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Thursday, November 19, 2020

Manuel Sosa sobre la Generación del 80

Lo más prudente era concentrarlo todo en la arrancada. Saber mover la primera pieza, luego de un período formativo o de incubación que no desdeñaba lo verboso, algo de ilustración y mucho de fagocitosis. Sería difícil superar el estreno, pero ya estaba el nombre inscrito y no importaba alargar esa fama provinciana, reciclar el repertorio, acomodarse en cualquier antología. Nadie imaginaba entonces el peso que iba a adquirir la Circunstancia, ni el castigo o provecho que de ella emanaría. Ni que su descripción final iba a ser resumida en cuatro palabras: conformidad, oportunismo, destierro, suicidio.

(Método ochentista, publicado en la red, diciembre 2019)

Friday, June 29, 2018

Manuel Sosa y sus 99 estigmas de la literatura cubana (selección: del 10 al 1)

10=La degeneración de la décima como género independiente, y su subproducto: los decimistas. “Hay una mano caníbal/desaletrando mi halago/(Ciudad de papel -Cartago/rota otra vez) pobre Aníbal/Hay una mano caníbal/y autófaga -Qué Escipión/en paños menores -¿Son/torpes ecos del rey Prusias/de Bitinia? Qué de argucias/Dido –qué desolación”.

9=La agenda teleológica insular de Cynthio Citier a partir de Lo cubano en la poesía,  desterrando a la Avellaneda por su peninsularidad, y a Virgilio Piñera por exceso de antillanismo: “Trópico de inocencia pervertida, huit clos insular radicalmente agnóstico, tierra sin infierno ni paraíso, en el sitio de la cultura se entronizan los rituales mágicos, y en lugar del conocimiento, el acto sexual. Pero ni siquiera los valores de la carnalidad sobreviven, porque los copuladores son imágenes vacías, contornos de sombras. Retórica, pulpa, abundancia podrida, lepra del ser, caos sin virginidad, espantosa existencia sin esencia.”

8=La Guerra de los E-mails de 2007, que sirvió para demostrar que toda la represión cultural de las décadas anteriores provino únicamente de dos funcionarios.

7=El berrinche de José Rodríguez Feo con Lezama Lima y el fin de su financiamiento de Orígenes.

6=La publicación del panfleto Nuestra América, por José Martí, cúmulo de histeria verbal: “trincheras de ideas”, “los árboles se han de poner en fila”, “el gigante de las siete leguas”, “la hora del recuento, y de la marcha unida”, “sietemesinos”, “el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera”, “esos insectos dañinos”, “danzando y relamiéndose”, “vino de plátano”; y que remata con la imagen del Gran Semí, sentado en el lomo del cóndor regando la semilla de la América nueva.

5=Los dos siglos sin literatura (XVII, XVIII) antes de que alguien escribiese una oda a la piña.

4=El Coloquialismo, el Conversacionalismo, o lo que fuera: “Mujer,/tú no eres el comunismo,/pero te le pareces”.

3=El Caso Padilla, y la retractación pública del poeta: “Y yo inauguré –y esto es una triste prioridad–, yo inauguré el resentimiento, la amargura, el pesimismo, elementos todos que no son más que sinónimos de contrarrevolución en literatura…”

2=El ostracismo y la muerte oficial (“cerco de silencio”) de José Lezama Lima y Virgilio Piñera.

1=La Preceptiva ideológica, dictada por el Primer Ministro, en 1961: “Creo que esto es bien claro. ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución ningún derecho. (APLAUSOS)”

(Retrato de crítico con espejo roto. Editorial Hypermedia, 2018)

Wednesday, September 28, 2016

Manuel Sosa sobre el realismo socialista y el realismo sucio

Curiosamente, ese orden fue idealizado en la literatura por escritores sospechosos de herejía, o en pleno ostracismo. Unos pocas novelas y relatos se encargaron de trasladar el cuerpo engarrotado del obrero eslavo a su réplica antillana, para creerlo vivo y lleno de contradicciones. Pero más que la prosa, fue en la poesía donde se detallaron sus proezas y querellas con mejores efluvios, y nadie hubo de extrañarse de que al verso regresaran los martillos y surcos, los bueyes y las cosechas. Los mártires bajaron de sus marcos y se sentaron a la mesa rústica, a degustar el fortificante gofio de la mañana y las variedades enlatadas de Bulgarkonserv por las tardes. Curiosamente también, a tres décadas de su eclosión, los pocos escritores cuyo perfil y comportamiento les hicieron acreedores de la confianza partidista siguen esperando una mirada restrospectiva. Y es que aún no han sido reeditados por esa industria de la nostalgia que sí se detiene a exonerar la obra de quienes obtuvieron, no demasiado tarde en sus vidas, el perdón oficial. ¡Con qué fruición se pronuncian hoy esos nombres, Zhdánov, Pavón, Serguera, cuya culpabilidad atenúa la de sus amos invisibles, los que aseguran haber estado entonces mirando para otra parte!
   Esa literatura, que se suponía erradicada con el fin de las conservas y el petróleo, primeramente se mudó a las ciudades, aferrada al instinto de supervivencia, para luego emigrar y explorar el mercado mundial, sabiendo que un escenario apocalíptico resultaba ideal para satisfacer la tradicional curiosidad de occidente. Y es que el realismo socialista, siempre aceptado por la masa de lectores, prospera en la facundia que propician las circunstancias, porque parece recontar sin esfuerzo, copiando el entorno, mostrando la proximidad y la simpleza de los dilemas cotidianos, haciendo ver al usuario que sus héroes están cerca y respiran el mismo aire.
   Cuando el drama existencial de un individuo no podía ser otro que su dependencia del colectivo (el gremio, la comunidad), y sus flaquezas y retos se sabían subsanables, al escritor no le convenía aventurarse en planos adyacentes que le impidiesen el retorno. Sus personajes no atravesaban laberintos, ni se perdían en abismos del inconsciente: se conformaban con el espacio que la lógica y la razón les asignaban. Pero una vez limitadas las necesidades inmediatas, al ser retirados los subsidios, los personajes fueron perdiendo docilidad y terminaron integrándose a la incertidumbre de la nueva atmósfera. Al escritor no le resultó difícil proseguir el mismo discurso; sólo tuvo que imaginar que su protagonista, acostumbrado a una ducha tibia y crepuscular, tendría que aprender a vivir con la turbina rota, de manera permanente. Y ese aprendizaje le haría sumamente agresivo, le cambiaría el vocabulario y le abriría "the doors of Perception". En suma, no tendría que cambiar el estilo, sino el paisaje.
   ¿Qué ha pasado con el realismo socialista, ahora que todo se torna imprevisible? Si se presta atención, se le podrá encontrar en la misma retórica elemental, los inagotables paradigmas que le sustentan y las mansas interrogantes que le hace al medio. Su pobreza estilística y conceptual ha logrado dar con la máscara perfecta, un adjetivo que no admite réplicas: "sucio". De modo que lo socialista trocado en sucio sigue reflejando, con apellido impertinente, la misma escena y los mismos personajes desde París, La Habana y Miami. ¡Y luego dicen que una turbina rota no trae beneficios!

(Contra Gentiles. Ediciones Avondale, 2011)

Wednesday, August 3, 2016

Manuel Sosa vs. Norberto Fuentes y Senel Paz

Desde luego, hay que reconocer que el autor de Condenados de Condado disfruta de ese limbo estamental en que él mismo se situó luego de abandonar la corte isleña. Goza lo mismo que ha de gozar aquel que le presta la esposa al gigoló, sin participar participando, observando cada detalle detrás del cortinaje. Sabe que puede salir y detener las acciones, si quiere. Después de todo, es su esposa.
   Rozando sin rozar, acariciando sin acariciar, paladea la ambigüedad por obligación, y es que su destierro (que ya había comenzado en 1989, dentro de la corte) no vino por hacer cosa contestataria alguna, sino por haber estado donde no debió. De igual modo podría vincularse al escudero con la desgracia del paladín: el sujeto es inconveniente por asociación, sin que haya movido un dedo.
   La crítica hacia sus libros siempre nos estampa esa extrañeza, ese no creer lo que parece ser. A medio camino entre lo servil y lo irónico, escudriñado por lectores y críticos que se quedan con la boca abierta, y se preguntan: ¿Pero, es posible que este hombre pretenda dar testimonio de su propia desfachatez, de esta manera?
   Reconozco que no abunda esa sensación de tratar con un cronista al que leemos más para despreciar más. Y que siempre nos suelta perlas informativas, sólo accesibles a un falderismo de su nivel. Eso está bien; para eso es que se escribe, al fin y al cabo.
   Da gusto ver cómo Fuentes le entra al fomentense Paz, tras desilusionarse del concepto que no llegó a ninguna parte por medio de En el cielo con diamantes. El mismo Norberto de siempre, con su veta de adjutant, usando las terminologías que él solo ha paladeado hasta el cansancio: bandidos, contrarrevolución, combatientes. Su crítica literaria es bien práctica: el fomentense debió definir una franja y no posarse sobre el borde; el fomentense oculta lo evidente gracias a su estilo; el fomentense se limita a darle brillo a la Gran Vitrina. Estamos de acuerdo en que el libro no funciona, como no funciona el fenómeno retórico al que pertenece el fomentense. Pero nuestras razones van más allá de lo que son las expectativas del lector Norberto. La falsedad, por supuesto; es inevitable no reparar en ella. Su prosa tiene conciencia de sí, y persigue un sistema que se funda sobre símbolos y alegorías obvias. El fomentense no da para más.
   Y cómo no sonreir al comprobar que los razonamientos de Fuentes no se alejan de factores corporales “culito, nalgas, verga”. Sabemos que sus análisis comparativos dependen de larguras, abultamientos, grosores. Nadie como él para gastar tiempo anotando esos detalles.
   Hay que advertirle un par de cosas a Fuentes, dejando la novela a un lado. La llamada contrarrevolución sí que ha logrado su “producto literario” en Cuba. Está latente en todo lo que la oficialidad ha negado. Está en todo lo que acecha, y no se publica. Está fuera y dentro, defendiéndose de la retórica positivista que nos meten todos los días. Quizás estemos muy próximos para darnos cuenta.
   La otra cosa: entre Alberto Delgado y Julio Emilio Carretero, me quedo con el segundo. Le regalo el primero a Fuentes, con soga y carné y Corrieri y todo.
   Y tendremos que releer Dulces guerreros cubanos en la primera ocasión que se nos presente. Por eso de la extrañeza y la incredulidad, para que no se nos esfumen.

(Norberto Fuentes le agita la merienda a Senel Paz. Blog La Finca de Sosa, agosto 2007)

Friday, April 29, 2016

Manuel Sosa vs. Eliades Acosta Matos

Habría que comenzar por aclararle que en materia de destrucción de símbolos, ustedes no se quedan atrás de nadie. No ha mucho, ridiculizaron al Símbolo Verdeolivo, exhibiéndole en accionar autómata, frente a un elevador; y luego en insulsa entrevista donde no llegó a juntar dos expresiones lúcidas. Pero entonces, si de símbolos fraternos hablásemos, ¿se refiere al Muro de Berlín, a los mausoleos y estatuas que plagaban el Este comunista, a la ideología que les canalizaban desde el Poliburó y que ustedes acataban sin hacer reparaciones, al menos de estilo? ¿Se refiere usted al símbolo del imperialismo chino que invadió el Tíbet y masacró estudiantes en Tiananmen; al símbolo de la corrupta y hereditaria dictadura norcoreana, a la que ustedes se plegaron, inclusive, en el campo deportivo? ¿Se refiere a esos símbolos?
   En cuanto al Monte de las Banderas, ¿no actuaron ustedes como el marido que construye una cerca para que su mujer no espíe al vecino? Si eso es derrotar la tecnología con símbolos, comienzo a comprender entonces la mentalidad del típico Cornudo. De modo que unos letreros electrónicos, que zafaron la furia de su jefe, habiéndose constituido en provocación "tecnológica", fueron velados de inmediato (fíjese bien, de inmediato, como prioridad del jefe enfadado) y a eso le llaman derrota conceptual del adversario. Por supuesto, así trabaja la ideología del Cornudo, que a la vez decide no llevar la mujer a ninguna fiesta, por temor a que se la enamoren. Y aquí rutila el ejemplo de los boxeadores, convertidos en posesión celosa del esposo guardián: cero participación en la venidera competencia, no vaya a ser que los tienten. ¡Buena manera de aplicar las simbologías y los conceptos, compañero Eliades!
   Leo en su entrevista del Granma una aseveración atrevida: "Usan cualquier arma. Están conscientes que en el terreno de los símbolos, de la cultura, de las ideas, es donde en última instancia se va a dirimir la batalla". Pero, ¿entonces reconocen que al fin y al cabo el Imperio no los va a invadir con aviones y paracaídas, sino que les mantendrá en jaque cultural? ¿Es por eso que se apertrechan de papel y cosmetología ilustrada, para vencer al enemigo a sonetazos, a trovadas, a concursos, a panelazo limpio?
   Lo que usted llama "relectura de las certezas que comparten los cubanos del archipiélago", aparte de ser un almidonado eufemismo, tiene otros nombres que ustedes pretenden desvirtuar: revalorización, discusión, indagación sin trabas. El ejercicio de la libertad no siempre trae resultados que dulcifican el criterio temporal o definitivo al que se pudiera llegar. De modo que un Silvio Rodríguez, por ejemplo, puede generar debates en los que no siempre saldrá ganando su concepto de lo que es la validez musical. Y su Che Guevara, polémico siempre, puede estar sujeto a la valoración más crítica que pueda concebirse. ¿Por qué? Porque nadie escapa a ello, compañero Acosta. Ni Martí, ni Diana de Gales, ni Santa Teresa, ni Hatuey. Taparse los oídos, algo que el gobierno cubano sabe hacer muy bien, no implica que la doxa desaparezca por inconveniente. ¡Ojalá llegue el día en que se permita caricaturizar (ridiculizar) líderes, parodiar los himnos excelsos y escupir los mármoles severos!
   Las singulares concordancias de temas, sobre todo en los blogs que a ustedes les disgustan, no forman parte ni se derivan de una matriz reaccionaria y malintencionada. Son los temas que también los ciudadanos del archipiélago comentan y mantienen sobre el tapete. Sobre esas coincidencias usted ha dicho: "Existe un modo sencillo de percatarse de que no es así: la extraña sincronización en temas, enfoques, conceptos, a veces hasta en las palabras que usan, lo cual denota un origen común. Esa rara unanimidad de quienes escriben desde diversos puntos del planeta, de ningún modo puede ser espontánea". Compañero Eliades, ¿y qué me cuenta del Granma, de Juventud Rebelde y Trabajadores? ¿No dicen todos lo mismo? ¿A quién acusa usted de unanimidad?
   Y otra cosa: cuando afirma que estas personas que así disienten de su versión oficial son bien renumeradas, no olvide que usted es empleado por el Estado. No olvide que su trabajo como jefe de asuntos culturales es pagado por su patrón, al cual defiende como parte de sus quehaceres renumerables. ¡Y qué patrón!
   Déjeme devolverle al plano doméstico, conyugue Eliades, y permítame asegurarle (recuerde que todo esto es simbología) que su esposa no es feliz y que es inútil encerrarla y vendarle los ojos. No vale la pena que se aplique usted mismo la venda y se taponee los oídos. Su esposa ya le traiciona, mentalmente, con el vecino, por muy alta que haya construido la cerca.

(Eliades Acosta y la ideología del cornudo. Blog La Finca de Sosa, septiembre 2007)

Friday, January 1, 2016

Manuel Sosa destroza un poema de Miguel Barnet

Yo soy el que anda por ahí
empujando un país

(Como es sabido, desde que fue roída su base, la isla sigue al pairo. Reinaldo Arenas creyó que se había hundido, pero no. El poeta Barniz confiesa ser el que la ha propulsado durante todos estos años. Hacia dónde la empuja y con qué propósito, permanecen sin contestación. Además: no aclara cuántas millas ha recorrido: ¿40? ¿60? ¿90?)

No es una fantasía, es cierto,
me he pasado la vida empujando un país

(No es necesario que el poeta insista. Sabemos que es cierto, y de su capacidad para empujar cualquier cosa que ruede o flote, o que resulte inamovible para otros, como la carroza de la UNEAC. Se ha pasado la vida empujando, lo sabemos, como mismo ahora nos empuja este poema.)

Con grandes piedras del camino
y mis zapatos gigantes
he ido poco a poco empujando un país

(Primera objeción ideológica: la imagen de las piedras y el poeta empujando han de asociarse a la figura de Sísifo, que aquí tendría una especial carga negativa. Imaginamos al poeta empujando una piedra que inevitablemente rodará cuesta abajo (¿la Revolución?) como condena eterna. Segunda objeción ideológica: la imagen de los zapatos gigantes tiene que ver con la figura del clown, el poeta como bufón de corte, que aquí se vería como una burla a la severidad y solemnidad que detenta el estado cubano.)

Contra los grandes vientos
y la noche que chirría en sus goznes,

(Los grandes vientos podrían ser todas las corrientes reformistas que han recorrido el mundo durante las últimas décadas, a las cuales permanecen insensibles sólo dos países: Cuba y Corea del Norte, donde las elecciones son ganadas abrumadoramente por el único que se postula en ellas. La imagen de “la noche que chirría en sus goznes” es contradictoria, pues si se refiere al capitalismo, sabemos que allí los goznes son engrasados adecuadamente. Si se refiere a la cárcel, resulta una imagen temeraria, tratándose de una isla donde abunda este tipo de edificación. Estaríamos enfrentando entonces una tercera objeción ideológica.)

contra la falta de oxígeno
y los malos presagios
he hecho lo indecible por empujar un país

(“Falta de oxígeno” tiene que ser el embargo estadounidense. No cabe otra cosa. No puede estar hablando de censura ni de persecución ni de “quinquenios grises”, ni de intolerancia sexual o religiosa, ni de “diversionismo ideológico”. No, no, tiene que ser el embargo. Cuando habla de “malos presagios” se refiere a la infundada certeza de que Cuba seguiría el camino de Europa del Este, luego del derrumbe soviético. Como se puede apreciar, Miguel Barnet resulta un poeta bastante accesible. Y también nos consta que ha hecho lo indecible por empujar el país, sobre todo con tantas interrupciones de congresos y viajes por todo el mundo.)

Pero hay muchas otras cosas que hacer
como amar en lo oscuro,
sin paredes por cierto,

(Una idea muy cercana al poeta, la de amar en lo oscuro, ser amado en lo oscuro, incorporar oscuridad. Amar a la intemperie, sin paredes ni techos, defecar entre las ruinas, orinar detrás de la mampostería: todo esto típico de un país empujado.)

o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros,
o limarse las uñas frente a un espejo de azogue,

(Atención al verso del arroz con coleópteros, pues le suma puntos en el escalafón canónico de Roberto González Echevarría; y que muy bien le vendrían para seguir sosteniendo su candidatura en base a dos libros. De la misma manera que nuestro crítico de Yale salvó a Severo Sarduy por un cuento, no estaría mal agregarle un verso a la salvación de Barnet. ¡Dos novelas y un verso! ¿Las uñas limadas frente al espejo de azogue? Un buen resumen de Canción de Rachel, obra canonizada.)

o jugar a la pelota
con los niños estrábicos del barrio

(Un momento, ¿dije un verso? Vale la pena paladear esta otra joya, repetir con deleite esa rareza de octosílabo seguido por endecasílabo: O jugar a la pelota / con los niños estrábicos del barrio. González Echevarría debe estar de fiesta.)

Así que perdonen si no escucho
las quejas de mis contemporáneos

(Tiene razón, son demasiadas quejas para atenderlas. Y nos consta que sus contemporáneos son propensos al perdón, pero es muy difícil que la Historia le perdone tanta genuflexión. De paso, aquí va una lista de las quejas más recurrentes: oportunista, mal prosista, folclórico, posador, cínico, vedette, jerarca de organizacón chihuahua…)

Yo no puedo hacer otra cosa
que seguir empujando un país

(Miguel Barnet cierra con la reiteración de su destino inevitable como Sísifo, y ese sabor postrero hace que el poema nos devuelva la duda: ¿Devoción por la causa, esclavitud? ¿Claves del precio que se paga como intelectual de la nomenclatura? ¿Estará dejando abierta alguna escotilla redentora? Por el momento dejémosle cuesta arriba, todo músculo, pujante y tenso, rojo y sudoroso, tras una roca árida y despiadada que con toda seguridad volverá dando tumbos hacia el abismo, como castigo de un dios.)

(Versos de Sísifo. Blog la Finca de Sosa, abril 2010)

Wednesday, June 3, 2015

Manuel Sosa vs. José Kozer

Creo que, después de haber escrito 8235 poemas "tolerables" (8235 poemas sometidos a la más rigurosa corrección, y por ello, salvables) y de haber llevado esa singular contabilidad, por fin aparece un filo creíble en la escritura de José Kozer: su agresividad contra los coros retóricos. Nosotros, acostumbrados a largas y detalladas descripciones de su envejecimiento (cada ventosidad suya, cada nueva pústula y dolencia) y de su atareado maniobrar doméstico, he aquí nos encontramos un hombre que ataca las "efusiones triviales" con una energía que nunca habíamos encontrado en 8235 intentos anteriores. Sincero e irascible, con 70 años cumplidos, Kozer ha logrado que olvidemos a Lezama por un instante para recordarnos que su propia candidatura al canon tendrá un carácter acumulativo (el título del artículo incluye las palabras "medir" y "balanza", tan caras a su pupila de administrador); y además, que no se dejará abatir por reproches ni omisiones: él es un poeta que sí sabe de densidades y facturas. Lo felicito, pues nunca me había percatado de tanta vitalidad en su expresión. De modo que, si vive hasta los 80, ya puedo irme preparando para esos 2160 nuevos poemas, en los que seguramente no encontraremos caídas sentimentales ni nada que no sea puro rigor y ascetismo lírico.

(Comentario publicado en la red, 2010)

Friday, May 15, 2015

Jorge Luis Mederos vs. Manuel Sosa

A la segunda FINCA que he tenido la posibilidad de acceder, el colimador cambia de objeto aunque no de objetivo: en esta ocasión la emprende con otro escritor que acaba de ganar la beca “Bolívar-Martí”,  bastante jugosa para nuestro limitado horizonte tercermundista; se trata de Jorge Ángel Hernández Pérez (H.P.) cuyo título, “Sentido intelectual en la era de la globalización mecánica”, no parece gustarle a Sosa (a mi tampoco por cierto)  pero resulta  que del ensayo solo conozco el título y eso no me autoriza, con responsabilidad, considerarlo bueno, regular o mediocre. Tendré una opinión formada cuando lo lea, si lo leo; por ahora lo único que se me ocurre es felicitar a H.P.; cualquier postura crítica que adoptara ante algo que aún desconozco se me antojaría muy cercana a la envidia por no haber tenido tan buena suerte. Y para desbordar, no se le ocurre otro elemento de “gancho” más grotesco que el ex-testículo herniado de Jorge Ángel (aquí le llamábamos “el güevo grande de H.P.”) sin que él se ofendiera nunca que yo sepa.
   Luego, como de pasada, para advertir que ya carece de límites, la emprende con Rogelio Riverón, Pedro Llanes y Alberto Sicilia, su coterráneo y amigo personal. ¡Bonita libertad esta que sin necesidad de enunciar un solo elemento de peso, ya sea literario o político, le permite calificar a cuatro intelectuales de bien ganado prestigio con el peyorativo “escritores reformados”! ¿Quién, se me ocurre ahora preguntar, ha reformado a su vez la mente de Sosa para que, recurriendo a su ingenio innato y a su talento de comunicador, se dedique a estas cosas?... Si el que escribe fuera capaz de utilizar su mismo e irresponsable discurso, afirmaría sin titubear: la mafia contrarrevolucionaria radicada en Miami.  Pero si mal no recuerdo, creo que fue Ghandi el que escribió “ojo por ojo y el mundo se quedará ciego”; así que de ningún modo me atrevería a tildar a Sosa de escritor a sueldo para difamar de sus iguales del otro lado del charco, a menos que tuviera pruebas irrefutables. No lo hago, porque quiero ejercer, con responsabilidad,  cualquier tipo de libertad que me sea dada.

(Escribir en libertad o libertad para escribir. Blog La Finca de Sosa, abril 2008)

Friday, April 24, 2015

Manuel Sosa vs. Luis Pavón y José Martínez Matos

Los hubo peores que Luis Pavón, pero pocos dejaron un testimonio tan explícito de su condición miserable. Por ejemplo, casi nadie menciona a José Martínez Matos, delator y testigo en procesos penales contra otros escritores, y cuyo nombre aparece incidentalmente en algún documento de ignominia. Pero al comisario Pavón es fácil ilustrarlo, pues cada artículo suyo (publicados en la revista Verde Olivo, usando el seudónimo “Leopoldo Ávila”) ha sido archivado y expuesto por gente memoriosa, que se sirve de ellos para demostrar los límites a que llegaba el estalinismo cultural de entonces.

(Luis Pavón: queda escrito. Blog Penúltimos Días, mayo 2013)

Monday, December 15, 2014

Manuel Sosa vs. la UNEAC

Me imagino que la UNEAC haya concebido un gradiente de valores que midan el nivel de indignidad de ciertos individuos. No sé, quizás usen un sistema de puntuación para determinar el rendimiento patriótico de los intelectuales. Teniendo en cuenta ese promedio, podrán saber quiénes son dignos, indignos o quiénes están a medio camino.
   Alguna vez le pregunté a una institución de la isla (una editorial provincial que rinde culto a la chapucería) cuál era el límite de perversidad que se aceptaba para que el autor se convirtiera en “impublicable”; y además si se tenía una categorización por países y grados de culpabilidad. No estaría mal conocer todos esos detalles, para no perjudicar a los pocos amigos con quienes mantenemos contacto habitual, acaso porque esa relación viola los parámetros mínimos de desmerecimiento que la UNEAC concede.
   En cuanto a los que no acumulen suficiente “espíritu de soberanía” en la isla, ya sabemos: la recomendación será evitarles, o cerrarles el paso. Para ellos se guardarán los calificativos menos ingeniosos y no por ello incontestables.
   La UNEAC, al igual que las demás instituciones, confiere un significado especial a esa soberanía que cuidan como culo virginal. Veamos: no contradecir a los uniformados, pedirles permiso para salir del país, acogerse al patronazgo de gobiernos fogosos y ridículos, viajar con pasaje prepagado, hacer circular los desatinos impresos de Nerón, hacer silencio ante el avasallamiento de sus colegas, participar en la euforia populista, propagar la exigua semiótica del Poder…
   Dama de compañía, chaperona, hada madrina: Miguel Barnet no quiere que sus párvulos se extravíen, y hace públicas sus recomendaciones. De tal modo, condena de antemano un posible himeneo antipatriótico y “rechaza la pretensión de legitimar una «sociedad civil» construida y financiada desde el exterior.”
   La UNEAC no quiere que los fuegos de artificio distraigan a la élite cultural, ni que sus cocientes de soberanía bajen a un punto vergonzoso e irreversible. Nadie como ellos para manejar conceptos y delimitaciones: quiénes pertenecen a la nación, quiénes no merecen integrarla. ¿Y alguien pondría en duda la experiencia etnográfica de Miguel Barnet para dirimir esas cuestiones?

(La UNEAC como dama de compañía, Blog La Finca de Sosa, 2008)

Friday, July 25, 2014

Manuel Sosa vs. Roberto González Echevarría

La buena fortuna de nuestra ensayística reciente marca el grado de arbitrariedad con que algunos críticos, amparándose en esa aureola tan bien cargada, se atreven a categorizar. Cada quien enuncia su canon y apila los fascículos que demostrarán las razones de elección. Ya leíamos la lista de Roberto González Echevarría, que no podía librarse del ademán profesoral, como si fuera satélite traslaticio de su afamado colega de Yale, Harold Bloom. Una lista que le pidieron y ofreció a regañadientes, como preferimos seguir creyendo, pero ello no la salva de lo irrisorio. Porque al final es simplemente eso: una lista.
   Que nuestros ensayistas justifiquen su bien ganada aseidad no significa que su crítica literaria sea eficiente. Habrá que cuidarse del arrobamiento y desentrañar la validez de una incorporación, poemas como cauces, limpios del malabarismo verbal que les sujeta. Ensayistas y críticos, siendo lo mismo, han de saber proponer más que enunciar. Nuestra generación se arroga clarividencias que nadie solicita. Es esa rara angustia de calcar planisferios y ubicar puntos sobre puntos, hasta el agotamiento.

(Contra Gentiles, Ediciones Avondale, 2011)

Monday, July 7, 2014

Manuel Sosa vs. José Ángel Buesa

Pero otra cosa es tratar de aislar un tipo de escritura, y darle un apellido que no lleva, si al cabo sabemos que el término “poesía del sentimiento” es una redundancia más. Lo que se conjura como ganancia en la obra del crucense, esa vaguedad y falta de ambientación que debe tocar al lector universal, puede validarse del mismo modo que se haría con cualquier otro fabricador de ilusiones. La carencia de anécdota y vivencia íntima en sus poemas se convierte en sello de autenticidad, según los que hoy se adelantan a pagar su rescate, olvidando que todo artífice busca en la generalidad lo que confesar no puede, porque responde a códigos de fácil acceso, a modelos genéricos en tanto le sirvan de soporte a su mensaje prefabricado. El arte sin patetismo e irrisión es arte embotellado, y de ahí que cada asomo biográfico en todo libro que se niega a entregarse por las buenas sea plenamente justificable, y deseable. Se trata de credibilidad, y la razón que nos lleva a los unos a reverenciar lo que otros aborrecen. A veces somos reflejados en lo que leemos, y apostamos todo lo que tenemos por esa comunión pasajera. La poesía de Buesa, bien embotellada y etiquetada, era inteligente por saber adecuarse ante la mayor cantidad posible de feligreses.

(Cómo perder dinero en Buesa. Blog La Finca de Sosa, 2008)

Tuesday, May 27, 2014

Manuel Sosa vs. Norberto Fuentes

Yo no soy el único obsesionado con Norberto Fuentes. He leído reseñas donde los autores dan fe de su curiosidad por el sujeto, como si fuera una especie de ornitorrinco literario que amerita la verificación y el escrutinio. Porque es difícil encontrar un hombre de letras cuya esencia sea la suma de todas las cosas que no es. Así, Norberto Fuentes no llega a ser periodista por su excesiva cercanía, capaz de abandonar la cámara y el bolígrafo para limpiarle la metralleta al general o participar en interrogatorios de prisioneros; no es escritor, novelista, cuentista, prosador: sus libros no califican como buena literatura, aunque sirvan de referencia a la filología de la Revolución; no es hombre de acción, pese a haber servido como adlátere de selectos (dulces) guerreros, ya que la pasividad palaciega es una de sus grandes pasiones; es incapaz de escribir un buen memoir porque sus memorias son las de otros; no es intelectual castrista, pues fue desterrado de la Corte hace muchos años, sin posibilidad de readmisión; no es activista contra la dictadura que gobierna en su país, pues su papel se limita al análisis desde ángulos inesperados, como si todavía mantuviera un acceso secreto; no es una figura visible, pero mantiene opiniones que siguen siendo bien pagadas; acopia notas y más notas sobre su propia masculinidad, y a la vez nos agobia con minuciosas descripciones de portañuelas abultadas. Ornithorhynchus anatinus dije, y no dije mal.

(Que trata del reclamo de paternidad que hace Norberto Fuentes sobre la disidencia literaria en Cuba, y su propia relación con el Orden Ornithorhynchus. Blog La Finca de Sosa, 2009)

Wednesday, April 23, 2014

Eliades Acosta Matos vs. Manuel Sosa

Manuel Sosa, guerrero cultural del exilio cubano, uno de esos inspirados escribas de alquiler que rasgan sus vestales vestiduras al referirse a los infinitos defectos de Cuba socialista, que cierran los ojos pecados del safio patrón que les paga, y al que perdonan por no interesarse mucho en tonterías libertarias, si estas no incluyen las dulces salmodias de las cajas contadoras, ha escrito refiriéndose a la enfermedad de Fidel:  “El Hecho Biológico esperado por medio siglo, no ha ocurrido aún. Nos tocó presenciar una derivación plagada de eufemismos, sangrante, escatológica (…). Al Final, ha sido la Simbología la que ha derrotado al paladín (…). Son los símbolos los que terminan por imponerse”. (…) ¿A qué paraísos inefables estaremos predestinados los cubanos de aceptar la lógica que Sosa nos propone, la que pronostica en la enfermedad de un hombre la derrota simbólica de un pueblo?

(Fidel Castro y los mercenarios culturales del siglo XXI, Blog de Yohandry, Sep. 2010)

Tuesday, April 8, 2014

Manuel Sosa vs. René Vázquez Díaz

Habrá que desentrañar, si es que existe, esa teoría de las texturas donde el repasador de lo elemental logra hacerse visible puliendo sólo ciertos exteriores. Digamos, a un cubano fuera de su tierra le bastarían los consabidos ingredientes temáticos que apuntalan ruptura, nostalgia y ambivalencia (tres claves para tratar la diáspora, entre otras) y con ello conseguiría un mínimo de atención. Si hablásemos de un novelista, de un sujeto transplantado que precisa foro, no nos debe extrañar que su obra dependa de tintes pronosticables, los que se usan para disfrazar la misma historia de siempre.
   Hablar de René Vázquez Díaz es desviarse del camino para descubrir que el presunto atajo nos condujo al sitio de antes. Esta nota señala la imposibilidad de darle satisfacción alguna, pues no sabe ganar ni perder. Ni siquiera pertenecer. Como narrador no ha conseguido vencer la descripción periferal de los emblemas cubanos. Como aguafiestas diaspórico no ha logrado disimular su odio por los círculos de poder, ya sea la selectividad arbitraria de Encuentro o el criterio artesanal miamense; su odio, asociado a su escaso sentido del humor, le acercan demasiado a la retórica fogosa que ya usan muy pocos en la isla. Pero entonces, como que los escritores oficialistas saben jugar a la paz entre congéneres, no comulgan del todo con alguien que estampa su resentimiento en cada párrafo que comete. Nadie que pretenda salvarse en la diplomacia quisiera tenerle como vecino de asiento.

(René Vázquez Díaz: Jarabe de cundeamor. Blog La Finca de Sosa, 2007)

Thursday, February 20, 2014

Manuel Sosa vs. Lisandro Otero

Aparentemente, tal esquema deja de ser imperturbable con el último en la lista de premiados: Lisandro Otero. Desde hace años éste vive en México, beneficiándose de ese sistema ideal que algunos llaman "Socialismo a Distancia". Solamente una de las dos objeciones ya señaladas se han obviado esta vez: el lugar de residencia. Otero es de esos escritores que no se han desligado del todo del sistema de gobierno en Cuba, y sus afinidades con el mismo son mucho mayores que las discrepancias que haya podido tener alguna vez. Políticamente, Otero siempre ha usado el trapecio como medio de supervivencia. Sus trabajos como articulista traslucen lo inconexo de su credo, su infantilismo político. Sus ataques a Cabrera Infante sólo demuestran su impotencia de rival menor; y como novelista, no será honda la huella que pueda dejar en la literatura cubana.

(La ley del trapecio, Cubaencuentro, enero 2003)

Wednesday, November 27, 2013

Antonio Rodríguez Salvador vs. Manuel Sosa

Esto último le pasa también a Manuel Sosa. Niega el tiempo, aunque no lo haga con la maestría de un Borges; menos aún con la ingeniosidad criolla de mis amigos bromistas. Años atrás escribió un libro titulado Saga del tiempo inasible, y por elemental secuela de la construcción gramatical no hay dudas que para él habrá cierta clase de tiempo que puede ser asible: quizá un par de meses que pueden guardarse de reserva en el bolsillo, o vaya usted a saber si un tiempo de reloj roto. En cualquier caso, si la combinación “tiempo inasible” no expresa una sosa redundancia, puede que entonces sea otro afeite para su ya un poco decrépita, aunque obstinada pubertad.

(Camino de la media rueda o saga del compañero Manuel Sosa, Cubaliteria, enero 2010)

Friday, November 22, 2013

Manuel Sosa vs. Encuentro

Los que hemos publicado en Encuentro sabemos que sus filtros son caprichosos. Y hemos podido comprobar que todo lo que venga de la isla tiene prioridad, sea cual sea el atuendo.
   También sé que algunos colaboradores habituales lo piensan dos veces antes de enviarles un artículo. Y que otros no envían por principio, al alegar que el sitio se ha convertido en una sociedad exclusiva, donde no entran ciertos nombres.
(…)
   Lo que más nos preocupa a los asiduos del diario electrónico: cada vez toma menos tiempo leer su página. Como nos ocurría con el Granma. Se abría, se le echaba una ojeada por encima, nos deteníamos en un espacio específico, dos o tres minutos, y ya.
   Soy defensor de Encuentro, de la necesidad que tenemos del portal, del diario y la revista. Y creo que va siendo hora de que se haga verdaderamente representativo, por mucho que les cueste y les pese. O todo el mundo va a terminar con un blog a cuestas, que es el castigo mayor que se pueda concebir.

(Los filtros de Encuentro. Blog La Finca de Sosa, marzo 2007)

Friday, September 27, 2013

Manuel Sosa vs. “Calibán”, de Roberto Fernández Retamar

Pero el acto justiciero mayor, como ya dije, es la relectura de Calibán (que, por cierto, se transformó en Caliban, palabra llana) en su calidad de pieza museable. Con el advenimiento del siglo XXI el exceso de coraje se ha volcado en acciones que nada tienen de justicieras: la guerrilla mestiza se especializa en tráfico de estupefacientes, en secuestros de civiles. El vínculo entre clase, raza y solvencia económica se ha ido esfumando. El elemento racial no tiene la visibilidad de hace cuatro décadas. La violencia ha quedado en las palabras, en su expresividad. De repente, los gobiernos buscan ser inclusivos, para sobrevivir. La excepción la constituyen los que antes alardeaban de ser progresistas, cuya eficacia represiva les permite acallar cualquier tipo de disidencia. Y es que ninguna sociedad será capaz de vindicar a la especie humana si precisa basarse en latitudes, fisonomías, aceleración de procesos sociales, ideologías... El Calibán resemantizado, vestido con el atuendo civil que Ariel le prestó, terminó sentado a la mesa de las negociaciones. Asintiendo, cediendo, aprendiendo reglas de diplomacia. Y Próspero, refugiado en una cátedra del Norte, le otorga becas y le dedica estudios culturales.

(Fernández Retamar, escritura y circunstancia. Blog La Finca de Sosa, 2008)

Thursday, June 27, 2013

Manuel Sosa vs. Luis Manuel Pérez Boitel

Boitel no es solamente un bruñidor de flautines, sino que a ratos se presenta como heraldo de un mundo redimible, donde la sublimación de la Patria se impone a cualquier arte o destreza. De nada vale firmar versos, si nada hacemos para que la Patria termine de sacudirse la somnolencia de la medianía. Su pluma militante no vacila en despojarse de las praderas invisibles para fustigar a quienes profieran quejas u ocupen dudas en aquel territorio que busca la luz total. Cada vez que un versificador cubano se encabrita de esa manera, termina con un nombramiento de Poeta Nacional, o con una cartera tribunicia.

(Luis Manuel Pérez Boitel: el arpa con baño de oro, Blog La Finca de Sosa, 2007)