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Wednesday, December 31, 2014

C. A. Aguilera sobre Orígenes y Lezama Lima

Para nosotros la mayor diferencia con Orígenes era conceptual e histórica. Ya que no entendíamos la literatura como la expresión de una nación o una genealogía político-social determinada. Además de que todas aquellas tesis de "lo cubano" ―forjadas sobre todo por Cintio Vitier― o de la Isla como un espacio privilegiado, tal y como creía Lezama, donde el gran fuego que vio desde su barco Colón constituiría un numen eterno y secreto, no solo nos parecían ridículas, sino retrógradas, y para mí especialmente delirantes.
   Ahora, no se puede negar que sobre todo Lezama, con todas sus cursilerías y delirios construyó una gran obra, y lo que es mejor, ese delirio le dio pie para conformar una de las cosas más grandes que ha creado cualquier autor en cualquier parte, su Sistema Poético. Un "coso" absurdo y esquizo, un monstruo, pero por eso mismo una maravilla, algo que ha dejado chiquitico todo, hasta a su propia poesía.

(“Un estilo es una manera de ser exacto”, entrevista, Diario de Cuba, febrero 2013)

Tuesday, October 28, 2014

C. A. Aguilera y Pedro Marqués de Armas sobre literatura cubana

Lo que resulta una fatalidad en la literatura cubana es su predestinación geográfica, su recortería insular. No haber podido nunca ser otra cosa que una minúscula y lejana colonia. No haber podido nunca ser otra cosa que una república enferma. Y como «solución final», para colmo, algo así como un shoah de pantomima, no cumplir algo que en principio la revolución mostró como definitivo: la apoteosis de los humildes. No poder cumplir nunca aquello que nunca iba a ser cumplido.

(La Zorra y el Erizo, Encuentro de la cultura cubana, Nos. 28/29, 2003)

Friday, May 30, 2014

C. A. Aguilera sobre “Teatro Completo” de Virgilio Piñera, Letras Cubanas 2002

Otra de las «virtudes» de esta edición es que deja fuera la primera obra de Piñera: Clamor en el penal (con un título que parece sacado de alguna película de Juan Orol) y En esa helada zona, escrita después de Electra Garrigó; textos que hubieran servido para entrever los caminos que la-oscura-cabeza-negadora, como le gustaba decir a Lezama, intentaba antes de piezas como Jesús, El flaco y el gordo y El no...
   Tampoco se incorpora lo que el mismo Rine Leal, antologador y compilador de esta selección, llamó hace más de una década Teatro inconcluso, libro que trajo a flote una serie de mentalidades que, sin duda, ayudaron a pensar el espacio Virgilio (espacio que se ha ido rellenando con el tiempo) y aportaron bocetos tan atendibles como ¿Un pico, o una pala? o Las siameses, para sólo citar las más delirantes.
   Por cierto, a través de la introducción nos enteramos que los años de muerte-en-vida para Piñera, aproximadamente del 70 al 79, fecha en que murió biológicamente, y en los que fue reducido al más perverso de los anonimatos —no se le permitió publicar, ni viajar y, para colmo, la ley 1249 castigaba con nueve años «la ostentación pública de homosexualidad»—, fueron años pastorales. Virgilio, como buen viejito, «se negaba a la jubilación», escribe Leal, y repartía su tiempo —parece decir— entre amigos, traducciones de libros y partidas de canasta. Algo casi idílico si la realidad, por desgracia, no hubiera funcionado como una aplanadora.
   ¿Es posible, entonces, un Teatro Completo tan incompleto? ¿Una broma, más allá de la posibilidad de volver a leer a Piñera, tan perversamente colosal?
   No, y, evidentemente, sólo en un país con tan alta concentración de poder, me gustaría pensar también, de culpa, donde todo tiene que funcionar dentro de una fuerza despótica, esa esencia de ferretería tan propia al imaginario de Virgilio tiene que limitarse a las pequeñas censuras, a los escamoteos policíacos. Asumirlo completo sería imposible. Hay demasiada ficción contra-Estado, desparpajo e intrascendencia en su obra. Demasiada parte falsa. Y ya sabemos que los regímenes «serios» no se pueden permitir ciertas cosas. De lo contrario, la literatura, más que panfleto, sería, en algunos lugares, sólo literatura.

(La Parte Falsa, Encuentro de la cultura cubana, No. 36, 2005)

Monday, November 18, 2013

Antonio José Ponte vs. “Das Kapital”, de C. A. Aguilera

Quienes desconozcan en otras literaturas ejemplos tan o más raros que los que C. A. Aguilera alcanza a mostrarnos, deben sentirse aterrados frente a un libro como éste. Es para esos lectores, para ese terror, que el libro se publica. A ellos les está dedicado.
   Recorrer los primeros poemas de su autor, leer su primer libro y asistir ahora a la aparición de Das Kapital ayudará a comprender por qué C. A Aguilera resulta ser, como él mismo supone y suponen sus comentaristas, un límite de la literatura cubana. Con él comienza a desaparecer (todo límite lleva un busto del dios Término) la poesía y empiezan para el lector las tierras bárbaras del desinterés y del aburrimiento.

(C.A. Aguilera en los límites, La Gaceta de Cuba)