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Friday, December 12, 2014

José Fornaris vs. La Avellaneda

Esa torcaz paloma dejó el nido
Cuando apenas sus alas se entreabrieron
Entre las plantas que nacer la vieron
Bajo la luz del trópico encendido.

Los campos exhalaron un gemido,
Los bosques a la par se estremecieron
Y las índicas palmas repitieron:
“¿A do se va volando? ¿Do se ha ido? “

 “A España”, dijo en su partida ufana,
Rompiendo el lazo del paterno yugo
Que la ligara a la región indiana.

Hoy vuelve a Cuba, pero a Dios le plugo
Que la ingrata torcaz camagüeyana
Tornara, esclava, en brazos de un verdugo.

(Citado por Carlos Ripoll en su Web)

Tuesday, September 2, 2014

Virgilio Piñera vs. el XIX literario cubano, su crítica y de paso la Avellaneda

Hace algunos años tenía por costumbre «meterme» en la Biblioteca Nacional con objeto de empaparme de nuestro Gran Siglo. Parece que me mojé con exceso. Aunque la Avellaneda siempre tuvo la virtud de exasperarme (nunca pude tragar su famosa «perfección formal», y encima de eso, sus quejumbres), aunque para desesperación del señor Chacón y Calvo puse al desnudo a nuestra gran poetisa, con todo, el siglo XIX cubano me seguía pareciendo nuestro Gran Siglo. Pasados veinte años, adoración tan ciega ha empezado a recobrar la vista: es decir, continúo adorando a nuestro Gran Siglo, pero tengo muy abiertos los ojos sobre él.
   Es así que nuestra generación, frente al XIX, lo miraba con nostalgia, y, por estimarlo plenamente logrado se miraba ella misma un tanto frustrada. Ignoro los pensamientos de los escritores cubanos del siglo pasado sobre el siglo XVIII cubano (por supuesto, dicho siglo no pasó nunca por Cuba), pero estamos autorizados a suponer que si los tuvieron también ellos pudieron haber llegado al convencimiento de su propia frustración. Lo peor que puede hacerse con un siglo literario es tomarlo como espejo: uno se mira en él, y como ocurre que la cara que allí se asoma está en proceso de formación, algo bien desagradable, contrahecho y confuso se refleja. O también, los siglos pasados sirven de pretexto o excusa para encubrir una impotencia de expresión momentánea: «¡Ah, Casal, qué gran lírico (y uno suspira), y Zenea, qué elegíaco insuperable…[»]. Después hay los arquetipos: Piñeiro es el crítico; Martí el orador; Villaverde el novelista; Casal el poeta… Esto es inobjetable, pero ciertos juicios, tomados como absolutos, resultan, a la postre, negativos. La ciega adoración, no deja lugar a la crítica; uno está siempre de rodillas, con la cabeza baja, y en tal postura se hace bien difícil manejar la espada del pensamiento. Ahora, que ya hemos enfilado la nave hacia nuestra plena integración nacional, me parece que es inaplazable la edición crítica (pero realmente crítica) de nuestros autores del siglo XIX. Con la sola excepción de José Antonio Portuondo (que se ha apoyado en el método dialéctico), prologuistas, ensayistas y demás se han empeñado en una crítica, que en el mejor de los casos no pasa de puramente impresionista, para no hablar de la de compromiso: estéril y abominable.

(¿Casal… o Martí? Lunes de Revolución, junio 1959)

Tuesday, August 5, 2014

Virgilio Piñera vs. la Avellaneda

Porque la Avellaneda no seguía sino el tono peculiar de la poesía española de ese momento: bisoño romanticismo que arrastraba un pesado lastre de neoclasicismo –vale decir, poesía didáctica, pedagógica; vale decir Jovellanos y Meléndez Valdés–; que arrastraba igualmente las últimas resonancias de este neoclasicismo, desbordado en enfatismo, en retórica hinchazón –vale decir Quintana, Gallego, Lista […]
   La Avellaneda era esencialmente esta gran versificadora. Si algún secreto encierra su expresión poética sólo sería descubierto estudiando su obra como resultado de una brillante versificación, que toma la palabra en lo que tiene de música verbal […] He aquí su secreto: adornarlo todo con las galas orientales de las palabras y de las frases más escogidas y melodiosas. Hablar mucho sin decir nada o casi nada.

(Citado por Jesús Jambrina en Piñera, crítico de poesía [1941-1955]. La Habana Elegante, segunda época)

Friday, March 14, 2014

Cintio Vitier vs. la Avellaneda

En realidad no tengo nada que decir. Confieso mi fracaso y doblo con pena la hoja de la Avellaneda sin haber podido recibir de ella ninguna enseñanza, como no sea la del poder aniquilador que a veces tienen las más seguras y sólidas palabras.

(Poetas cubanos del Siglo XIX, 1969)

Thursday, October 31, 2013

Enrique Piñeyro vs. la Avellaneda

Había llegado a la Habana, no simplemente como cubana deseosa de visitar la patria mucho antes abandonada, ni tampoco a título único de gloriosa poetisa, sino como esposa del coronel don Domingo Verdugo, uno de los militares del séquito del general don Francisco Serrano, nuevo gobernador, superior de la isla; y Verdugo llegaba de antemano designado para algún cargo militar, para ser, como en efecto sucedió, uno de los pequeños sátrapas que ponían a la cabeza de las circunscripciones militares en que estaba dividido el país con objeto de sujetarlo mejor. Esta particularidad esencial entonces, en aquella tierra pésimamente gobernada, mantuvo alejados de la poetisa y su marido a muchos, principalmente entre los jóvenes aficionados a las letras, que no habían querido tomar parte activa en la proyectada apoteosis, aunque se abstenían de oponerse abiertamente a ella. Yo fui de ese número, y bien recuerdo que algunas de las veces en que vi a la Avellaneda pasar sentada en el “quitrín” abierto a la usanza del país, y al lado de su marido, sentía acudir a mi mente aquellos versos del Rimoroso de Berchet: “È la donna d’un nostro tiranno,/ È la sposa dell'uomo stranier”.

(Citado por Carlos Ripoll en su Web)

Tuesday, July 30, 2013

José Martí vs. la Avellaneda

No hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda; todo anunciaba en ella un ánimo potente y varonil; era su cuerpo alto y robusto como su poesía ruda y enérgica; no tuvieron las ternuras miradas para sus ojos, llenos siempre de extraño fulgor y de dominio; era algo así como una nube amenazante. (...) Más: la Avellaneda no sintió el dolor humano; era más alta y potente que él, su pesar era una roca...

(Luisa Pérez de Zambrana, Obras de Martí, vol. 13, edición de Gonzalo de Miranda)

Monday, June 3, 2013

José Lezama Lima sobre la Avellaneda

Y don Juan Valera llega su delirio a compararla nada menos que con la marquesa de Pescara, Vittoria Colonna, cuyos sonetos son verdaderamente prodigiosos. Esto revela el confusionismo crítico que había en esta época. Don Juan Valera la compara con Corina, con la marquesa de Pescara, con Santa Teresa. Pero todo eso es una falsa bengala, una falsa crítica de verbena, nada de eso es cierto. La marquesa de Pescara es superiorísima a la Avellaneda, en el dominio del idioma, en la perdurabilidad de sus recursos expresivos, en la gravedad de su arte.
   Hoy podemos llegar a la conclusión de que gran parte de la poesía de la Avellaneda ha sucumbido, y que su obra es en realidad un gran naufragio.
   ¿Algún día resurgirá la Avellaneda? Nosotros somos los primeros en dudarlo. Pero fue indudablemente una de las grandes personalidades del romanticismo en nuestro idioma; ya hoy apenas tiene lectores, pero su tremenda personalidad tendrá curiosos de sus pasiones, de su sinceridad, de la apasionada manera con que ofreció su alma desnuda.
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(Conferencia sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda. Fascinación de la memoria. Letras Cubanas, 1993)