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Monday, November 2, 2020

Juan Abreu vs. Reinaldo García Ramos, Ana María Simo, René Cifuentes

He rechazado algunas entrevistas recientemente, sabía que tendría que hablar de Mariel (revista, generación, etcétera) y el tema me aburre, me tiene harto. No pensaba volver a tratar el asunto. Pero. Leo una entrevista con García Ramos. Y hay que puntualizar algunas cosas. Marcia Morgado fue fundamental para la revista Mariel, por su experiencia como editora y por su capacidad de trabajo. La revista se hacía en la sala de su casa. Ayudó en la distribución, dice García Ramos, sí, en eso también. Ana María Simó, santocielo. Por lo que recuerdo la señora o señorita Simó era una lesbiana grave, engolada, a la que apenas se le entendía nada de lo que hablaba. No digamos ya de lo que escribía. Era compinche (o algo por el estilo) de García Ramos, y ese fue el único motivo por el que tuvo algo que ver, muy poco, con la revista. ¿René Cifuentes? Cifuentes era la loquita bonita del momento, nada más. García Ramos quería llevarse la revista a NY para hacer galones de intelectual, ya que hasta su salida de Cuba lo único que había sido era un burócrata de la dictadura. García Ramos despreciaba Miami e iba de marquesa intelectual newyorkina en esa época. Esa fue más o menos la cuestión. Marcia se enfadó, como era lógico, yo más bien me sentí aliviado. A fin de cuentas, el trabajo lo hacíamos nosotros, en Miami, Luis de la Paz ayudaba, Carlos Victoria a veces aparecía. Marcia no fue el detonante del fin de la revista, el detonante fue que en NY ya nadie quería trabajar en la revista. Se habían dado cuenta de que el juguetito daba mucho trabajo. Y en cuanto a Reinaldo, durante el proceso, hizo de veleta y de intrigante, cosa que disfrutaba, y al final se cansó de hacerlo todo él solo. Y, por último, no olvidemos que el “amparo” de Florencio García Cisneros, era pagado. Reinaldo le pagaba los números de su revistica cuando publicaba textos de marielitos. En fin, lo mejor es que García Ramos no revuelva más esa mierda. Dice García Ramos que su memoria funciona como un mecanismo de defensa. Será porque lo necesita.

(Blog Emanaciones, junio 2020)

Thursday, September 10, 2020

Reinaldo García Ramos vs. Nancy Morejón

Hubo un momento en que ella me enfocó los cañones, cuando aparece en mi vida otro personaje que es Delfín Prats. Yo me quedé deslumbrado con Delfín, que es una persona de un talento extraordinario. Iba todos los días a mi casa y me recitaba poemas en ruso. Yo recuerdo que un día en Coppelia se dijo algo… Es que Nancy siempre ha sido una lesbiana en el clóset y en aquel momento más todavía. Ella estaba con una chica que se llamaba Carmen Gonce. Delfín, ese día en la mesa en Coppelia, habló de la relación de ellas y eso llegó a oídos de Nancy; entonces se peleó conmigo. Cosa absurda.

(La memoria es un mecanismo de defensa…, entrevista con Abel Sierra Madero, Hypermedia Magazine, junio 2020)

Thursday, August 6, 2020

Reinaldo García Ramos sobre la revista Mariel

Mira, yo creo que todas las revistas literarias tienen sus ciclos. Hasta los surrealistas se fajaron, que eran tan divinos y tan exquisitos. Problemas de personalidad, de división, malentendidos. Hubo confluencias hasta cierto punto, y después cada cual empezó a pensar distinto. Esto es anécdota y no sé si deba trascender, pero a lo mejor me muero esta noche y nadie sabe.

   Después del número 7, que estaba dedicado a la poesía, se estaba preparando un número dedicado a la mujer, y yo propongo que se le encargue a Ana María Simo, una persona a la que yo admiraba, de gran nivel intelectual, lesbiana. Y Juan Abreu en ese momento estaba viviendo con Marcia Morgado, que es un personaje un poco problemático, porque tenía una personalidad muy confrontacional, volvemos a lo mismo. Ella se sintió desplazada porque nos había ayudado mucho con la promoción de la revista.

   Yo creo que ese fue el detonante, porque empezó a dividir el cuerpo de los editores. Y Reinaldo que también era muy problemático, tenía sus cosas. Estoy escribiendo algo sobre Reinaldo por primera vez en mi vida. Reinaldo era una persona que se divertía con las cosas. Era una gente honesta con una identidad literaria y política muy fuerte, pero él se divertía con la vida, no tomaba las cosas demasiado en serio. Ni siquiera su enfermedad yo creo que la cogió muy en serio, aunque escribió ese libro de sus memorias. Que tampoco es un libro objetivo, como podrás imaginar, y hay también mucha fabulación.

   Reinaldo tenía una imaginación fabulosa, te sentabas a hablar con Reinaldo y te cagabas de la risa. Entonces Reinaldo vio todo aquello y empezó a intrigar todavía más. En el 85, que es cuando pasa todo esto, yo era periodista de Associated Press, era editor latinoamericano de Associated Press, entonces yo dije: si esto va a seguir a mí no me interesa. Otra cosa, yo quería tiempo para publicar mis libros. Las publicaciones se convierten en Frankenstein que terminan devorándote. Había un dilema: o hacía la revista o escribía mi obra. El mismo Reinaldo llegó a esa conclusión. Entonces se acordó hacer el número de Martí y cerrarla. Yo creo que estuvo bien, porque la revista cumplió un objetivo.

(La memoria es un mecanismo de defensa…, entrevista con Abel Sierra Madero, Hypermedia Magazine, junio 2020)

Friday, July 24, 2015

Reinaldo Arenas vs. Antonio Benítez Rojo y Reinaldo García Ramos

La actitud de Ismael fue completamente contraria a la de casi todos los escritores de la UNEAC y la de mis amigos anteriores. La gente de la UNEAC fue especialmente miserable; todos me negaron el saludo. De pronto, yo me convertí en una persona invisible. Antonio Benítez Rojo, que era oficial de la Casa de las Américas, dejó de saludarme; no me veía cuando yo pasaba; así sucedió con casi todos. Y otros, tal vez por simple cobardía, se olvidaron de mi presencia, aunque habíamos compartido una larga amistad, como fue el caso de Reinaldo Gómez Ramos. Reinaldo se acercó a mí para decirme que había unos manuscritos míos que estaban en su casa y que él no los podía guardar más; que tenía que destruirlos o entregármelos. Yo le di cita en la esquina de su casa para recoger los manuscritos, aunque ya no confiaba en nadie y pensaba que podía ser un informante de la seguridad del estado. Reinaldo se me acercó absolutamente aterrorizado y me los entregó; yo los tomé y los tiré por el tragante del desagüe del alcantarillado. Era lo mejor que podía hacer en un caso como aquél, porque en caso de que fuera informante, ya no podía delatarme pues no existía ninguna prueba. Pero aun cuando no hubiese sido informante, como persona dada al chisme, le hubiese podido comunicar a sus amigos, al mismo Coco Salá, que me había devuelto aquellos manuscritos; esto hubiera sido terrible para mí. Era lamentable la actitud de muchos de aquellos amigos en los que yo había depositado mi confianza y ahora, en un momento en el que no tenía ni donde vivir, no podían siquiera guardarme aquellos manuscritos.

(Antes que anochezca, Tusquets, 1992)