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Monday, December 28, 2020

Amir Valle vs. Abel Prieto (2)

Un prístino ejemplo de los límites a los que pueden llegar estos ataques podría ser el triste suceso ocurrido durante la Feria Internacional del Libro Guadalajara en 2002. Quienes tuvimos la suerte de asistir a esa feria, podemos testificar sobre la bochornosa manipulación que hicieron Abel Prieto y sus satélites generacionales de una situación familiar muy específica: los más importantes eventos contestatarios de la diáspora cultural cubana durante dicha Feria dedicada a Cuba estaban encabezados por el ensayista e historiador Rafael Rojas, hermano de Fernando Rojas, filósofo e historiador entonces Director del Centro Nacional de Cultura Comunitaria (dependencia del Ministerio de Cultura), a quien “casualmente” designaron para enfrentar los ataques del enemigo. En simples palabras: en vez de proteger a un útil funcionario (un hombre inteligente y de una altísima cultura como es Fernando Rojas), Abel Prieto y sus asesores de la policía política decidieron ponerlo a prueba, obligándolo a preparar todas las acciones contra aquellas actividades en las que participaría su hermano Rafael. Creo que sobran las palabras.

(La estrategia del verdugo. Puente a la Vista Ediciones, 2020)

Thursday, September 27, 2018

Carlos Manuel Alvarez vs. escritores de Miami y Amir Valle

A mí me parece que al campo literario cubano es relativamente fácil renunciar. ¿Qué te pierdes? ¿Te pierdes la UNEAC, el Instituto Cubano del Libro, la Casa de las Américas? ¿Te pierdes uno de esos decadentes clubes literarios de Miami, que no han dado jamás un escritor? ¿Quién quiere eso, sinceramente?
(…)
Estamos en una escena donde El último día del estornino, de Gerardo Fernández Fe, una novela que a mi juicio detecta las zonas que la narrativa cubana actual debería explorar, pasa casi desapercibida, y donde un fantoche como Amir Valle, por ejemplo, se cree autor de culto, seguramente porque tiene quién se lo haga creer.

(“Agradezco a Cuba que no haya tenido nada más que ofrecerme”, entrevista. Hypermedia Magazine, septiembre 2018)

Friday, June 15, 2018

Amir Valle regaña a los escritores desvergonzados

Había jurado no volver a escribir sobre la desvergüenza intelectual de mis colegas escritores en la isla (y en el exilio). Y lo había jurado porque, mientras vivía en Cuba, supe lo que es el miedo al represor, me tuve que imponer a ese miedo y, como dijo recientemente el escritor Ángel Santiesteban en una entrevista, eso me condenó a vivir en un ostracismo que afectó mi salud, mi vida familiar, las relaciones con mis amigos (que cada vez fueron menos), pero curiosamente hizo crecer mi respeto por la coherencia y la libertad personal.
   ¿Quién eres, Amir Valle, para cuestionar que otros no puedan todavía zafarse de las cadenas del miedo con que los atenazan en Cuba?, me he repetido constantemente todos estos años de destierro forzado. ¿Quién soy yo para exigir a un colega en la isla que suelte la careta de la doble moral, si hacerlo podría costarle el alimento a su familia?
   Eso me contuvo. Pero hay desvergüenzas que le hacen a uno romper hasta los más empecinados juramentos.
   Ahora mismo, en Cuba, mis colegas Ileana Álvarez y Francis Sánchez son reprimidos en su derecho a viajar fuera de la isla y sus proyectos culturales son atacados por la cultura oficial. ¿Cuántos de esos colegas que se dicen sus amigos, sus “hermanos” han protestado contra ese atropello? Ahora mismo, a la joven escritora y activista Lía Villares se la reprime y se le impide viajar. ¿Cuántos de sus colegas de la llamada “Generación Cero”, que han recibido en los últimos años una enorme publicidad internacional como “contestatarios”, han levantado la voz contra esa violación? Hace apenas unos días, el escritor Ángel Santiesteban casi no pudo asistir al Festival Vista que organizó NeoClub Press en Bogotá, porque estaba “regulado”, que es la palabrita que han utilizado para quitarle a Ileana, a Lía, a Francis, su derecho a salir y entrar del país. En la isla tampoco nadie levantó la voz contra esa represalia y fue la impresionante condena internacional que se hizo en las redes sociales lo que empujó a la dictadura a “reflexionar” y dejar salir a Ángel. Y que conste, menciono sólo autores que son muy conocidos en la isla; colegas a los que nadie puede decir “no lo conozco, ¿cómo podría apoyarlo si es un desconocido?”.
   ¿Hasta cuándo, queridos colegas escritores de la isla, van a seguir callando antes estos atropellos a escritores que ustedes bien conocen por la calidad de su obra? ¿Hasta cuándo eludirán su responsabilidad ética los jefes de esas instituciones oficiales -que curiosamente en las redes sociales dicen ser amigos de estos escritores represaliados? ¿Hasta cuándo estos colegas tendrán que soportar los mensajitos enviados en secretos de “estamos contigo, pero sabes que no puedo hacer nada”, que le envían esos mismos desvergonzados que son incapaces de unirse por una vez para defenderse unos a otros de tanta coacción, que existe porque los represores saben que están muertos de miedo?
   Así no, colegas… la desvergüenza, aunque algunos lo nieguen, es al final también parte de esa obra literaria que pretenden ustedes legar a la Cultura Cubana.

(Así no, colegas… ó la desvergüenza. Blog A título personal, mayo 2018)

Friday, April 13, 2018

Amir Valle vs. Raúl Capote

Pero en un escrito como este sé que se extrañará que precisamente yo no mencione al único escritor que ha sido (o al menos, que se ha hecho público como) agente encubierto de la Seguridad del Estado para combatir, desde el terreno de la cultura y en específico la literatura, las “maniobras del enemigo”: Raúl Antonio Capote, “destapado” como “Agente Daniel”.
   Capote trabajaba para la Contrainteligencia cubana luego de ser reclutado como agente Pablo por la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Su misión contra Cuba era, según las palabras del Ministro de Cultura, Abel Prieto, en el prólogo al libro Enemigo, en el que Capote rememora esas experiencias: “enviar sistemáticamente a la CIA evaluaciones acerca del estado anímico de la población cubana ante cada coyuntura, sobre todo en los medios culturales y universitarios, y crear una agencia literaria alternativa y luego una fundación de perfil educativo. Pablo podría llegar a convertirse en una pieza clave para el desmontaje de la institucionalidad revolucionaria”.
   ¿Por qué alguien se extrañaría si no lo mencionara en este escrito? Simple. Porque todo el mundo sabe que lo consideré un amigo muy cercano desde que nos conocimos en Cienfuegos, en los tiempos en que yo realizaba allí el servicio social y, junto al también escritor Miguel Cañellas, formamos una tríada que, según dicen muchos, revolucionó la promoción de la literatura en esa región. Porque tanta era nuestra cercanía que llegó a ser el testigo de mi segundo matrimonio con una muchacha cienfueguera. Porque, cuando un par de años más tarde, nos reencontramos en La Habana, se convirtió en un visitante asiduo en mi casa, pese a que mi tercera esposa (ya se sabe, ese sexto sentido que tienen las mujeres) siempre me advirtiera: “Raúl no es tu amigo, hay algo en él que no me acaba de cuajar”.
   A ella, por solo citar un ejemplo muy ilustrativo de sus sospechas, le resultaba demasiada coincidencia que, durante esos dos años en que Eloy Gutiérrez Menoyo nos visitaba, la presencia de Capote se intensificó más que nunca: “¿Te has dado cuenta de que en los últimos tiempos, siempre que Eloy viene, tan pronto él se va, llega Raúl, sudado, sofocado, diciendo que pasaba por aquí y decidió llegar a verte y conversar un rato?”.
   No he podido, y espero tener estómago llegado el momento, leer su libro Enemigo, donde cuenta su trabajo como doble agente del DSE y de la CIA, pero en varias de sus declaraciones he comprobado que miente, pues hace referencia a personas y sucesos que conocí mejor que él, ya que fui protagonista, y las versiones que él cuenta son en esos casos tan ficticias como la que me sigue pareciendo su mejor novela, El caballero ilustrado, obra donde cuestiona el poder de una dictadura.
   Vi nacer esa novela en aquellos años en que, por lo que él mismo cuenta en una entrevista, aún no era el agente Daniel y yo era, también según sus palabras, “el primer Amir”. Es esa, por cierto, una técnica poco caballerosa para diferenciar a ese Amir amigo suyo que entonces creía que podrían cambiarse las cosas desde la propia institucionalidad revolucionaria; un Amir muy diferente de ese otro “enemigo” en el que me convertí luego, y a quien él, por cierto, acompañó y respaldó bastante en “mis gusanerías”, cuando aún no lo habían forzado a convertirse en un espía.
   Cuando en un programa de la televisión cubana, Razones de Cuba, dieron a conocer al mundo su trabajo para la policía política cubana, descubrí que la única ingenuidad de la que no había logrado desprenderme era esa que me hace ver aún hoy a los amigos como seres puros, nobles, incapaces de actos deleznables en mi contra.
   Pero no dejo de pensar en cuánta responsabilidad tuvo Raúl Capote en esos años de marginación social, amenazas, exclusiones, invisibilización y represión. Pienso en él y me pregunto qué cuota de culpa tuvo en que a mi hijo le impidieran la entrada a la universidad porque, le soltaron a la cara, “la universidad es para los revolucionarios y tu papá es un gusano mercenario”; cuánto debe a su veneno el acoso de la policía política hacia mi esposa Berta: “si no lo dejas, te veo llevándole jabitas a la cárcel y jamás vas a encontrar qué darle de comer a tus hijos porque no te vamos a permitir trabajar”, le gritaba incluso en la calle “el compañero que la atendía”; o qué parte de su trabajo como delator influyó en todas esas horribles historias represivas que me permito ahorrarles al lector, pues son de tanta bajeza humana que, aunque ya están escritas, he decidido conservarlas a buen recaudo por la vergüenza ajena que siento solo de pensar en que vea la luz tal cantidad de revelaciones de la indignidad intelectual cubana.
   En cualquier caso, tanto con Raúl o cualquiera de esos otros “colegas informantes” que me colgaron durante años, como con esos siempre ridículamente enigmáticos “compañeros que me atendían” (a uno de ellos, incluso, llegué a conseguirle en España una caja de un spray especial que estaba en falta en Cuba, para su hijo asmático) me precio de haber actuado con limpieza (y en algunos casos, lo reconozco, con tonta ingenuidad) todo lo que me fue posible en una relación tan anómala y, por ello mismo, enrarecida.
   Tengo mi conciencia limpia y sé que, si llegara el momento, podré mirarlos a los ojos sin el más absoluto de los remordimientos ni las vergüenzas. Dudo que ninguno de ellos pueda decir lo mismo.

(Texto incluido en El compañero que me atiende. Editorial Hypermedia, 2017)

Monday, December 12, 2016

Amir Valle vs. Miguel Barnet (2)

Reinaldo Arenas, en su autobiografía novelada Antes que anochezca, llamó Miguel Barniz a quien, según declaraciones que hizo a sus amigos, consideraba “el más cínico de los escribidores cubanos”. Lo llamaba así, “escribidor” porque, haciendo gala de su fino humor: “los escritores, escriben; y los escribidores, perpetran”.
   La perfecta definición de Arenas: Miguel Barniz, ha estado presente en las casuales lecturas que he hecho en los últimos dos años sobre la proyección internacional de, en palabras de un muy reconocido escritor cubano, también Premio Nacional de Literatura, esa “vieja dama indigna, que ha metido sus uñitas afiladas en cuanto chisme, brete, enredo y jugada sucia contra otros escritores ha existido en la historia cultural cubana de los últimos treinta años”.  Y tuve que reírme entonces.  Como reímos ante aquella frase genial Jesús David Curbelo, Guillermo Vidal, Alberto Garrandés y Alberto Garrido, allí, en una de las presentaciones de La Gaceta de Cuba en la Sala Martínez Villena de la UNEAC. Pensé, era una conclusión bastante lógica, que aquellas palabras de uno de los intelectuales contra quienes la intolerancia se cebó en ese eufemismo llamado “período gris de la cultura” respondían a las normales guerritas que existían desde el Caso Padilla entre los más ilustres miembros de esa promoción.
   Un encuentro en vivo con el barniz de Barnet, una entrevista y una noticia después me obligan a darle la razón a Reinaldo Arenas, a ese otro viejo escritor que no menciono pero seguro muchos adivinan, y me obliga también a violar una de las normas que me he establecido: “aunque te revienten las venas, jamás hagas una crítica personal a otro escritor cubano”, me he repetido muchas veces cuando la tentación me ha rodeado.
   Hace dos años, en el Instituto Cervantes de Berlín, asistí a un conversatorio donde admiré más la ética a prueba de balas del cineasta Fernando Pérez, la profundidad analítica de Lichy Diego, que hicieron virutas las palabras intolerantes y superficiales de Barnet. Recuerdo que, saltando desde el público, un cubano lo llamó asesino porque su nombre aparecía en el listado de quienes habían firmado el apoyo a la condena a muerte de los tres cubanos que habían sido procesados en juicio sumario y fusilados en Cuba, en el año 2003. Entre otras superficialidades cínicas, ese día Barnet confesó al público que lo que más  le importaba de Cuba era estar con sus doce perros Chau Chau (conservo la grabación, por cierto). Lo dijo sonriendo, satisfecho, cínico. Y en ese preciso instante recordé a mis vecinos de Centro Habana y, especialmente, al poeta Pedro Oscar Godínez (uno de los más genuinos poetas cubanos de hoy) que estoy seguro quisiera tener la posibilidad de disfrutar un solo día del modo de vida de uno de esos Chau Chau, pero tiene que conformarse (o podrirse de tristeza) en su casucha miserable en pleno centro de la capital. No le importaba tampoco a Barnet la desesperación y la vida en la miseria de cientos de miles de cubanos; desesperación y miseria que le achacó solamente al bloqueo yanqui y no a esos otros bloqueos del gobierno cubano de los que hablaron, cada uno desde sus perspectivas, Fernando y Lichy. Le importaban más a Barnet los lujos que les da a sus perros. Y no sé porqué extraña asociación vinieron a mi mente las palabras de un discurso de ese político que rigió nuestras vidas hasta su enfermedad y retiro (por cierto, un ídolo para Barnet), cuando criticó duramente al capitalismo diciendo que mientras muchos no tenían qué comer en el Tercer Mundo, en los países ricos se vendían millones de toneladas de comidas para perros y otras mascotas.  
   Ese paraíso del cual escaparon Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Antonio Benítez Rojo, Heberto Padilla, Lino Novás Calvo, Severo Sarduy, Gastón Baquero,  Eugenio Florit, Carlos Victoria, o más recientemente los muy jóvenes Juan Francisco Pulido, Michael H. Miranda y Ashley Mármol, por sólo mencionar algunos de los más de mil artistas y escritores que se han visto obligados a salir de Cuba, fue descrito con todos sus barnices falsarios por Miguel Barnet en una entrevista concedida a Edmundo García para una radio de Miami. Lo pedestre de sus respuestas, la mentira esgrimida como argumento, la intolerancia encubierta bajo un traje falso de mansa oveja me hizo recordar a otro escritor, también Premio Nacional de Literatura, que en su casa frente al mar un día me dijo: “igual que en la fábula del burro, ése tocó la flauta de milagro una vez con su libro Cimarrón, como lo demuestra el resto de su obra. El mérito que nadie jamás podrá negarle es su exquisito oportunismo”. Si existe ese paraíso en la isla, ¿por qué el único pensamiento de la inmensa mayoría de los cubanos es emigrar como lo demuestran incluso las encuestas hechas por el gobierno de Raúl Castro recientemente?, ¿por qué Cuba tiene más del 20 por ciento de su población viviendo en el exilio?
   Finalmente, el exilio cubano se conmueve ante una muestra descomunal de una mentira que se convierte, en las actuales circunstancias de la isla, en un cinismo sin precedentes. No hay otra palabra.
   “Todos los cubanos viajan. Sólo los presos no pueden hacerlo”, ha dicho Miguel Barnet en Panamá. Que lo diga el escribidor no cuenta. Pero ahora es, además de escribidor, un alto funcionario de la cultura: Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Y es justo esto lo que me permite éticamente violar la regla de no escribir contra otro escritor: supuestamente, ya que aún Cuba no me ha expulsado de las filas de la UNEAC, Miguel Barnet es mi Presidente. Y en defensa de lo que considero una ofensa cínica contra mis colegas escritores y artistas en la isla, y contra el pueblo al que pertenezco, debo preguntar: ¿La doctora Hilda Molina o la joven periodista Yoani Sánchez no son cubanas? Menciono sólo los dos casos más notables de cubanos a quienes se les ha impedido visitar a su familia en Argentina o salir a recoger un premio a Europa, respectivamente. ¿Acaso las autoridades cubanas no tienen retenidos en Cuba a miles de familiares de cubanos que han decidido exiliarse? (El caso conocido más reciente es el hijo de dos cantantes muy queridos: Maggie Carlés y Luis Nodal, que acaba de reunirse con ellos en Miami luego de 20 AÑOS). ¿Acaso no se condiciona la salida del país, que puede ser (y ha sido miles de veces) denegada a quienes no pueden presentar los absurdos permisos de sus ministerios que, por cierto, pueden demorar hasta años en ser concedidos? ¿Acaso no se les prohíbe a profesionales de la salud, militares y algunos otros trabajadores de algunos sectores, salir del país si antes no han dejado de trabajar en esos sectores al menos cinco años?  Pero, aún si fuera cierto lo que dice, si sólo los presos no viajaran, se trataría de una prohibición descomunal si tenemos en cuenta que Cuba posee una de las poblaciones penales más grande de todo el mundo, calculada según diversas fuentes entre los 60 y los 100 mil prisioneros.
   Miguel Barnet sabe que miente. Y es una vergüenza.  Pero es hora de que entienda que no puede ir mintiendo por todas partes. ¿O es que, en realidad, él representa a un gobierno que ha vivido ya cincuenta años en la mentira y el cinismo y por eso se siente libre de mentir? ¿A quién representa Barnet?: ¿a ese gobierno intolerante que convierte en enemigo y cataloga de “mercenario” a cualquiera que piense distinto, o a los miembros de la UNEAC que, estoy seguro, al escuchar frases como esa: “Todos los cubanos viajan. Sólo los presos no pueden hacerlo”, pensarán, aunque sea para sus adentros, que su Presidente ha dicho una bochornosa y refutable mentira?  Hay una sola palabra, repito, que define su postura ante la realidad social que vive nuestro país: cinismo. ¡Cuánta razón tenías, Reinaldo Arenas!

(Miguel Barnet o Elogio del cinismo. Revista Otro Lunes, febrero 2009)

Monday, October 3, 2016

Amir Valle vs. Pedro Juan Gutiérrez

Confieso que escribo estas palabras con cierto temor, y ciertas dudas, de parecer injusto. Acabo de leer la entrevista que ha publicado la agencia española EFE y, en muchos momentos, achaco mi estupor al leer tus declaraciones al hecho bastante usual ya de que un periodista elija y publique las partes de las respuestas de su entrevistado que más le convienen o le gustan. Es un mal bastante común, aunque detestable, del periodismo actual.
   Mi estupor nace de nuestra amistad, de mis recuerdos sobre tu opinión en muchas conversaciones acerca de nuestra Habana, nuestra Cuba y sus circunstancias. Nace también mi asombro de saberte un profundo conocedor de la vida de nuestro pueblo, de considerarte un muy serio analista de la siempre convulsa y compleja realidad nacional de nuestra isla.
   De ahí que, y especialmente en los momentos actuales, me resulten superficiales, injustas, evasivas e incluso anacrónicas esas aseveraciones.
   Las considero, además, preocupantes, pues parece ser esa la tónica actual del discurso de nuestros colegas de la cultura. Y digo esto porque en los últimos días, con mayor insistencia luego de la visita de Obama, he leído, visto y escuchado puntos de vista similares en numerosas intervenciones de escritores, artistas e intelectuales de la isla (la mayoría de ellos disfrutando de eventos o estancias en Estados Unidos y otros países gracias al “intercambio cultural” y a los nuevos tiempos de relaciones del mundo con Cuba). Preocupan porque no son estos tiempos para discursos evasivos.
   Imagino que cuando dices que “poco a poco las cosas se van suavizando” en Cuba, te refieras a que hoy hay muchas más permisibilidades, sobre todo en nuestro entorno de la cultura. Pues si bien es cierto que aún hay casos bastante evidentes de represión intelectual y censura, las mordazas con las que el régimen tuvo controlados a los creadores durante décadas han aflojado bastante, como lo demuestra el simple hecho de que algunos colegas que antes sólo murmuraban sus críticas gubernamentales en la más profunda intimidad, hoy “se arriesgan” a hacerlas públicas en escenarios nacionales e internacionales, aunque con la serpéntica agudeza de no enjuiciar a los verdaderos culpables de nuestro desastre nacional.
   Como seguro recuerdas, a ti y a mí, nuestros vecinos de Centro Habana no nos consideraban escritores: “ustedes son de los nuestros”, nos decían, porque nos veían hacer las colas del pan, comprar ron clandestino, vender o comprar en el mercado negro cotidiano alguna que otra cosilla, sentarnos en short en las aceras a conversar con “los aseres del barrio”. ¿Realmente crees que para ellos también “las cosas se van suavizando”? Yo estoy forzadamente condenado a un destierro a miles de kilómetros de nuestras calles Perseverancia y San Lázaro, pero ni un sólo feedback de los cientos que recibo desde Cuba cada día me hacen pensar que hoy la vida es más suave. Todo lo contrario: la miseria es hoy mayor como demuestran las propias cifras oficiales del gobierno, de la oposición y de los organismos internacionales; el abismo entre quienes tienen mucho y quienes muy poco o nada tienen se ha triplicado desde que Raúl Castro comenzó sus reformas; el propio régimen reconoce en sus reuniones “exclusivas” previas al Congreso del Partido que la prostitución, la insalubridad, la depauperación habitacional, la corrupción administrativa son hoy problemas acuciantes, e incluso el estado de la salud, la educación y la seguridad social han sufrido claros retrocesos. Y aunque hoy pueda haber más timbiriches en la isla que permiten a unos pocos cubanos sobrevivir; aunque otros otros pocos se conecten a internet en los puntos wifi, etc., también las encuestas (y las simples conversaciones con los cubanos de a pie) indican que el mayor sueño de la mayoría es emigrar para escapar de la asfixia, como han hecho desde fines del 2015 más de 70 mil cubanos en el cuarto mayor éxodo migratorio en estos 57 años de castrismo. Y en este punto, como dato curioso y para aclarar más a qué me refiero cuando hablo de “evasivas”, recuerdo las intervenciones de tres colegas, que han disertado en universidades norteamericanas, y achacan exclusivamente este “exodo” al runrún de que se acabará la Ley de Ajuste Cubano, pero olvidan muy convenientemente aquella máxima: “Cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran”, de una exactitud innegable, la haya dicho nuestro José Martí, como aseguran algunos, o Margaret Thatcher, como aparece en otras muchas fuentes.
   Cuando dices luego: “Hay que olvidar los rencores y los odios. Yo creo que hay que partir de cero y decir: de aquí, del presente, en adelante. Pero si te pones a pasar cuentas y a pasar facturas es la historia de nunca terminar”, me pregunto: ¿Quién insiste hoy en pasar factura?. El exilio cubano o los afectados económicamente por las leyes “revolucionarias” han cambiado mucho. No vale ya insistir con ese viejo fantasma de que los cubanos exiliados pedirán cuentas a quienes hoy ocupan sus ya irreconocibles e insalvables propiedades. Aunque ciertamente hay pequeños sectores de algún modo más anclados en esas ideas, los cubanos, durante estos 57 años, hemos demostrado, en ambas orillas y en muchas ocasiones, que llegado el momento estamos dispuestos a sentarnos a conversar, olvidando diferencias, con la vista puesta en reconstruir ese país ruinoso que el castrismo sigue empecinado en hundir más, pretendiendo ahora demostrar que “la Revolución” puede continuarse aplicando las leyes típicas del capitalismo que por décadas nos obligaron a combatir. Dejando a un lado que no es justo pedirle a nadie que olvide su dolor, sus muertos, sus vidas frustradas por culpa de un engendro totalitario como el impuesto por Fidel antes y ahora por Raúl, es injusto pedirle a los cubanos que olviden, que no pasen factura, que hagan borrón y cuenta nueva… simplemente porque la mayoría de nosotros (incluso muchas víctimas horrorosamente heridas) ya hemos demostrado que queremos hacerlo. A quien hay que decirle eso –no pedirle, exigirle– es a quienes nos hicieron el daño, a quienes no han pedido perdón por sus errores. Y esos tienen nombres y apellidos: Fidel y su camarilla hasta el 2006, Raúl y su cohorte de militares neocapitalistas, y esos herederos neocastristas que pretenden eternizarse asumiendo con cinismo el batón del poder y preparándose ya para sentarse en el trono o controlar el timón del gobierno desde la sombra.
   Las evidencias, querido Pedro Juan, son aplastantes: la inmensa mayoría de las opiniones del pueblo cubano (el de la isla y el exilio) que se escucharon antes, durante y tras la visita de Obama demuestra que la gente quiere perdonar, dialogar, unirse en las diferencias, tener la oportunidad de construir otro país. Y las únicas voces que siguen ancladas en el rencor, el odio, las divisiones del pasado son precisamente el gobierno de Raúl, sus voceros (esos usuales tontos útiles), la vergonzosa prensa (que insiste ahora mismo en seguir anunciando una guerra que ya Obama, en su cara, les ha dicho que no existe) y, aún peor, ese resucitado Fidel Castro cuya más reciente “reflexión”, que espero hayas leído, parece escrita desde una trinchera de La Habana en plena Crisis de los Misiles. ¿Crees que luego de tanto sufrimiento, de estar tan maniatados durante décadas, de tantas muertes, tanto destierro y tantas mordazas, los cubanos podríamos pronunciar esas absurdas afirmaciones que Fidel Castro cínicamente pone en nuestra boca, olvidando que él nunca, y mucho menos ahora, se ha ganado el derecho a hablar en nombre de nuestro pueblo? ¿Crees  que pedirá perdón y saldrá por su propia decisión de su atrincheramiento en el pasado, el odio y el rencor, alquien que es capaz de afirmar tan cínicamente: “No necesitamos que el imperio nos regale nada (…) Somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo”?
   Tampoco, querido Pedro Juan, ha cambiado nada para bien en el tema de la libertad de opinion y el respeto a los Derechos Humanos. Sé que no eres un hombre apegado a las tecnologías e imagino que sigas sin acceso a internet, como cuando vivíamos en nuestra cuadra en Centro Habana. Sólo así puedo entender que digas que “las cosas se van suavizando. Es un proceso natural de modernización que también se va a ir produciendo, supongo yo, en las estructuras políticas y en las formas de dirigir la sociedad, de que haya más acceso de diferentes opiniones…”.
   En su discurso junto a Obama, Raúl Castro dejó claro que ellos entienden esos temas de un modo muy distinto. Prefieren reprimir, controlar, y por ello hoy sólo permiten aquellos discursos tímidos, nada peligrosos, y usualmente evasivos (es decir, que no apunten a su responsabilidad en el desastre político y económico de nuestra isla), pues así ofrecen al mundo una imagen de tolerancia y de apertura. Por ello, como demuestran los hechos que en miles de sitios de internet envían desde Cuba los opositores y miles de cubanos descontentos, creo que, además de la falta de información por no tener internet o no poder leer otra prensa, eres víctima de la propaganda engañosa del gobierno. O quizás tu vida ya no sea tan activa como años atrás, de modo que puedas verificar que la realidad es otra a la que pintas en esta respuesta. Basta ver la realidad del día a día en Cuba para darse cuenta de que las estructuras políticas siguen intactas en su atrincheramiento ideológico de tiempos de la Guerra Fría; para saber que la represión hoy es tres veces mayor que antes y que los métodos represivos contra la oposición son cada vez más descarados y públicos, pues Raúl ha visto cómo Estados Unidos, la Unión Europea y las instituciones internacionales han puesto a un lado ese tema priorizando los negocios con Cuba; para comprobar cómo, pese a esa represión, los opositores se organizan, se unen, se lanzan a las calles y crean programas que buscan que el pueblo redescubra su derecho a decidir el rumbo que quiere para su país.
   Pero te confieso, querido Pedro Juan, que lo que más me apena es que en todo ese proceso de silenciosa revuelta social, moral y de conciencia que vive hoy Cuba, nuestro gremio, como siempre, prefiere seguir mirándose el ombligo, prefiere acudir a eufemismos que disfracen sus miedos y preserven los ridículos espacios que el monopolio cultural del régimen les permite. ¿Hasta cuándo los intelectuales tendremos que esperar a que nos digan —”no es el momento todavía” (como te han dicho a ti con tu novela Trilogía sucia de La Habana y con la película El rey de La Habana), para que nuestras obras, nuestras opiniones y nuestro papel en la sociedad sea reconocido?
   Si es cierto, como dicen todos esos colegas, que ya se puede hablar, que ya se puede criticar, que ya es posible imponer un criterio diferente al oficial, ¿dónde está la postura unificada de nuestro gremio pidiendo que, de una vez, sea el terreno más propicio para la libertad de opiniones, la diferencia de criterios, el caldo de cultivo de un pensamiento social plural y dialogante que remueva las estructuras hoy arcaicas e ideologizadas que el castrismo ha impuesto a nuestra nación? Si es cierto que hay esa apertura en el terreno cultural: ¿por qué tienes que esperar tú, o Ángel Santiesteban, o Rafael Alcides, o incluso Leonardo Padura, a que un funcionario, bajo un criterio político absurdo, decida que “ya es tiempo” para publicar un libro o poner una película en un cine? No pido a ningún colega que se incinere como me incineré yo hace unos años. Hoy, según muchas visiones, “ya se puede”. Entonces, por sólo poner dos ejemplos de lo que mucho que habría que lograr, ¿dónde están las voces de nuestros colegas exigiendo que (ya que no hay dinero para publicarlos) se deje circular en Cuba los miles de títulos de todos esos autores que han convertido a la literatura y la cultura cubana de la diáspora en uno de los fenómenos más hermosos de resistencia cultural en todo el mundo?; o ¿por qué, al tiempo que disfrutan de los viajes, becas y premios a Estados Unidos mediante el “intercambio cultural” abierto por Obama, nuestros colegas del gremio no exigen al régimen que ese intercambio deje de ser en un sólo sentido y que profesores, escritores, artistas, cubanos de la diáspora o extranjeros que no comulgan con el régimen puedan “intercambiar” con instituciones en la isla?
   Yo también, como tú, quisiera que antes de morir se publiquen en Cuba todas esas novelas mías de la marginalidad social que escribí viviendo allá en tu mismo barrio y que fueron censuradas. Quisiera además que mis lectores cubanos, que por suerte son muchos aunque se vean forzados a leerme clandestinamente, puedan ver esas otras novelas que he ido publicando en estos 10 años de destierro. Pero si estoy insistiendo en que nuestro gremio ocupe de una vez el lugar que debiéramos tener en nuestra sociedad para exigir el cese del monopolio político sobre la cultura cubana, es porque no estoy dispuesto a que publicar en mi país sea una pose teatral del poder político para dar imagen de tolerancia o un “favor misericordioso” de quienes han censurado y siguen censurando hoy a centenares de escritores cubanos en la isla y en el exilio.
   Finalmente, querido Pedro Juan, pienso mucho en esa frase tuya: “Mi lucha continua ha sido escapar de la pobreza total. Y poco a poco se ha ido convirtiendo en el tema de mi obra. No lo escogí yo: fue la pobreza la que me escogió a mí“.
   Como tú dices, a nosotros nos escogió la pobreza, y sus terribles espacios han sido escenario, personaje y tema de nuestras obras. A tu respuesta yo añadiría que lo vergonzoso es que cinco décadas después la pobreza siga siendo nuestro tema en un sistema social que, supuestamente, debía eliminarla. Y aunque vivir diez años en la “locomotora” de Europa me ha llevado a otros asuntos para mis libros, aspiro a que la vida, alguna vez, en referencia a Cuba, me coloque ante otras historias, igual de humanas, aunque quizás no tan desgarradoras como esas de quienes durante 57 años se vieron obligados a vivir en la miseria, la marginalidad y la promiscuidad social en un país que el gobierno le vende al mundo como el paraíso. No quiero que la vida de mi pueblo siga estando signada por esa pobreza que, como muy bien dices, “siempre es sórdida, escatológica, morbosa, aplastante y preocupante”. Y por eso, y para eso, los cubanos debemos llamar de una vez a las cosas por su nombre. Y los intelectuales, que se supone seamos la voz de la sociedad, no podemos seguir mirándonos el ombligo y poniéndole etiquetas dulces a realidades tan duras.
   Espero recuerdes la solidez de nuestra amistad y sepas entender que aunque mis palabras suenen duras (las circunstancias actuales no están para medias tintas, repito), las escribo desde el respeto, la admiración y mi profunda convicción en el valor del diálogo.

(Si es que en verdad ya se puede hablar. Blog A Título Personal, abril 2016)

Tuesday, December 30, 2014

Amir Valle vs. el silencio de escritores cubanos

Finalmente, es necesario que den una respuesta aquellos que han estado bien cerca de Ángel Santiesteban durante casi ya treinta años y que hoy están en puestos de poder o influencia o relaciones suficientes como para poder evitar que sea encarcelado ese mismo Angelito, el escritor, su “hermano” hasta hace poco, alguien con el que compartieron alegrías y tristezas, momentos terribles y de gloria. He jurado muchas veces no escribir en mis artículos críticos el nombre de ningún colega, de ningún amigo o antiguo amigo. Lo he cumplido, salvo en el caso de mis críticas públicas contra la inmoralidad del más inmoral y oportunista de los escritores cubanos: Miguel Barnet, quien también debería hacerse el favor de pronunciarse apoyando a ese Ángel Santiesteban que no por casualidad es miembro de la UNEAC, la institución que Barnet preside.  Pero ahora rompo ese juramento y, para citar sólo a quienes en Cuba sé que estuvieron hermanados con Ángel Santiesteban, pregunto: ¿dónde estás tú ahora, Abel Prieto, que tantas veces mencionaste a Ángel como el mejor cuentista de mi generación y, en dos ocasiones ante mí, elogiaste el gran ser humano que es?; ¿dónde estás ahora Eduardo Heras León, tú, que pasaste años enteros hablándonos de la necesidad de poner la ética y la verdad como única condición válida para alimentar nuestras vidas y nuestras obras con el sello de la autenticidad literaria y humana?; ¿dónde estás ahora Francisco López Sacha, tú, que sabes bien cuán limpio, cuan humilde, cuan grande es el corazón de Ángel Santiesteban? Puedo mencionar a otros, pero ahí lo dejo. Sólo bastaría que ustedes tres se sentaran a conversar (igual que en otras ocasiones se confabularon en acciones nobles e innobles y ahora más que uno de ustedes está al lado del dictador, tú, Abel) para evitar que lancen a Ángel Santiesteban detrás de las rejas. Sé que Ángel intentará convencerme de que no tienen otra opción que la de callar, mirar a otro lado, hacerse los sordos. Sé que los perdonará si no mueven ni un dedo a su favor, incluso en los momentos más difíciles de esa prisión que hoy amenaza su vida. Pero créanme todos, escritores, artistas, intelectuales de la isla o de otras partes, aludidos en estas palabras, si Ángel Santiesteban tiene que cumplir aunque sea un día de esa injusta condena debido al silencio por miedo o conveniencia, sé que siempre que piense en sus nombres, en sus carreras profesionales, en sus libros escritos y por escribir, encontraré como mi respuesta aquellas dignas palabras que el gran Eliseo Diego pronunció ante los desmanes que comenzaba a vivir la gente de nuestro pueblo a causa de la locura enfermiza de poder de esos mismos políticos que hoy desgobiernan a Cuba: “que los perdone Dios, yo no puedo”.

(Angel Santiesteban va a la cárcel y nadie dice nada, Blog Amir Valle, enero 2013)

Thursday, July 31, 2014

Antonio Rodríguez Salvador vs. “Las palabras y los muertos”, de Amir Valle

En la novela de Amir, aparte de uno constantemente tropezar con “lindezas” al estilo de: “Se apretó el cinturón a la cintura”, y “salió por la puerta de salida”, su única preocupación parece ser la injuria a los principales dirigentes de la Revolución, los cuales son todo el tiempo presentados como personas de lenguaje marginal e ideas macabras. Me da la impresión de que quien cuenta la novela es uno de aquellos escritores del llamado realismo socialista que de repente ponía en boca de un enemigo: Huyamos como ratas, que ahí viene el glorioso Ejército Rojo, con la diferencia de que ahora este autor ha pasado un seminario de glasnot.

(Las palabras y los muertos: otra historia de un deicidio, desde la a hasta la z. La Jiribilla, agosto 2007)

Wednesday, October 30, 2013

Amir Valle vs. Abel Prieto

¿Alguien cree, a estas alturas, en las palabras del ministro de cultura cuando asegura que “en Cuba no hay un solo libro censurado“? No pongo mis ejemplos, que desmienten tamaña mentira, pero puedo mencionar a unos cuantos de quienes están leyendo estas palabras. Y si no existe censura, qué impide divulgar y dar a conocer en Cuba esas obras fundamentales que hoy se escriben por cubanos en muchos sitios del mundo. ¿O es que debemos creer que, como Reinaldo Arenas o Cabrera Infante, todos han dicho que no quieren ser publicados hasta que haya cambios políticos en la isla?

(correo publicado, 2007)

Thursday, August 29, 2013

Vicente Echerri vs. Amir Valle

Así enunciada, la posición de Valle parece noble y encomiable: sustraer la literatura de la servidumbre ideológica a que la ha sometido el castrismo y defender su derecho a expresarse sin subordinación es tarea que merece no sólo simpatía, sino también respaldo. Es el sitio que algunos escritores cubanos quisieron defender alguna vez y terminaron presos, exiliados o definitivamente marginados, en aquellos “tiempos difíciles” cuando el Estado totalitario solía castigar severamente cualquier postura que no fuese la adhesión absoluta. Ahora, cuando ese Estado es un régimen en descomposición, la existencia de un quehacer literario independiente, o que aspire a la independencia, digna es de celebrarse.
   Sin embargo, si esa independencia se traduce en una ciega imparcialidad, fingida o real, frente a las posiciones ideológicas o políticas más distantes, igualando con el mismo rasero de respeto a los que apoyan a un régimen brutal y a los que lo denuncian; a la ideología que justifica a una dictadura sangrienta y a la ideología opuesta que la condena; a los sicarios de ese régimen y a sus víctimas; entonces mis simpatías se quedan sin justificación. Cuando Valle dice en su carta respuesta a Belkis Cuza: “Respeto a muchos colegas que defienden un comunismo absoluto en el que nunca he creído… Respeto, asimismo, a quienes creen firmemente en que la única solución de nuestro país es una apertura… sin ningún tipo de huella de comunismo en nuestra sociedad” lo único que está diciendo es: o bien que no sabe lo que significa el término “respeto” o que, a partir de una profunda aunque enmascarada arrogancia, no respeta realmente a nadie. Estamos frente a un pernicioso relativismo que hace de quien lo profesa o lo practica, en el mejor de los casos, un amoral o, en el peor, un cómplice.

(Comprensión o complicidad. Encuentro en la red, marzo 2001)

Thursday, April 4, 2013

Amir Valle vs. Miguel Barnet

Prefiero callar cuando le escucho decir que todos los presos políticos que existen en Cuba “reciben beneficios de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos”, o que “muchos de ellos han continuado llevando a cabo acciones de agresión y sabotaje a la economía del país”. Si nos fijamos, son consignas lo que habla, frases creadas por el Gran Manipulador que rige los destinos de Barnet y sus seguidores. Más de lo mismo: denigrar del enemigo promoviendo la mentira que los descalifique.
   Pero… y es bueno aclararlo, Barnet no representa nada en la Cultura cubana aunque tenga un rimbombante cargo. Y es que nadie cree en él  desde hace mucho tiempo. Fueron muchos los mensajes que nos llegaron  desde la isla a algunos escritores exiliados cuando un supuesto Congreso lo elegía Presidente: “No hay nada que hacer, querido Amir. Lo han puesto ahí porque necesitan una persona cuyo desprestigio moral e intelectual lo convierta en una pieza manipulable, fácilmente chantajeable, del juego que traman”, decía uno de aquellos mensajes enviado a mi correo personal por uno de esos escritores que ganó hace unos años el Premio Nacional de Literatura, es decir, un colega generacional de Barnet.
   A nadie representa Barnet, repito. Lo digo para defender a una buena parte de la intelectualidad cubana de la isla, que ha protestado, que sigue protestando, que se resiste a seguir viviendo bajo la bota del imperio del cinismo, pero no encuentran modos de que sus voces se oigan y sus reclamos son acallados en la nada mediante esas muchas tácticas de silenciamiento que han perfeccionado tras cinco décadas de represión quienes detentan el poder político. En Cuba se sabe bien quién ha bajado la cabeza, como Barnet, y quién mantiene su frente alta, su conciencia limpia, aunque, por desgracia, fuera de la isla eso no se sepa y casi  todos queden como cómplices de ese cinismo que Barnet defiende.

(El imperio del cinismo, Blog Amir Valle, noviembre 2010)