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Monday, October 5, 2020

Francisco Morán vs. Gastón Baquero y Cintio Vitier (y su crítica a “La isla en peso” de Piñera)

¿Qué vemos en los dos, en Baquero y en Vitier? Lo primero es el racismo subyacente a ese rechazo radical del poema de Piñera, en tanto este transforma a Cuba, a los ojos de ellos, en la abyección misma. Lo abyecto es aquí lo antillano, que es el lugar de la barbarie y de la negritud. La “culpa” de Virgilio consiste, pues, en haber “anexado” a Cuba, en haberla enredada, conectada, “contaminada” a “una antillanía y una martiniquería que no nos expresan, que no nos pertenecen” (Baquero). Pero para poder entender la verdadera dimensión de ese racismo, hay que ver que la separación y la hostilidad hacia la negritud se fundan nada más y nada menos que en el excepcionalismo cubano. He aquí, en la República, vivo y actuante, el miedo a Haití del racismo colonial.

   En el caso de Vitier, su invocación “mi patria” deja al descubierto la entraña racista de la cubanidad. Esa “patria” ¿no es acaso la del esclavista José de la Luz y Caballero,” la de los esclavistas y racistas también Domingo del Monte y José Antonio Saco? ¿No es la misma que quiere canonizar a Félix Varela por, entre otros logros suyos, una propuesta abolicionista que él mismo se encargó de aclarar era para beneficiar a los criollos ricos? Vitier pone raya por medio entre la “pestilente roca” de La isla en peso – la “antillanía” y “martiniquería” a que se refiere Baquero – y SU PATRIA. Es decir, la patria de los Orígenes, del gran sol del Mundo Moral, la patria de los fundadores: la de los amos de esclavos, dueños de ingenios, enemigos de la trata cuando les convino, y siempre racistas. La “pestilencia” de la roca es el olor, el tufo amenazante, portador de enfermedades y virus; lo que a su vez exige una operación higienista que elimine ese foco de contagio amenazante. Vitier lo dice bien claro: en esa “roca pestilente” ni puede, ni quiere vivir. La roca apestosa, el negro, la vida de los solares y las cuarterías, son el AFUERA de la Isla, y de lo que hay que proteger su prístino, impoluto ADENTRO, que es el de la Patria. La pistola de Castro sobre la mesa en las reuniones de la Biblioteca Nacional marca la apasionada separación que querían Baquero y Vitier. Quedaban claras las opciones: Con la Patria, todo; Contra la patria, ninguna la roca pestilente.

(“¿El mismo pan terrible? República & Revolución”. Publicado en Facebook, julio 2020)


Wednesday, March 21, 2018

Virgilio Piñera vs. Diario de la Marina

La Marina está amargada, se queja amargamente. Y lo hace con las mismas lágrimas de los nobles franceses del XXVIII y de los nobles rusos del XX. Es evidente que este periódico ha llegado a su etapa lacrimosa, esa etapa final en que puesto frente al muro de las lamentaciones, sólo queda llorar. Y lo peor de todo, lo más patético es que sus propias lágrimas terminarán por ahogarla. ¿No resulta chistoso que sea precisamente en La Marina donde están con el agua al cuello?

(En la “Marina” se ahogan, Revolución, noviembre 1959. Visto en: La Habana Elegante, segunda época, No. 54, 2012)

Tuesday, November 22, 2016

Virgilio Piñera sobre “la última carta de la baraja”

Sabemos que el Gobierno Revolucionario tiene fundados motivos para tenernos entre ojos; sabemos que nos cruzamos de brazos en el momento de la lucha, y sabemos que hemos cometido una falta. Pretendemos en la celebración de dicha mesa redonda, poner de manifiesto que si no cooperamos con ustedes fue debido a que no constituimos, como los periodistas y profesores, una clase. Tomado en su proyección social el escritor cubano, hasta el momento presente, es tan solo un proyecto. Utilizando una locución popular, nosotros, los escritores cubanos somos "la última carta de la baraja", es decir, nada significamos en lo económico, lo social y hasta en el campo mismo de las letras. Queremos cooperar hombro con hombro con la Revolución, mas para ello es preciso que se nos saque del estado miserable en que nos debatimos. ¿Quiere usted un ejemplo entre muchos? Cuando un escritor cubano se dirige al director de un periódico a fin de que éste le publique un artículo, la más de las veces obtiene rotunda negativa y hasta es tildado de raro. Y si acaso es complacido, que ni piense por un momento que su trabajo será pagado. Esta es la verdad y esta nuestra situación. Si como usted ha dicho, el cubano es muy inteligente y si nosotros somos lo uno y lo otro, es preciso que la Revolución nos saque de la menesterosidad en que nos debatimos y nos ponga a trabajar. Créanos, amigo Fidel: podemos ser muy útiles.

(Al señor Fidel Castro. Diario Libre, marzo 1959)

Tuesday, August 30, 2016

Adolfo Bioy Casares sobre José Rodríguez Feo y Virgilio Piñera

A la noche comen en casa Borges, Wilcock, Peyrou y dos maricas cubanos, de la revista Ciclón: Rodríguez Feo, el director, y Virgilio Piñera, el secretario de redacción. Rodríguez Feo es rico, buen mozo, menos literario que su amigo, más muchacho de sociedad; físicamente recuerda un poco a Octavio Paz; Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas; es modosito, silencioso, un poco lúgubre, no del todo incapaz de formular en la conversación frases (más o menos) bien construidas. Los dos tienen inconfundible voz y entonación maricas. Si formaran pareja, Piñera ha de sufrir por los éxitos y las infidelidades de Rodríguez Feo.

(Memorias. Tusquets Editores, 1994)

Friday, February 26, 2016

Cintio Vitier vs. Virgilio Piñera

En 1942 Virgilio Piñera, en el editorial del primer número de Poeta (“Terribilia meditans...”), había escrito: “El desarrollo es como sigue: del síntoma (Verbum) se origina el sentimiento (Espuela); de éste surge el disentimiento (Clavileño, Nadie Parecía y Poeta)”. Siguiendo el juego de palabras pudiéramos añadir: Después vino el consentimiento (Orígenes) y finalmente el resentimiento (Ciclón). Éste ya estaba pronosticado, trece años atrás, en aquel editorial, donde se lee: “Sólo que en este consejo poético de familia poética la salvación vendrá por el disentimiento, por la enemistad, por las contradicciones, por la patada de elefante”, cuyos destrozos fueron a aumentar la confusión y el arribismo seudorrevolucionarios de Lunes de Revolución (1959-1961), sin negar los nuevos valores individualmente positivos que en ambas publicaciones se manifestaron. No parece verosímil que el desacuerdo de Rodríguez Feo con Lezama a propósito de un ataque de Juan Ramón Jiménez a Vicente Aleixandre y Jorge Guillén, que a su vez había atacado a Juan Ramón en Orígenes, por grave y hasta justificado que fuera aquel desacuerdo, provocara por sí solo y a dos años de distancia la tajante actitud –típica del autor de “Terribilia meditans”, programático fiscal de los que a su juicio ya desde los años cuarenta nos repetíamos y amanerábamos– que se expresara en el primer número de Ciclón con estas pintorescas palabras, sabrosas para la crónica futura: “Borramos a Orígenes de un golpe”.

(“La aventura de Orígenes”. En Fascinación de la memoria, Letras Cubanas, 1993)

Friday, August 21, 2015

Virgilio Piñera vs. Edmundo Desnoes

“No bien puse los pies en el establecimiento del doctor Gil, sentí claramente que era una casa dedicada al tiempo. No vi vestíbulo, no vi salón de espera. Caímos de lleno en el océano temporal. Océano con capacidad para doscientos bloques de hielo. Todos estaban ocupados. Henry me mostró a Edmundo. Lo habín colocado en el compartimiento más bajo de aquella extraña flota. No estaba precisamente incrustado, metido en un bloque, o al menos así me lo pareció. Por lo que el cristal me permitía apreciar, Edmundo, desnudo y azul, estaba sentado sobre un témpano. Este Edmundo, reducido al menor espacio posible, navegando plácidamente por las aguas del tiempo (al menos, eso afirmaba el doctor Gil), debió de haber fracasado en toda la línea para apartarse de modo tan tajante de la sociedad de los hombres. Viéndolo así, desnudo y azul, callado y monstruoso, comprendí que el aburrimiento, los fracasos del alma, la soledad en compañía, lo habían llevado a la estéril solución del bajo cero. Por primera vez, la vida y la muerte se daban la mano, comían en el mismo plato. Suponiendo que le dirigiera la palabra, Edmundo no me respondería, pero, al mismo, tiempo, mis palabras no estarían dirigidas a un cadáver. Edmundo era más inquietante y enigmático que un cadáver.”

(Presiones y diamantes, capítulo V)

Tuesday, July 7, 2015

Néstor Díaz de Villegas vs. Virgilio Piñera

Rafael Rojas fue el primero en notar que el famoso dicho virgiliano, "Tengo miedo", no pasa de ser una leyenda: "Por más de cuatro décadas los escritores y artistas cubanos han sido gobernados desde una doctrina inefable y precaria, contenida en el famoso discurso de Fidel Castro…", escribe Rojas en su artículo "Confesión de timidez". Y dos párrafos más abajo: "Durante cuatro décadas se ha difundido la versión de que Virgilio Piñera tuvo el valor de confesar que tenía miedo".
   Cuatro décadas de "doctrina inefable y precaria", por un lado, y de "versión" y "leyenda" por el otro: tal ha sido la situación de los escritores y artistas cubanos. Se introduce una versión del miedo que no ocurre en el original, y se descuida una clave que sí entra en el discurso virgiliano: Miami.
(…)
   El miedo de Virgilio se plasmó en un estilo: "…yo por eso lo digo, sencillamente, y no creo que nadie me pueda acusar de contrarrevolucionario y de cosa por el estilo, porque estoy aquí, y no estoy en Miami ni cosa por el estilo". Virgilio es el creador de un cohete del arsenal ideológico castrista: ese "porque-estoy-aquí", que se esgrime por vez primera en la Biblioteca, llegó a establecerse como principio de selección y apartheid. El hecho de que se manifestara en una forma inédita —que Lisandro Otero define como "peculiar estilo coloquial"— ha impedido valorar la importancia de su aportación al castrismo indéxico.
   Efectivamente, en 1961 existe un espacio —el Exilio— al que Virgilio teme aún más que a la Revolución (allí había caído su hermano Humberto, el filósofo, en 1960). La Revolución establece una ley de exclusión e introduce, en el "estilo coloquial", una palabra mala: Miami. La insistencia en la falsa alarma escamoteó la verdadera revolución semántica.
(…)
   Los asistentes a las sesiones de la Biblioteca se confiaron demasiado de la memoria y repitieron la anécdota del miedo, que parecía auténtica y que se prestaba, como todo lo virgiliano, a propalarse fácilmente. Solo tras la intervención de los investigadores, con los documentos en la mano, apareció el retrato completo.
   El "tímido hombrecito de pelo pajizo, de tímidos modales, sospechoso ya por su aspecto de marica militante" (Guillermo Cabrera Infante), una "figura físicamente débil, empuñando la honda de David" (Matías Montes Huidobro), "flaco, desgarbado, con su vocecita irónica" (Carlos Franqui), musita unas palabras confusas, que, sin embargo, logran rivalizar con el aplastante dictum castrista. El breve intercambio con Fidel en la Biblioteca es el primer acto de una comedia de errores que sirve al autor para introducir a un nuevo personaje.
   Ese personaje ambiguo "coquetea" con el poder, como ha señalado exactamente Rafael Rojas, que descubre, tal vez sin proponérselo, una relación erótica entre el dictador y el poeta: "el diálogo coqueto de Piñera con Castro… revela un universo de negociaciones", escribe Rojas. Piñera toma la palabra y seduce al demagogo. Su malestar, su temor, es homoerótico, se vuelve regateo y termina resolviéndose en masoquismo ("coqueto" viene de coq, el miembro viril). Piñera aprovecha el resquicio que ofrece el espacioso teatro de la Biblioteca Nacional para producir su drama. Fidel Castro, dirigido por Virgilio, es llevado de la nariz hacia el terreno del arte.

(P.M: post mortem. Diario de Cuba, mayo 2014)

Monday, June 8, 2015

Virgilio Piñera vs. Heberto Padilla

Si uno se decide por el papel del lobo feroz, debe tener sumo cuidado en que la menor partícula de payaso asome por bajo el disfraz. Esto traería la consiguiente explosión hilarante de parte del público. Y que se pierde seriedad, que todo ese mundito sólo provoca risas burlonas es un hecho consumado. No puede dejarse la máquina de escribir tras haber escrito un artículo emplazador, para entrar en tal o cual lugar a quejarse, como un bebito, de que no me han incluido entre los poetas más representativos de la hora actual…

(Cada cosa en su lugar. Lunes de Revolución, diciembre 1959)

Friday, May 1, 2015

Matías Montes Huidobro vs. “Aire frío”, de Virgilio Piñera

A pesar de la fama de Piñera y de que para algunos es su obra más importante, y de que Luz María Romaguera es una de las grandes heroínas de la dramaturgia cubana, esta pieza dista de ser una de mis favoritas, quizás tal vez por su incursión en el neorrealismo cubano, franco antecedente de los bajos fondos que vendrá después. No se me esconden los méritos, pero para mí la puesta en escena de Aire frío, fue una brutal experiencia teatral, y salí del teatro a punto de que me diera un colapso, con el corazón saliéndoseme por la boca. El final de la obra nunca lo he considerado particularmente bueno. Desde que la leí por primera vez, me pareció un desastre, porque el padre, que no ve, tal parece que es sordo, ya que aparentemente ni oye y ni reconoce las voces, sin poder identificar las de nadie. La escena tiene lugar, además, en el momento en que la madre está a punto de morir, con la participación de uno de los hermanos del protagonista, que está sordo, y que como bien sabían Goya y Beethoven, esto no tiene la menor gracia. Una situación patética, trágica, que es convertida por el dramaturgo en un grotesco. Piñera fue un escritor transgresor que supo llegar a las entrañas de la crueldad de una obra a la otra, y la del último acto de Aire frío es de alto voltaje, precisamente por una condición realista que llega casi a la irrealidad. Aunque yo al realismo lo detesto, reconozco que en cierto sentido más efectivo no pudo ser. En medio del caos, la escena se la “roba” el personaje del sordo, que no había aparecido en todo la obra y que sería francamente eliminable, salvo por el hecho que Piñera lo utiliza de forma astracanesca, uniendo a la sordera una voz distorsionada que acrecienta el grotesco de la situación. Para colmos, además de confundir todo lo que decían los demás, los otros tampoco lo entendían lo que él decía. La influencia mediática en la obra se deja ver, porque también tiene una procedencia radiofónica a través de un sordo paródico, Cucufate, que recuerdo de la radio cubana de los cuarenta o los cincuenta. En todo caso, el dramaturgo la pone en práctica en esta última secuencia, a lo que va a unir, a los estertores de la muerte, la ceguera y la sordera de los personajes, que no daban pie con bola, como si fuera una escena de una película de “Los Tres Chiflados” haciendo disparates. El público se desternillara de la risa, convirtiendo todo aquel espectáculo macabro y grotesco en un absoluto reality show en el cual los que estábamos en la platea éramos copartícipes. Para mí era bochornoso. ¿Cómo explicarse el hecho tratándose de un escritor que, seguramente, debió haber sufrido en carne propia crueldad semejante, por haber padecido la burla homofóbica y por su propia apariencia física? ¿O era esta burla, precisamente, la explicación? ¿Y la del público, cuál podríamos darle?

(El teatro de la crueldad: una pateadura histórica. Diario de Cuba, junio 2013)

Wednesday, April 15, 2015

Virgilio Piñera vs. Orígenes y José Rodríguez Feo

Por dos veces, ustedes (Orígenes) se han molestado para molestarme pidiéndome colaboración. Las dos veces lo han hecho con grandes demostraciones y me han ofrecido las más bellas seguridades. Las dos veces —y parece un juego de locos— han postergado mi envío porque sí; sin razón suficiente, ya que no se puede llamar razón al hecho de paginación del número (como ayer se lo expresara usted a Galán tratando inútilmente de justificar sus ukases) pues mi envío era muy anterior, por ejemplo, al del poeta norteamericano autor de “A Word with Rodríguez Feo”, y que este poeta (yo digo el norteamericano) puede aparecer perfectamente en el número de verano a fin de cometer el delito de lesa cultura con mi colaboración, repito, pedida y repedida por ustedes.
   Yo no pretendo, como vociferó histéricamente el joven Feo anoche en su casa “dictarle normas como colaborador a Orígenes…” No. Lo que yo defiendo es algo infinitamente más sutil y serio que toda esa dialéctica de burgués bien alimentado. Defiendo el principio de respeto mutuo, de cumplimiento a todo trance de la palabra empeñada. Pienso, que en último extremo, poco me importa si publico o no en Orígenes como en las VVV, porque lo que me debe importar es ese hecho impresionante de haber realizado la obra misma. Si Orígenes se produce a base de movimientos tácticos, de estériles niaseries (Rodríguez Feo tirando todo por la borda a fin de que su nombre quede inmortalizado por gracia de “A Word with Rodríguez Feo”) no me importa. Usted dice que usted es el gran cocinero intelectual de Orígenes y que los ingredientes que allí se cuecen sólo entran al fuego sólo después de sus labios decir sí. Pero parece que no es así tan absolutamente cuando el joven Feo tiene el poder por su dinero de darse el lujo de publicar “A Word with Rodríguez Feo”, dejándolo a usted en ridículo, que se acercó a natalio Galán, una noche, humildemente a pedirle mi colaboració para este número extraordinario de Orígenes y que le diera todas las seguridades de que iban mis poemas a ser publicados en dicho número.
   Es por todo esto que el entendimiento se me hace aguas pensando a qué pueda deberse un juego tan sucio y tan inútil. Si como es cierto Orígenes es la mejor revista de arte y literatura de Cuba (la jerarquía es difícil de establecer ya que es la única) y como usted dice es honor publicar en ella, debería consecuentemente concederle al honor y al compromiso entre gens de lettre la misma manga que le concede a la letra impresa, ¡ay! Que no es ni con mucho lo que constituye la verdadera cultura del hombre. No Lezama, a base de jueguitos tácticos, de doradas postergaciones pero postergaciones al fin y al cabo no publicaré jamás en Orígenes (la mejor revista de Cuba) por la misma razón que jamás publicaré en Zig-Zag. Está claro que la mejor revista de Cuba y el chispeante semanario coinciden en un punto: en el de la volubilidad y venialidad. Y si se me quiere demostrar lo contrario no se me envíe una respuesta apasionada o se me rodee de ese otro gran chantaje que es un silencio bien organizado. Publíquense sí mis poemas, pedidos por usted para este número. No sería una humillación. Sería sencillamente un cumplimiento de la palabra empeñada.

(Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones Unión 2011)

Monday, January 26, 2015

Virgilio Piñera vs. José Lezama Lima (2)

Pongo a disposición del crítico inteligente mi “Terribilia Meditans”. No podría en modo alguno tachar mi crítica de parcial ni de mal intencionada. Soy un escritor que se limita a exponer con toda honradez su punto de vista acerca de la poesía cubana actual. Cito a José Lezama Lima en particular porque una cabeza de generación siempre será bicéfala: habrá que tenerle en cuenta los aciertos y los errores.
   ¿Puede prohibir un escritor a otro el ejercicio de la crítica literaria? ¿Tiene el señor José Lezama Lima el derecho de prohibirme que su nombre continúe apareciendo en mi revista y bajo un aspecto exclusivamente intelectual?
   ¿Puede calificar mi publicación como una “revista de mierda”?
   Es tan absurda su pretensión que sólo podría tener cumplimiento bajo un terrorismo literario; bajo la República de los Intelectuales Terroristas. A menos que el señor Lezama se estime de esencia divina y no pueda ser discutida su infabilidad. Pero no olvide que el mismo Dios para existir debe estar continuamente en entredicho.
   Califica de “mierda” a mi revista. Yo le contesto con el mismo tono con que respondiera él mismo en Espuela de Plata al cumplir ésta su primer año de existencia: Con la compañía y la colaboración de María Zambrano, Adolfo Fernández Obieta, Roger Callois, Gastón Baquero, Nicolás Calás, Cintio Vitier, Charles Stonehill, Aimé Cesaire y otros, ahuyentaríamos cualquier presunción de indiferencia… Creo que es bastante para desvirtuar esa pretendida mierda que se quiere echar sobre mi cuaderno de poesía.
   Afirma que lo que más le ha dolido es que yo le haya “robado” versos enteros en mis poemas “Los Desastres”.
   Veamos: Yo pongo a libre examen mis tres poemas a fin de que les sean señalados los versos robados a Lezama. Un verso es robado cuando: a) es plagio directo. Como si el Sr. Pérez copiara de Garcilaso textualmente: “Por la oscura región de vuestro olvido…” —b) cuando la misma idea o metáfora es encubierta bajo otras palabras: —Es tu olvido una región oscura donde muero…—
   Pregunto: ¿se dan estos dos plagios en mis “Desastres”? Añado: son cuartetas eneasílabas. Que yo sepa Lezama no ha ensayado este metro jamás. Sus sonetillos “A la Frialdad” son irregularmente octosilábicos. Por otra parte la temática de “Los Desastres” —ostra, murena y hiena—no ha sido utilizada por Lezama en poema alguno suyo. En su “clima” son cosa alejadísima de su manera de ver la poesía. Quiero destacar así mismo que estos poemas forman parte de mi terminado e inédito libro “Las Destrucciones”. Que el propio Lezama leyó en su casa uno de estos “Desastres”. Me refiero al titulado “El Angel”, dedicado al pintor Portocarrero en agradecimiento al dibujo que me diera para mi cuaderno de poesía Las Furias. Tiene fecha de 1941 y está en poder del señor Portocarrero. Que en el mes de septiembre del pasado año de 1942 el señor Baquero me pidió unos poemas para su revista Clavileño y yo le entregué esos tres de la murena, la ostra y la hiena. Que el consejo de redacción  de Clavileño no quiso publicarlos por dos motivos: a) por estimarlos cosa sin mayor importancia poética. b) por ser poemas “fuertes” que no estaban a tono con la estética de Clavileño.
   Afirma que mi reputación intelectual y moral está por los suelos. Bien. ¿Puede decir Lezama en qué fundamenta esta baja acusación? A menos que él estime que mi buen nombre intelectual fue roto en mil pedazos con mi salida de Espuela de Plata. Pero a eso puedo contestar con los dos números de Poeta, con el reconocimiento de la minoría intelectual de La Habana; con las cartas de Alfonso Reyes, Guillermo de Torre, Macedonio Fernández, José Moreno Villa, Roger Caillois, etc., etc.; con mis publicaciones en Clavileño; por fin, con mi absoluta devoción y sacrificio a la poesía. Y todo esto Lezama usted lo sabe muy bien. ¿Recuerda, con motivo del artículo de Carlos Enríquez que Usted me dijo que sólo Usted y yo sabíamos morir fanáticamente por una idea? ¿Y es usted quien me dice que yo estoy desprestigiado intelectualmente?
   En lo que respecta al aspecto moral de mi persona no me interesa. Por axiomática nuestra manera de ser no necesita demostración. Allá los que quieran descargarse. No me importa.
   Esquemáticamente diré que no hubo tal paliza. A pesar de su corpulencia y superioridad física. No veo la galleta por parte alguna. Son testigos de que mi cara no estaba escoriada en lo más mínimo los señores Orlando del Pozo y Andrés Castro y Osvaldo Gutiérrez que me vieron segundos después de la riña grotesca. También los señores René Portocarrero y Milián, con los cuales hablé justamente media hora después. Para mayor abundancia asistí esa misma noche a la Hispano Cubano de Cultura a una conferencia del pintor mejicano Siqueiro Alfaro y en donde todo el mundo pudo comprobar que mi cara no estaba escoriada ni abofeteada.
   Justifica la agresión aduciendo que mi insignificancia intelectual no merecía otro tratamiento. Pero yo le digo que no fue mi insignificancia intelectual lo que le movió a agredirme sino contrariamente mi insignificancia física. Porque si no. ¿Cómo justifica Lezama, por ejemplo, no haber atacado personalmente al señor Justo Rodríguez Santos de quien siempre ha dicho que le ha robado versos y versos de sus poemas? Y también, ¿por qué no atacó personalmente al señor Carlos Enríquez cuando éste publicó su crítica contra Espuela de Plata? ¿Soy yo, acaso, de más bajo nivel intelectual que estos dos señores? ¿Por qué no me probó con hechos y por vía crítica mis plagios y mi mala fe intelectual, expresada según él en la “Terribilia Meditans”? ¿Por qué no cumplió lo que le dijo a María Zambrano, esto es, que se veía obligado a responder a mi crítica? ¿Por qué —según confió al señor Gerardo Brown— dejó a medias la carta que me estaba escribiendo? ¿Por qué descendió al terreno de las querellas personales?
   Hace mucho que yo he superado ese concepto provinciano del “tú te metes conmigo y yo me meto contigo”… Sepa Lezama que yo no tengo en cuenta a su persona ni a rencillas de ningún género cuando me pongo a hacer crítica poética. Que yo sé todo lo que él ha hecho y todo lo que no ha hecho y que esto lo digo y lo diré aún a riesgo de mi propia vida. Que a él, mejor que a nadie, le consta mi probidad intelectual. Que si yo le enjuicio es por la sencilla razón de que no voy a enjuiciar al bodeguero de la esquina. Que yo reconozco (y va dicho explícitamente en las dos “Terribilia Meditans”) su influencia poética sobre todos nosotros. Esto es un lugar común sobre el cual no hay que hacer aspavientos de ningún género. Que si yo efectivamente le hubiese robado versos las ventajas estarían de su parte porque: a) yo sería el caído en descrédito intelectual. b) qué mayor honor para un poeta de saber que se le copia. Todo esto tan sencillo de probar en tres cuartillas ha sido llevado al terreno del escándalo público.

(Virgilio Piñera, de vuelta y vuelta. Correspondencia 1932-1978, Ediciones Unión 2011)

Monday, November 3, 2014

Virgilio Piñera vs. Gastón Baquero (3)

En el campo literario, el papel del baquerista consiste en estar con Dios y con el Diablo. En el fondo es un canalla, pero se las arregla para pasar por persona decente. ¿Cómo efectúa tal operación? ¿Cómo esta doble vida puede mantenerse y hasta llevarse con un desenfado que raya en el descoco? Hasta la Revolución, en Cuba no existía ningún tipo de conciencia y mucho menos de convicción moral. La política significaba prebendas, neportismo, asalto a las arcas nacionales; el pueblo era el ciego instrumento o el engaño perpetuo para enriquecer a unos pocos. En cuanto al pensamiento, nada hemos visto tan bajo, tan sórdido, tan vendido. La consigna era ésta: “Elógiame, que yo te elogiaré”. Aunque uno se resista a creerlo, era en el campo literario donde podían hacerse las mayores vilezas. Para ello se partía de algo que ya se consideraba desde tiempo antes como axiomático: la literatura, no es nunca un compromiso; es más bien un juego o un pretexto para otros juegos más siniestros. En efecto, se jugaba todo: la condición de escritor (caso de Baquero), la propia estimación intelectual (caso de Ichaso), los escrúpulos morales (Fernando Ortiz, Medardo Vitier, Ramiro Guerra, José María Chacón y Calvo), la seriedad del crítico (Rafael Marquina). Y estos juegos alcanzaron una boga tan grande, se hicieron tantas jugadas sucias que la literatura terminó por ser poco menos que una piltrafa. Y no es que diez o doce escritores no estuvieran dedicados a escribir con la debida honestidad pero sus esfuerzos se perdían (por el momento) en el maremágnum del baquerismo. Buen ejemplo de lo que digo es la actitud de Baquero frente a la revista Orígenes, cuando ésta perdió la subvención oficial, y subsiguientemente el apoyo económico de Rodríguez Feo. Dejó sencillamente que se hundiera. Además, ¿qué valor moral podría tener para la gente de Orígenes el dinero de Baquero o una palabra de aliento, si al mismo tiempo él dedicaba en La Marina artículos encomiásticos a Leónidas Trujillo?

(El baquerismo literario, Revolución, Jul. 1959)

Friday, October 17, 2014

Virgilio Piñera vs. “Los siervos”, de Virgilio Piñera

Comenzaré por desacreditarla, y con ello no haré sino seguir aquellos, que con harta razón, la desacreditaron. A pesar de ser un hijo de la miseria, me daba el vano lujo de vivir en una nube... Por otra parte, el ejemplo de la Revolución rusa seguía siendo para mí un ejemplo teórico. Fue preciso que la Revolución se diera en Cuba para que yo la comprendiese. Por supuesto, esta falla no abona nada a favor mío. Cuando los estudiantes dicen que la mayoría de los intelectuales no nos comprometimos, tengo que bajar la cabeza; cuando los comunistas ponen a Los Siervos en la picota, la bajo igualmente. Pero no crea...Todo escritor tiene en su haber un Roquentín más o menos.

(Diálogo imaginario, Lunes de Revolución, Mar. 1960. Visto en: La Habana Elegante, segunda época)

Tuesday, September 16, 2014

Virgilio Piñera vs. “Lo cubano en la poesía”, de Cintio Vitier

Es de sobra sabido que nuestros pretendidos críticos han tenido por norma absoluta ser respetuosos, mendaces y cobardes. Y por si esto fuera poco, verbalistas. En un pasaje de ese libro infortunado que se titula Lo cubano en la poesía, desliza Vitier esta frase: “La poesía, estética quiere penetrar...” A uno no le queda más remedio que sonreír burlonamente. Este infortunado libro está hecho, repito, a base de lugares comunes, de mezcla de adjetivo y sustantivo, y también, ¡no faltaba más! de puntos de vista que son flagrantes puntos de ciego... Pero dejemos que estos muertos se entierren entre ellos. Es lo único que les queda por hacer.

(Cada cosa en su lugar. Lunes de Revolución, diciembre 1959)

Tuesday, September 2, 2014

Virgilio Piñera vs. el XIX literario cubano, su crítica y de paso la Avellaneda

Hace algunos años tenía por costumbre «meterme» en la Biblioteca Nacional con objeto de empaparme de nuestro Gran Siglo. Parece que me mojé con exceso. Aunque la Avellaneda siempre tuvo la virtud de exasperarme (nunca pude tragar su famosa «perfección formal», y encima de eso, sus quejumbres), aunque para desesperación del señor Chacón y Calvo puse al desnudo a nuestra gran poetisa, con todo, el siglo XIX cubano me seguía pareciendo nuestro Gran Siglo. Pasados veinte años, adoración tan ciega ha empezado a recobrar la vista: es decir, continúo adorando a nuestro Gran Siglo, pero tengo muy abiertos los ojos sobre él.
   Es así que nuestra generación, frente al XIX, lo miraba con nostalgia, y, por estimarlo plenamente logrado se miraba ella misma un tanto frustrada. Ignoro los pensamientos de los escritores cubanos del siglo pasado sobre el siglo XVIII cubano (por supuesto, dicho siglo no pasó nunca por Cuba), pero estamos autorizados a suponer que si los tuvieron también ellos pudieron haber llegado al convencimiento de su propia frustración. Lo peor que puede hacerse con un siglo literario es tomarlo como espejo: uno se mira en él, y como ocurre que la cara que allí se asoma está en proceso de formación, algo bien desagradable, contrahecho y confuso se refleja. O también, los siglos pasados sirven de pretexto o excusa para encubrir una impotencia de expresión momentánea: «¡Ah, Casal, qué gran lírico (y uno suspira), y Zenea, qué elegíaco insuperable…[»]. Después hay los arquetipos: Piñeiro es el crítico; Martí el orador; Villaverde el novelista; Casal el poeta… Esto es inobjetable, pero ciertos juicios, tomados como absolutos, resultan, a la postre, negativos. La ciega adoración, no deja lugar a la crítica; uno está siempre de rodillas, con la cabeza baja, y en tal postura se hace bien difícil manejar la espada del pensamiento. Ahora, que ya hemos enfilado la nave hacia nuestra plena integración nacional, me parece que es inaplazable la edición crítica (pero realmente crítica) de nuestros autores del siglo XIX. Con la sola excepción de José Antonio Portuondo (que se ha apoyado en el método dialéctico), prologuistas, ensayistas y demás se han empeñado en una crítica, que en el mejor de los casos no pasa de puramente impresionista, para no hablar de la de compromiso: estéril y abominable.

(¿Casal… o Martí? Lunes de Revolución, junio 1959)

Tuesday, August 5, 2014

Virgilio Piñera vs. la Avellaneda

Porque la Avellaneda no seguía sino el tono peculiar de la poesía española de ese momento: bisoño romanticismo que arrastraba un pesado lastre de neoclasicismo –vale decir, poesía didáctica, pedagógica; vale decir Jovellanos y Meléndez Valdés–; que arrastraba igualmente las últimas resonancias de este neoclasicismo, desbordado en enfatismo, en retórica hinchazón –vale decir Quintana, Gallego, Lista […]
   La Avellaneda era esencialmente esta gran versificadora. Si algún secreto encierra su expresión poética sólo sería descubierto estudiando su obra como resultado de una brillante versificación, que toma la palabra en lo que tiene de música verbal […] He aquí su secreto: adornarlo todo con las galas orientales de las palabras y de las frases más escogidas y melodiosas. Hablar mucho sin decir nada o casi nada.

(Citado por Jesús Jambrina en Piñera, crítico de poesía [1941-1955]. La Habana Elegante, segunda época)

Thursday, July 10, 2014

Virgilio Piñera vs. Julián del Casal

He releído a Casal y lo sigo sintiendo como un poeta que perteneciera al siglo en que le tocó vivir, con su pequeño mundo, con sus problemas personales, con su melancolía de buena ley y la gigantesca sombra de Baudelaire. Todo ello dio como resultado una poesía perdurable, que siempre leeremos sin fastidio y sin que nos vengan ganas de tirar el libro. Pero junto a eso, también la sentimos desligada del mundo en que nos ha tocado vivir, y algo más importante: no vemos, aparte de su valor estético, qué ayuda podría depararnos. Y es que a medida que nos vamos alejando de la vieja concepción burguesa del mundo (¡y cómo nos alejamos, y cuán velozmente!) no ya Casal sino hasta el mismo Baudelaire nos resultan inoperantes. En cambio, Martí, poeta de ocasión, en un sentido, menos poeta que Casal, nos resulta cercano, a tono con nuestra circunstancia; como, si un poco, sintiéramos que nosotros mismos hubiéramos firmado sus poemas. Acaso esto se deba a que la materia prima en Martí es lo revolucionario, presente siempre en cualquier manifestación de su intelecto. Casal se limitaba a llorar sobre las ruinas de un mundo ido para siempre; no son sus poemas otra cosa; por el contrario, Martí gritaba, exigía, se rebelaba.
   Y nuestro mundo de hoy se compone de eso: de gritos, rebeldías, exigencias y más que todo: de confianza. ¿Será pues gran profanación preferir Martí a Casal?

(¿Casal… o Martí? Lunes de Revolución, junio 1959)

Monday, May 5, 2014

Luis Pavón vs. Virgilio Piñera y Antón Arrufat

A las posiciones de vanguardia de la Revolución, al poderoso esfuerzo en la construcción del país que hace nuestro pueblo, no se corresponde una obra artística de pareja audacia. Sólo puede hasta ahora hablarse de algunos intentos por expresar la nueva realidad, así como de cierta tendencia a evadirla y aun falsificarla. En teatro, es sabido lo mal que andamos. Entre un Piñera que se repite hasta la monomanía y un Arrufat que repite a Piñera con mayores oscuridades, reticencias y anfibologías (por otra parte, tan transparentemente hostiles a la Revolución), nuestro teatro parece desembocar irremediablemente a la tontería.

(sin especificar, copia de impreso)

Wednesday, March 26, 2014

Virgilio Piñera vs. Eliseo Diego

¡Atchís, atchís!… Perdón, es que tanto rapé nos provoca deliciosos estornudos, y con tanta amabilidad casi estamos pidiendo la limonada de las cinco… Sin duda, se trata de un estilo borbónico: hay, además del rapé, el discreto, el minuet, y el Salón de los Espejos… No creo que haya que cargar toda la responsabilidad al director de orquesta. Aunque sé que le gustan estas piezas, también no es menos cierto que no tenía a su disposición en el momento de confeccionar el programa del concierto, mucho donde escoger. Fatalmente, es éste el modo de expresarse de los escritores cubanos en su inmensa mayoría. Los argentinos, que también padecen de este mal, lo llaman “estilo florcita”. Vaguedades y florituras. En suma, aburrimiento.

(La Nueva Revista Cubana, Lunes de Revolución, junio 1959. Visto en La Habana Elegante, segunda época)

Thursday, December 12, 2013

Cintio Vitier vs. “Poesía y Prosa”, de Virgilio Piñera

Sería totalmente ocioso ejercer frente a este libro el oficio, siempre triste, del cazador de influencias. Las influencias aquí son tan visibles, y en cierto modo ingenuo tan agresivas, que no parece sensato atribuir al autor el ánimo de ocultarlas. Antes bien, lo decisivo para nosotros es el hecho de que, exista o no esa pretensión, nos luce cada vez más impresionantemente influido por su propia voz. Claro que se trata de una voz que ha de salir, para que alguien la escuche por lo menos como señal confusa, de lo vano y cóncavo de una máscara, de un resonador, no de un pecho desahogado y libre; pero esa oquedad y falsía responde sobre todo a la condición y exigencia de lo que debe testificar, que no es un paisaje, ni una soledad, ni siquiera un abismo, sino, rigurosamente, un vacío. Llamamos aquí vacío al reverso humano de la nada, pues en ésta palpita siempre una significación divina, ya sea la nada como pecado (no ser del mal) o la nada como anegamiento del místico en su arrebato de plenitud, o incluso la nada mágica de la extrañeza y angustia del mundo, en que a veces residimos y que no podemos saber a qué alude. Pero sin duda -lo sabemos por su íntima forma interrogante-, alude. Lo propio del vacío, sin embargo, es no aludir a nada, ni, en última instancia, a la nada misma, pero entendida aquí no como Pecado, ni como Inefable, ni como Ser Que No Es, sino en cuanto rigurosa categorización del vacío de un mundo en que las cosas y las criaturas están y nada más sobre una superficie siniestra de trivialidad, armando el espantoso y vacuo disparate que lo absorbe todo. "Un mundo", en fin, "como hecho sin calificativos", viene a decirnos Piñera, quien demuestra siempre una conciencia implacable de su asunto. Por eso, en el momento de la invocación, cuando pudiéramos esperar para nuestra asfixia la apertura del llanto, se cierra así calladamente el anillo: "tenga piedad de nosotros la nada."
   Ahora bien, ese mundo como un ojo vaciado, en que se borra el pecado y no se insinúa la melancolía, en que sólo es posible invocar a la todopoderosa nada inmanente, no es por lo mismo ni siquiera un mundo de desesperación o caótico. Frente a los poemas que tan ceñidamente lo reflejan, hemos creído sorprender el secreto de aquel alarido cerebral y graduado con la sangre impávida, que es la característica constante, desde Las furias, en la escritura sucesiva de Piñera. No hay aquí absolutamente, para nosotros, desesperación ni caos. Por el contrario, lo que hay es un mundo al que, dicho sea con valentía y tosquedad, se ha sustraído el verbo. Esto implica la imposibilidad tanto de la esperanza como de la desesperanza, de la creación como del caos; y la profunda frecuencia de lo cursi. Porque, en efecto, "cursi es todo sentimiento no compartido", según la frase genial que hallamos en una página de Gómez de la Serna, y allí donde la gracia del Verbo abandona a la palabra humana, ésta sólo puede reiterar el propio vacío, que no es una tiniebla ni un dolor, sino una incomunicabilidad radical en cuyo seno persistirán los perfiles formales del universo, pero desustanciados, grotescos, reducidos a un simulacro sin locura ni contorno. La criatura destinada a expresar ese alucinante infierno cuya esencia consiste en ser todo superficie, tendrá que aparecernos disfrazada de tantas desesperaciones ajenas como le sea imperioso utilizar. Pero aunque no lo sepa o no lo quiera estará sirviendo de catarsis a la realidad, estará expulsando por su voz ese veneno del vacío que amenaza el corazón de nuestra vida.

(Tomado de Crítica 2. La Habana 2001)