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Thursday, November 17, 2016

Francis Sánchez vs. Enrique Ubieta

Enrique Ubieta, quien suele dar la cara muchas veces en defensa de la poderosa Raison d'Etat, autor de algún que otro libro por encargo y director del periódico La calle del medio, en otro momento dice a la cámara que se trata de buscavidas que tantean una salida a la crisis económica muy campechanamente, como quien monta una venta de fritangas, interviniendo en internet a cambio del dinero que paga Washington. Resulta insoportablemente falaz que aquí se ilustre con una sola página de mi blog, ni aunque sea durante una fracción de un segundo, pero sucede, es lo que he visto, y el mayor horror viene ligado a la profunda impotencia. No hace falta que diga que jamás he puesto un pie en la Oficina de Intereses de EUA en La Habana, ni he ganado ni aspirado a ganar un centavo por escribir o apuntar mis ideas en una bitácora personal. Bitácora a la que llegué un día buscando mi propio respiradero como intelectual en medio de la marginación.

(Cerrado por demolición. Blog Hombre en las Nubes, marzo 2011)

Tuesday, January 26, 2016

Enrique Ubieta vs. Enrico Mario Santí y Rafael Rojas

Pero después que “terminó” el siglo y la historia en 1991, cesó momentáneamente la vergüenza de los hombres de derecha. Recuerdo que leí en 1994 un artículo de Enrico Mario Santí en Vuelta que desbancaba a la “vieja guardia” de los ideólogos de derecha, a esos señores atormentados por la mala conciencia, cansados de gritar en el desierto que José Martí estaría, de vivir hoy, en Miami. Santí, surfeando en la gran ola de la derecha finisecular, decía sin sonrojos visibles, parafraseando a Fidel: sí, Martí es el culpable de la Revolución cubana. Y concluía: eliminémoslo. En momentos como ese aparecen incluso libros como el denominado Manual del perfecto idiota latinoamericano, que acaban por proscribir la esperanza y por sugerir, entre líneas, no seas idiota, ocúpate sólo de ti mismo.
   Rafael Rojas hizo maletas y viajó más lejos: dividió el pensamiento cubano en dos bandos, el de los utópicos y antimodernos (allí estábamos nosotros) y el de los pragmáticos y modernos (allí estaba él). Pero en el primer bando incluyó a hombres como Varela, Luz y Caballero y Martí. Prescindir de ellos y de otros más recientes, era una propuesta suicida. En un libro posterior se rectifica: ay, dice, esa manía que tenemos los cubanos de dividir y oponer autores y tendencias... Y reconoce que el recontracanon de la derecha (frente al contracanon de la izquierda) suele ser totalitario y caprichoso. En sus artículos políticos, sin embargo, insiste en destruir el discurso revolucionario cubano y en reivindicar el concepto de la derecha. Un texto suyo de mayo pasado se titula precisamente así: El derecho de la derecha. 
   Ese artículo de Rojas me recordó otro  —en verdad más simple e ingenuo—  que encontré en la prensa guatemalteca. Su autor, Lionel Sisniega, identifica burdamente izquierda y comunismo. Rojas estudió filosofía marxista en la Universidad de La Habana y sabe, por supuesto, que la izquierda y la derecha son conceptos móviles, históricos. Su intención era más bien la opuesta: aceptar una izquierda no revolucionaria como alternativa, una izquierda en tránsito hacia la derecha. Por eso escribe: “La vergüenza de asumir la derecha, típica de la cultura política cubana, sin embargo, no es tan grave como el hecho de que la mayoría de nuestros izquierdistas fueron revolucionarios, es decir, autoritarios (...)”. Este hecho y la carencia de una verdadera tradición doctrinal cubana de matriz liberal o conservadora —afirmación que desprecia el desesperado esfuerzo de Montaner por inventarse una tradición liberal que le ampare—,  son las razones, afirma, de “la ausencia virtual de una oposición” en Cuba. Estoy casi de acuerdo. Frente al ideal revolucionario puede haber escepticismo, no un ideal alternativo. Pero —y aquí lo traiciona el mismo “vicio” de conciencia que critica—, La Habana ya no es la izquierda, sino la derecha y Miami, ah Miami ahora es la izquierda. Aunque perdón, el punto a tratar no es ese: Miami sigue siendo el lugar simbólico de la derecha y ese “estereotipo negativo”, dice, la convierte en la ciudad ideal para pensar una nueva derecha cubana, sin la presión de una mala conciencia.
   ¿Qué personaje intenta representar Rafael Rojas? Si Enrique José Varona, ilustre ideólogo burgués nacionalista comprendió que su proyecto político había ya fracasado en Cuba y lo reconoció con honestidad intelectual ante la juventud revolucionaria de la llamada “década crítica” (1923-1933), si Jorge Mañach, ante el espejismo de la relativamente amplia clase mediacapitalina, intentó sin éxito ser el representante intelectual de una burguesía nacional inexistente, ¿qué pretende Rafael Rojas, un intelectual que anda buscando fuera de su patria un lugar donde no lo agobie la mala conciencia de pertenecer al Tercer Mundo y de haber nacido en un país de revolucionarios y haber estudiado en la Universidad habanera de los ochenta? ¿A quién pretende representar, a la burguesía norteamericana, a los directivos de la Fundación cubano americana?, ¿quiénes serían los inversores de ese “nuevo” capitalismo “cubano”? No es casual que nos inste con frecuencia a adoptar un “nacionalismo suave”, pero ese sería tema para otro artículo. El fantasma de la izquierda, en un mundo salvajemente injusto, sigue atormentando a Rojas y a los buenos señores de la derecha.

(El fantasma de la izquierda. La Jiribilla, julio 2001)

Thursday, November 5, 2015

Heriberto Hernández Medina vs. Enrique Ubieta

Al perpetrar su más reciente canallada, Zapata: ¿un muerto útil?, por escrito y con alevoso desconocimiento de todo signo de humana decencia, Enrique Ubieta Gómez, sobrepasa la línea de no regreso. “La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana, es proporcional a su falta de escrúpulos”, se apura a escribir este cipayo, y supongo que llama “la contrarrevolución cubana” a todos los que no reconocemos obediencia o autoridad a sus amos.
   Yo, uno de ellos, entre los muchos que decidimos vivir fuera de su feudo y que no necesitamos mártires para sustentar nuestra palabra o nuestras acciones, podría recordarle la larga lista de muertos que son el único patrimonio de la dictadura. Pero cuando un hombre decide convertirse en el “limpia peceras” de un dictador, en la miserable servilleta de las babas del poder, desciende en la escala evolutiva al sitio en que los carroñeros limpian el terreno donde la fiera ha devorado a su víctima, de los despojos que excedieron su hambre. ¿Cómo hablarle a una hiena? ¿Qué discutir con un buitre?
   Cuando alguien decide mentir y la víctima de sus calumnias es un muerto, un hombre que ha escogido morir antes que ser vejado y humillado, está inaugurando en su pecho una catedral para la sumisión y a ella ha de rendirle culto el resto de su vida. El esclavo que hay en él nunca más levantará la cabeza.

(Enrique Ubieta, un vivo "inútil". Blog La Primera Palabra, febrero 2010)

Thursday, September 24, 2015

Enrique Ubieta vs. Orlando Luis Pardo Lazo

Pero entre la presentación de Gaarder y el acto dedicado a Marré ocurriría el Gran Acto del Día en la explanada de acceso a La Cabaña y, claro, se impuso mi curiosidad por verlo. Tengo que confesar que me distraje un rato, no tanto por la rumba que bailaba una comparsa de niños y jóvenes en la calle, después del parqueo, como por las decenas de niños que empinaban sus papalotes. Tuve que apurarme para llegar antes de que el perfomance finalizara. Un individuo que hablaba y gesticulaba como Napoléon, declaraba su inconformidad porque el libro suyo –aprobado por alguna editorial cubana--, no hubiese sido incluido en el presupuesto del pasado año y lo distribuía en CD. Uno pudiera suponer que ese tipo de acción no recabaría la atención de los grandes medios. Equivocación total. Más importante que Jostein Gaarder, que Santiago Alba, que Luis Marré o que Silvio Rodríguez (y que otros muchos excelentes autores, cubanos y extranjeros), resultó ser para algunos medios ese breve perfomance que presenciaron doce socios y algunos transeúntes curiosos como yo.
   Otra feria, pero circense. Supongo que si un medio tiene dueño y ese dueño quiere mostrar otra feria –aunque sea circense--, y no la Feria, pues el infortunado periodista en lugar de entrar al recinto ferial y disfrutar de sus opciones culturales, tendrá que esperar en una explanada hasta que llegue un escritor despechado de estilo napoleónico a declarar su inconformidad. No es, desde luego, cualquier inconformidad: en el único país del continente donde una Feria del Libro es un acontecimiento cultural masivo, que recorre cada año sus principales ciudades, una inconformidad, una sola, expuesta ante las cámaras de la CNN, o en las páginas de El País (el artífice de la desconocida bloguera) libera a los desdichados periodistas de tener que explicar algunas verdades incómodas. Viéndolos, recordé que varios amigos míos tienen libros pendientes de publicación, y que –poco imaginativos al fin--, no supieron aprovechar la ocasión; porque si usted quiere que el mundo entero lo conozca como escritor no publique sus libros, tenga paciencia, espere hasta la próxima Feria y convoque a la CNN (hágale previamente saber que hablará mal del Gobierno revolucionario). Tendrá éxito. Será un éxito efímero, fugaz, pero tendrá sus cuatro minutos de fama. ¿Para qué están esos medios extranjeros si no es para remodelar la realidad cubana y adaptarla a la noción que de ella tienen sus dueños?

(La Feria y la feria. Blog Cambios en Cuba, febrero 2009)

Friday, January 9, 2015

Rafael Rojas vs. Eliades Acosta Matos y Enrique Ubieta

El mecanismo político de esos actos de repudio es el mismo que el de los famosos pogromos del antisemitismo europeo, estudiados por el gran historiador ruso-francés León Poliakov. Una élite ideologizada induce a un grupo de fanáticos a insultar al enemigo público, a cubrirlo de ofensas y calumnias, hasta propiciar un ambiente de odio colectivo que muy fácilmente puede desembocar en la agresión física. Los ponentes de la mesa de Letras Libres (Roger Bartra, Christopher Domínguez Michael, Julio Trujillo, Rafael Rojas y José Manuel Prieto), el domingo 1 de diciembre de 2002, en Guadalajara, entre consigna y consigna, fuimos injuriados por una docena de oradores que arrebató los micrófonos, nos dio la espalda, y nos acusó de ser "cómplices del genocidio" ante la multitud enardecida.
   Un pogromo es inconcebible sin el elemento de espontaneidad que aporta la masa enfurecida. En el caso de este "acto de repudio", dicho elemento fue asegurado por los jóvenes miembros de la oclae (Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes), entre los que había no pocos cubanos entrenados en el arte de la oratoria castrista. El liderazgo intelectual y político de la operación, sin embargo, siempre estuvo en manos de un grupo de "periodistas" y funcionarios de la isla, quienes ofrecieron a su público los principales mensajes para el escarnio. Incluso los momentos más cercanos al debate de ideas, en las intervenciones del director de la Biblioteca Nacional de Cuba, Eliades Acosta Matos, y del director de la Cinemateca de la isla, Enrique Ubieta Gómez, estuvieron salpicados de múltiples ofensas personales. Como en todo pogromo, lo importante no era la divergencia ideológica, sino el odio al otro.
   Seguramente, el gobierno cubano había planeado confrontar la presentación del número 25 de Encuentro de la Cultura Cubana, prevista para el 5 de diciembre. La reacción adversa de la opinión pública mexicana, la carta de 28 reconocidos intelectuales —entre los que se encontraban Mario Vargas Llosa, Fernando Savater, Adam Michnik, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis— solicitando garantías de seguridad para la presentación de Encuentro, y las rápidas medidas que en ese sentido tomaron la presidencia y la dirección de la fil, impidieron que se produjera otro acto de repudio. En todo caso, el ataque a Letras Libres, por su violencia verbal, no fue un episodio "insignificante", como luego declararon las autoridades de la isla.

(Las lecciones de Guadalajara. Letras Libres, enero 2013)

Thursday, November 13, 2014

Enrique Ubieta vs. Rafael Rojas (2)

Porque ser crítico, para Rojas, significa -él lo ha dicho, con ínfulas academicistas–, oponerse al discurso de legitimación del socialismo (que el lector no se confunda con el uso de palabras como “régimen” o “gobierno”). Un esfuerzo que conlleva aparejado otro de intención contraria: construir un discurso de legitimación para una posible neocolonia. Porque no se puede concebir en términos “modernos” -él lo sabe, y por eso vende de contrabando conceptos como “nacionalismo suave” o “autonomismo”–, un capitalismo diferente para una isla pobre situada a noventa millas del imperialismo hegemónico. Toda su obra es la construcción oficiosa, para no decir oficial, de un contradiscurso neocolonial plagado de oposiciones maniqueas, que persigue el debilitamiento de todas las resistencias teóricas e históricas que se oponen a ese proyecto. Bien, aceptemos que el discurso que legitima a la Revolución fortalece al Gobierno revolucionario; ¿a quién fortalece el discurso que legitima a la Contrarrevolución, sino a las trasnacionales que fueron nacionalizadas en 1959 y al imperialismo que las representa? El calificativo de “oficial” o de “oficialista” -más que como concepto académico, en sus textos funciona como estigma–, es muy inexacto, pero en cualquier caso habría que preguntar nuevamente, ¿con respecto a qué? Aceptar como discurso “crítico” aquel que defiende la doctrina neoliberal y neoconservadora (con Bush o sin él), es como aceptar como discurso contracultural la defensa de la Coca Cola y del “star system” de Hollywood. En el capitalismo, ¿ese no es un discurso “oficialista”?
   Nada de posturas ingenuas. Rojas sabe que la historia legitima o deslegitima cualquier doctrina política. Su obra es un ejemplo de sostenido esfuerzo legitimador del capitalismo. Por eso escamotea la verdadera contradicción, la que existe entre intelectuales revolucionarios e intelectuales contrarrevolucionarios. Y disfraza la intencionalidad política de sus textos bajo el dudoso manto de una “objetividad” o de un “cientificismo” en el que no cree. Para confundir y dividir, incluye en su catálogo a escritores revolucionarios que hablan de las hormigas o que aportan elementos que enriquecen la visión de una época (lo cual en ambos casos está bien), junto a otros francamente contrarrevolucionarios que intentan desmontar los argumentos históricos de la Revolución. No le interesa ni la verdad, ni la pluralidad: quiere arrinconar o desaparecer al Che Guevara, y sustituirlo por Márquez Sterling; a la “racionalidad utópica (revolucionaria) y premoderna” que incluye según su definición a Luz, Varela, Martí y Fidel, para sustituirla por “la racionalidad utilitaria (contrarrevolucionaria), moderna”, que empieza, también según su visión, por Arango y Parreño y termina en Montaner. Habla de “parcialidad” revolucionaria, para entronizar una parcialidad contrarrevolucionaria. Los intelectuales que defendemos la Revolución somos críticos por definición: críticos, en primer lugar, del sistema que impera hoy en el mundo y que ha llevado a la Humanidad a una crisis sin precedentes; críticos, en segundo lugar, de las imperfecciones de nuestra realidad, la única perfectible en ese mundo que previamente criticamos. Somos “oficialistas” de la contracultura revolucionaria en un mundo plagado de oficialistas de la cultura del poder trasnacional. No nos avergonzamos de ello. Pero debemos situar cada término en su lugar.

(Críticos y revolucionarios, Blog Cambios en Cuba, 2009)

Thursday, October 9, 2014

Camilo Venegas vs. Enrique Ubieta

Enrique Ubieta defiende sin capa y con espada a una dictadura que ha sumido a Cuba en la miseria económica y moral, convirtiendo a la nación cubana en una paupérrima isla a la deriva y sin futuro. Yo, quiero un país plural, con todos y para el bien de todos, donde cada cubano tenga derecho a decir lo que piensa y a participar en el futuro de su patria con entera libertad.
   Enrique Ubieta presume que “en Cuba existe una Revolución, porque existe un pueblo revolucionario”. Yo, creo que la revolución (así, con minúsculas) no se atreve a preguntarle a los cubanos qué piensan de ella y por eso ha preferido mantenerlos en el oprobio sumidos. Ubieta habla en nombre de un pueblo sin otro sustento que no sea el de una infame maquinaria propagandística.

(Mañana mismo, Ubieta. Blog El Fogonero, noviembre 2009)

Friday, September 26, 2014

Víctor Fowler vs. Enrique Ubieta

Mi diferencia contigo aquí es cultural, política, de doctrina. Si para algo nos tiene que servir la dialéctica, de la que presumimos quienes nos educamos en el marxismo, es para entender la pertenencia en términos de entrada y salida. No para sancionar cualquier otredad mediante el recurso salvador de la moral. Si el fin del socialismo histórico fue una debacle, también generó un inmenso espacio de meditación, de posiciones constructivas sobre la Nación y el sujeto, sobre los destinos, que el intelectual debe respetar puesto que son pensamiento hecho de sangre. Para nosotros, que permanecemos en Cuba, ha sido la oportunidad maravillosa de –sin el peso agobiante del marxismo- poder al fin pensar el marxismo; dado que el marxismo fue nuestra mundivisión y la Revolución la única forma concreta de estado que conocimos, toca ahora razonarlas, revelar su verdadera esencia, superarlas quizás. Esto último, la mayor dignidad a la que debe aspirar el pensamiento -poder decir siempre “no”- es algo que debemos preservar, defender a cualquier precio a nombre del hombre. Por ello, para mí, repito, la dialéctica de entrada-salida, posterior discusión-reingreso o no, es un principio innegociable. Ello sin contar que esas posiciones “otras” no son concebibles más que como el mismo inmenso abanico de posturas subjetivas que hacen a las personas permanecer, negociar, intercambiar su aceptación de la Revolución, el socialismo y el marxismo. Si bien existe una distinción geográfica radical cuando se toma el estar o no en Cuba como rasero, la situación cambia (se humaniza) cuando se le analiza desde lo que ambos grandes grupos aceptan o rechazan de los espacios en los que han decidido o podido insertarse. Por ello me parecen simples, y sí una manipulación (en el nivel de la teoría), las oposiciones que planteas según las cuales quienes van a vivir a otra geografía se convierten en extranjeros física o espiritualmente, así como aquella otra según la cual ellos “buscan” otra vida mientras los que permanecen adentro “se la juegan”. Creo que ambos buscan y se la juegan. No es un problema intelectual, sino de decenas de miles de historias de cubanos lavando platos, pasando frío, con dos o tres trabajos, tratando de insertarse en otras culturas y espacios sociales.

(Carta de Víctor Fowler a Enrique Ubieta, visto en La Habana Elegante, segunda época)

Friday, August 22, 2014

Enrique Ubieta vs. Rafael Rojas

En un reciente artículo político, Rafael Rojas vuelve a emplear una oposición –es adicto a las oposiciones-, que oscurece y desvirtúa su mensaje, aún antes de entrar propiamente en materia: historiadores críticos versus historiadores oficiales. ¿Qué es ser oficial? Para Rojas, por supuesto, compartir una concepción revolucionaria del mundo, absolutamente en desventaja con respecto a la que sustentan los grandes medios de construcción del pensamiento global. El cartelito de oficial y de no oficial se endilga según la relación de apoyo o de enfrentamiento que se asuma frente a un gobierno alternativo que pelea solo (o casi solo) en un mundo totalitario. Se acusa a un escritor cubano de recibir un salario por trabajar en una institución del estado revolucionario de su país, y se pasa por alto que un escritor reciba un salario de una trasnacional, cuyas ganancias triplican la de ese pequeño estado o incluso, a veces, de un estado imperialista que ha sido –como puede leerse en libros de historia escritos por autores liberales como Emilio Roig o Ramiro Guerra y publicados mucho antes de que triunfara la Revolución-,enemigo histórico de su país. El poder de un pequeño estado que pelea a contracorriente es poder, mientras que el Poder de las grandes trasnacionales esté o no representando a estados nacionales, no es poder.
   Quisiera detenerme en un tópico bastante manido: el nacionalismo cubano. Contrario a los esquemas con los que Rojas suele resolver cuestiones prácticas que se le tornan insolubles, Cuba es el país menos nacionalista del hemisferio. Si revisamos la obra de José Martí, veremos que el término de nación aparece poco, y en usos puntuales. Martí hablaba de Patria y añadía, que “es Humanidad”. Su periódico no se llamó La Nación, sino Patria. Y su Partido no fue Nacionalista, ni Independentista, sino Revolucionario, para libertar a Cuba y a Puerto Rico, e impedir que el Imperialismo de marras, “cayera con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”. El máximo Jefe del ejército independentista cubano fue, como todos saben, un dominicano, Máximo Gómez. Y uno de los comandantes guerrilleros más venerados, argentino. No tengo que decir su nombre. Según leyes mexicanas vigentes hasta hace poco, si uno de los padres de un mexicano era extranjero, éste no podía ocupar la Presidencia del país. Una ley que hubiese inhabilitado a José Martí y a Fidel Castro. Ningún cubano piensa que Alejo Carpentier era extranjero, a pesar de que su madre era rusa y su padre francés; ni que Fernando Ortiz era menorquín porque su padre lo fuera y él aprendiera primero esa lengua antes que el castellano.
   Si arremete contra el supuesto nacionalismo cubano no es porque defienda una concepción internacionalista. Rafael Rojas habla, lamentablemente, desde el mirador de los poderosos. A pesar del humo academicista es un portavoz del Poder Global. ¿Eso no es ser oficialista?

(Retóricas oficialistas. La Jiribilla, No. 410, 2009)

Friday, August 8, 2014

Enrique Ubieta vs. “Antes que anochezca”, de Reinaldo Arenas

La indiferencia engendra el desafío reparador; el escándalo como reafirmación, desata el desajuste incontrolable de su vida; la soledad y la incomprensión, cada vez mayores, insalvables, refuerzan el odio. Un odio que desfigura la realidad y que acaba por hacerla inintelegible. Antes que anochezca es un libro escrito desde el odio. El lector no hallará un análisis crítico, una sucesión lógica de argumentos; su prosa, descuidada, rara vez alcanza tonos líricos o verdaderamente dramáticos, al punto de que algunos pasajes parecen apócrifos. Es por demás un libro dictado, que otros transcribieron y editaron. Como en los dibujos animados, encontrará una atolondrada sucesión de hechos y sentimientos sin jerarquizar, que casi siempre pierden la verosimilitud en las líneas finales. Son esas líneas las que desnudan el alma del autor.

(Arenas y la noche: Notas sobre un libro de memorias. La Jiribilla, abril 2001)

Thursday, June 19, 2014

Enrique Ubieta vs. Camilo Venegas

Camilo Venegas ¿quiere debatir o quiere ganarme la pelea con ofensas, que son una forma primaria de violencia? ¿Quiere develar la “verdad” o quiere tomar el poder? En algún momento de su vida cumplió sin percatarse su sueño: es el fogonero de un tren que ya marcha muy lejos, tan lejos, que él apenas recuerda la vieja estación del pueblo. Y entre los anuncios efectistas de la “gran” prensa y sus exacerbados deseos, olvida que en Cuba existe una Revolución, porque existe un pueblo revolucionario (y viceversa).

(El fogonero envía una postal didáctica. Blog La Isla Desconocida, noviembre 2009)