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Thursday, February 4, 2021

Alberto Méndez Castelló vs. la UNEAC

Hoy, en Cuba, un integrante honesto de la UNEAC debía preguntar como en su momento se preguntó el doctor Entralgo: “¿contra quién volverá esas armas el ejército?” Y, añadir otra pregunta: ¿Por qué los militares no se dedican a otra cosa en lugar de manejar cadenas de tiendas dolarizadas, hoteles, granjas y toda suerte de negocios que nada tienen que ver con los militares?

   En el discurso del 18 de agosto de 1961, previo a la constitución de la UNEAC, el entonces designado presidente Dorticós dijo acerca de artistas y escritores: “debemos condenar algunas tendencias que a veces terminan en círculos literarios y artísticos, de desdén hacia la cultura política”.

   A decir de Dorticós Torrado, el “desdén hacia la cultura política” de la mayoría de los integrantes de la UNEAC, a 59 años de su fundación es inconmensurablemente mayor que en 1961. Fuera de Cuba es de uso corriente escuchar a artistas cubanos atados a lazos en la Isla, decir que lo suyo es el arte y no la política. Y dentro de Cuba, lo usual entre los adscriptos a la UNEAC son los “asalariados dóciles al pensamiento oficial”, los “becarios” que viven “al amparo del presupuesto (estatal o empresarial) ejerciendo una libertad entre comillas”. Las frases y palabras entrecomilladas son del Che Guevara.

   Ezra Pound dijo que “los artistas son las antenas de la raza; los escritores de un país son voltímetros y manómetros de la vida intelectual de la nación. Son los instrumentos registradores, y si falsifican sus informes no hay límites al daño que pueden causar. El mal arte es un arte inexacto. Es arte que rinde informes falsos”.

   Y quizás por las malas artes del arte inexacto por más de medio siglo rindiendo informes falsos, hoy Cuba es un país de viejos; un país de donde nuestros hijos se fueron o de donde pretenden irse, porque, según dicen, a Cuba se le quiere más y mejor desde lejos.

(UNEAC: 59 años en el laberinto del castrismo. Cubanet, Agosto 2020)

Monday, December 14, 2020

Francis Sánchez vs. la UNEAC

Rafael Almanza en Camagüey no es, no ha sido de la UNEAC. No lo son Ángel Santiesteban, Rafael Vilches, Jorge Olivera, miembros del Club de Escritores y Artistas Independientes. Cuando renuncié a ese cepo, me visitó un alto funcionario del Instituto Cubano del Libro y muy sinceramente me dijo que quería saber el porqué por una sola razón, porque le preocupaba que "ahora haya más escritores renunciando", como saber si había un virus o un descosido que atajar. El "defecto" es la misma aparente "normalidad", el infierno es la mediocre inercia entre el porquerizo y sus crías. Los que no están en esa normalidad no son los desclasados, perdidos o desterrados, no, esa visión solo se puede producir desde la óptica del rebaño. Nunca se me olvidará -pero ojalá que sí, algún día-- a una escritora de Ciego de Ávila diciendo en una mesa de opinión en la AHS cuánta lástima tenía por los escritores cubanos exiliados que se tenían que pagar sus libros y puso de ejemplo de esos "perdedores" a Reinaldo Arenas. Ja, acaso Reinaldo no es una estrella brillante en el cielo de la literatura donde nadie habrá visto jamás a esa "exitosa" escritora que goza con que el gobierno le pague su vida y obra. Tener libertad, tener incluso dinero, tener un camino por donde perderte... Literatura y "éxito" son dos palabras que no se asocian bien y menos en los establos de reyes. El otro relato del canon siempre ha estado ahí donde no llegan las lápidas del amo.

(comentario publicado en la red, agosto 2020)

Thursday, November 5, 2020

Joaquín Gálvez vs. la UNEAC (2)

Llama la atención que todas las nombradas generaciones literarias cubanas, a partir de 1959, provienen de la UNEAC o la cultura oficial. Con excepción del Grupo El Puente, aniquilado en los albores de la Revolución, y la Generación del Mariel, que se formó en el exilio a causa de un suceso histórico y que la conforman escritores que fueron marginados por el régimen cubano, los demás escritores que no se integraron a la filas de la UNEAC, o que no publicaron en Cuba, quedaron desclasados generacionalmente; es decir, fuera de los parámetros de estudios literarios con que se suele nombrar a los escritores cubanos dentro del ámbito oficial de la literatura cubana, incluso desde territorio exiliar. Llama también la atención esa tendencia viciosa de clasificar la obra de los escritores por generaciones ateniéndose al grupo y obviando al individuo y su libre albedrío creativo. “Si cada inglés es una isla, cada cubano es un rebaño”, diría Borges en este caso. Sin duda, existe no una, sino varias generaciones de desclasados literarios cubanos acorde a las categorizaciones oficialistas y sus paladines en ambas orillas.

(Publicado en Facebook, agosto 2020)

Thursday, October 1, 2020

Víctor Manuel Domínguez vs. la UNEAC y sus mafias literarias

El control general que establecen las autoridades cubanas sobre el sistema editorial, los espacios promocionales, las agendas de viaje y cuanto acontezca en el plano artístico-literario en Cuba, reúne a muchos escritores en una especie de mafia que algunos prefieren llamar clan, piña y otras definiciones que significan lo mismo: “Grupos de interés”.

   Aunados por amistad, afinidades estéticas, políticas, generacionales, raza, orientación sexual o sólo por acceder con ventajas a determinada oportunidad editorial, espacio de influencia o prevalencia en el enrarecido mercado literario cubano, los implicados en esta guerra de intereses defienden a como dé lugar los grupos elegidos para su realización personal.

   En un país donde todo se mide por el denominador común de la incondicionalidad al régimen, estos grupos, ungidos de cuantas artimañas les permiten dejar fuera o descalificar a los demás, conviven sin demostrarse pública animadversión, pero a solas se ponen zancadillas, sacan los trapos sucios y se valen de su espacio ganado a cualquier precio para que sus obras, estilos, formas y temas sean referentes literarios en la nación.

   Por eso es que las mafias literarias cubanas, más allá de sus ambiciones o su visión de la literatura nacional, se reparten el control, participan en la presentación de un libro y hasta comparten el jurado de un concurso que sabe de antemano quién ganará, u organizan una antología de cuentos o poemas donde aparecen integrantes de cada grupo a partes iguales, como un pacto de honor entre autores mediocres que velan por los intereses del clan.

   Desde hace años, y en los corrillos de amanuenses, arribistas, creídos y demás integrantes de las diversas tendencias literarias que recorren mojito en mano los jardines de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), entre otros sitios de interés cultural, surgen cuatro denominaciones para “caracterizar” a cada grupo en el abrevadero literario nacional.

   En la  primera, bautizada como Escuela del realismo “sociolista” (también llamado por sus rivales Pene Club), se agrupan machistas y egocéntricos que se autodenominan realistas, “ocupan puestos claves en revistas, editoriales e instituciones promocionales del país, y desprecian al resto de las modalidades de actualidad. Su tótem es Mario Vargas Llosa”.

   Por oposición natural, la segunda se denomina La mafia rosa, y la principal característica de sus correligionarios es la homosexualidad. Defienden la literatura fantástica y el absurdo y sus obras giran en torno al sujeto gay, en busca de un sitio en la sociedad. Se muestran beligerantes, hasta el escándalo, con su contraparte del Pene Club. Su ídolo es Virgilio Piñera.

   La tercera es denominada La colonia negra, porque “agrupa a los individuos de esta raza unidos para hacer valer sus derechos preteridos en una masa mestiza que anhela, a toda costa, pasar por aria, nórdica, eslava o latina, al decir de sus voceros”. Ejercen la literatura como una provocación conceptual, deconstructivista.  Su ángel tutelar es Severo Sarduy.

   En último lugar, La escuela de las mujeres, a quienes los del Pene Club llaman El Clítoris Hall, o Hell, debido a la veleidad de sus demandas, y a un feroz feminismo que preconiza el discurso genérico cual aparato para granjearse áreas de empuje sociocultural, y al ímpetu que emplean con tal de  lograr sus propósitos.  Su ídolo es Simone de Beauvoir.

   Estas y otras calificaciones escuchadas en tertulias, exposiciones y bares; o leídas en polémicas publicitadas en revistas literarias (Yoss), y libros como Cuestiones de agua y tierra (Jesús David Curbelo), nos muestran el panorama interior de una literatura excluyente, dividida y censurada que perdió su influencia en el acervo cultural de la nación.

(Cuba, la UNEAC y sus mafias literarias. Puente a la vista, agosto 2020)

Thursday, August 27, 2020

Joaquín Gálvez vs. la UNEAC

10 APORTES DE LA UNEAC A LA CULTURA CUBANA

1. Centralización de la cultura: el Estado decide por los escritores y artistas como patrocinador cultural lo que es política y estéticamente correcto.

2. Colectivización creativa: la estética, aunque la crean los escritores y artistas, el Estado la dictamina y controla acorde a sus intereses.

3. La vigilancia de creador a creador: creación del seguroso cultural.

4. Canon literario ortodoxo y homogenizante: preponderancia de una estética de la colectividad en detrimento de la individualidad e independencia del creador

5. Creación de una élite desde el poder: un grupo controla y decide quienes son los elegidos, como autoridad artística literaria de una institución del Estado, acorde a sus preferencias (de toda índole) e intereses. Reducción de la cultura cubana al ámbito oficialista por medio de categorizaciones (generaciones literarias, grupo o antología tal, etc).

6. Creación de revistas y editoriales que responden a un solo pensamiento político y estético

7. Dependencia del artista y escritor cubano a una institución que, dado sus mecanismos de poder, la consideran la máxima autoridad literaria para patentizar el valor de una obra, incluso desde el exilio o diáspora.

8. Censura permanente: “dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada”. “La UNEAC tiene que combatir a los mercenarios culturales”.

9. Exclusión del artista y escritor no oficialista y exiliado que no comulga con los códigos impuestos por la cultura oficial cubana, incluso en revistas y editoriales de la diáspora que aún se alinean a canones provenientes de dicho oficialismo.

10- Autocensura: el miedo del intelectual cubano a decir lo que piensa en territorio libre y democrático por temor a ser aplastado por la exclusión y el olvido ante un grupo mayoritario de colegas obedientes que no quieren perder sus vinculos con el poder oficialista (o personalidades del mismo) y, por consiguiente, su status.

 (Publicado en Facebook, agosto 2020)

Thursday, September 5, 2019

Néstor Díaz de Villegas vs. la UNEAC


Tenemos lo peorcito, la raspita, lo que canta y baila y recita y danza y escribe y pinta, reunido en un solo lugar, en una leonera que mete miedo. Sáquenlos a la luz, paséenlos por La Habana, sólo como experimento, sólo por probar, y ya verán. Expóngalos a la crítica, al tomatazo limpio. ¿Qué diría el que viera pasar en fila india a Kcho, Rosita, Sarah, Roberto, Alicia, Senel y Pedrito? Colmillos largos, dientes picados, artritis y osteoporosis fulminante. Reuma del ojo y arteriosclerosis del seso. Manos crispadas, pero siempre en alto, pidiendo la palabra que nunca llega, la palabra a los intelectuales.
   Pellejos cosidos al cráneo, culos que asoman por la golilla, papadas fofas y chochos remendados. Lo peor de nosotros, lo más rastrero, lo más grosero y lo más podrido. Un congreso de hueleculos, por fin. La UNEAC como excusado, como cloaca donde se ha quedado lo que no se fue. ¡Y con esto pretendemos emprender reformas! ¡Y con esto pretendemos levantar el bloqueo, llevar adelante las conquistas de la Revolución! Lage dice estar orgulloso, pero la gente se horrorizaría de tener delante esta canalla. ¿La conoce siquiera? ¿La ha visto junta? ¿Sabe de lo que es capaz? Se van a un teatro, y se reúnen tras bambalinas, eternos conspiradores. Tomaría una apatía y una amargura de ancianos, de desahuciados, para identificarse con ellos. No son aptos para menores. Ahí se celebra lo anti-natural, lo anti-cubano y lo anti-joven.
   Habría que ser un zombi para poder entrarle a Carilda, que va del brazo de Hart, o a Cheché, que trae la tapa de los sesos en una bandeja. Los fieles difuntos están más cerca de nuestros intelectuales que las putas que hacen la cola de la olla arrocera. ¿No anda por ahí Baragaño? Reinaldo Arenas lanzó un anatema contra toda esta basura. Pero Cintio y Fina son la pareja de novios de Pesadilla antes de Navidad. ¡Luisa Martínez Casado, si eres tú, habla, materialízate! ¡Estás intacta! ¿Lista para la rectificación de errores? ¿Y dónde están Sakuntala, Oliente Churre y Cherburgo? ¿Cómo? ¿Qué éste no es el prólogo de El color del verano? Lo peorcito de la media rueda. Lo que pinta, chivatea, recita, escribe y baila. ¿Existieron rastrapanzas así en el machadato? ¡Búsquenme uno! Muéstrenme un batistiano más mierda que Eusebio Leal, e ingresaré voluntariamente en la Villa Marista. ¿Gastón Baquero, Otto Meruelo? ¡Bah! Comparada a la UNEAC, Kuquine es un Vaticano. Imagínense a Olga y Tony cantando en Boniato. ¡Et tu, Moreira! Fabelo, está bien, pero tú, coño… ¿Y llegará el doctor Oscar Elías Biscet a extirparle el demonio a Nitza Agüero, a amarrarle las trompas a esta colmenita?

(La colmenita. Blog Penúltimos Días, abril 2008)

Wednesday, July 13, 2016

Félix Luis Viera vs. Francisco López Sacha y la UNEAC

Francisco López Sacha siempre ha sido travieso. Se cuenta que aun durante su infancia allá, en Manzanillo, gustaba cambiar, con alevosía y ventaja, un papalote suyo que ya no volara, no funcionara bien, por otro flamante perteneciente a un niño más pequeño. Esto lo lograba mediante una labia espesa, como dicen; magna labia a tal punto que el chiquitín afectado por el trueque se iba a casa con la total seguridad de que el cambio lo había favorecido.
   Ya de grande, Sacha continuó por ese camino de diablillo juguetón (valga la redundancia). Ya de grande, escritor —cuentista bueno, crítico a veces veleidoso— y funcionario por tramos.
   Sobre todo, según mis experiencias y las de otros colegas, destaca lo de veleidoso —lo cual se inscribe perfectamente en el concepto de travieso— en lo que se refiere a sus trabajos de crítica literaria, sus periodizaciones del cuento o la novela cubanos, y aun de la poesía, si las circunstancias o alguien del Power se lo solicita.
   Ah, qué Sacha este. Lo hemos visto cambiar, en un breve período, sus opiniones sobre un autor, una obra, un cuento, un movimiento literario; cambiar a tal punto que si antes afirmó, digamos, “este texto es excelente”, ahora, de pronto, se desdice y asevera lo contrario.
   Son no más que travesuras. No es de mala fe. Él es así.
   Es diestro Sacha asimismo en guillotinar en algunos de sus trabajos de crítica literaria a un autor que antes reverenciara. Vaya..., que él puede dar a la luz un inventario de cuentistas o novelistas, y allí no está el tipo que antes, si nos atenemos a sus propios elogios, no podía faltar.
   Son travesuras.
   Igual de travieso resulta el manzanillero en eso que llaman “entusiasmo y júbilo revolucionario”. En ocasiones luce muy rojo; en otras, menos; y a veces, hasta medio rosadito.
   Así, tenemos que según la página web de la Biblioteca Nacional José Martí, Librínsula, en días pasados Francisco López Sacha fue tomado por un rapto punzó durante la celebración por el Aniversario 50 de la Creación del Premio UNEAC  de Literatura, evento que se llevó a cabo en la sede de esta organización.
   Dijo el manzanillero acerca del Premio UNEAC de Literatura:
   “Debemos sentirnos orgullosos de tener este premio, de haberlo defendido, de que sea resistente al tiempo, de que esté gobernado por una institución donde todavía somos nosotros, los escritores y los artistas, el gobierno central, quienes decidimos la actualidad de los premios y de las publicaciones. Este es un derecho que nos dio la cultura cubana y que nos dio la revolución».
   No lo tomen por oportunismo, nadie vaya a pensar que con esta alocución encendida, sesgada, anómala, el camarada Sacha comienza a crear las bases para que “los de más arriba” terminen por concederle un carguito sabroso que el travieso añora, o que esté asegurando el chico de Manzanillo el visto bueno de Los Jefes para revisitar ese vertedero imperial que resulta la ciudad de Miami, alberca de gusanos, basural de la escoria.
   Lo digo porque cualquiera podría replicarle al hijo de Manzanillo que bien sabe él que la UNEAC no es “una institución donde todavía somos nosotros, los escritores y los artistas, el gobierno central”, sino que es una organización bajo la égida salarial e ideológica del régimen, el cual, en verdad, es quien decide “la actualidad de los premios y de las publicaciones”. Y que ese “derecho que nos dio la cultura cubana y que nos dio la revolución”, termina en el mismo instante en que algún escritor o artista discrepe de la ideología imperante, impuesta.
   Ah..., qué Sacha este.
   Sin dudas, él está consciente de que “nosotros, los escritores y los artistas”[cubanos], son muchos más de los por él aludidos. Es decir, que allí, como suele decirse, no están todos los que son.
   Él lo sabe. Pero ya lo decíamos, es travieso.
   Tan travieso que en cualquier momento, nadie sabe, vira el rifle y pide que sean considerados por la UNEAC, como debe ser, porque también son cubanos, aquellos escritores y artistas residentes en el extranjero, o que termine para estos y para otros que están “dentro” la censura que, debemos suponer, según las palabras de Sacha, ha sido establecida por “una institución donde todavía somos nosotros, los escritores y los artistas, el gobierno central”.
   Nadie sabe. Creo que el travieso manzanillero sería capaz, en uno de sus sorpresivos golpes de dados, de abogar porque la naranja sea partida al medio. Como es lo justo.
   Esperemos. Esperemos a ver si se le ocurre esa travesura.

(El travieso Sacha. Cubaencuentro, enero 2016)

Tuesday, April 5, 2016

Angel Santiesteban vs. (ocho) escritoras de la UNEAC

Es obvio que estas señoras (de algunas, aún conservo correos y dedicatorias amables hacia mi persona) no poseen los elementos necesarios para discernir y llegar a sus propias verdades, al mismo tiempo, comprendo el miedo a las consecuencias que puede acarrear el negarse a aceptar una proposición oficial por indecente que sea.
   Me resulta paradójico, no obstante, que dichas escritoras que con tanto énfasis rechazan la violencia contra la mujer, parapetándose en las falsas acusaciones que se me imputan y esgrimiendo conjeturas sobre mi proceso, no hayan alzado su pluma ni una sola vez para rechazar o denunciar las graves y constantes violaciones físicas y morales que han sufrido y sufren las Damas de Blanco, símbolos de valor y resistencia pacífica en Cuba.
   Jamás he escuchado sus voces indignadas cuando suceden los vergonzosos y detestables actos de repudio frente a la casa de Laura Pollán, en los que otras mujeres, que se comportan como si no lo fuesen, participan activamente insultando y golpeando bajo el consabido disfraz de “pueblo enardecido”.
   ¿Dónde están sus condenatorias y femeninas voces de la intelectualidad y la literatura oficiales cada vez que una mujer opositora es golpeada salvajemente, fracturados sus huesos, condenada a prisión sin proceso legal, humillada, violentada, frente a sus hijos y familia?
   La doblez del discurso de estas escritoras es realmente penosa. Encarnan toda la decadencia y falsedad de un sistema que logra convertir en empolvadas agentes a seres que deberían estar conectadas con la creación y la belleza.
   Sé que algún día lamentarán no haber sido honestas y consecuentes con sus dones e inteligencia.

(Publicado en la red, marzo 2013)

Thursday, March 10, 2016

Rafael Alcides renuncia a la UNEAC

Poeta Miguel Barnet.
Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Ciudad.

Amigo Miguel:
En  vista de que ya a mis libros no los dejan entrar en Cuba ni por la aduana ni por el correo, lo que es igual a prohibirme como autor, renuncio  a  la UNEAC.
   También hallarás en este sobre  la Medalla  Conmemorativa  del  50 aniversario  de la UNEAC que como fundador me pertenece. Lo demás de esa casona tan mía en otro tiempo, son  mis recuerdos, y estos, por personales, se irán conmigo. Entre esos recuerdos, el de los buenos amigos hallados en la Unión de  entonces, tesoros de mi juventud, lo que de aquel gran sueño fracasado me queda, figuras a las que quiero  aunque no piensen como yo y que me quieren aunque no se atrevan a visitarme.
   Eso es todo, Miguel. Previendo interpretaciones que omitieran el texto de esta renuncia irrevocable, me he adelantado a hacerla pública.

(Circulada en la red, julio 2014)

Monday, December 14, 2015

Gilberto Padilla Cárdenas clasifica a ciertos escritores de la UNEAC

Los vampiros del Hurón Azul: A diferencia de las criaturas librescas de Bram Stoker —que se alimentan de la sangre de otros seres vivos—, los vampiros literarios cubanos son necrófagos: solo chupan cadáveres. Así, de un tiempo a esta parte, uno siempre se encuentra con autores que convierten su relación con los famosos —preferiblemente difuntos— en materia de libros. (La nómina es bastante grande en nuestro panorama editorial, que no abunda en biografías, pero sí en autobiografías solapadas.) Ya saben, la épica de la revista People: “Lezama me regaló personalmente un rollo de papel higiénico”; “yo conocí al negro que sodomizó a Virgilio Piñera en la posada de la calle Amargura”; “yo le sonreí a Guillén y Guillén me sonrió a mí”; “yo me acosté con Wichy Nogueras”, etc. Autores que optan por recordarse todo el tiempo al lado de otros escritores como forúnculos, algo que solo suele ocurrir con los difuntos, los Premios Nacionales de Literatura y los merecedores de una Feria Internacional del Libro. Porque, hay que decirlo: a pesar de que las tres opciones son aciagas, generan cuartillas y cuartillas de memorias y ditirambos.
   (Estas evocaciones por parte de segundos y terceros tienen una invariante: la necesidad de imponer el personaje a la persona. No se publican páginas de los que testifican, por ejemplo, contra la Mirta Aguirre que se convirtió en el terror de la Facultad de Artes y Letras: analizó, calificó y expulsó a todo aquel que pareciera un “homosexual inteligente” —imagino que para Mirta esta categoría era el reverso del “intelectual orgánico”.)
   La cofradía YOnqui: Escritores cubanos que terminan como patéticos adictos a sí mismos, es decir: como YOnquis del yo. Recuerdo a Pablo Armando Fernández entrando y saliendo de cámara en Virgilio Piñera en persona: “La primera vez que lo vi estaba con Severo Sarduy (…). Solo intercambiamos algunas frases. Al día siguiente Severo me comentó: `Oye, impresionaste al Maestro. Tan pronto como te fuiste me preguntó quién era ese joven tan apuesto´”. Y si hay algo que no falta en un texto YOnqui, ese algo es la conversación desclasificada. Cosas del tipo: “Virgilio me contó que todas las noches, antes de acostarse, tiraba al piso sus chancletas y de acuerdo a como cayeran, sabía cómo iba a ser el día siguiente. Si las chancletas pronosticaban un mal día, sus salidas a la calle eran solo para las necesidades lógicas, e iba bajo una gran tensión”. (Desaparecida la crítica literaria dentro del agujero negro de las universidades cubanas, su ausencia deja un espacio libre demasiado grande, tan vasto que cabe hasta la “epistemología de la chancleta”) Porque los escritores YOnquis son como médiums a los que hay que aguantarles la revelación. Y su gran proeza estilística está en, o bien pasar de la tercera persona del singular a la primera, o bien del “nosotros” al “yo”.

(Vampiros y yonquis piñerianos. On CubaMagazine, enero 2015)

Monday, July 20, 2015

Félix Luis Viera vs. la UNEAC y escritores oficialistas

Para ser justos, debemos considerar que no todos los escritores y artistas que hoy asisten a las asambleas de preparación y los que asistirán al Congreso, están informados de lo que sucede en su propia tierra, debido a la privación de información que padecen. Pero hay un notable grupo compuesto por las élites que sí están al tanto, por ejemplo, de que en Cuba se humilla, golpea y encarcela a un hombre o una mujer por decir lo que cualquiera comenta en voz alta en un país donde haya libertad promedio. Estos intelectuales y artistas, los que aun teniendo conocimiento de tal situación, más que callar aplauden y dicen venerar al castrismo, son los que no tienen perdón. No lo tendrán.
   Por otro lado, desde el primer lustro de la década de 1990, la Uneac fue masificada, “sabiamente”, por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Es decir, desde entonces su membresía ha crecido desmesuradamente al incorporar a creadores e intérpretes que aún se encontraban en proceso de consolidación de sus vocaciones o que jamás tendrían los reales méritos artísticos para formar parte de esta organización. A tal punto ha sido esta arribazón que uno puede hallar que en alguna pequeña provincia cubana hay registrados más escritores que en Londres. Estas personas, favorecidas por el crecimiento inclemente de la Uneac, es lógico que se sientan deudoras, toda vez que hoy disfrutan de ciertos derechos que las llevan a algunas bonanzas, y por tanto es de esperar que su reacción se vincule con la obediencia o al menos la anuencia. Otro aspecto que debemos considerar a la hora de evaluar el impacto que podría tener la Uneac para abogar por el decoro, la imparcialidad o lo que fuere de las artes y las letras, es que, al incluir en sus filas a exponentes de todas las disciplinas: radio, televisión, literatura, cine, música, artes escénicas, artes plásticas... pues simplemente en una reunión plenaria ha estado y estará muy diezmada eso que algunos llaman “reacción de clase”. Me explico: no tienen las mismas carencias un poeta que un locutor, o un pintor que un animador de televisión. De este modo, ha sido imposible, y lo será, echar adelante, si así se empeñaran algunos, reales conceptos que vayan por el camino de alcanzar verdaderos estadios de realización, libertad, conciliación y oposición al orden establecido.
   De manera que nadie espere que en el próximo Congreso de la Uneac se plantee algo que verdaderamente pueda cambiar, desde los cimientos, la situación de las artes y la literatura en Cuba. No habrá ninguna propuesta para erradicar la censura, incorporar a la cultura cubana a los creadores exiliados o alguna pregunta sobre si es cierto o no que a las Damas de Blanco se les golpea por manifestarse pacíficamente llevando en alto un gladiolo. No será así. Por el contrario, desde allá nos llegará la sensación de que todo anda perfecto en la cultura, las artes y la literatura cubanas. Nos llegará esa sensación de que en las colinas del ya alcanzado comunismo cubano, ellos, los artistas e intelectuales residentes en la Isla, junto a todo el pueblo, tocan sus flautines y danzan seráficamente.

(La UNEAC se prepara para celebrar su VIII Congreso. Cubaencuentro. marzo 2014)

Monday, June 1, 2015

José Pratts Sariol vs. Miguel Barnet y la UNEAC

Miguel Barnet tiene razón. Sus palabras en la apertura del VIII Congreso de la UNEAC se adhirieron a la realidad. Sobre todo cuando afirmó que la cincuentenaria organización debe "contribuir a restañar el tejido espiritual de la nación".
   ¿Sabrá el autor el significado de "restañar"? Porque el diccionario es muy preciso: "Volver a estañar, cubrir o bañar con estaño por segunda vez". Y añade en segunda acepción: "Detener una hemorragia o el derrame de otro líquido".
   Tiene, entonces, razón: la oficialista organización restaña, detiene el tejido espiritual de la nación. Porque en efecto: baña con estaño los residuos de la cultura cubana que sobreviven a la devastación. El miembro del Comité Central del Partido Comunista no pudo ser más exacto.
   Estoy muy sorprendido: otras partes de su discurso también se acercaron a lo razonable. Es algo insólito. Digno de archivarse. Confieso que no podía creer sus palabras. Dijo: "La UNEAC es el Moncada de la cultura". ¿Sabrá Miguel Barnet lo que ocurrió en Santiago de Cuba cuando el asalto al cuartel Moncada, aquel 26 de julio de 1953? ¿Habrá leído que Fidel Castro ni siquiera entró al cuartel y se replegó más rápido que un avestruz?
   Porque entonces la UNEAC, honrando la memoria del Moncada, sobre todo la del otrora Máximo Líder, se caracteriza por huir, escapar de los problemas objetivos del país. Es decir, ni siquiera enunciarlos y mucho menos debatirlos sin miedo, sin censura. Si acaso tergiversarlos, posponerlos, manipularlos hacia el futuro, que bien sabían los gallegos bodegueros –como algún personaje de Barnet— que ese "futuro" era un cartel del teatro bufo, que para fiar estaba el mañana…
   Los alrededor de 300 delegados al Congreso —fieles a las palabras de Miguel Barnet, con aliento moncadista— no abordaron la crisis de credibilidad que sufre el Gobierno, el amargo choteo con que le responden los cubanos de a pie ante cada nueva ley que promulga para sobrevivir con el poder y dejárselo a las familias elegidas, es decir, a la elite guerrillera y sus alrededores pragmáticos, con menos escrúpulos que un antiguo hacendado de Birán.
   De sorpresa en sorpresa… Miguel Barnet —al lado de la momia de Machado Ventura— dijo, al parecer sin pestañear: "Comenzó un capítulo nuevo nunca antes transitado por los escritores y los artistas cubanos". Y agregó, aquí sí que con un razonamiento impoluto, sin puto: "No existe en ningún otro rincón de la Tierra una organización como la nuestra".
   Nada que objetar, aunque tal vez en Corea del Norte, aun en China o Vietnam… Pero qué va, como la UNEAC ninguna. Así lo avala Human Rights Watch, cuyos archivos de violaciones cometidas por la Seguridad del Estado contra escritores y artistas cubanos han requerido la adición de más memoria a su disco duro. O las denuncias de Periodistas sin Fronteras —con videos, fotos y documentos— que apoyan ese carácter único que Barnet declamó.
   Y lo del "capítulo nuevo" —si la frase no fuera un cliché— merecería un "sin lugar a dudas". ¿O es que alguien no se da cuenta de hacia dónde van las aperturas al capital extranjero, con más facilidades que las concedidas cuando don Tomás Estrada Palma a las empresas de los Estados Unidos, mientras la Enmienda Platt afeaba a la naciente República? ¡Qué paradoja! ¿O la próxima unificación de monedas, la desaparición de la libreta de racionamiento, los salarios y valores agregados de gerentes y altos funcionarios, no prometen un "capítulo nuevo", inédito, de "marxistas" desigualdades, que se añaden a las impuestas por las remesas, sobre todo contra la población afrocubana?
   Lo que califica de "nuevos escenarios económicos" es un ejemplo de la autenticidad de su discurso. Para la UNEAC —ya se ve— significará en el cercano plazo la pérdida de subvenciones, el cierre de ayuda a miembros desvalidos y un etcétera que merecen, que han sabido ganarse de amanuenses, ujieres.
   Miguel Barnet hace bien en detestar la definición de intelectual que diera Octavio Paz: un marginal que ejerce la razón crítica contra los diversos poderes. Ella no le hubiera permitido un discurso tan razonable, "con confianza (…) en la política cultural de la Revolución". 

(Barnet tiene razón. Diario de Cuba, abril 2014)

Wednesday, May 13, 2015

Enrique del Risco vs. la UNEAC

UNEAC: Siglas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Los escritores y artistas cubanos a diferencia de los de resto del mundo no están devorados por la fiebre del mercado. Gente idealista y espiritual cuando están creando su arte lo hacen pensando únicamente en conseguirse un viajecito. Y cuando regresan del viaje cargados de pacotilla diversa les cuentan a sus amigos que sí, que afuera los supermercados están llenos de productos pero que como Cuba no hay nada y a continuación se enfrascan de nuevo en la ardua tarea de conseguirse otro viaje. O sea, la UNEAC puede definida en pocas palabras como una agencia de viajes para gente creativa y espiritual.

(Publicado en la red)

Wednesday, March 11, 2015

La UNEAC vs. Manuel Díaz Martínez

Manuel Díaz Martínez: El pasado 15 de junio, el Consejo Nacional Ampliado de la UNEAC, en cumplimiento de lo establecido en el artículo 27, inciso ch), de nuestros Estatutos, acordó por unanimidad expulsar de nuestra organización a aquellos miembros que, luego de conocerse el papel de la CIA en la gestación y promoción de la llamada “Declaración de Intelectuales Cubanos”, se mantuvieran vinculados a esta maniobra. Como usted se encuentra entre los señalados por el acuerdo del Consejo Nacional de la UNEAC nos vemos en el deber de comunicarle que queda expulsado de nuestra organización.

(Citado en: La carta de los diez. Encuentro de la cultura cubana, No. 2, otoño, 1996)

Tuesday, March 3, 2015

Félix Luis Viera vs. Nicolás Guillén y la UNEAC

Los que vivimos esa época sabemos que la UNEAC —”el fantasma de 17 y H”, le decía yo— era un muy bien organizado bayú en el cual Nicolás Guillén se dedicaba entre otras cosas a criar gallos y la plebe mediocre que allí medraba—salvo honrosas excepciones, hay que decirlo— a autopromoverse y hablar mierda con los intelectuales extranjeros, y a mendigar viajes con estos.

(Recuerdos de un premio no otorgado, Cubaencuentro, abril 2013)

Tuesday, January 27, 2015

Angel Santiesteban Pratts vs. la UNEAC

¿Qué se podría esperar de un movimiento intelectual de un país que es convocado a firmar un libro apoyando el fusilamiento de varios jóvenes que intentaron abandonar el país secuestrando una lancha de pasajeros como rehenes? Valga agregar que no lastimaron a persona alguna, y que los extranjeros que vivieron la experiencia, con posterioridad, se manifestaron contrarios a la medida de pena de muerte a la cual fueron sentenciados. Sin embargo, a través de llamadas telefónicas, se les citó a plasmar su firma, nada más y nada menos, que para mostrar su aceptación para esas muertes.
   La cobardía del movimiento cultural cubano jamás tuvo más miseria que en esos días. A mi respetiva llamada y consiguiente negativa, pude constatar la confusión de la funcionaria que convocaba. Era como si no entendiera la negativa rotunda con que le respondí, y aprovechando su titubeo le dije que me avisara si habría otros libros para los que no estaban de acuerdo. Precisamente en la confusión de dicha funcionaria, comprendí que con anterioridad no había recibido otra negativa. A lo sumo, algunos escudaron la invitación y aceptaron asegurando que pasarían en algún momento por la oficina de la UNEAC.
   No habría que asegurar que muchos que firmaron estaban en total desacuerdo con la extrema medida. Pero -miserablemente- me confesaron, y así se los hice saber, que muchos reconocieron y firmaron porque la medida auguraba extremismo y la posible persecución contra aquellos que no mostraran su simpatía y apoyo a los designios de los hermanos Castro. La mayoría justificaba que la medida fue para salvar la “revolución”, pues si continuaban los secuestros aéreos y marítimos, podía iniciarse una invasión a la Isla. De cierta manara, todos los firmantes se salpicaron de sangre cuando la bala rompió sus cráneos.
   Pero ninguno como el poeta Roberto Fernández Retamar, miembro en ese entonces del Consejo de Estado, y por ende, uno de los que apretó directamente el gatillo contra esos jóvenes que no tenían más anhelo que alcanzar un futuro lejos de la miseria vividas en sus cortos años de vida y comprendiendo que el futuro no vislumbraba mejoría.
   Desde esa misma casa del poeta mencionado, se planeó el ataque público contra mí persona -a sugerencia del ex ministro de cultura y hoy asesor del presidente Raúl Castro, Abel Prieto-  en los manejos oscuros y manipulaciones en el sector de la cultura, para contrarrestar el malestar internacional por mi encarcelamiento.
   Próximamente celebrarán otro Congreso de la UNEAC, como los anteriores, y no sucederá un cambio sustancial a partir de las propuestas que allí se viertan, “Pasará por nuestras vidas, sin saber que pasaron”.

(Los sumisos miembros de la UNEAC. Blog Los Hijos que nadie quiso, enero 2014)

Thursday, January 15, 2015

José Pratts Sariol vs. la UNEAC

Nada más loco que proponerse salvar a un muerto. Porque basta leer los estatutos de la UNEAC o las discusiones de hace unos días en la asamblea de la Asociación de Cine, Radio y Televisión, para convencerse de que se trata de un enfermo terminal.
   Pero no se trata solo de valorar las venturas y desventuras de la UNEAC en su más de medio siglo de existencia, donde hay desde teatro bufo hasta escenas dignas de Dostoievski y Grossman, Artaud y Beckett… Aunque desde luego que esa valoración es necesaria para la historia de la cultura cubana, desde sus brillos iniciales en los primeros años 60 hasta la nauseabunda mendicidad actual.

(La UNEAC agoniza. Diario de Cuba, febrero 2014)

Monday, December 15, 2014

Manuel Sosa vs. la UNEAC

Me imagino que la UNEAC haya concebido un gradiente de valores que midan el nivel de indignidad de ciertos individuos. No sé, quizás usen un sistema de puntuación para determinar el rendimiento patriótico de los intelectuales. Teniendo en cuenta ese promedio, podrán saber quiénes son dignos, indignos o quiénes están a medio camino.
   Alguna vez le pregunté a una institución de la isla (una editorial provincial que rinde culto a la chapucería) cuál era el límite de perversidad que se aceptaba para que el autor se convirtiera en “impublicable”; y además si se tenía una categorización por países y grados de culpabilidad. No estaría mal conocer todos esos detalles, para no perjudicar a los pocos amigos con quienes mantenemos contacto habitual, acaso porque esa relación viola los parámetros mínimos de desmerecimiento que la UNEAC concede.
   En cuanto a los que no acumulen suficiente “espíritu de soberanía” en la isla, ya sabemos: la recomendación será evitarles, o cerrarles el paso. Para ellos se guardarán los calificativos menos ingeniosos y no por ello incontestables.
   La UNEAC, al igual que las demás instituciones, confiere un significado especial a esa soberanía que cuidan como culo virginal. Veamos: no contradecir a los uniformados, pedirles permiso para salir del país, acogerse al patronazgo de gobiernos fogosos y ridículos, viajar con pasaje prepagado, hacer circular los desatinos impresos de Nerón, hacer silencio ante el avasallamiento de sus colegas, participar en la euforia populista, propagar la exigua semiótica del Poder…
   Dama de compañía, chaperona, hada madrina: Miguel Barnet no quiere que sus párvulos se extravíen, y hace públicas sus recomendaciones. De tal modo, condena de antemano un posible himeneo antipatriótico y “rechaza la pretensión de legitimar una «sociedad civil» construida y financiada desde el exterior.”
   La UNEAC no quiere que los fuegos de artificio distraigan a la élite cultural, ni que sus cocientes de soberanía bajen a un punto vergonzoso e irreversible. Nadie como ellos para manejar conceptos y delimitaciones: quiénes pertenecen a la nación, quiénes no merecen integrarla. ¿Y alguien pondría en duda la experiencia etnográfica de Miguel Barnet para dirimir esas cuestiones?

(La UNEAC como dama de compañía, Blog La Finca de Sosa, 2008)

Tuesday, December 2, 2014

Luis Cino vs. la UNEAC

En realidad, en sus 50 años de existencia, la UNEAC tiene poco que exhibir que valga la pena. Y no es para menos. Medio siglo de aberrantes políticas culturales que se iniciaron con la advertencia del Máximo Líder a los creadores y artistas de que “contra la revolución, ningún derecho” han generado en Cuba un medio intelectual donde imperan el miedo, la simulación  el doble discurso y la desvergüenza.
   En su último congreso, de tantas quejas, pareció que se iba a acabar el mundo. Hasta se habló de racismo y se creó una comisión al efecto.  Nada para preocuparse. Oportunamente advirtieron desde las alturas que aquello no era la perestroika ni nada que  fuera un poco más allá de un rato de catarsis.
   Los salones, jardines y pasillos de la casona de la UNEAC en El Vedado han sido el escenario ideal para la envidia, los chismes  y las delaciones. También para los panfletos y las declaraciones  viles que se firman sin leer, con manos temblequeantes y cansadas de aplaudir.
   El régimen reclutó sus comisarios culturales entre oportunistas y mediocres para implementar sus políticas culturales, y  utilizarlos en el mangoneo de los jurados de los premios, las revistas, las editoriales, la radio, la TV y los viajes al exterior, en detrimento de sus naturales adversarios: las personas inteligentes.
   Pero también a  intelectuales talentosos  chantajeó o compró con premios nacionales para que olvidaran  el Decenio Gris y comprendieran la utilidad de esforzarse en aplaudir y firmar cuanto documento el régimen les ponga delante.
   Lo que debía ser un sindicato de escritores y artistas, funciona como todos los demás sindicatos del país: cumple precisas orientaciones “de arriba” a través de su presidente, el genuflexo Miguel Barnet,  y el ministro de Cultura Abel Prieto, pelado y con barba por delante, melenudo por detrás, moderado y ortodoxo, según las circunstancias.

(El medio siglo de la UNEAC, Cubanet, julio 2011)

Wednesday, November 19, 2014

Manuel Díaz Martínez sobre el premio UNEAC 1968

Una mañana, avanzadas las labores del concurso y cuando ya nadie ignoraba que el candidato más fuerte al premio era Fuera del juego, el poeta Roberto Branly me visitó en el despacho que como redactor jefe de La Gaceta de Cuba yo ocupaba en la UNEAC. Venía alarmado: acababa de verse con el teniente Luis Pavón, director de la revista Verde Olivo, de las Fuerzas Armadas, y este oficial, que estaba directamente a las órdenes de Raúl Castro, le había comentado “confidencialmente” que si se le daba el premio al libro de Padilla, considerado contrarrevolucionario por “ellos”, iba a haber graves problemas. Entre Branly y yo existía una amistad entrañable, bien conocida por Pavón, y no me cupo duda de que éste había utilizado a mi amigo para trasmitirme, sin que lo pareciera, un mensaje que era toda una amenaza.
   No me di por enterado. En la reunión que el jurado celebró al concluir la lectura de los libros que concursaban sostuve que Fuera del juego era crítico pero no contrarrevolucionario –más bien revolucionario por crítico– y que merecía el premio por su sobresaliente calidad literaria. Los otros miembros del jurado eran de igual opinión. No hubo cabildeo de Cohen, como presumió Nicolás Guillén y ha dicho Lisandro Otero. Nadie tuvo que convencer a nadie de nada: la coincidencia entre nosotros fue tal desde el primer momento, en lo que a ese libro se refiere, que no se produjo debate.
   Sí hubo cabildeo, en cambio, por parte de la UNEAC para que no le diéramos el premio a Padilla. Guillén visitó a Lezama e intentó persuadirlo. David Chericián, por cuyo libro apostaba la UNEAC como alternativa al de Padilla, fue enviado por Guillén a casa de José Zacarías Tallet para que persuadiese al viejo poeta izquierdista de lo negativo que sería para la revolución que se premiara Fuera del juego. La noche del mismo día en que Chericián lo visitó –esa noche se velaba en la funeraria de la calle Zapata el cadáver del joven escritor Javier de Varona, castigado por disidente y cuyo suicidio, según la versión policíaca, se debió a frustraciones sexuales–, Tallet me dijo que fue tanta la indignación que le produjo la visita de Chericián, que después de echar a éste de su casa telefoneó a Guillén y lo increpó por pretender coaccionarlo. El poeta y cuentista Félix Pita Rodríguez, que era el presidente de la Sección de Literatura de la UNEAC, me aconsejó que desistiera de votar a Padilla. Ignoro si a Cohen y a Calvo también los presionaron. Supongo que no, por ser extranjeros.
   En vista de que me resistía a servir de cuña contra Padilla (que no era servir de cuña contra un amigo, sino contra mis convicciones), el partido decidió sacarme del jurado y poner en mi lugar a alguien que cumpliera esa misión y quizás lograra, a última hora, inclinar la balanza en contra de Fuera del juego.
(…)
   Uno o dos días antes de la fecha fijada para la reunión en que el jurado acordaría el premio y firmaría el acta, Nicolás Guillén me hizo ir a su despacho. Me pidió –su voz y su semblante denotaban una crispada contrariedad– que no asistiera a la reunión. “No vaya, enférmese”, me dijo. Le pregunté por qué y me respondió que le hiciera caso, que me lo rogaba en nombre de la vieja amistad que nos unía. Ante mi insistencia en preguntar, añadió, impaciente: “Díaz Martínez, si usted se empeña en asistir a la reunión, la policía podría impedírselo”.
   En vista de que Guillén no quería o no podía ser explícito, decidí acercarme a la sede del comité central del partido para que me despejaran el enigma. Allí me recibió una funcionaria que trabajaba con Armando Hart en la Secretaría de Organización del PCC. Esta mujer de raza árida, en un aséptico saloncito refrigerado del Palacio de la Revolución en el que nos acompañaba un taquígrafo, me espetó nada más verme que sobre mí pesaba una sanción “ideológico-educativa” que me impedía ejercer de jurado. Le recordé que la sanción no decía nada de certámenes literarios ni hacía ninguna referencia a la cultura, y que en esos momentos ni siquiera era firme puesto que yo la había apelado y aún no se conocía el dictamen del buró político. Fue inútil: ella, cual esfinge electrónica, me repitió el cassette que le habían encajado y selló nuestro desencuentro fijando esta conclusión: “La sanción le prohíbe a usted ejercer cargos ejecutivos, y votar en un jurado es un acto ejecutivo”. Pensé que tomar un café con leche también es un acto ejecutivo, pero en fin... Abrumado por tan ardua cuanto alevosa aporía, mas no vencido, solicité contrito que constara en acta mi desacuerdo, y al instante, incontinente, calé el chapeo, requerí la espalda, miré al soslayo, fuime y no hubo nada. Nada más allí.
   Aquella misma tarde le conté a Guillén mi aciaga visita al comité central. El poeta se enojó conmigo: temía que esa visita complicara las cosas y la interpretó como una prueba de que yo no confiaba en él.
   Ya yo no formaba parte del jurado de poesía de la UNEAC. Para sustituirme, el partido designó al socorrido profesor José Antonio Portuondo, que era el eterno facultativo de guardia. Me lo imaginaba sentado junto al teléfono las veinticuatro horas del día, pendiente de que lo llamaran para inaugurar un congreso, clausurar un simposio, despedir un duelo, presentar un libro, entonar un panegírico o hacer en la UNEAC alguna chapuza de ésas que Guillén, con más pudor y temeroso de la historia, esquivaba cuando podía. Pepe Portuondo, pues, asistió en mi lugar al coctel que Guillén, a la caída de la tarde de un fresco sábado de octubre, ofreció en su espacioso apartamento habanero a los jurados de los Premios UNEAC de ese año. Alrededor de las diez de la noche de aquel día sonó en mi teléfono la voz de Lezama con su inconfundible entonación asmática: “Joven, campanas de gloria suenan: usted ha sido repuesto en el jurado”. Lezama había asistido al coctel de Guillén y oyó cuando Carlos Rafael Rodríguez, vicepresidente del Consejo de Estado, se lo comunicaba a éste luego de recibir una llamada telefónica. Minutos después de Lezama, Guillén me telefoneaba para darme la noticia con carácter oficial. Mi respuesta fue pedirle que me recibiera al día siguiente, domingo, en su casa.
   El domingo en la mañana le estaba diciendo yo a Guillén en su piso del edificio Someillán que no permitía que se me tratara como a un recluta: entre, salga, suba, baje... “No, Nicolás –recuerdo que le dije–, le ruego que trasmita a Armando Hart mi decisión de no regresar al jurado mientras no sea respondida mi apelación contra la condena que el partido me ha impuesto”. Y le dije más: “Me apena que a usted, que es un gran poeta universalmente reconocido, unos burócratas que olvidaremos pronto le estén dando encargos de correveidile”. Guillén dio un respingo: “¡Yo no soy un correveidile!” “Por eso mismo además de apenarme me indigna”, le respondí.
(…)
   Después de la firma del acta y del Voto Razonado que añadimos –redactado por Lezama y por mí–, la ejecutiva de la UNEAC convocó a los integrantes de los jurados a una asamblea para explicarles los problemas que habían surgido en el Premio de Poesía con Fuera del juego y en el de Teatro con la obra de Antón Arrufat Los siete contra Tebas, que también fue tachada de contrarrevolucionaria. La asamblea no fue presidida por Nicolás Guillén –siguiendo el consejo que me había dado a mí, el poeta se enfermó–, sino por el suplente de oficio José Antonio Portuondo. A Félix Pita Rodríguez, de gustos afrancesados, en el casting le tocó el papel de fiscal como Fouquet-Tinville. En una alferecía jacobina, Pita “aclaró” lo que, según el libreto que le dieron, estaba ocurriendo: “el problema, compañeras y compañeros, es que existe ‘una conspiración de intelectuales contra la revolución’”.

(El caso Padilla: crimen y castigo. Encuentro de la cultura cubana, Nos. 4/5, 1997)