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Friday, March 6, 2015

Emilio Bobadilla vs. “Poetas famosos del siglo XIX”, de Enrique Piñeyro

El principal defecto que noto en el libro del Sr. Piñeyro es el de que carece de plan. Puede abrirse por cualquier parte; leerse á ratos sin temor de perder el hilo ó la conexión, porque no los hay. En él está de más la Introducción y lo que se refiere á la poesía del siglo XVII, por cuanto que no se relacionan ni tienen que ver maldita la cosa con lo que sigue. ¿A qué nos habla el Sr. Piñeyro de Shakespeare? ¿Qué coincidencias existen entre el dramaturgo inglés y los poetas líricos del siglo XIX? ¿Acaso el Sr. Piñeyro busca en el autor de Otelo la filiación de los poetas famosos de nuestra época? No dudo que haya relaciones entre Shakespeare y los grandes líricos modernos; pero el señor Piñeyro se las calla, no sé si porque no las encuentra ó porque realmente no las hay.
   ¿Qué consecuencias saca el Sr. Piñeyro de la independencia de los Estados Unidos y de la Revolución francesa aplicables á la poesía ó relacionadas con ella, en el capítulo que consagra á aquellos dos hechos históricos? Claro —ni se discute— que semejantes acaecimientos, que hicieron temblar la tierra, han influído poderosamente, no sólo en la poesía, sino en todas las esferas de la actividad humana; pero á juzgar por lo que nos dice el Sr. Piñeyro, á estas horas estaríamos todavía en ayunas respecto de las tales influencias, sobre todo, en la poesía lírica.
   El Sr. Piñeyro se ha dejado en el tintero á una infinidad de grandes poetas, extranjeros como españoles. ¿Por qué, en vez de hablarnos de Hugo, de Lamartine, de Goethe, á propósito de los cuales no ha habido literato en estado de canuto, ni alumno de retórica que no haya hecho sus primeras armas, no nos ha hablado de otros poetas, apenas desflorados por la crítica y muy merecedores de que se les estudie y se les dé á conocer? —El hablar de una cosa muy conocida, sin exponer nada nuevo, ya que no en las ideas, en la manera de encadenarlas y de expresarlas, me recuerda á aquel diputado que dijo: “He pedido la palabra para decir que estoy completamente de acuerdo con lo que ha manifestado su señoría. He dicho.”
   Después de lo que ha escrito Macaulay, por ejemplo, acerca de maquiavelo, escribir sobre el mismo asunto con la presunción de hacerlo mejor ó por lo menos igual, y no hacerlo ni por semejas, tengo para mí que es puro alarde de vanidad literaria. Porque no hay que olvidar que el libro del Sr. Piñeyro es un libro de grandes pretensiones en el cual se encuentra poco nuevo. Casi todo lo que dice el Sr. Piñeyro respecto de Musset, de Lamartine, de Hugo, está ya muy dicho. No quiero dar á entender con esto que el Sr. Piñeyro, al tratar (supongamos) de la vida de un poeta, por el prurito de decir cosas inauditas se ponga á inventar. Pero en la manera de in terpretar el genio de un poeta, de aquilatar sus escritos á la luz de observaciones propias, entiendo que se puede ser original, en cuanto cabe serlo en nuestros días. Taine, en sus críticas, emplea un procedimiento casi suyo; estudia la época, la vida de un autor; señala el puesto que le corresponde, las influencias que ha ejercido, la escuela á que pertenece, las causas á que obedece la tendencia de sus obras, etcétera. Véase su estudio sobre Balzac.
   De un libro que se titula Poetas famosos del siglo XIX, el lector tiene derecho á exigir algo más serio, más uniforme, más armonioso de lo que ha hecho el Sr. Piñeyro.

(Escaramuzas, Madrid 1888)

Thursday, April 3, 2014

Enrique Piñeyro vs. “Aristodemo”, de Joaquín Lorenzo Luaces

La versificacion del Sr. Luáces peca por el defecto opuesto á lo que en Cuba generalmente acontece. No se podrá decir al autor de Aristodemo que sus versos sonoros y musicales quieren disfrazar con la melodía la ausencia de las ideas; por el contrario, al leer su tragedia es imposible dejar de notar que son las cualidades musicales las que precisamente más falta le hacen. El mismo afan de evitar el lirismo palabrero lo ha llevado al otro exceso, y con pena se nota demasiado esfuerzo por parte del poeta.

(Estudios y conferencias de historia y literatura, New York, 1880)

Thursday, October 31, 2013

Enrique Piñeyro vs. la Avellaneda

Había llegado a la Habana, no simplemente como cubana deseosa de visitar la patria mucho antes abandonada, ni tampoco a título único de gloriosa poetisa, sino como esposa del coronel don Domingo Verdugo, uno de los militares del séquito del general don Francisco Serrano, nuevo gobernador, superior de la isla; y Verdugo llegaba de antemano designado para algún cargo militar, para ser, como en efecto sucedió, uno de los pequeños sátrapas que ponían a la cabeza de las circunscripciones militares en que estaba dividido el país con objeto de sujetarlo mejor. Esta particularidad esencial entonces, en aquella tierra pésimamente gobernada, mantuvo alejados de la poetisa y su marido a muchos, principalmente entre los jóvenes aficionados a las letras, que no habían querido tomar parte activa en la proyectada apoteosis, aunque se abstenían de oponerse abiertamente a ella. Yo fui de ese número, y bien recuerdo que algunas de las veces en que vi a la Avellaneda pasar sentada en el “quitrín” abierto a la usanza del país, y al lado de su marido, sentía acudir a mi mente aquellos versos del Rimoroso de Berchet: “È la donna d’un nostro tiranno,/ È la sposa dell'uomo stranier”.

(Citado por Carlos Ripoll en su Web)

Tuesday, September 17, 2013

Emilio Bobadilla vs. Enrique Piñeyro

Yo nunca he negado á Piñeyro inteligencia y cultura. Pero creo que es un escritor linfático, de poco vuelo. El Sr. Piñeyro, que vive en París y que vive á lo príncipe, debía escribir libros de más enjundia que los que ha escrito hasta la presente. Al cabo de los años mil se descuelga con un estudio sobre Quintana, que nada tiene de particular, porque todo lo que en él se dice son cosas de clavo pasado. Como estilista, el señor Piñeyro no puede hombrearse con Valera, por ejemplo, ó Ricardo Delmonte. Su cacareada pureza de lenguaje, declaro que no la veo. Mueve la pluma con desenfado, pero sin brío, sin fuego. Su prosa resplandece por lo amena, lo fácil, lo recortada; pero ¿denuncia acaso un temperamento artístico que siente hondo? Tengo para mí que no.

(Triquitraques, Madrid, 1892)

Friday, July 12, 2013

Enrique Piñeyro vs. “El Conde Alarcos”, de José Jacinto Milanés

Milanés aspiró tambien á la gloria de García Gutierrez, y escribió el drama intitulado El Conde Alarcos. El argumento está tomado del Romancero: Lope de Vega lo presentó en una de sus comedias más endebles, y otros varios lo pusieron despues en escena, entre ellos Guillen de Castro, siendo la de Mira de Amescua la más notable de todas. El asunto es interesante, pero demasiado horrible; hay que presentarlo con mucha habilidad para disminuir el disgusto que produce el desenlace en el alma del espectador, y ése es uno de los escollos que hicieron naufragar á Milanés; el último acto tiene momentos bellísimos, hay con frecuencia una ternura arrobadora, pero la situacion casi siempre es falsa y la impresion horrorosa. El drama en conjunto puede decirse que es un bello ensayo; está escrito con talento, con fuego, con pasion; tiene muy á menudo graves incorrecciones y está plagado de ripios; pero arranca lágrimas del más indiferente.

(Estudios y conferencias de historia y literatura, New York, 1880)

Tuesday, March 26, 2013

Enrique Piñeyro vs. Juan Francisco Manzano

Hubo en Cuba un poeta negro, Juan Francisco Manzano, que fué realmente esclavo, y debió la libertad á la simpatía que despertó su talento; por esto muchos acaso lo oponen á Plácido, considerándolo mucho más interesante por su color y su condicion servil. Hay en efecto, en las pocas poesías de Manzano que se conservan, una melancolía, una tristeza profunda que en las de Plácido no se percibe tanto, ni del mismo modo. Pero eso es todo, no tienen otra cosa, ni merecen el nombre de composiciones literarias.

(Estudios y conferencias de historia y literatura, New York, 1880)

Friday, January 18, 2013

Enrique Piñeyro vs. Plácido

Lo que sí es indudable es que muchas de sus composiciones fueron escritas sin más motivo que rendir homenaje á otros que ocupaban una posicion más alta que él, y ¡eran tantos los que tenia por encima! Nadie leerá sin un vivo sentimiento de disgusto y de dolor esas poesías, en que su talento sabía usar de una grandilocuencia que oculta mal el completo vacío de la inspiracion buscada por medios ficticios.

(Estudios y conferencias de historia y literatura, New York, 1880)