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Monday, February 8, 2021

Cintio Vitier sobre Jorge Mañach

Mañach publicó un artículo en el Diario de la Marina que era irónico, sobre la valoración de la poesía de Lezama, y por lo tanto, de todo el grupo y toda la obra de la revista; no puedo decir que fuera un ataque burdo, era una apreciación en la cual se reconocían determinados valores, pero al mismo tiempo se ponía en tela de juicio la orientación misma de todo aquello, y en una forma elegante se ironizaba sobre esa poesía y esa obra que estábamos haciendo desde hacía años en torno a Lezama. Creo yo que Lezama le respondió muy bien, en Bohemia, y Mañach le ripostó; yo entré en la polémica, porque hacía alusiones a mí también, a todo el grupo; resultó que nosotros, que nunca habíamos polemizado con nadie, porque una de sus características fue esa, en la revista no hay polémicas con nadie, pero en este caso hubo que polemizar con Mañach, cosa que por otra parte era una especie de deporte nacional entonces, todo el mundo polemizaba con Mañach. Yo recuerdo que Mañach, en un artículo, no sé a propósito de qué, dijo que “tal cosa podían comprenderla hasta los barberos”, y al otro día, o a los dos o tres días apareció una carta de un barbero diciendo que por qué hasta los barberos; él tenía el arte de despertar la polémica en todo el mundo, hasta en los barberos. Pues también nosotros tuvimos que polemizar con Mañach; pero no es el caso específico de Mañach, sino fue un síntoma; él fue portavoz, diríamos, de una especie de irritación que había en torno a este grupo y a esta revista.

(Entrevista con Orlando Castellanos, en Más palabras grabadas, 2008)

Monday, October 5, 2020

Francisco Morán vs. Gastón Baquero y Cintio Vitier (y su crítica a “La isla en peso” de Piñera)

¿Qué vemos en los dos, en Baquero y en Vitier? Lo primero es el racismo subyacente a ese rechazo radical del poema de Piñera, en tanto este transforma a Cuba, a los ojos de ellos, en la abyección misma. Lo abyecto es aquí lo antillano, que es el lugar de la barbarie y de la negritud. La “culpa” de Virgilio consiste, pues, en haber “anexado” a Cuba, en haberla enredada, conectada, “contaminada” a “una antillanía y una martiniquería que no nos expresan, que no nos pertenecen” (Baquero). Pero para poder entender la verdadera dimensión de ese racismo, hay que ver que la separación y la hostilidad hacia la negritud se fundan nada más y nada menos que en el excepcionalismo cubano. He aquí, en la República, vivo y actuante, el miedo a Haití del racismo colonial.

   En el caso de Vitier, su invocación “mi patria” deja al descubierto la entraña racista de la cubanidad. Esa “patria” ¿no es acaso la del esclavista José de la Luz y Caballero,” la de los esclavistas y racistas también Domingo del Monte y José Antonio Saco? ¿No es la misma que quiere canonizar a Félix Varela por, entre otros logros suyos, una propuesta abolicionista que él mismo se encargó de aclarar era para beneficiar a los criollos ricos? Vitier pone raya por medio entre la “pestilente roca” de La isla en peso – la “antillanía” y “martiniquería” a que se refiere Baquero – y SU PATRIA. Es decir, la patria de los Orígenes, del gran sol del Mundo Moral, la patria de los fundadores: la de los amos de esclavos, dueños de ingenios, enemigos de la trata cuando les convino, y siempre racistas. La “pestilencia” de la roca es el olor, el tufo amenazante, portador de enfermedades y virus; lo que a su vez exige una operación higienista que elimine ese foco de contagio amenazante. Vitier lo dice bien claro: en esa “roca pestilente” ni puede, ni quiere vivir. La roca apestosa, el negro, la vida de los solares y las cuarterías, son el AFUERA de la Isla, y de lo que hay que proteger su prístino, impoluto ADENTRO, que es el de la Patria. La pistola de Castro sobre la mesa en las reuniones de la Biblioteca Nacional marca la apasionada separación que querían Baquero y Vitier. Quedaban claras las opciones: Con la Patria, todo; Contra la patria, ninguna la roca pestilente.

(“¿El mismo pan terrible? República & Revolución”. Publicado en Facebook, julio 2020)


Thursday, August 13, 2020

Gastón Baquero sobre Eliseo Diego, Fina García Marruz y Cintio Vitier

Éramos amigos. Ahora son lejanos. No he vuelto a verlos. Ahí están. Lo peor, para mí, es que conscientes de que están hacienda algo muy mal hecho, se han arropado nada menos que con Cristo y con Martí. Porque afirman ser católicos y martianos. Eso no se vale. Si dices: “Este señor, me parece una maravilla, y por eso estoy con él. Soy comunista”. Dilo y punto. Lo respeto. Pero tú no digas que lo haces por amor a Martí, porque eso es la antítesis absoluta. Martí no tiene nada que ver con el asunto. Son ellos, personas de su cultura, condición y espiritualidad, que para justificar lo injustificable, abrazan un “cristianismo martiano”. ¿Hasta cuándo van a jugar con eso?

(entrevista, en Dile que pienso en ella, de Nedda G. de Anhalt, Ediciones La Otra Cuba 1999)

Monday, June 22, 2020

Justo Rodríguez Santos sobre Eliseo Diego y Cintio Vitier


El caso de Eliseo y Cintio es una pena porque ambos son personas con talento Al comienzo, yo creo, fueron neutrales. Se comprometieron con el régimen castrista cuando éste se acercó a ellos.

(entrevista, en Dile que pienso en ella, de Nedda G. de Anhalt, Ediciones La Otra Cuba 1999)

Friday, September 13, 2019

Antonio José Ponte vs. Cintio Vitier y Fina García Marruz


   La primera vez que oí hablar en privado a Fina García Marruz, se largó, sin ton ni son, a defender a Lezama Lima de quienes lo acusaban de homosexual. Yo no había tocado para nada el tema, pero ella cogió cuerda automática. Al parecer no se había recuperado de haber leído o no haber leído por prohibición marital el capítulo octavo de Paradiso. Y, bueno, si empezaron ella y Vitier por no hacer preguntas, terminaron por no responder a mis saludos cuando coincidíamos.
(…)
   Cuando se celebró en La Habana el cincuentenario de la revista Orígenes me invitaron a ser uno de los expositores y me adjudicaron como tema a Gastón Baquero. Un año antes lo había visitado en Madrid, y él era uno de los origenistas exiliados de los que se iba a hablar por primera vez después de décadas de censura. Fue entonces que se me ocurrió cambiar y ocuparme de otro de esos exiliados, de Lorenzo García Vega. Cintio Vitier se me acercó, sumamente interesado. ¿Iba a hablar yo de la poesía de García Vega, tan particular como era? Le contesté que no y tuvo que alarmarlo saber que iba a centrarme en Los años de Orígenes.
   Vitier se me acercaba a hacer el trabajo de Seguridad del Estado. Más amablemente y menos escarmentador, por supuesto, pero le interesaba lo mismo que a los segurosos: que no se escuchara la versión de García Vega sobre Orígenes. Diputado oficialista como fue más tarde, se me acercó con el fin de modular la censura: estaba muy bien que se hablara de Lorenzo poeta, pero habría que pasar por alto aquel libro de memorias suyo, tan resentido y mentiroso.
   Tal como su esposa Fina García Marruz procuraba administrar la sexualidad de Lezama Lima, Vitier no se mostró dispuesto a transigir con ese costado de Lorenzo García Vega. En algo semejante había incurrido Lezama Lima cuando lanzó, en la “Oda a Julián del Casal”, su maldición de pirámide contra los investigadores de los papeles casalianos y se alegró de que ciertos textos publicados por Casal no fueran encontrados. Y lo mismo se halla en un Virgilio Piñera capaz de autocensurarse, no por razones literarias sino políticas, al compilar todo su teatro y dejar fuera su sátira anticomunista Los siervos.
   Vitier y García Marruz y Lezama Lima y Piñera son, cada uno de ellos en estos ejemplos, obstáculos para la transmisión. No es que les disguste tal o cual fenómeno, es que obran decididos para borrarlo. Igual que comisarios políticos, se muestran interesados en cebar la confusión y la desmemoria. Y, por citar un ejemplo origenista más, hay que ver el modo en que muchos de los que se ocupan de Baquero se detienen en la disyuntiva entre el poeta y el periodista. No es que tal disyuntiva sea falsa, pues así la sintieron ciertamente los origenistas, que en esto fueron más anticuados que Casal o Martí o Mañach o Novás Calvo, sino que donde dice periodista tendría que leerse miembro del Consejo Consultivo del golpista Fulgencio Batista, una vez clausurado el Congreso. Y del mismo que quien estudie Orígenes tiene que lidiar con el diputado castrista Cintio Vitier, tiene también que lidiar con el consejero dictatorial Gastón Baquero.

(El acento Ponte. Una conversación. Entrevista con Ibrahim Hernández Oramas. Rialta magazine, septiembre 2018)

Monday, December 5, 2016

Damián Tabarovsky vs. Cintio Vitier

Cintio Vitier no gozaba de buena reputación. Su conservadurismo estético va de la mano del hecho de haberse convertido en uno de los poetas oficiales de la Cuba de Castro (no se convirtió en poeta oficial pese a ser estéticamente conservador, sino al contrario, precisamente por eso). Recuerdo ahora un drástico ensayo de Antonio José Ponte sobre Vitier (¿dónde lo leí? ¿En el Diario de Poesía?) y muchas otras discusiones en el mismo sentido. Mi posición no es muy lejana a la de Ponte, pero matizada por un solo aspecto: cierta desmesura –tal vez involuntaria– que aparece en el texto clave de su obra, que por supuesto no es su poesía ni su narrativa –muy menores– sino un ensayo: Lo cubano en la poesía. Publicado en 1958, unos meses antes de la Revolución (la edición que yo tengo, de 2002, está prologada por Abel Prieto, ministro de Cultura de Cuba entre 1997 y 2012), la desmesura a la que aludo reside no sólo en el título sino en la pregunta misma: la búsqueda de la “presencia, la evolución y las vicisitudes de lo específicamente cubano en nuestra poesía”.
   Por mi parte, la sola idea de preguntarme por “lo argentino” en la poesía me aterra, y tal vez por eso, porque lo opuesto me atrae, me produce cierta envidia la forma liviana en la que Vitier formula su pregunta y esgrime sus respuestas. Obviamente, más allá de la esforzada prosa de Vitier, y más allá de su pálido deseo, lo cubano —como lo argentino, lo boliviano, etc.— adopta diversas formas, muchas veces antagónicas. Lo cubano –como lo argentino, lo boliviano, etc.— es un combate de tradiciones.

(Tartamudeo cubano. Potemkin ediciones, julio 2016)

Thursday, November 10, 2016

Norge Espinosa sobre Cintio Vitier

Me atrevo a sumarle un elogio que puede devenir incómodo. De los nombres de su generación, de la posibilidad literaria de quienes integran su estirpe, acaso sea él, entre todos, el autor con el que más provecho se puede debatir. Debatir: no discutir provocativamente: eso es territorio de Piñera. La lectura de “Lo cubano en la poesía” arrancará, en el lector no ingenuo, estados de ánimo capaces de extender esas páginas hasta las interrogantes que el poeta cubano aún no responde, o demora en articular bajo circunstancias diferentes a las de aquel 1957 para encontrar otro espejo. Admiradores o quejosos de su cartografía, estamos condenados a tenerlo en cuenta, así sea para rebatirle sus excesos. Eso hará de este hombre un clásico, al menos dentro del mapa que él mismo profetizó. Hoy, resulta arduo creer que "la poesía va iluminando al país". Y su poesía, al menos para mí, se demora en ofrecerme fragmentos que pueda recordar amablemente. Me excuso para no opinar sobre sus novelas: puede hallarse en la literatura cubana ejemplos más evidentes del aburrimiento que puede ser, para algunos, la biografía disfrazada de fábula trascendente. Una mano ávida hurgará en las diferencias que tuvo con sus amigos de generación (el mito de la amistad inquebrantable con Lezama tiene altas y bajas: en el último número de “Espuela de plata”, recuérdese, ya Cinthio Vitier no aparece entre "los que aconsejan"), para calibrar las humanidades que a ratos se nos esconden en el sopor de tanta espiritualidad. Y tendremos, también, que reconocerlo en el pontífice que organizó un culto lezamiano, de tal poderío que no pocos, aún hoy, creen ver y entender al Maestro a través de esos ojos.

(Vitier: Los ojos de la poesía. Blog La Primera Palabra, octubre 2009)

Monday, November 7, 2016

Jorge Pomar vs. Cintio Vitier (2)

El místico martiano, el católico, apostólico y romano Cintio Vitier no es culpable sólo por su incongruente sumisión al totalitarismo ateo de corte marxista o fascista –tanto monta– en el poder…
   Su incongruencia es más bien aparente. Voluntarista y teleológico como era, pese a la plétora de sangrientas y sacrílegas evidencias en contra desde antes del triunfo castrista, quiso empecinarse en ver en el advenimiento del Nuevo Régimen un avatar de la pàrusía cristiana.
   Burgués culto de filia nacional-católico-antiyanqui, marcado a fuego académico por la impronta revanchista y antisistema de las generaciones del 98 y el 27 en España, Cintio tenía más puntos de convergencia que de divergencia con el imaginario castrista.
   Peor aún, por su largo papel rector en el bachillerato, en buena ley cabe atribuirle al difunto el mérito de destacado ilustrador republicano de la Revolución Cubana. O sea, de deformador teórico de la belicosa juventud que echó abajo la Segunda República bajo la batuta de Fidel Castro, cuyos antecedentes gansteriles él debía de conocer al detalle…
   Desde una u otra poética o temática, el grueso de la intelectualidad de su muy catastrofista “Generación del Cinquentenario Martiano” cumplió ese mismo papel. Porque, mal que nos pese admitirlo –cambiando lo poco que haya que cambiar, desde luego– el Ché Guevara dio en el clavo con aquello de la inautenticidad revolucionaria como “pecado original” del intelectual burgués: salvo honrosas excepciones (Gastón Baquero, Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo y pocos más), se comportaron como una servil o díscola caterva de cambiacasacas y/o farsantes más o menos contumaces.
   Sobre todo Cintio, por el énfasis moralista, por esa mojigatería nacionalista invariablemente desbocada en todas sus obras. Los títulos hablan por sí sólos: “Lo cubano en la poesía” (salvo por los tópicos, una entelequia imposible de hallar en el libro), “El sol del mundo moral” (que nunca le alumbró a él el interior del cráneo)…

(Comentario publicado en la red, octubre 2009)

Friday, September 9, 2016

Emilio Ichikawa vs. “Memorias y olvidos” de Cintio Vitier

En este ambiente de prodigalidad, las memorias de Cintio Vitier sorprenden inicialmente por su escualidez. Después uno comprende que para algunas personas recordar puede ser una faena truculenta. La palabra amañada es la consecuencia natural del silencio sostenido.
   Memorias y olvidos (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006) es un folleto de apenas 47 páginas. Se estructura en 13 escenas, ilustradas con dibujos de José Luis Fariñas. La edición corre a cargo de Daniel García, que junto a Rinaldo Acosta constituye uno de los más renombrados editores de la isla.
   De entrada, Vitier adelanta el presupuesto fisiológico de este trabajo: una pérdida creciente de la memoria factual, aunque no, asegura, de la memoria poética. De esa forma, entre corazonadas y lealtades ideológicas, construye un viaje desde la infancia hasta la defensa política de los “los Cinco”, el elogio de Chávez y la sintomatología antinorteamericana. A propósito, no está de más recordar que Vitier nació alguna vez en Key West.
   La estación intermedia es su proceso de formación intelectual, poco diverso y excesivamente reverente. Más que endeudado, Vitier parece un prisionero de ciertos influjos: el catolicismo municipal, el roce con María Zambrano, el dictado de Juan Ramón Jiménez y el tutelaje de Lezama Lima. Cuenta también, por supuesto, la experiencia del castrismo: un proceso político que se le apareció como cristianizable después de trabajar varios años en la Biblioteca Nacional.
   La mala influencia que el peor “senequismo” ha tenido en el pensamiento cubano (totalmente inmune al Emerson de José Martí, al Kant de José del Perojo e incluso al Marx del Departamento de Orientación Revolucionaria), se puede constatar en ese (extendido) hábito nacional de citar, a modo de indigestos moralismos, frases “filosóficas” de Ortega, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano. Cuando en la página 5 Vitier descubre que puede escudarse en una sentencia, se deshace de inmediato de la responsabilidad de pensar y glosa acríticamente a la malagueña: “El ser se dice de muchas maneras”.
   Sin embargo, el folleto logra insinuar lo que puede ser el lado oculto (y seductor) de Vitier: su enrevesada actitud ante las razas, las clases y el sexo. Si para contextuar la sexualidad de Lezama Lima se inventó una vez el urgente calificativo de “católico heterodoxo”, para Vitier todavía tenemos pendiente la etiqueta. Una demonización de su persona puede ser negativa para el diputado, pero indudablemente enaltecedora para el poeta.
   Al vacío mitológico que esa generación consideró para la historia de Cuba, corresponde el vacío anecdótico de unas paradójicas biografías que aspiran a la santidad como programa de una pecaminosa soberbia moral. Después de referir una actitud retraída, digamos que contemplativa ante la emergencia de lo sexual en su vida, Vitier apunta: “El sexo matancero se concentraba en un grupito nocturno, en el que no faltaban los pervertidores. La cosa siguió en el habanero y chinesco Shangai, pero con música siempre mejor que en el siniestro silencio cinematográfico. Quien no haya pasado por el infierno que levante la mano. El asunto es salir de él.” Y más adelante: “Además de mi deslumbrada iniciación poética, tuve la sensación de que el mundo, con sexo y todo, se enderezaba, era vivible.” (sic).
   En otras páginas Vitier reproduce una extensa carta del poeta exiliado Gastón Baquero. Hay al menos dos propósitos visibles en esa ofrenda documental: una meditación coral acerca de la esencia de la poesía y un ansia sincera por refrendar públicamente, aún a tiempo, lo que perece haber sido una gran amistad.
   Protegida por los lemas políticos del momento, incluso al margen de los mismos, la memoria de Vitier se asoma a oscuridades que plantean la necesidad de reconsiderar esa pureza humilde que le falsea el vuelo.
   En el momento del servicio político, un poeta puede llegar a mentir sin traicionar. La traición se comete no cuando el autor enajena el verso, sino cuando lo entrega como cola o incluso como cabeza de una causa. Es decir, cuando escribe una cosa como esta: “Fina y yo, por cierto, como Eliseo y Bella, estábamos, sin conocernos aún, en el mismo teatro recibiendo las mismas lecciones. Después, leyendo las colaboraciones cubanas de Juan Ramón, aprenderíamos mucho más: que la poesía pura (en cuanto aspira a la belleza, que se identifica con la justicia) es inmanente antiimperialista”.

(Las memorias de Vitier. Blog Penúltimos Días, febrero 2007)

Thursday, August 11, 2016

Arcadio Díaz Quiñones vs. Cintio Vitier

Pero es difícil, si no imposible, entablar un diálogo abierto sobre estos problemas, si se enmarcan, como lo hace Vitier, en la crispada polarización de “amigos” y “enemigos”, “patriotas” y “traidores”, y si se acepta la premisa inquisitorial de que hay tesis “tan inaceptables como peligrosas”. ¿Cómo leer y debatir si incluso algunas citas pueden delatar imaginarias “traiciones” de un enemigo permanentemente agazapado que se infiltra hasta en los textos de un intelectual tan admirable, y tan respetuoso de la independencia crítica, como Angel Rama? ¿Podré citar alguna vez a Octavio Paz, algunas de cuyas descripciones políticas en ocasiones me parecen tan maniqueas y previsibles, pero cuya obra crítica es tan central y estimulante? ¿Será posible citar a un crítico cubano tan competente como Enrico mario Santí, o a un estudioso tan riguroso y lúcido como Roberto González Echevarría, ambos destacados intelectuales cubanos en el exilio, sin que se me ause de estar al servicio del Sr. Reagan y su política bélica? ¿A quién se puede citar sin ser “sospechoso”? No hay utopía nacionalista ni marxista, ni exilio militante, que justifique tal ejercicio autoritario.

(Cintio Vitier y “La Ciudad letrada”. Revista Contracorriente, año 1, No. 2, 1995)

Friday, February 26, 2016

Cintio Vitier vs. Virgilio Piñera

En 1942 Virgilio Piñera, en el editorial del primer número de Poeta (“Terribilia meditans...”), había escrito: “El desarrollo es como sigue: del síntoma (Verbum) se origina el sentimiento (Espuela); de éste surge el disentimiento (Clavileño, Nadie Parecía y Poeta)”. Siguiendo el juego de palabras pudiéramos añadir: Después vino el consentimiento (Orígenes) y finalmente el resentimiento (Ciclón). Éste ya estaba pronosticado, trece años atrás, en aquel editorial, donde se lee: “Sólo que en este consejo poético de familia poética la salvación vendrá por el disentimiento, por la enemistad, por las contradicciones, por la patada de elefante”, cuyos destrozos fueron a aumentar la confusión y el arribismo seudorrevolucionarios de Lunes de Revolución (1959-1961), sin negar los nuevos valores individualmente positivos que en ambas publicaciones se manifestaron. No parece verosímil que el desacuerdo de Rodríguez Feo con Lezama a propósito de un ataque de Juan Ramón Jiménez a Vicente Aleixandre y Jorge Guillén, que a su vez había atacado a Juan Ramón en Orígenes, por grave y hasta justificado que fuera aquel desacuerdo, provocara por sí solo y a dos años de distancia la tajante actitud –típica del autor de “Terribilia meditans”, programático fiscal de los que a su juicio ya desde los años cuarenta nos repetíamos y amanerábamos– que se expresara en el primer número de Ciclón con estas pintorescas palabras, sabrosas para la crónica futura: “Borramos a Orígenes de un golpe”.

(“La aventura de Orígenes”. En Fascinación de la memoria, Letras Cubanas, 1993)

Monday, February 8, 2016

Rogelio Fabio Hurtado sobre Cintio Vitier

Con la creación del Ministerio de Cultura encabezado por el Dr. Armando Hart, que vino a darle fin al desastre impuesto en el sector por el eufemísticamente llamado Quinquenio Gris, la situación de Vitier comenzó a cambiar. Le dieron un tratamiento mucho más inteligente, que incluyó viajes a Centroamérica y a Europa. Por supuesto, dejé de frecuentarlos. No obstante, siempre que coincidíamos en cualquier sitio, me saludaban cordialmente.
   En los primeros meses del año 1993, la Fundación Pablo Milanés auspició un coloquio internacional por el cincuentenario de la revista Orígenes. A modo de ensayo, se organizaron en un aula de la Escuela de Letras una vez por semana, la presentación de las conferencias preparadas por los ponentes cubanos.
   Me dispuse a no perderme ni una. Por suerte, el ciclo se impartía los jueves, día que yo no tenía azucenas para vender.
   La primera charla fue acerca del poeta Gastón Baquero, a cargo del crítico y escritor José Prats Sariol. Incluyó la audición de un recital, grabado en Madrid por el propio poeta. Fue una actividad maravillosa, solo que al final, en el conversatorio se me ocurrió pedirle a Prats que abundase acerca de la vida política del homenajeado, a quien yo había conocido primero como personero del general Batista. Pensé que si íbamos a restaurar la memoria del gran poeta, lo más justo era no quedarnos a medias. A Prats Sariol no pareció molestarle, pero Cintio se sintió obligado a intervenir, acusándome de estar saboteando aquello, al sacar a colación el pasado político de Baquero. Me defendí como pude, pero Cintio dio por terminada la actividad.
   Ese fue solo la primera escaramuza. En la jornada dedicada a Lezama Lima, a cargo de una joven profesora universitaria, volvimos a cruzar espadas, y esta vez confieso mi premeditación. La charla giraba naturalmente acerca de Paradiso. La muchacha, muy calificada para la ocasión, se adentró en los densos diálogos entre Cemí, Fronesis y Foción, citando in extenso las vivencias eróticas de ambos amigos de José Cemí.
   Ahí le pregunté a la conferencista si ella consideraba que Lezama había partido de vivencias personales para dichos pasajes. Puesta en la disyuntiva de esclarecer las preferencias sexuales del Maestro, la profesora tragó en seco, pero por supuesto, Cintio le echó mano al micrófono y, esta vez aguantando las ganas de mandarme a desalojar, me contestó escuetamente que el modelo de Fronesis era el crítico de arte Guy Pérez de Cisneros y que, para Foción, Lezama había fundido rasgos de varias otras personas. A eso, no tuve nada que agregar.
(…)
   El choque definitivo vino a provocarse el día que el propio Cintio se hizo cargo de evocar a Justo Rodríguez Santos. Aquel jueves tuve dificultades con el transporte —estábamos en plena crisis especial— y cuando pude llegar, el aula ya estaba llena. Para no interrumpir, fui a colocarme de pie al fondo del aula. Cintio, quien apenas comenzaba, advirtió mi presencia y de inmediato, me ofreció su propio asiento, en la primera fila, junto a Fina. Sorprendido y halagado por esa cortesía suya, me dispuse a ocupar el lugar. Cuando entré a lo largo de la fila, él desgraciadamente, agregó, ahora en tono descompuesto, que yo me había parado al fondo para llamar la atención, a lo que de inmediato, doblemente dolido por la falsedad de su imputación y por el desengaño respecto a su intención, le respondí también alterado, que si me había parado al fondo era precisamente para no llamar la atención. Fina se puso de pie, dispuesta a interponerse, pero enseguida yo me senté y él no echó más leña al fuego. Así, perdí yo a mi último Maestro y él a un lector que lo admiraba de todo corazón.

(De cómo perdí al último Maestro. Diario de Cuba, diciembre 2015)

Tuesday, October 27, 2015

Reinaldo Arenas vs. Eliseo Diego y Cintio Vitier

Eliseo Diego trataba de orientarme en las lecturas infantiles y Cintio Vitier me decía que tenía que cuidarme mucho de obras como las de Virgilio Piñera y otros autores por el estilo; me hacían una censura culta y delicada. En aquel momento, no aprobaban el régimen y me decían horrores de Fidel Castro y de la tiranía que había impuesto; querían abandonar el país, pero o tenían muchos hijos o no podían hacerlo. Eliseo Diego decía: “Yo, el día que tenga que escribir una oda elogiando a Fidel Castro o a esta Revolución, dejo de ser escritor”.
   Más adelante, sin embargo, tanto Cintio como Eliseo se convirtieron en voceros del régimen de Fidel Castro. Y no una, sino decenas de odas, ha escrito Eliseo en homenaje a Fidel Castro y a su Revolución. Cintio ha hecho lo mismo o tal vez cosas peores. Quizá por eso hayan dejado de ser ya escritores; pero en aquel momento eran personas sensibles que, indiscutiblemente, influyeron en mi formación literaria. Eliseo me regaló su libro En la Calzada de Jesús del Monte, el cual considero como uno de los mejores de la poesía cubana. Cintio ejercía la crítica, siempre más bien con características monjiles, pero era culto y de todos modos valía la pena hablar con él. Fina era una poeta muy superior a su esposo, pero siempre ocupaba un segundo plano con relación a él, de acuerdo con la tradición española y católica que ella representaba; era la mujer paciente, sumisa, resignada, casta; el que brillaba era Cintio, y ella prefería ser solamente la esposa obediente.

(Antes que anochezca. Tusquets, 1992)

Monday, September 21, 2015

Lorenzo García Vega vs. Cintio Vitier, Eliseo Diego, Dulce María Loynaz, Lezama Lima, Angel Gaztelu, Gastón Baquero…

A mí me parece una desvergüenza total lo que Cintio y Eliseo han escrito y dicho sobre la revolución castrista. No puedo menos que afirmar que es una desvergüenza, repito.
   Hubo una total separación entre lo que se es y lo que se quería ser. Se era un hombre ambicioso, éramos ambiciosos, como todos los hombres, deseosos de ser reconocidos en literatura. Pero como eso no se podía, se hacía lo que la zorra con las uvas: no me gustan porque no las puedo alcanzar.
   Yo creo que un poco de eso había en nosotros, tenemos que reconocerlo. Ambición teníamos. Éramos un grupo mítico, separados de la literatura. Eso es lo que le sucede a todos los literatos y no es nada nuevo. Lo especial en Orígenes es que, por las dificultades tremendas que teníamos, no podíamos alcanzar el triunfo. Luchamos mucho y realizamos una labor muy valiosa, eso fue una gran verdad. Éramos merecedores, en un medio hostil y eso fue una gran realización. Pero tuvimos la gran falla crítica de no analizarnos en muchas cosas.
   A fuer de no ser triunfadores, nos vestimos con una ética romántica de rechazo que era una mentira. Nos disfrazamos como héroes románticos que desprecian el triunfo. Me acuerdo que Cintio decía: "Gracias a Dios que vivimos en un país donde no existe la literatura". Pero cuando llegó el desbarajuste del castrismo y de verdad tuvimos que enfrentarnos a la realidad, en muchos de nosotros, algo de conquistar el triunfo literario, el héroe romántico se convirtió en una máscara un tanto ridícula.
   Se dio, pues el absurdo de que convertimos en telenovela lo que en verdad habíamos sido. Habíamos sido un grupo decente en un medio chusma y desvergonzado que hicimos una obra seria en medio del desprecio. Pero como teníamos que disfrazarnos de héroes románticos y no podíamos ver la realidad, sobrevino lo grotesco y la farsa. Como hijo de buen vecino, como humanos literatos que somos, aceptamos las prebendas que el castrismo podría traernos: Eliseo y El Caimán Barbudo.
   Pero como la mentalidad  de la época de la resistencia y ética romántica nos había hecho sentir que éramos diferentes, al pactar con Castro, con el demonio bendito, seguimos con lo que ya era un mito folletinesco: héroes católicos-románticos, videntes de cúpulas absurdas.
   Fuimos, paradójicamente, los farsantes de lo que había sido cierto. Vivimos, por segunda vez, como comedia, lo que antes pudiera haber sido tragedia. Ridiculizamos nuestros mejores méritos.
   Todo esto, repito, sostenido por un romanticismo a toda mecha: Lezama hablaba de la moral de las excepciones. ¿Qué significa eso? Significaba en su caso que se podía ser bugarrón, escribir Paradiso y sentirse inocente. Significaba que el poeta podía escribir sobre el Che Guevara y considerarse que estaba fuera de la política. Significaba que se podía elogiar a Dulce María Loynaz, esa momia que sirvió para el rejuego castrista con los negociantes españoles, y haber pensado durante los años de Orígenes que la Dulce María Loynaz era ilegible, como en efecto lo consideraban.
   La moral de las excepciones fue la moral de la irresponsabilidad. Esto podría pasar en la Cuba anterior a Castro, cuando no había historia. Pero después que el gángster entró en la historia y Cuba empezó a sonar, había que afrontar las cosas críticamente y no escribir los abominables panfletos como Ese sol del mundo moral.
   Cintio fue culpable, respondo. Lo que hizo, una desvergüenza. ¿Cómo lo juzgo? No lo juzgo. Trato de cuestionar, lo más honestamente que pueda, el pasado origenista. Es lo único que se puede hacer. Pero, desgraciadamente, no solo fue Cintio y ese asturiano cazurro que siempre fue Eliseo, sino también Lezama, con sus vacilaciones edipianas, y el cura Gaztelu, metido en una abominable entrevista con el G-2, donde no tenía por qué estar.
   Ni Gastón Baquero, el origenista que nunca fue origenista. Pero que después de un pasado político aborrecible, se prestó al merengue de la reconciliación; las dos orillas, con los ñángaras o infelices que quedan allá.

(“La tremenda mentira que hay en el mito de Orígenes”; entrevista con Enrico Mario Santí. Diario de Cuba, Jun. 2012)

Friday, September 11, 2015

Andrés Reynaldo vs. la poesía cubana y su crítica (Vitier, García Marruz…)

La crisis de la poesía cubana debe mucho, a mi juicio, a estos factores:
   1) Mediocridad del entorno crítico. Tanto en la isla como en MIami (el polo libre de la cultura cubana) la crítica es cenacular, frívola y, con frecuencia, inculta.
   2) Imposibilidad de reconocer los valores de la alta cultura. Esto viene de finales del siglo XIX. El ensayo de Jorge Mañach, casi a un siglo de distancia, sigue siendo lo más esclarecedor que se ha escrito sobre el tema.
   3) Sublimación acrítica del elemento autóctono. Obedece a una idea dieciochesca de la identidad nacional. Aquí hay mayor intención política que literaria. Un género de garibaldismo literario, aferrado a unos tópicos. Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, es la piedra de toque de ese edificio que tratamos de construir a partir del techo. Un postulado parroquial que ha limitado el vuelo de muchos poetas con talento y le ha venido de perillas a la oficialidad castrista. En la misma obra de Vitier y de su esposa, Fina García Marruz, brillan esos defectos.
   4) Incultura de los poetas, a secas. Cuando el creador carece de referencias, dominio técnico, profundidad de la mirada, en fin, conocimiento poético, no le queda más remedio que hablar de su estrecha inmediatez.
   5) Dos aclaraciones:
   a) La dictadura es culpable de perseguir a los poetas, no de su mediocridad y cobardía. En la Rusia soviética, con régimen similar, hubo unos poetas de rango universal: Brodsky, Ajmátova. Eso se debe a la resistencia de su propia tradición y, sobre todo, a la madurez de su identidad nacional. Nuestra tradición es endeble. Nuestra identidad, incompleta. Estas carencias hay que verlas como unas características muy comprensibles y no como una maldición. Los australianos tampoco tienen una tradición poética que valga la pena. Lo importante, lo saludable, está en que ellos lo saben.
   b) Cuando Alfredo [Triff] habla del yoísmo no se refiere al uso de la primera persona del singular ni a la premisa antropocéntrica. Tampoco es un ataque a la lírica. Alfredo critica la reiteración narcisista, empobrecedora y asfixiantemente autorreferencial de un yo minúsculo, trivial, reacio a la sustancia, en suma, subdesarrollado. Es la diferencia, digamos, entre Lord Byron y Víctor Casaus.

(Comentario publicado en la red, junio 2011)

Tuesday, May 26, 2015

Roberto González Echevarría despacha a Nicolás Guillén y Cintio Vitier

Noten que dejo fuera a Nicolás Guillén, cuya poesía en el período revolucionario es más bien repetitiva y trivial, para no hablar de otros como Cintio Vitier, que ni siquiera habían hecho obra digna antes y mucho menos después. Burócratas y comisarios con abultadas obras sobran: la historia los absorberá.

(Oye mi son: el canon cubano, Encuentro de la cultura cubana, No. 33, 2004)

Tuesday, February 24, 2015

Camilo Loret de Mola vs. Cintio Vitier y Fina García Marruz

Los vecinos ya saben que el Comandante viene. Esperan un rato y ven llegar sus carrozas negras. Se baja un señor envejecido, con un uniforme demasiado holgado: falta hombre. Los aduladores miran desencantados mientras otros, en la distancia, callan sus esperanzas.
   Con paso cansino entra Castro en la casa de Cintio Vitier. Viene a felicitarlo por un premio de consuelo, o por unos Cuadernos Martianos que nunca leerá. A falta de mejor escenario, para que los vecinos sean testigos de tanta bondad la puerta queda abierta.
   Fina García Marruz no deja hablar a su esposo, agradece la visita en nombre de ambos y le asegura al recién llegado cuánto se le quiere en esa casa, y cuánto están dispuestos a hacer y a dar.
   Cintio, en voz baja repite el final de cada frase de su esposa: “sí, a hacer”, “sí, a dar”.
   Se acaba la visita. El Comandante rechaza la ayuda que le brindan cuando empieza a incorporarse, ya casi lo logra, pero una frase de Fina interrumpe su lenta maniobra: “Comandante, Cintio quiere pedirle algo”. Y pide ella, señalando con el índice hacia el techo, mientras suelta unas frases quejosas: “No nos dejan concentrarnos”, “son terribles los vecinos”, “no vamos a poder seguir trabajando”.
   Cintio vuelve, como un eco: “sí, concentrarnos”, “sí, terribles”, “sí, trabajando”.
   El murmullo de los mirones impide escuchar la respuesta verdeolivo, pero las caras de felicidad de los viejitos dejan entrever que hay esperanza.
   Enseguida fuimos avisados, pero en ese afán de no esperar lo malo nos convencimos de que se llevarían a los viejitos del edificio, a una buena casa, con vista al mar y un salón de lectura.
   Por eso nos sorprendió tanto la orden de desalojo. La trajeron unos funcionarios que aseguraron cumplir con instrucciones venidas de “arriba”, pero no del Municipio. La cosa, en realidad, era de “abajo”, de la casa de aquellos dulces ancianitos de misa y rezo los domingos.
   El portero nos ayudó a mal acomodar nuestros bienes en los escalones de entrada al edificio. Yo subí a hablar con los poetas. Mi esperanza era que dos personas tan devotas, tan cultas, tan martianas, no podrían superar la imagen de dos niñas puesta de patitas en la calle. Con un poco de suerte, educación y mil disculpas, yo esperaba convencerlos para que enmendaran un daño que no habían calculado bien.
   Pero Fina, imperturbable, me aseguró que ellos nada tenían que ver con esa decisión, que eran incapaces de hacer una cosa como esa. Preferí no recordarle la puerta abierta y aquellos espectadores ocasionales que escucharon, a coro, su peor poesía. Tampoco tuve paciencia para atender al eco de Cintio o a sus gestos imitando el asombro de su esposa.

(Historia de familia, Blog Penúltimos Días, febrero 2008)

Friday, January 30, 2015

Cintio Vitier vs. Lino Novás Calvo

Su tesis de que la presente generación de poetas cubanos se define por la fuga y espanto ante la circunstancia político-social, ante eso que usted llama con un término de exacta precisión los realismos, me parece falsa y apresurada. Y no porque yo piense que semejante circunstancia carezca de sentido ni deje de merecer el más hondo desvelo de nuestra conciencia. Lo que yo pienso es que la poesía no representa nunca una reacción ante el medio social, sino ante una realidad de alma que lo abarca y lo ilumina, y que cuando los poetas en el seno de una sociedad lucen exclusivamente apartados, excéntricos o extravagantes, es la sociedad la que vive fuera de sí, fuera de su historia y de su tradición más profunda, en un tiempo de enajenación que sólo la poesía, por su voluntad de apego entrañable al substrato del alma común, puede salvar e incluso expresar.

(Citado por Carlos Espinosa en Polemiza, que algo queda. Cubaencuentro)

Monday, January 12, 2015

Jorge Pomar vs. Cintio Vitier

Le pidieron justo lo que no quería y, no sin escalofríos y nocturno crujir de dientes, optó pronto por acogerse al buen vivir al precio de una ovejuna obediencia. Y es que esa exigencia implacable Cintio necesitaba escucharla a toda costa, desesperadamente, para poder tragarse en público sin rechistar su mendrugo del "pan terrible", reminiscencia de aquel cáliz de sangre que Jesucristo lamentara tener que beber en la cruz. A saber, en materia de dogma Jehová no admite réplicas; Castro, su émulo insular, menos aún...
   Esos salvavidas líricos, esos coqueteos con la raya --al igual que ciertos hermetismos, poses de esteta o esporádicas salidas del tiesto justo hasta el borde de lo oficialmente tolerado-- sirven para legitimar la servidumbre del intelectual burgués ante una alta nomenclatura que los mima y nutre pero en el fondo sigue despreciándoles y, a modo de ultima ratio, les hace sentir su guevariano desdén a fin de meterlos en cintura cada vez que, de la mano de la vanidad y el remordimiento, les da por salirse del tiesto de la estupefaciente UNEAC o de la boqueante AECC, red de captación de desertores intelectuales vacilantes de aquélla en el exilio.

(Más sobre el oro Cintio, el de las confesiones a esposa y almohada. Blog El Abicú Liberal, octubre 2009)

Wednesday, October 1, 2014

Reinaldo Arenas vs. Cintio Vitier (2)

Una de las lecturas más indignantes y miserable que se hicieron en la UNEAC fue la efectuada por Cintio Vitier en el año 1969. Aquélla fue calificada por nosotros, los escritores clandestinos, como la conversion de Cintio Vitier. De repente, aquel hombre que durante todos aquellos años había estado criticando la Revolución y se había negado en gran medida a publicar bajo el regimen de Castro, ahora se declaraba más castrista que el propio Castro y leía largos poemas inspirados en la recogida de café y en el corte de caña. La oficialidad cubana estaba allí amparando a Cintio: Retamar, Guillén, Raúl Roa.
   Indiscutiblemente, ya Cintio sabía de qué lado soplaban los vientos politicos y quería ponerse a buen recaudo. Era la actitud típica del católico reaccionario, la actitud típica de la misma Iglesia Católica; siempre del lado de los poderosos y traicionando a los humildes.

(Antes que anochezca. Tusquets, 1992)