Pequeñacosa y Niñoaquel por el Paseo del Prado. Laureles y leones. Laureles, que con sus hojas se tejen las coronas del triunfo. Leones, que así trata la lengua inglesa a las grandes figuras literarias. Pequeñacosa, Niñoaquel, laureles y leones.

   Hablan de la gloria y Pequeñacosa suelta: "Vargas Llosa caminaba conmigo por La Habana. Vino cuatro o cinco veces y paseábamos juntos".

   Fue por los años en que él hacía la revista "Casa".

   "Y ya tú ves", agrega, "él es Premio Nobel y yo no".

   Eso está en este libro del cual hablo. No le he añadido nada, lo refiero casi con las mismas palabras, con idéntica lógica. Pequeñacosa cree que la gloria se pega de andar juntos, que el Nobel es el coronavirus.

   En respuesta, Niñoaquel mira muy serio a su interlocutor y le pregunta cuántas novelas ha publicado Mario Vargas Llosa.

   Bufido de guagua que abre la del medio, y también la de atrás, como respuesta.

   Y Niñoaquel pregunta a Pequeñacosa cuántas novelas tiene escritas él.

   Alza este último los dedos en V como solía alzarlos Churchill.

   "Con dos novelas no se puede ganar el Nobel", lo disuade Niñoaquel. "Vargas Llosa se ha dedicado a trabajar y nosotros no".

   Volver de Manuel de la Cruz a Juan Clemente Zenea o de Juan Clemente Zenea a Manuel de la Cruz es una las tareas más extenuantes que habrá podido imponerse este par de humanos bajo el peso de sus haraganerías sin reconocimiento.

   Eduardo Abela los coge a los dos y los hace Bobo y Sobrino en ese mismo paseo. (Eh, eh, Bobo y Sobrino no es mal nombre para una empresa comercial.) Carlos Espinosa Domínguez, sin nada de Abela, habrá transcrito la anécdota con total seriedad.

   Se toma tan en serio su trabajo Espinosa Domínguez que inicia el libro con este aviso: "Este libro que ahora ve la luz viene a integrar, de modo natural y orgánico, una trilogía con dos anteriores que he publicado, 'Cercanía de Lezama Lima' (1986) y 'Virgilio Piñera en persona' (2003)".

   No sé de qué forma natural y orgánica un escritor como Antón Arrufat, reescriba o no reescriba, puede colocarse en interés público a continuación de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, protagonistas de dos volúmenes que agradecemos a Espinosa Domínguez. Ha de ser que cuando el pedal de la máquina de coser coge carrera, da igual coser un bajo más. Es Singer y la máquina canta.

   Pero si lo que Carlos Espinosa Domínguez quiere es seguir tirándose en chivichana por la escalera del Capitolio, que no lo deje en trilogía y vaya a tetra. Que la cultura cubana anda necesitada de un libro donde Ambrosio Fornet revele cuáles son sus hábitos de escritura y confiese si reescribe.

   Y si escribe.

   Ambrosio Fornet fue más amigo de Vargas Llosa que Arrufat, y estuvo más expuesto al contagio del Nobel. Ese libro en el cual le hablaría a Espinosa Domínguez de su vida y obra va a ser apasionante. Desde ya cuenten con mi lectura.

(Publicado en Facebook, marzo 2020)

Monday, October 19, 2020

Fermín Gabor vs. Zoé Valdés (4)

"Hacía mucho tiempo que no estaba tan orgullosa de ti", dijo.

   Acto seguido le escuché un borboteo.

   "Llevabas mucho tiempo sin hacer algo que valiera de verdad la pena", agregó.

   "¿Qué estás tomando?"

   Porque hacía un ruido de cloaca.

   "Perdona, un batido de mamey. Empecé a tomarme el primer vaso y me acordé de que tenía que decírtelo."

   "¿Decirme qué?"

   "Lo orgullosa que estoy de lo que escribiste de Zoé Valdés."

   Los mameyes los había traído de Cuba.

   "Ay, si no hubiera alarma de coronavirus, te invitaba. Porque a este paso voy a tomarme yo sola toda la batidora".

   Estaba orgullosa de mí y del vaso medio lleno de la batidora.

   "¿Se puede saber qué hacía ella con ese parche en el ojo?", entró en materia. "Ridícula como es…"

   "Y la peluca", dije.

   "Bueno, lo de la peluca es más explicable."

   "¿Sí?"

   "¿Tú no la has visto bien?"

   Tomó otro sorbo y dijo algo acerca de un desplazamiento frontal con retractación de la línea de crecimiento y pérdida general de densidad capilar.

   "O sea, que está quedándose calva", traduje.

   En el cráneo de Zoé Valdés había una lucha de trincheras de la Primera Guerra Mundial donde las divisiones de la frente hacían retroceder la línea de crecimiento. No obstante, el color de su peluca habría sido el último que eligiría cualquiera que quisiera disimular la caída del pelo.

   "Tan patética… Y se pone a acusar de patetismo a otra. Calva, y habla de la calvicie de otro..."

   La Repugnantona estaba de un ánimo inmejorable. El batido de mamey le bajaba por el esófago que era una gloria.

   "No, no es patética", dijo como si el último sorbo le hubiera traído la iluminación, "es repugnante."

   Zoé Valdés era patética y capaz de llamar patética a otra. Iba camino a la calvicie y era capaz de hablar de calvos. La Repugnantona, a su vez, era capaz de llamar a alguien repugnante.

   Era el fin de los tiempos y el cielo de este día era color mamey.

   La voz del otro lado del teléfono me aconsejó que siguiera por ese camino, el de escribir en contra de aquella mediocre que se creía novelista, y que dejara de una vez en paz a Silvio y Pablo y Amaury y Padura.

   "Al fin y al cabo, te gusten o no, ellos tienen talento. Pero, ella, ¿qué talento tiene ella?"

   "No esperes que te responda esa pregunta sin haber tomado batido de mamey", le reproché.

   Suspiró. Era una pena que cuando más yo la enorgullecía hubiera leyes de encerramiento en las casas. Al vaso de la batidora, todavía lleno hasta un tercio, le corrían uno sudores fríos como si se hubiera contagiado del coronavirus.

   "¿Qué vas a hacer en estos días?", quiso saber.

   Le respondí que nada, que pasaría el tiempo.

   "Yo voy a volver a leerme la tetralogía de Mario Conde", anunció.

   "¿Qué es eso? ¿Padura?"

   "No empieces, que estamos hoy de lo más bien."

   "¿Y qué crees que hará ella?"

   "¿Quién? ¿Zoé Valdés? Disfrazarse. Se ha pasado toda la vida disfrazándose. Se disfrazó de no chusma para alternar con Alfredo Guevara y ahora se disfraza para que nadie se acuerde de con quiénes andaba disfrazada antes."

   Aquel batido de mamey era verdaderamente alucinógeno.

   "Oye, por curiosidad, ¿qué le pusiste al batido, además de mamey?"

   "¿Ella no se te pareció a la niña de 'El anillo', esa criatura asquerosa que sale de los televisores?"

   "¿Nada más que hielo y leche y azúcar?"

   "Y un par de quesocremas para terminar de espesarlo."

   Lo que se estaba bajando La Repugnantona era un cóctel para cosmonautas. Le quedaba un último vaso, iba a tomárselo, y yo prefería no estar al teléfono cuando aquello terminara de hacerle efecto.

   "Adiós", le dije.

   "Ve por la sombra."

 (Vuelve la Repugnantona. Publicado en Facebook, marzo 2020)

Monday, September 14, 2020

Fermín Gabor vs. “Antón Arrufat. Autorretrato sin enmiendas”, de Carlos Espinosa

Acaba de publicarse un libro titulado "Antón Arrufat. Autorretrato sin enmiendas" (Los Libros de las Cuatro Estaciones, Kansas, 2020) de Carlos Espinosa Domínguez.

   Es grande la cantidad de bobadas que Arrufat le ha contado a Espinosa Domínguez para que las transcriba.

   Quien espere las anécdotas reveladoras, los juicios interesantes o las malevolencias que han cimentado la fama de conversador de Antón Arrufat, hará bien en evitarse la consulta del volumen. Porque apretar un ladrillo daría más aceite que anécdotas, juicios o malevolencias este autorretrato.

   Sin enmiendas, dice el título. La voz que se confiesa aquí (pero no confiesa nada) es de una vanagloria insufrible. Esa vanagloria explica por qué quien editó "La carne de René" de Virgilio Piñera hasta convertirlo en "El picadillo de Antón" o se encargó de tasajear a Tula (no la del cuarto en llamas, sino Gertrudis Gómez de Avellaneda) bajo pretexto de editarla, no ha necesitado para sí mismo de enmienda alguna.

   "Autorretrato sin enmiendas" suena a selfie sin photoshop.

   A Kim Arrufat. A Antón Kardashian.

   Carlos Espinosa Domínguez sirvió de celular o móvil a Kardashian Arrufat y no sé qué marca ni qué modelo será, pero no se trata de un teléfono inteligente.

(Publicado en Facebook, marzo 2020)

Monday, August 10, 2020

Fermín Gabor vs. Leonardo Padura (2)

En la misma entrevista televisiva donde LEONARDO PADURA afirmó que la cifra de muertos cubanos en Angola había sido ridículamente baja y que la mayoría había muerto por enfermedades o por accidentes, el novelista le contó a su entrevistador Pablo Iglesias, actual vicepresidente segundo de España, cómo empezó a escribir.

   Fue relativamente tarde, al llegar a la universidad: "Y empecé a escribir, Pablo, por sentido competitivo. Como yo había jugado tanto béisbol y era tan competitivo, dije: 'Bueno, si estos escriben, yo también escribo. Y así fue que empecé a escribir" (minuto 8:53 de su entrevista televisiva)

   Esos a los que se refiere son sus compañeros de aula universitaria. Y si bien los caminos del Señor son indescifrables, los caminos del Compañero resultan ya inentendibles del todo. El joven Padura se metió en escritura como debió meterse a vanguardia en los trabajos voluntarios de su facultad: por emulación socialista.

   Es de suponer que, con ese afán competitivo aprendido en el diamante, a estas alturas sienta que los ha sobrepasado a todos, y que está llegando a Cabrera Infante o Carpentier.

   Creo conocer algunos de los nombres de esos compañeros universitarios suyos que escribían y que le dieron ese impulso mono-ve-mono-hace. Pero, cualesquiera que sean, han de tenerse bien merecido el aire de superioridad que él les dedica. Porque, si en vez de escribir, hubieran dedicado sus mejores ratos al tejido de macramé, el frustrado pelotero Leonardo Padura sería ahora un artesano tan chapucero como en su prosa, pero las hojas de los helechos colgados taparían buena parte del desastre del macramé del que cuelgan.

   No se vería tanto como en la página, que es una planicie delatora.

 (Publicado en Facebook, marzo 2020)

Monday, July 6, 2020

Fermín Gabor vs. “El 71. Anatomía de una crisis”, de Jorge Fornet


JORGE FORNET escribió un libro sobre el Caso Padilla y sus contextos: "El 71. Anatomía de una crisis" (Letras Cubanas, La Habana, 2013). Se ocupa en él del fortalecimiento de relaciones entre La Habana y Moscú ocurrido ese año, alude a desencuentros previos entre ambos gobiernos y apunta: "Pero la historia tenía prevista la opción del entendimiento y, para cuando ella llegara, los soviéticos dispondrían, por su parte, de una alfombra roja".
   La historia (¿y por qué no "la Historia"?) tiene previsiones, según él. La política internacional resulta una comedia en manos del historiador Fornet porque, por desavenencias que existan y por mal que pinte el panorama, siempre estará prevista la opción del entendimiento, y todo enredo terminará en boda y festín. De ahí la alfombra roja que menciona.
   Fornet posa de anatomista de crisis cuando en verdad es un componedor de bateas.
   Raymond Aron recomendaba a los historiadores que emprendieran "el desfatalismo del pasado" y trabajaran como si los acontecimientos no tuvieran forzosamente que ocurrir. De este modo, historiar una época sería situarse en las expectativas de esa época y en el temor a que no terminaran por cumplirse tales expectativas.
   Jorge Fornet se opone a esa lección de Aron y suscribe una planificación retroactiva. La Habana y Moscú no podían menos que tener buenas relaciones porque la historia lo había previsto. El suyo es materialismo histórico, pero retrospectivo. Allí donde los marxistas se han equivocado abundantemente pronosticando como vendría el futuro, él deja pasar unos años y pronostica lo sucedido ya.
   Armado de una buena dosis de paciencia, alcanza a descifrar lo que la historia tenía previsto. Es un maestro capaz de adivinar el número de lotería premiado ayer, y capaz también de explicar por qué no podía haber salido ningún otro número que ese.
   Leerlo puede conducir a no entender bien nada, ni el Caso Padilla ni sus contextos. No en balde Graziella Pogolotti, la niña crítica del PSP, celebró su libro.

(Publicado en Facebook, marzo 2020)

Thursday, June 18, 2020

Camilo Venegas vs. los “títeres sin cabeza” (a propósito de Fermín Gabor)


Ponte siempre se resistió a tener una cuenta de Facebook con su nombre, pero accedió a entrar en la red social como Fermín Gabor, de quien no se ha tenido más noticias desde que publicara sus lapidarias colaboraciones en La Habana Elegante, las cuales han sido compiladas por la editorial Renacimiento, seguidas de un Diccionario de La Lengua Suelta escrito por su socio.
   La protesta de los títeres sin cabezas no se ha hecho esperar. El resurgir de los textos de Gabor y los nuevos aportes de Ponte, que le dan seguimiento y actualidad a los filtrados hasta el 2010, tienen al grito (expresión dominicana que me encanta) a la oficialidad de la isla (no me refiero a militares sino a escritores y artistas).
   Tan poco acostumbrados están a la pluralidad y tan cómodos se sienten en su autoengaño, que no son capaces de tolerar que alguien al fin llame a las cosas por su nombre. Los ataques a Gabor han venido de muchas partes de la geografía nacional. Solo las limitaciones impuestas por la pandemia han impedido el acto de repudio (o de susurros).
   Un poeta municipal, dedicado desde hace años a la cursilería y el autoauxilio (que es la versión cubana de la autoayuda), fue uno de los primeros en reaccionar. “Algo de tan mal gusto no debería divulgarse”, dijo. Su mentalidad de divulgador provincial, tan habituado a la censura y la autocensura, lo traicionó.
   Otros han advertido que eso es tentar al karma. Han acusado a las composiciones de Gabor y Ponte (herederos de Piloto y Vera) de chancleteo, chanchullo, chapucerías, chismes, choteos, chusmerías… Están a punto de agotar los oprobios que aparecen en la Ch (a propósito de diccionarios).
   Un amigo que fue a La Habana, tuvo una larga conversación con un director teatral. “Yo sé hasta dónde pueden llegar ellos y ellos saben hasta dónde puedo llegar yo”, dijo refiriéndose al acuerdo tácito de los creadores con la dictadura y a esa raya que nadie se atreve a pisar.
   Lo que los tiene desesperados ahora es que con Fermín Gabor las cosas ni se suponen ni se sobreentienden. Son o no son. Los títeres, aun sin cabezas, pueden mantener los movimientos por el retablo si alguien les mete una mano por debajo. Pero son incapaces de tener voluntad hasta para algo tan sencillo como llamar a las cosas por su nombre.
   Además de que no pueden, los aterra.

(La protesta de los títeres sin cabeza. Blog El Fogonero, abril 2020)

Monday, June 1, 2020

Fermín Gabor vs. el Abel Prieto borgeano


Hum, la cosa empieza mal desde la primera oración: "A cualquier hora del día, La Habana es una ciudad adorable". Ni a La Giraldilla en conversación con el Murciélago del Edificio Bacardí se le ocurre decir una cosa así.
   La periodista argentina que escribió ese comienzo, una tal Silvina Friera, luego tiene licencia para escribir: "El hombre de pelo largo que extiende la mano y saluda no parece un señor de casi 70 años".
   Es un tal Abel Prieto ese hombre del que habla. El de la barba en la nuca, el barbudo que camina de espaldas. Y para empeorar las cosas, él y la periodista se encuentran en un homenaje a Mario Benedetti en Casa de las Américas.
   Mario Benedetti, aquel hombre al que siempre parecía estarle lloviendo encima.
   Casa de las Américas, ese edificio por Malecón que es como un cuartel con ínfulas góticas.
   Abel Prieto ha sustituido allí a Roberto Fernández Retamar o, para ir directo al origen, a Haydée Santamaría. Director y periodista, entrevistado y entrevistadora, hablan del continente, de descolonización, del neoliberalismo y de la vuelta redentora de Cristina, la madre de la pacienta, a la Casa Rosada. Señal auspiciosa que inyecta a Prieto un énfasis retórico que lo hace alzar la mano con que la saludaba, dibujar un gesto de recitador en matutino de pioneros, y exclamar: "La Argentina es un reservorio excepcional de una memoria asociada a la emancipación".
   ¡Aúpa! Fernández & Fernández, que no es ferretería, han derrotado al macrismo y sale un sol de justicia por todo el continente y vuela el gato.
   Me temo que a Abel Prieto, parezca o no tener la edad que tiene, no le queda bien el safari dejado por Fernández Retamar, Roberto para sus alumnos y admiradores. El safari de Roberto le queda grande porque lo suyo es un latinoamericanismo de chiste, América Latina vista por el cosmógrafo Enrique Núñez Rodríguez, que fue su verdadero tutor intelectual.
   Habla Abel Prieto de emancipación y agrega: "Y ahí está alguien como Borges, que era supuestamente un hombre de derecha y tenía manifestaciones un poquito burlonas en torno a la política, pero la obra de Borges es parte de esa acumulación cultural emancipadora".
   Este tipo no parece tener 70 años ni tener idea de lo que es derecha, Borges, burla y política. Y la pregunta cuando uno oye esto es: ¿y qué han hecho con el Cortázar que tenían amarrado a la entrada?
   Es sabido que en La Habana hay tremendo desabastecimiento, largas colas para la gasolina y broncas de quepingatú para alcanzar desodorante, pero tiene que estar muy mala la cosa en el cuartel gótico de Casa de las Américas para que estén tocando madrina en Borges.
   Cierto que Roberto Fernández Retamar le perreó al ciego toda una tarde para lograr editarlo y habrán creído a Borges emplantillado allí lo mismo que el Benedetti homenajeado, pero uno no se explica qué pasó con Cortázar, a quien Frau Haydée pusiera a parir a propósito del Caso Padilla y quien le mandó a Frau Haydée una fusta dentro de un sobre de carta que decía únicamente esta frase: "Pégame duro, que me lo merezco".
   En el sobre iba esta dirección postal: "Mi Caimancito", y esta destinataria: "Santamaría Dominatrix".
   Pero ven acá, gato que vuela, qué fue lo que pasó con Cortázar y con Walsh y con tanto emancipador argentino como hubo para que quien termine acompañando a Fernández & Fernández sea Borges y no uno de ellos. Caballeros, qué jodida tiene que estar la cola del jabón del anticolonialismo para que Borges sea ascendido a general, como esos ancestros militares que él poetizara.
   Faltan insumos tanto en Buenos Aires como en La Habana, donde no han encontrado opción mejor para dirigir Casa de las Américas que este setentón que balbucea acerca de las inclinaciones políticas de Borges, como perdonándolo. ¡Agárralo, Haydée, con tu fusta!
   Hacia el final de su entrevista, dice Prieto: "Aquí hay un gran laboratorio de ideas que está vivo".
   Sí, tabién, ya te lo creo. Gozan de una economía tan boyante que tienen que vivir de las remesas que Borges les manda desde afuera.
   Como prueba de ese gran laboratorio de ideas vivísimas y coleantes, léase esta inédita ocurrencia del autor de "Los bitongos y los guapos": "Tal vez Trump nos bombardee algún día; conociéndolo un poco, no debería sorprendernos…"
   La entrevista la publicó en Buenos Aires "Página 12" y en La Habana la reproduce hoy "Cubadebate".
   No sé si quienes leen estas líneas han visto a un puerco rascarse contra el marco de una puerta, pero cuando Abel Prieto ruega por un bombardeo este es el caso exacto. Y perdonen ustedes tan rebuscado símil, pero mi laboratorio de ideas a veces no está tan vivo como yo quisiera.

(Publicado en Facebook, febrero 2020)

Monday, April 27, 2020

Fermín Gabor vs. Luis Manuel Pérez Boitel (2)


Todavía no nos habíamos recuperado de que Luis Manuel Pérez Boitel fuera el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén de este año cuando nos llega la confirmación de que le han dado el Premio Amor Varadero.
   ¡Caballero, ¿hasta cúando?! ¡Tengan piedad y caminen pal fondo, que en el fondo hay espacio!
   Con alevosía y con reincidencia, Pérez Boitel ha ganado ese premio por tercera vez. Y eso que fue allí, en Varadero, donde El Benny encontró la paz.
   Pero, ahora, ¿qué paz podría haber en Varadero cuando la marea arroja por tercera vez sobre las blancas arenas al poeta boronilla de Remedios?
   Luis Manuel Pérez Boitel está que no deja nada para nadie. Hecho un Atila arrasante, y la hierba no vuelve a crecer en concurso al que él mande.
   Ya nos lo había avisado en uno de sus versos, que a él le parece bucólico descubrir al papirriqui que se esconde.
   Tan memorable verso pertenece a un poema escrito como si él fuera un poeta de la Generación Cero. El poema con el cual ha ganado el Premio Amor Varadero se intitula (ya habíamos dicho que la boronilla intitula y no titula) "Canción rusa para Delfín Prats".
   Pobre Delfín, acaba de caerle encima un chiforrober poético.
   Y en Varadero han tenido que empezar a sacar del agua a los bañistas extranjeros (no hay nacional que se respete en ella, a menos que sea de oficio salvavidas), porque el agua tiene demasiada turbulencia y resulta peligroso bañarse.

(Publicado en Facebook, febrero 2020)

Thursday, March 26, 2020

Fermín Gabor vs. Luis Manuel Pérez Boitel


¿Qué tiene que hacer sin falta un entrevistador de poetas del diario "Granma"? Vióse recientemente en el caso de Lina de Feria y lo vemos hoy que entrevistan a Luis Manuel Pérez Boitel, Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2020: sea cual sea el poeta a preguntar, el entrevistador tiene que comportarse como un funcionario de la Oficina del Carné de Identidad.
   Así, Lina dijo que no podría respirar (no ya escribir) fuera de Cuba. Y Pérez Boitel se explaya acerca de lo que significa escribir en Remedios.
   La poesía, según la entiende "Granma", tiene el mismo problema de fijador de los perfumes Suchel, que te mueves un poco, le manoteas a alguien en una cola, y se te acabó el perfume en la muñeca, detrás de las orejas, en la nuca, en el ombligo y sea cuál sea la salva parte en que se te ocurra embadurnarte de Suchel.
   O sea, que si Lina de Feria se sale de la patria, está acabada como poeta. Y es un milagro que un poeta como Boitel perviva en Remedios. La poesía, según la entiende "Granma", ha de estar dentro de unos determinados límites. Regulada.
   Pero, ¿qué clase de poeta es Pérez Boitel? Un acumulador de premios, podría decirse a juzgar por su historial. Aunque, curiosamente, parece tener más guara con los jurados de concursos que con los antologadores de poesía cubana. Pues lo premian y lo premian, pero lo antologan poco o poquísimo o nada.
   Aunque no es la pregunta por sus premios la que me hago, sino por su poesía. Y, puesto a ver poemas suyos, hay que decir que Luis Manuel Pérez Boitel es un poeta boronilla. Su poesía es lo que queda en el fondo del cartucho una vez que el cartucho ha sido atacado bravamente.
   Boronilla de tortica, no de Morón, sino de Remedios.
   Puesto que ayer, en ocasión del cumpleaños 97 de la diva, asistíamos al espectáculo de una Rosita Fornés yeyé, démonos hoy el lujo de ver a un Pérez Boitel no menos yeyé, de la Generación Cero, según afirma en un poema que ha intitulado (porque los poetas boronillas no titulan, sino que intitulan): "Al estilo de un poeta de la Generación Cero".
   ¡Ponme la música, Valentín! Y así dicen, sin más, sus dos primeros versos:
   "Salgo con el farol y escucho atento a los que silban./ Me parece bucólico descubrir al papirriqui que se esconde".
   Papiriqui bucólico: esto es, sin dudas, de lo mejor que ha escrito Pérez Boitel. Y para que no se crea que lo estoy beneficiando, abajo va el enlace donde pueden encontrarse ese y otros poemas más de este vate boronilla.
   "Granma", como sabemos, es periódico que no da mala noticias, periódico serio, periódico calmante. Tan calmante "Granma" es, que la gente suele limpiarse con sus hojas el único lugar donde no se echa perfume de Suchel. Sin embargo, la edición de hoy trae una de las noticias más desoladoras que haya podido leerse en mucho tiempo.
Más que desoladora, amenazante.
   Pérez Boitel, entrevistado, ha dicho: "Tengo casi como 30 poemarios y unos diez libros más inéditos".
   ¡Madrecita del Papirriqui Verbo Encarnado, la que le espera a esos lectores suyos!

(Publicado en Facebook, febrero 2020)

Tuesday, February 18, 2020

Fermín Gabor vs. Lina de Feria (2)


En la foto del "Granma" de hoy, Lina de Feria está cantando "Abrázame fuerte" tal como la cantaba Marta Strada. Tiene cara de estreñimiento. Cara de esfuerzo y de alivio de haberlo conseguido: ya se lleva a su casa el horrible diploma del Premio Nacional de Literatura. Está ya en el Olimpo patrio.
   Pero es preciso reconocer que le habían hecho una jugada sucia, porque le dedicaron una Feria del Libro sin otorgarle el Premio. La habían tratado como en una tienda cubana de hace décadas: es un solo cupón y si te compras ajustadores, no te toca blúmer.
   Bueno, ya tiene Lina de Feria su ajuar completo. Lina de Feria tiene su premio, Lina de Feria tiene su ídem. ¡Abrácenla fuerte, fuerteeee!
   La entrevista en "Granma" termina como una consulta médica, hablando de problemas respiratorios. Porque una vez ella dijo que no podía respirar fuera de Cuba. Así que la entrevistadora le pregunta por ese problemita de respiración. La ausculta, pregunta por un jipío y la pregunta devuelve a Lina a aquella vez en que sostuvo que arribaba al exilio en busca de libertad, para luego contar que los monstruos del exilio habían querido fastidiarla, la engatusaron de mala manera, quisieron comprarla, pero ella tuvo la entereza de volver a la tierra natal, a la patria. ¡Abrácenla, fuerte, fuerte, fuerte!
   ¿Se acuerdan ustedes del poema aquel de Carilda Oliver Labra sobre un puñado de tierra cubana que su madre se llevara a Miami, mientras que ella, en cambio quería encima toditica la tierra? Carilda Oliver Labra era gandía sexual hasta en el enterramiento.
   Y ahora Lina, igual que Carilda, se pone a mover tierra. Son un par de bulldozers estas poetisas.
   "¿Qué valor tendría estar desterrada, desarraigada, si no te reconocen en tu país?" dice abrazando muy, muy fuerte, su diploma. Y avisa a lectores y no lectores que se siente todavía capaz de congraciarse "con las metáforas, las imágenes, y con la inspiración".
   Por cribar lo digo: Lina de Feria tiene unos pocos poemas excelentes y una tal abundancia de cacharrería inconexa en el resto de su obra que el volumen de sus poemas recogidos podría titularse "Plan Tareco".
   Y es a esa poeta pésima a la que se le ocurre utilizar el verbo "congraciarse" para aludir a su escritura.
   Ah, eso es lo malo de restregarse con ciertos diplomas, que uno termina confundiendo a las musas con el ministro de Cultura o el presidente de la UNEAC. Y no, Lina, con las metáforas y las imágenes y la inspiración no sirve eso de congraciarse. Lo de congraciarse es con los jefes, pero con la poesía no.

(Tomado de Facebook, febrero 2020)

Monday, September 26, 2016

Fermín Gabor pasa revista: Lina de Feria, Nancy Morejón, Juana García Abad, Pablo Armando Fernández

“Empiézame la historia desde el principio.”

“Allá voy. En el principio estaba el verbo, y el verbo de Lina de Feria era ‘voy echando’. Fue invitada como poeta a México, cruzó la frontera con Estados Unidos y reapareció en Miami donde pudo abrazar a su hijo y cargar a su nieta recién nacida.”

“¡Espérate un momento! Antes de abrazar y cargar a nadie ella tuvo que acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, ¿o no?”

“Supongo que sí.”

“Entonces házme el favor completo y búscame ahora mismo esa entrevista.”

“La imprimí y la puse por aquí. Deja ver. Mmmm, aquí la tengo. Nirma Acosta leyó la noticia de que Lina se quedaba fuera de Cuba y, como no podía creérselo, pasó por el apartamento de la calle Línea donde reside la escritora, y allí se la encontró leyendo a Paul Valery.”

“A Valéry querrán decir.”

“Valéry, sí. No le pidas tanto a La Jiribilla.”

“Cierto. ¿Qué ortografía va a respetar alguien que en vez de Norma firma Nirma?”

“Pues esa Nirma que bien podría ser Norma encuentra a Lina que bien podría ser Lona y ésta le dice que se siente feliz de haber vuelto a la patria.”

“¡Qué ridiculez! ¿Llama patria a un apartamento de la calle Línea?”

“Y nada más ver a Nurma, Lana deja la lectura de Pablo Valeriano y saca un poema inédito de su cartera.”

“¿Para darlo a publicar?”

“Lo publican junto a la entrevista.”

“¡Dios mío, una mala noticia detrás de otra!”

“Hablan de sus estudios y Lina agradece a sus maestros Mirta Aguirre y José Antonio Portuondo.”

“Cuyos nombres aparecerán bien escritos como que fueron tremendísimos ñángaras.”

“Lina de Feria habla de sus lecturas. Dice que lo último que leyó fue La Eneida. Menciona un Berson que ha de ser Bergson, un Pessoa que es sin dudas Pessoa, un Kavafi que ha de ser Kavafis, y un Cintio Vitier...

“Que no puede ser más que Cintio Vitier porque quién más iba a querer meterse en el pellejo de ese carcamal.”

“Luego menciona su trabajo con jóvenes poetas y alude a una masa poética.”

“¡Masa cárnica es lo que necesita ese estómago! ¿Vas a contarme de una vez el cruce de frontera?”

“Pues te leo: ‘El problema fue que me sentí muy presionada. Cuando fui a México a la presentación de un libro mío con la editorial La Cuadrilla de la Langosta que dirige Leticia Luna, se me dio la posibilidad de viajar a EE.UU. para ver a mi hijo que estaba esperando el nacimiento de su hija. Me dije, eso no me lo puedo perder. Mi hijo es nieto del gran politólogo norteamericano Saul Landau. Allí permanecí dos meses hasta el nacimiento de la niña, la disfruté nueve días, pero le dije a mi hijo: Me voy para Cuba, porque yo no puedo vivir sin Cuba. Regresé a la velocidad de un tiro’.”

“¡Oyéme! El cruce de la frontera entre La Habana y Matanzas da más trabajo que esa frontera cruzada por Lina de Feria.”

“Y para rematar ella asegura que se sintió acosada por los entrevistadores. Dice: ‘querían otras cosas de más importancia que no vale la pena ni hablar, y ahí fue cuando decidí cortar con toda esa gente’.”

“¿Qué podrá ser éso que le pedían? ¿Algún secreto biotecnológico? ¿Emplazamiento de armas estratégicas?”

“Ahora sí que oí el ruido que tú me decías.”

“¿Lo oíste, no? Para que andes diciendo que son invenciones mías.”

“¡Sobrecumple Ciego de Avila el plan anual de recolección de piñas!”

“¡Movilizadas fuerzas productivas estudiantiles a las labores del agro!”

“¡Alaban visitantes extranjeros construcción de pedraplén hasta la Luna!”

“Ya se fue el ruido. Dime qué crees que le hayan pedido a Lina de Feria.”

“Que se bañara. Si regresó a La Habana a la velocidad de un tiro fue porque le exigieron que se diera un buen baño.”

“Hace tiempo me la tropecé en la calle, me saludó y no supe quién era. Lina llevaba la cara limpia y  no la reconocí.”

“Aquí cuenta que en su cumpleaños sesenta le hicieron un homenaje muy lindo en la UNEAC. Que el compañero Carlos Martí le regaló un cuadro precioso.”

“Qué bonito es sentir el cariño de una institución, ¿verdad?”

“Oye cómo se relame: ‘Allí asistió mucha gente, hubo un poder de convocatoria muy fuerte porque al parecer tengo buena aceptación entre las personas de mi generación y un gran arraigo entre los jóvenes. Al parecer, soy una escritora transgeneracional’.”

“Qué rico es ser transgeneracional, ¿verdad? Pues fíjate, pese a todo, me alegra que a Lina le vayan bien las cosas con los jóvenes, que la quieran. Te lo digo porque a Nancy no le va tan bien.”

“¿A Nancy Morejón?”

“Lo dijo en la entrevista que le hizo esa estudiante de periodismo. La chiquita le pregunta si ella se considera un referente literario para los jóvenes, y Nancy le contesta que éstos son muy tímidos y no se atreven a acercarse a ella.”

“Es como si le tuvieran miedo.”

“Ella se parece cada vez más a Morgan Freeman.”

“Oye, oye el ruidito.”

“¿Y ahora por qué?”

“Dijiste Freeman.”

“Pues no voy a empezar con los titulares.”

“Déjalo y se le pasa.”

“&%!&$$#@##!”

“¿Cómo?”

 “Que si viste la pinta de esa tipa que cogió el Premio Guillén de Poesía.”

“¿La Juana Nosequé? ¿Alguna vez leíste un poema suyo?”

“Ni una línea. Pablo Armando Fernández debió sacarla de una cueva para darle ese premio.”

“¿Y leíste los poemas que ese viejo alcohólico premió?”

“Ah, él ni siquiera les pasó la vista. No se lee nada que no haya sido escrito por él mismo.”

“¿Vas a decirme que no ha leído ni El Quijote?”

“No hay que exagerar. Su mujer, que sabe del pie que él cojea, tapa el nombre de Cervantes con el de Fernández, y hay que oír con qué satisfacción Pablo Armando lee las aventuras del caballero y su escudero. ‘¡Qué bien me quedó lo de los molinos de viento!’, se autoalaba.”

“Tiene un peinado imposible.”

“¿Pablo Armando?”

“La tal Juana. Se hace un cebollón de heroína romántica. Y se cree cosas.”

“Últimamente hay mucha gente creyéndose cosas: Pablo Armando Fernández se cree Cervantes, Lina de Feria transgeneracional y acosada; Nancy Morejón cree que los jóvenes poetas que la admiran no se le acercan por timidez, y leí en una entrevista publicada en Venezuela que un cubano llamado Jorge Angel Rodríguez se cree el ganador sentimental del Premio de Novela Rómulo Gallegos.”

“¿Ganador sentimental? ¿Qué cosa es éso? ¿Lo que le da a la gente cuando no gana un premio?”

“A Juana Nosequé le dan el Guillén, y ella aprovecha para echar un discurso donde habla de su responsabilidad en momento tan crucial para nuestra América y el mundo.”

“Peleaba así su viajecito a Venezuela.”

“Me abruma el desgaste de tanto mesías bajo la férula de estas ambivalencias donde todo tiene su instante de virtud. Patanas a la deriva. Trasbordo fractales...”

“¿Qué? ¡Brigada médica cubana cumple misión en Afganistán!”

“Líneas de fuga a terra aliena por los estigias donde las paralelas unen sus caminos angosturas sin rasgos equívocos: crimen de leso duende.”

“¡Gira de La Colmenita lleva la alegría infantil a municipios montañosos!”

“¿Quieres dejar de soltar titulares?”

“¿No oías el ruido?”

“¡Qué ruido ni ruido! ¡Eran poemas de la Premio Guillén!”

“Ay, ¿qué habremos hecho de terrible en otra vida?”

“A propósito de Guillén, al novelista español Isaac Rosa lo confundieron en la Feria con Nicolás Guillén.”

“Guillén está muerto, para que lo sepas.”

“Y confesó Isaac Rosa que él se sintió orgulloso de que lo confundieran.”

“Lina de Feria es transgénica como un boniato de laboratorio. Pablo Armando ha escrito La Eneida. Nancy es imponente hasta para los estudiantes que desean entrevistarla.”

“Ángel Augier es vivo.”

“Uno pierde un concurso y se alza como ganador sentimental.”

“Juana Nosequé tiene los ojos de América y del mundo sobre ella.”

“Un gallego recién desembarcado se cree el Poeta Nacional.”

“La gente creyó en el cuento de los pasaportes venezolanos y repletó la Feria.”

“La gente creyó en el cuento de la Feria.”

“¡Un camello es lo que está cruzando por la línea!”

“Cuelga, cuelga ya, que te llamo mañana.”

(La lengua suelta # 31. La Habana Elegante, segunda época)

Thursday, July 28, 2016

Fermín Gabor vs. Senel Paz y Norberto Fuentes

A ver, ¿qué dice ese niño? ¿Qué es lo que dice?
   ¿Cómo que cuál niño? ¡El niño aquél!
   Se-nel-el-ni-ño-aquél. 
   ¿Qué dice Nené Senel? Repite conmigo, nené: ce-re-bro, ce-re-bro.
   Estaba en Roma el niño aquél, hablaba de su novela, de su novela, no con título de Amaury Pérez, no con título de Silvio Rodríguez, sino con título de Lenin y Marc Anthony. Hablaba C’est ne Pas de En el cielo con diamantes. Que era hablar del bloqueo provocado por su obra anterior.
   ¡La culpa de todo la tiene el bloqueo!
   Muy capaz se mostraba Senel de saltar de su bloqueo narrativo al criminal bloqueo que mantienen los Estados Unidos sobre el heroico pueblo cubano. Y no dio ese salto de puro milagro. Pero la amenaza imperialista no dejó de merodearlo, así que, refiriéndose a esta nueva obra suya, notificó a la prensa italiana que la había sentido en peligro. Pues muchas veces estuvo a punto de escribir el libro que querían sus lectores, y no el que guardaba él en su corazón.
   ¡Ay, Edmundo de Amicis! ¡Ay, Sánchez de Fuentes! ¡Ay, Instituto Nacional de Cardiología!
   La importancia del más reciente libro de Senel Paz puede medirse por la atención que ha recibido de parte de Norberto Fuentes. Fuentes, que no ha leído nada desde que en sus manos cayera Isaak Bábel, no tuvo más remedio que sentarse a recorrer En el cielo con diamantes. Encontró la novela bien escrita, incluso muy bien escrita (considérense, empero, sus pobres exigencias: “construir con firmeza tus párrafos e hilvanar las palabras sin ruidos”). La descubrió graciosa y, alguna vez, le arrancó carcajadas. Pero al final tuvo que reconocer que constituía “un objetivo literario mal construido” (ah, dialecto de los talleres literarios del Minín), y que escondía adentro, ahogado de tan escondido, “un excelente libro de memorias”. 
   Muy ridícula es la noveluca de Senel Paz, ni graciosa ni bien escrita. Pero aún más ridícula resulta la impostura con que la lee Fuentes, como si él hubiera sido líder de alguna campaña militar. Considerándose a sí mismo protagonista épico, Eneas y Virgilio a un mismo tiempo (Virgilio no es Piñera, Eneas no es el talludo amigo de Benitín), Norberto Fuentes suena más falso que ese falso a quien critica. 
   “Eran los niños a cuidar”, escribe de la generación de Senel Paz y de sus personajes. Y agrega: “Ellos retozaban alegremente con sus culitos y nosotros teníamos que estar dispuestos a dar la vida por defenderlos”. Pero, ¿cómo? ¿Arriesgó alguna vez su vida Norberto Fuentes? Y, si lo hizo, ¿fue por defender a otros, o por aventurerismo, narcisismo o carrera propia? Ahora resulta que el General Fuentes arriesgaba su vida por defender a jóvenes cubanos a los cuales ni siquiera conocía. (¿Atacaba alguien a esos jóvenes? El imperialismo yanqui, lobo feroz que bloquea a Cuba y bloquea las posibles novelas de Senel Paz, ¿sitiaba también las bequitas kubanisches?)
   La historia parece haber sido muy distinta a como la cuenta el falso militar a cargo de un kindergarten, el General Nana Fuentes. Pues mientras Senel y sus amiguitos retozaban alegremente con sus culitos, nada hacía él sino retozar alegremente en compañía de sus amiguitos militares de alta graduación. E importa poco si el culo (u otra zona erógena) iba incluido en tales retozos, pues no faltó en ellos la delectación en la machanguería de uniforme, y sale de aquellos goces una prosa que suspira por muñecas masculinas con Rolex. Existe pues un patético Paz (no Octavio) que necesita justificar revolucionariamente la mariconería, así como existe un patético Fuentes (no Carlos) que justifica con razones altruistas el alargamiento a placer de su Servicio Militar.
   Claro que, como el segundo afirmara, es imposible componer una épica con las boberías que repuja el niño aquél. Pero tampoco la alternativa de Norberto Fuentes da para mucho: cuatro o cinco antenas en un Lada. Y tan pobre como su imaginación es la disyuntiva que le impone al tainaje: “O eres la contrarrevolución, que en Cuba nunca ha logrado ningún producto literario, o te exaltas y asumes el proceso, la Revolución, con todos los hierros”.
   A estas alturas no vale la pena discutir su ecuación entre Revolu y “producto literario” (ah, dialecto de agromercado). Norberto Fuentes parece ser un ejemplar escapado del gabinete del doctor Mabuse Fornet. “La miríada de blindados y transportadores avanza hacia el combate”, metaforiza, “y las comadres, en la cuneta, ruborizadas y apenas contemplando”.
   Entre esas comadres apostadas a la orilla del camino, incluye él a Senel Paz.
   En uno de los primeros blindados y transportadores viaja, de uniforme militar, Norberto Fuentes. Es duro el hombre, es épico, es con todos los hierros.
   ¡A Norberto Fuentes hay que tocarle los cojones!
   Lástima que, de vez en cuando, lo delate la comadre que lleva adentro y elija, por ejemplo, un vocablo tan camafeado como “miríada”.

(La Lengua suelta # 45. La Habana Elegante, segunda época)

Tuesday, July 19, 2016

Fermín Gabor vs. Teresa Melo

Un último texto despierta mi curiosidad. Las páginas de un artículo, aprisionadas entre dos lomos del montón de libros, me sacan la lengua. Su autora, Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961), cuenta en él sus impresiones de la recién concluida Feria del Libro de República Dominicana.
   Enviada especial de muchísimos eventos, Melo viajó esta vez en compañía del presidente de la UNEAC, Carlos Martí, del presidente de la Sección de Escritores de la UNEAC, Francisco López Sacha, y del director de la Biblioteca Nacional, Eliades Acosta. Y allá se sintió acogida por la multitud de banderas del stand cubano en la feria, por las canciones de Silvio Rodríguez, y por las asociaciones dominicanas de amistad con el socialismo cubinski.
   Ella asistía a la Feria con el pretexto de ofrecer una conferencia sobre los poetas cubanos de su generación. Su verdadero objetivo, sin embargo, consistió en enunciar esta verdad como un puño: “En Cuba sólo se censura lo que no tiene calidad literaria”. Y denostar un poco a Zoé Valdés, quien había estado también allí de conferencista,  y alrededor de la cual lanzaron sus ataques las mismas asociaciones de solidaridad que entregaban cariño a los cubanos llegados de la isla.
   Apoyándose en lo escrito por un periodista dominicano, Melo tilda a Valdés de escritora desconocida. La acusa de haber rebajado a política una cita dedicada a la literatura. Como si Teresa Melo fuese conocida... Como si no hubiese viajado a República Dominicana por razones políticas... (Política, ya se sabe, es todo lo reprobable en quienes no integran las delegaciones oficiales cubanas. Cultura, todo lo obrado por tales delegaciones, incluyendo sus tejemanejes políticos.)
   En su artículo publicado en La Jiribilla, la poetisa santiaguera carga contra el mercado editorial que dispone artefactos como los de Zoé Valdés (famosa novelista pésima, aunque autora de algunos poemas mejores que los de Melo), y compara la dignidad de las pequeñas editoriales con el desempeño del equipo cubano de béisbol en la reciente Copa del Mundo. (Llama la atención que quien critica el mercado literario vaya luego a procurarse piezas de convicción en el campo del deporte. El deporte, la competencia de la que alguien sale ganador, sirve en muchas ocasiones de modelo a quienes sostienen batallas de ideas. No entienden éstos que el arte, si tuviera que compararse con el deporte, sería competición de la cual sale perdedor todo participante.)

(La Lengua suelta # 32. La Habana Elegante, segunda época)

Monday, June 27, 2016

Fermín Gabor vs. Ernesto Hernández Busto

Se sabe que Fermín Gabor es un nombre usado del mismo modo que se usa una máscara. Tacharlo de envidioso o de pedante logra, entonces, poco. ¿Acaso no es demasiado delgada una máscara como para sentir envidia? (Hay máscaras de risa o llanto, de susto o de melancolía, de vejez o juveniles, pero ninguna conocida por mí da expresión a la envidia.) Las cosas cambian, empero, desde que se denuncia un rostro tras la máscara, desde que varios anónimos que bien podrían ser Hernández Busto denuncian a Antonio José Ponte.
   El 10 de junio pasado, tres días antes de que aquél colgara la reseña rusa, aparecían anónimas referencias a Ponte entre los comentarios de ese blog. Eran también menciones caprichosas y, al menos en tiburonística, es técnica muy socorrida la de soltar carne y sangre para ver qué tal danzan los tiburones. (No es preciso siquiera incluir el nombre elegido en alguna entrada de blog, basta con dejarlo caer desde el anonimato en la cola de comentaristas, hasta lograr que el molote prorrumpa en chusmerías.)
   ¿Recurre a tales artes Hernández Busto? No podría afirmarlo. Pero en este punto voy a recordar un par de episodios que lo relacionan conflictivamente con el denostado Ponte. En el primero de los episodios, él publica en Madrid su libro Inventario de saldos (vaya título bodeguero), y Ponte hace circular desde La Habana un mensaje electrónico donde anuncia que ese libro tergiversa trabajos suyos, le empeora la expresión cuando lo cita, y le adjudica juicios contrarios a los que sostuviera.
   Incapaz de rechazar tales acusaciones, Hernández Busto aprovecha una entrevista publicada en Encuentro en la Red para ofrecer excusas. Achaca todo a prisa de escritura, se culpa de atolondramiento. No ha existido mala intención de su parte, pero (y he aquí el segundo episodio) en un texto que publicara diez años antes en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, él mismo se encargaba de plagiar un ensayo sobre Julián del Casal escrito por Ponte.
   (El autor de Inventario de saldos ha llegado al extremo de robarse a sí mismo. Deseoso de publicar libro en España, agarró un volumen suyo aparecido en México, le cosió el virgo, y lo hizo pasar por inédito ante el jurado del III Premio Casa de América de Ensayo, que lo premió sin sospechar violadas las bases del concurso. Nada más ha publicado, fuera de ese libro clonado y del que ostenta título bodegueril. Aunque amenaza con una biografía de José Lezama Lima que, a juzgar por los fragmentos publicados, pone en boca de ciertas figuras lo que éstas dejaron por escrito, con lo cual logra diálogos más almidonados que los de Sir Walter Scott.)
   No hay por qué asombrarse entonces de que una novela extrañamente admirada (entusiasmo constreñido entre una neblina desorientadora y una mueca de profundo disgusto) le sirva ahora, junto a  mis observaciones acerca de ella, para cargar otra vez sobre Ponte. Aunque quizás me equivoque al suponerlo entrando en su blog bajo figura de comentarista anónimo… En cualquier caso, puesto que un comentario firmado por él me endilgaba tareas escolares, quiero reciprocarle con las siguientes recomendaciones: “Ernestico, deja de traducir reseñas dedicadas a otros, y haz lo tuyo, mira que el año próximo vas a cumplir cuarenta. Que no te engañe el espejismo de un blog (el tuyo, con lo poco que escribes en él, es más bien un álbum de recortes), y trata, por favor, de que la desesperación curricular no te haga reincidir en latrocinios”. 

(La lengua Suelta # 42, La Habana Elegante, segunda época)