Total Pageviews

Showing posts with label Nancy Morejón. Show all posts
Showing posts with label Nancy Morejón. Show all posts

Thursday, September 10, 2020

Reinaldo García Ramos vs. Nancy Morejón

Hubo un momento en que ella me enfocó los cañones, cuando aparece en mi vida otro personaje que es Delfín Prats. Yo me quedé deslumbrado con Delfín, que es una persona de un talento extraordinario. Iba todos los días a mi casa y me recitaba poemas en ruso. Yo recuerdo que un día en Coppelia se dijo algo… Es que Nancy siempre ha sido una lesbiana en el clóset y en aquel momento más todavía. Ella estaba con una chica que se llamaba Carmen Gonce. Delfín, ese día en la mesa en Coppelia, habló de la relación de ellas y eso llegó a oídos de Nancy; entonces se peleó conmigo. Cosa absurda.

(La memoria es un mecanismo de defensa…, entrevista con Abel Sierra Madero, Hypermedia Magazine, junio 2020)

Friday, November 4, 2016

Michael H. Miranda vs. Nancy Morejón

Siempre en el trayecto hacia la liberación individual habrá un agente exterior y varios cadáveres en algún closet. Un intelectual orgánico del castrismo lo primero que se labra es un currículo al gusto de algún campus norteamericano. He aquí que aquella comisaria ideológica, viajera y también visitante predilecta de algunos campus podría llamarse Nancy Morejón.
   Hay quien quiere hacer ver que no está bien referirse a estos seres cautivos. Porque de su cautiverio es responsable el tirano y hacia este deberían ir los tiros. Pero así como del tirano está bien decir todo y más, tendrá que llegar ese momento de recordar a los miembros que fueron de su tan ilustrada corte.
   Ernesto Pérez Chang ha contado el rol de Nancy Morejón en aquel affaire del número 69 de la revista Unión, que ella dirigía. Después de haber publicado los sonetos del Aretino, la revista fue acusada de "pornográfica" y la insigne poeta desvió las responsabilidades hacia el editor Pérez Chang, quien fue cesado.
   Hace poco supimos, así, sin querer queriendo, que Nancy Morejón estaba haciendo un visiting, otro más, en la Universidad de Missouri. Recordé que alguna vez Nancy Morejón quiso hacerme ver que las palabras tenían su peso, y que había nombres impronunciables y que los esbirros no se van al paro.
   Eso es lo que tengo yo que ver con este personaje que representa todo lo siniestro del campo cultural de aquel que fuera mi país. Lo de menos es una historia personal y mejor hace uno olvidándose de todo eso. Pero no. Qué somos si no historias personales, de qué estamos hechos.
   Después de una lectura pública en Matanzas, Nancy Morejón vino a mí a preguntarme mi nombre y supe que nada bueno sobrevendría. Yo había leído un poema donde mencionaba a José Mario Rodríguez y Raúl Rivero, muerto uno, exiliado el otro. Ella vino a mí como quien sale a respirar después de un momento de apuro. Vestía unos trapos que alguna vez fueron blancos, y aseada es una palabra que no viene a la memoria de aquel momento.
   A los pocos días fui citado a la oficina de mi jefa por aquel entonces. El presidente del Instituto Cubano del Libro, aquel Iroel Sánchez de tan triste recordación, se había enterado del asunto y había sugerido que se tomaran medidas.
   Supongo que habría sido fácil averiguar mi nombre de otra manera. Pero Nancy Morejón quería hacérmelo saber. Los combatientes, los aguerridos de verdad, se saben impunes. Quién no tiene una historia similar en aquel que fue mi país.
   Pensé que Nancy Morejón, llegado un momento de su biografía, había sido convertida en figura no solo por el esquema propagandístico de la cultura oficial en la Isla, sino también por las universidades de Estados Unidos y Europa. Pero esto ya pasa como algo normal.
   Pensé que ese privilegio estaba reservado para unos pocos. Que hay allá afuera un centenar de voces más inteligentes, con mejores lecturas y asuntos más interesantes que abordar, pero que sobre todo no han sido domesticados por (ni le sirven a) un régimen represivo y creen en la democracia sin tanta hipocresía, y sin embargo no pueden acceder a un campus, a los dineros de una universidad.
   Es nietzscheanamente irritante. Una pasada a Google con su nombre y el de la Universidad de Missouri trae memorias de varios eventos en los que ha participado en los últimos años. Hay un documental sobre su vida y obra. Se lee que Nancy Morejón es "the most widely translated Latin American Poet" (cosa que ya ni siquiera es de dudar, en ocasiones a la literatura se le distrae con estadísticas) y un caso único de "mujer caribeña afrohispana". Esto último no quedará nunca bien explicado.
   Lo que no dicen es a quién sirve, a quiénes ha servido. Tampoco dice que jamás levantará su voz por ninguna mujer, ningún negro, ningún caribeño o caribeña que decida no servir a quien ella sirve.
   Nancy Morejón ahora también preside la Academia Cubana de la Lengua, que nunca sugerirá a Madrid la inclusión de palabras como "chivatona" y "comuñángara". A fin de cuentas los poetas suelen desempeñar los más diversos oficios, aunque con facilidad olvidan la dignidad de envejecer en silencio.
   Los Castro se van a morir un día, y aquel que fue mi país se reconvertirá en algo que hoy es imposible definir. En algo no necesariamente bueno tal vez, pero supongo que  infinitamente mejor que todo lo que entre comandantes y generales le procuraron a ese pobre pedazo de tierra en casi 60 años. Nancy Morejón, como Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet y algunos más, o sus fantasmas, pasarán de puntillas sobre tanto estropicio hacia algún lugar de ese mundo libre donde pagan bien, pero acaso todavía esgrimiendo su derecho a la confrontación, a ser a la vez explotados y perfectos hipócritas.

(El derecho de ser explotados. Diario de Cuba, mayo 2016)

Monday, September 26, 2016

Fermín Gabor pasa revista: Lina de Feria, Nancy Morejón, Juana García Abad, Pablo Armando Fernández

“Empiézame la historia desde el principio.”

“Allá voy. En el principio estaba el verbo, y el verbo de Lina de Feria era ‘voy echando’. Fue invitada como poeta a México, cruzó la frontera con Estados Unidos y reapareció en Miami donde pudo abrazar a su hijo y cargar a su nieta recién nacida.”

“¡Espérate un momento! Antes de abrazar y cargar a nadie ella tuvo que acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, ¿o no?”

“Supongo que sí.”

“Entonces házme el favor completo y búscame ahora mismo esa entrevista.”

“La imprimí y la puse por aquí. Deja ver. Mmmm, aquí la tengo. Nirma Acosta leyó la noticia de que Lina se quedaba fuera de Cuba y, como no podía creérselo, pasó por el apartamento de la calle Línea donde reside la escritora, y allí se la encontró leyendo a Paul Valery.”

“A Valéry querrán decir.”

“Valéry, sí. No le pidas tanto a La Jiribilla.”

“Cierto. ¿Qué ortografía va a respetar alguien que en vez de Norma firma Nirma?”

“Pues esa Nirma que bien podría ser Norma encuentra a Lina que bien podría ser Lona y ésta le dice que se siente feliz de haber vuelto a la patria.”

“¡Qué ridiculez! ¿Llama patria a un apartamento de la calle Línea?”

“Y nada más ver a Nurma, Lana deja la lectura de Pablo Valeriano y saca un poema inédito de su cartera.”

“¿Para darlo a publicar?”

“Lo publican junto a la entrevista.”

“¡Dios mío, una mala noticia detrás de otra!”

“Hablan de sus estudios y Lina agradece a sus maestros Mirta Aguirre y José Antonio Portuondo.”

“Cuyos nombres aparecerán bien escritos como que fueron tremendísimos ñángaras.”

“Lina de Feria habla de sus lecturas. Dice que lo último que leyó fue La Eneida. Menciona un Berson que ha de ser Bergson, un Pessoa que es sin dudas Pessoa, un Kavafi que ha de ser Kavafis, y un Cintio Vitier...

“Que no puede ser más que Cintio Vitier porque quién más iba a querer meterse en el pellejo de ese carcamal.”

“Luego menciona su trabajo con jóvenes poetas y alude a una masa poética.”

“¡Masa cárnica es lo que necesita ese estómago! ¿Vas a contarme de una vez el cruce de frontera?”

“Pues te leo: ‘El problema fue que me sentí muy presionada. Cuando fui a México a la presentación de un libro mío con la editorial La Cuadrilla de la Langosta que dirige Leticia Luna, se me dio la posibilidad de viajar a EE.UU. para ver a mi hijo que estaba esperando el nacimiento de su hija. Me dije, eso no me lo puedo perder. Mi hijo es nieto del gran politólogo norteamericano Saul Landau. Allí permanecí dos meses hasta el nacimiento de la niña, la disfruté nueve días, pero le dije a mi hijo: Me voy para Cuba, porque yo no puedo vivir sin Cuba. Regresé a la velocidad de un tiro’.”

“¡Oyéme! El cruce de la frontera entre La Habana y Matanzas da más trabajo que esa frontera cruzada por Lina de Feria.”

“Y para rematar ella asegura que se sintió acosada por los entrevistadores. Dice: ‘querían otras cosas de más importancia que no vale la pena ni hablar, y ahí fue cuando decidí cortar con toda esa gente’.”

“¿Qué podrá ser éso que le pedían? ¿Algún secreto biotecnológico? ¿Emplazamiento de armas estratégicas?”

“Ahora sí que oí el ruido que tú me decías.”

“¿Lo oíste, no? Para que andes diciendo que son invenciones mías.”

“¡Sobrecumple Ciego de Avila el plan anual de recolección de piñas!”

“¡Movilizadas fuerzas productivas estudiantiles a las labores del agro!”

“¡Alaban visitantes extranjeros construcción de pedraplén hasta la Luna!”

“Ya se fue el ruido. Dime qué crees que le hayan pedido a Lina de Feria.”

“Que se bañara. Si regresó a La Habana a la velocidad de un tiro fue porque le exigieron que se diera un buen baño.”

“Hace tiempo me la tropecé en la calle, me saludó y no supe quién era. Lina llevaba la cara limpia y  no la reconocí.”

“Aquí cuenta que en su cumpleaños sesenta le hicieron un homenaje muy lindo en la UNEAC. Que el compañero Carlos Martí le regaló un cuadro precioso.”

“Qué bonito es sentir el cariño de una institución, ¿verdad?”

“Oye cómo se relame: ‘Allí asistió mucha gente, hubo un poder de convocatoria muy fuerte porque al parecer tengo buena aceptación entre las personas de mi generación y un gran arraigo entre los jóvenes. Al parecer, soy una escritora transgeneracional’.”

“Qué rico es ser transgeneracional, ¿verdad? Pues fíjate, pese a todo, me alegra que a Lina le vayan bien las cosas con los jóvenes, que la quieran. Te lo digo porque a Nancy no le va tan bien.”

“¿A Nancy Morejón?”

“Lo dijo en la entrevista que le hizo esa estudiante de periodismo. La chiquita le pregunta si ella se considera un referente literario para los jóvenes, y Nancy le contesta que éstos son muy tímidos y no se atreven a acercarse a ella.”

“Es como si le tuvieran miedo.”

“Ella se parece cada vez más a Morgan Freeman.”

“Oye, oye el ruidito.”

“¿Y ahora por qué?”

“Dijiste Freeman.”

“Pues no voy a empezar con los titulares.”

“Déjalo y se le pasa.”

“&%!&$$#@##!”

“¿Cómo?”

 “Que si viste la pinta de esa tipa que cogió el Premio Guillén de Poesía.”

“¿La Juana Nosequé? ¿Alguna vez leíste un poema suyo?”

“Ni una línea. Pablo Armando Fernández debió sacarla de una cueva para darle ese premio.”

“¿Y leíste los poemas que ese viejo alcohólico premió?”

“Ah, él ni siquiera les pasó la vista. No se lee nada que no haya sido escrito por él mismo.”

“¿Vas a decirme que no ha leído ni El Quijote?”

“No hay que exagerar. Su mujer, que sabe del pie que él cojea, tapa el nombre de Cervantes con el de Fernández, y hay que oír con qué satisfacción Pablo Armando lee las aventuras del caballero y su escudero. ‘¡Qué bien me quedó lo de los molinos de viento!’, se autoalaba.”

“Tiene un peinado imposible.”

“¿Pablo Armando?”

“La tal Juana. Se hace un cebollón de heroína romántica. Y se cree cosas.”

“Últimamente hay mucha gente creyéndose cosas: Pablo Armando Fernández se cree Cervantes, Lina de Feria transgeneracional y acosada; Nancy Morejón cree que los jóvenes poetas que la admiran no se le acercan por timidez, y leí en una entrevista publicada en Venezuela que un cubano llamado Jorge Angel Rodríguez se cree el ganador sentimental del Premio de Novela Rómulo Gallegos.”

“¿Ganador sentimental? ¿Qué cosa es éso? ¿Lo que le da a la gente cuando no gana un premio?”

“A Juana Nosequé le dan el Guillén, y ella aprovecha para echar un discurso donde habla de su responsabilidad en momento tan crucial para nuestra América y el mundo.”

“Peleaba así su viajecito a Venezuela.”

“Me abruma el desgaste de tanto mesías bajo la férula de estas ambivalencias donde todo tiene su instante de virtud. Patanas a la deriva. Trasbordo fractales...”

“¿Qué? ¡Brigada médica cubana cumple misión en Afganistán!”

“Líneas de fuga a terra aliena por los estigias donde las paralelas unen sus caminos angosturas sin rasgos equívocos: crimen de leso duende.”

“¡Gira de La Colmenita lleva la alegría infantil a municipios montañosos!”

“¿Quieres dejar de soltar titulares?”

“¿No oías el ruido?”

“¡Qué ruido ni ruido! ¡Eran poemas de la Premio Guillén!”

“Ay, ¿qué habremos hecho de terrible en otra vida?”

“A propósito de Guillén, al novelista español Isaac Rosa lo confundieron en la Feria con Nicolás Guillén.”

“Guillén está muerto, para que lo sepas.”

“Y confesó Isaac Rosa que él se sintió orgulloso de que lo confundieran.”

“Lina de Feria es transgénica como un boniato de laboratorio. Pablo Armando ha escrito La Eneida. Nancy es imponente hasta para los estudiantes que desean entrevistarla.”

“Ángel Augier es vivo.”

“Uno pierde un concurso y se alza como ganador sentimental.”

“Juana Nosequé tiene los ojos de América y del mundo sobre ella.”

“Un gallego recién desembarcado se cree el Poeta Nacional.”

“La gente creyó en el cuento de los pasaportes venezolanos y repletó la Feria.”

“La gente creyó en el cuento de la Feria.”

“¡Un camello es lo que está cruzando por la línea!”

“Cuelga, cuelga ya, que te llamo mañana.”

(La lengua suelta # 31. La Habana Elegante, segunda época)

Thursday, August 25, 2016

Antonio José Ponte sobre el bostezo de Nancy Morejón

Podría decirse que el comisario a cargo de aquel caso seguía al pie de la letra varios de los poemas del libro perseguido. Delante de una asamblea de escritores, Padilla no hacía más que imitar el protocolo de los juicios que Stalin orquestara treinta y tantos años antes. Al menos así lo explicó el poeta al llegar al exilio: que no fue el miedo quien lo hiciera denunciar a otros, sino la necesidad de alertar al mundo mediante un acto fácilmente reconocible, imputable a un nuevo estalinismo. A fuerza de sobreactuar el guión que sus interrogadores le impusieran había conseguido subvertir ese guión, llevarlo al paroxismo, transformarlo en una sirena de alarma.
   Muchas veces me he preguntado hasta qué punto resulta plausible una coartada así. De ahí mi curiosidad por esa filmación, mi interés por calibrar al histrión Heberto Padilla. He leído su discurso de autoinculpación (se publicó enseguida), pero quisiera verlo y escuchárselo de viva voz. Hace dos años, un documental reveló un minúsculo fragmento de él, apenas dos minutos. En nítido blanco y negro, con el sonido en perfectas condiciones. "Compañeros", empieza Padilla, "desde anoche, a las doce y media más o menos, la dirección de la Revolución me puso en libertad, me ha dado la oportunidad de dirigirme a mis amigos y compañeros escritores sobre una serie de aspectos a los que seguidamente yo me voy a referir…"
   Luneta 1, escrito y dirigido por Rebeca Chávez, fue producido por el instituto cubano de cine. Alfredo Guevara ocupa la primera mitad del documental y durante media hora brinda su versión de esa y otras historias, rememora su carrera de appáratchik. Como en sus décadas de mandato sobre todo el cine, desde la producción hasta las salas, nadie lo contradice o lo cuestiona. Luego aparecen varios artistas e investigadores jóvenes, uno de ellos se refiere a Heberto Padilla y viene a propósito la cita de archivo. Según alcanza a verse, en aquella asamblea hubo al menos tres cámaras de cine. ¿Significa esto que pudiera conservarse más de un registro? Entre los escritores reunidos son reconocibles los jóvenes poetas Miguel Barnet y Nancy Morejón. Ella bosteza.
   La brevedad de ese fragmento no deja margen para hipótesis acerca de las intenciones de Padilla, de modo que me fijo en el bostezo de Nancy Morejón. ¿Cómo pudo alguien, en un momento así, apelar al sueño o al hambre? Supongo que bostezaría por mimetismo, igual a tantos animales que se camuflan para no ser cazados. Con ese bostezo desalentaba a Padilla, en caso de que él se dispusiera a mencionarla entre sus cómplices. Puesto que el último lugar donde bostezaríamos es en medio de un sueño, Nancy Morejón bostezaba para mantenerse fuera de aquella pesadilla. 
   Cuatro o cinco años antes la policía política había dispersado el grupo de escritores al que perteneciera. Clausuró la pequeña editorial fundada por ellos y envió a su director a un campo de trabajos forzados. Ella consiguió salvarse, pero incluso décadas después no había perdido el miedo a hablar en las asambleas, miedo a que la mandaran a callar recordándole su pertenencia al grupo El Puente: así lo reconoció en una entrevista.
   Barnet y Morejón, jóvenes en esas imágenes de archivo, ascendieron luego hasta ser los actuales presidente de la UNEAC y presidenta de la sección de escritores de dicha institución. (Otro modo de bostezar, aduciría ella, un seguro contra el antiguo miedo.)


(Padilla se autoinculpa y Nancy Morejón bosteza. Revista de Cultura Ñ. Buenos Aires, julio 2014)

Monday, July 27, 2015

Jorge Angel Pérez vs. Nancy Morejón

¿Quién se encargará de la revista Unión? ¡Ojalá que no sea Nancy Morejón!
   Y ahora decidieron, no sabemos quién, dejar sin presentación el último número de la revista Unión. Nada importó que estuviera a cargo de Graziella Pogolotti, lo importante era dejarnos vestidos pa’ la fiesta. ¿Era más? Antes ocurrió algo parecido, fue en el número sesenta y nueve, cuando Ernesto Pérez Chang hacía la revista que dirigía Nancy Morejón. Esa vez fueron unos poemas de Aretino, los eróticos, que yo había conocido por la traducción que hizo Luis Antonio de Villena, pero que agradecí, y seguro que todos aplaudimos la gracia de Jesús David Curbelo, porque la traducción era muy buena, y porque no es lo mismo la polla que la pinga; resulta que la primera es más blandita, y no es cubana. A pesar de estas bondades el número desapareció de las librerías, y Ernesto Pérez Chang tuvo que buscar otro trabajo, pero la dirección siguió siendo la misma. Entonces llegó Carlos Velazco, un joven escritor muy talentoso, y trabajador, que se propuso trabajar mucho, y bien, tanto que cogió sus ramalazos después de editar el número 82, quizá fue antes, yo no sé. Dicen que la razón del regaño fue una entrevista a Natalia Bolívar y sus opiniones acerca de sombríos personajes que fueron decisores, hace ya un tiempo, de la vida política y cultural de la nación, pero Carlos siguió empeñado en trabajar y hasta preparó otro número, sabiendo que sería el siguiente, sin saber que sería el último y que no tendría ni siquiera presentación, aunque circularan las invitaciones a través de los correos electrónicos, aunque estuviera a cargo de Graziella Pogolotti. Ojalá que a ella le dieran alguna explicación, ya que a nosotros nos dejaron suponiendo las razones. ¿Qué pasará ahora que Carlos Velazco renunció? ¿Quién vendrá a trabajar ahora? ¿Será un enano? ¿Será un lampiño? ¿Trabajará? Cruzo los dedos. ¡Dios mío, que no sea Nancy Morejón!

(Publicado en la red, junio 2014)