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Tuesday, March 16, 2021

Camilo Venegas vs. Alpidio Alonso

Alpidio Alonso escribió de un manotazo una de las más bochornosas páginas de la historia Cuba. En la isla siempre, incluso en los momentos que son descritos como los más sanguinarios (Batista, Machado, Valeriano Weyler…), de la represión se habían encargado los cuarteles.

   Ayer el ministro de Cultura asumió, en un arrebato de prepotencia, el rol de la soldadesca. Con la impunidad de Ramiro Valdés y el caminao de Cheo Malanga, se dirigió a un grupo de jóvenes que se manifestaba frente a la institución que él dirige. Desprovisto de argumentos, levantó la mano.

   En los primeros días del triunfo de la revolución, Fidel Castro ordenó convertir a los cuarteles en escuela. Luego, convirtió una escuela, la de los Hermanos Maristas, en el más horrendo cuartel. Ese fue uno de los primeros pasos para hacer del país un campamento.

   A Villa Marista, así se le llama popularmente al centro de tortura, suelen ser conducidos los artistas y escritores que disienten del régimen. No por lo que hacen, sino por lo que piensan o se atreven a decir en voz alta. Ayer Alpidio Alonso se saltó ese paso y se ocupó él mismo de los golpes.

   Poco después, en un patético acto, justificó su acción y reafirmó su desesperación totalitaria. A sus espaldas aplaudían y vociferaban consignas. Mientras todos los que se manifestaban frente al Ministerio eran jóvenes, los que se apostaron detrás del ministro eran viejos. Precisa metáfora de la Cuba actual.

   Quiso el azar que todo eso ocurriera en la víspera del 28 de enero, cuando se conmemoran 167 años del natalicio de José Martí. Justo la institución que dice regir la cultura de la nación se encargó de disparar contra el ideario del Apóstol, ignorando una vez más su sagrada advertencia de que un pueblo no se funda como se manda un campamento.

(El manotazo de Alpidio Alonso. Blog El Fogonero, enero 2021)

Thursday, June 18, 2020

Camilo Venegas vs. los “títeres sin cabeza” (a propósito de Fermín Gabor)


Ponte siempre se resistió a tener una cuenta de Facebook con su nombre, pero accedió a entrar en la red social como Fermín Gabor, de quien no se ha tenido más noticias desde que publicara sus lapidarias colaboraciones en La Habana Elegante, las cuales han sido compiladas por la editorial Renacimiento, seguidas de un Diccionario de La Lengua Suelta escrito por su socio.
   La protesta de los títeres sin cabezas no se ha hecho esperar. El resurgir de los textos de Gabor y los nuevos aportes de Ponte, que le dan seguimiento y actualidad a los filtrados hasta el 2010, tienen al grito (expresión dominicana que me encanta) a la oficialidad de la isla (no me refiero a militares sino a escritores y artistas).
   Tan poco acostumbrados están a la pluralidad y tan cómodos se sienten en su autoengaño, que no son capaces de tolerar que alguien al fin llame a las cosas por su nombre. Los ataques a Gabor han venido de muchas partes de la geografía nacional. Solo las limitaciones impuestas por la pandemia han impedido el acto de repudio (o de susurros).
   Un poeta municipal, dedicado desde hace años a la cursilería y el autoauxilio (que es la versión cubana de la autoayuda), fue uno de los primeros en reaccionar. “Algo de tan mal gusto no debería divulgarse”, dijo. Su mentalidad de divulgador provincial, tan habituado a la censura y la autocensura, lo traicionó.
   Otros han advertido que eso es tentar al karma. Han acusado a las composiciones de Gabor y Ponte (herederos de Piloto y Vera) de chancleteo, chanchullo, chapucerías, chismes, choteos, chusmerías… Están a punto de agotar los oprobios que aparecen en la Ch (a propósito de diccionarios).
   Un amigo que fue a La Habana, tuvo una larga conversación con un director teatral. “Yo sé hasta dónde pueden llegar ellos y ellos saben hasta dónde puedo llegar yo”, dijo refiriéndose al acuerdo tácito de los creadores con la dictadura y a esa raya que nadie se atreve a pisar.
   Lo que los tiene desesperados ahora es que con Fermín Gabor las cosas ni se suponen ni se sobreentienden. Son o no son. Los títeres, aun sin cabezas, pueden mantener los movimientos por el retablo si alguien les mete una mano por debajo. Pero son incapaces de tener voluntad hasta para algo tan sencillo como llamar a las cosas por su nombre.
   Además de que no pueden, los aterra.

(La protesta de los títeres sin cabeza. Blog El Fogonero, abril 2020)

Monday, May 7, 2018

Camilo Venegas sobre José Martí

Dedicó su vida a una Cuba con todos y para el bien de todos, pero acabó convirtiéndose en el autor intelectual de una dictadura que abolió los derechos fundamentales de sus compatriotas y arruinó a la nación. Representado en yeso de la cabeza a los hombros, vacío por dentro, Martí sigue cargando con la responsabilidad de cada oprobio.

(Vacío por dentro. Blog El Fogonero, marzo 2018)

Tuesday, November 15, 2016

Camilo Venegas vs. Guillermo Rodríguez Rivera, en defensa de Haroldo Dilla

Las cosas que dice Guillermo Rodríguez Rivera me suelen importar muy poco. Para mí no es más que un anciano retorcido en las babas de un régimen que agoniza. Nunca fue mi profesor de literatura, me cuentan que en eso sí era muy bueno.
   Hay un chiste suyo que me da mucha risa. Lo he repetido incontables veces. Lo hizo mirando a Buenos Aires de madrugada, desde la ventanilla de un avión. Fue producto de su asombro al ver una ciudad tan iluminada. Es comprensible, venía de La Habana en penumbras.
   Jamás entro a Segunda Cita, me deprime el Silvio Rodríguez actual. Para salvar al trovador que tanta influencia ejerció en mí, me abstengo de la obra de ese Silvio que solo está unos pasos por detrás de Kcho en ridiculez y guataquería. Me enteré de los ataques de Rodríguez Rivera a Dilla Alfonso por un email.
   No me voy a meter en la discusión entre ambos, creo que a Haroldo le sobran razones y talento para desmontar, palabra por palabra, los endebles y enquistados argumentos de Guillermo. Solo me aprovecho del incidente para hacer pública mi admiración por Haroldo.
   Los amigos que nos conocen saben que tuvimos muchas discusiones. Ambos somos muy apasionados y nos dijimos de todo las veces que no nos pusimos de acuerdo en algo. Llegamos incluso a dejar de saludarnos hasta que un día, por Twitter, nos mandamos un abrazo.
   Nuestros desencuentros nunca impidieron, por ejemplo, que yo compartiera las colaboraciones de Haroldo en Cubaencuentro. Estuviera de acuerdo o no con lo que decía, siempre valoré su manera honesta, lúcida e imprescindible de pensar a Cuba.
   Guillermo Rodríguez Rivera, acostumbrado como está a la táctica del régimen cubano de atacar al cuello la reputación de sus adversarios, sugiere que Haroldo Dilla Alfonso es un fascista y que cumple órdenes de Henrique Capriles. (…)
   Esta semana supe que Haroldo y su inseparable esposa se fueron a Chile. Se notará su ausencia en República Dominicana, donde luchó como pocos, en la frontera de la miseria y el olvido, para que los más silenciados e invisibles tuvieran una voz y fueran advertidos.
   Quiero que se entienda bien que, cuando digo esto, no me refiero a su condición física sino a la de sus ideas: Ya quisiera Guillermo Rodríguez Rivera ser un hombre tan derecho como Haroldo Dilla Alfoso.

(Ya quisiera Guillermo Rodríguez Rivera ser un hombre tan derecho como Haroldo Villa Alfonso. Blog El Fogonero, abril 2014)

Wednesday, September 7, 2016

Camilo Venegas responde a dos escritores de provincia: Antonio Rodríguez Salvador y Ricardo Riverón

Mi reacción ante la golpiza que le propinaron en La Habana a Ángel Santiesteban, ha provocado agrios emails de dos o tres escritores del interior de Cuba (allá en la Isla, la palabra “interior” define todo lo que demarca lo provinciano, lo municipal). Nunca me ha gustado participar en esas porfías, no me interesa el “lleva y trae”, pero no puedo abstenerme de hacer esta aclaración.
   En El Fogonero suelo decir lo que se me ocurre. Para eso son los blogs, para que cada quien, sin importar sus ideas, oficio o preferencias, le diga lo que quiera decir a los que quieran leerlo. De eso se trata la revolución que ha provocado la Internet, de darle participación al que accede con libertad a ella. Ahora todos somos emisores y estamos en igualdad de condiciones con el resto de los que producen cosas para la red de redes.
   De todos esos emails que he recibido en las últimas horas no tengo nada que decir. Y si lo hiciera sería redundante, porque diría más o menos lo mismo que han dicho ya Manuel Sosa y Félix Luis Viera. Pero hay una frase de Antonio Rodríguez Salvador que no puedo pasar por alto, que quisiera comentar a toda costa. Sobre todo porque haciéndolo, me ayudo a definirme a mí mismo.
   “En este mundillo hay reglas: ¿Dónde publicas?, ¿Dónde estudian tú obra? ¿Qué dice la crítica de tu obra?, ¿Quién hace esta crítica?...”, afirma Rodríguez Salvador entre signos de interrogación. Confieso que encontrarme con alguien que, a principios del siglo XXI se plantee con tanta convicción una discusión que ya a finales del XX no tenía el más mínimo sentido, me causa pavor.
   He ahí las consecuencias de que los individuos permanezcan aislados y enajenados de lo que está ocurriendo en el mundo. Mientras todos en el planeta están enfrascados en la tarea de acertar cómo acabaremos comunicándonos a través de la Web 2.0, mientras los periódicos desaparecen y las redes sociales se convierten en un espacio donde todos se reúnen sin necesidad de las geografías; estos muchachos insisten en no abandonar el cascarón fosilizado de su huevo.
   No puedo responder las preguntas que Antonio hace porque no aplican en mi caso, pero quiero aprovechar la ocasión (así decía Cepero Brito cuando quería abundar en Escriba y Lea) para aclararme algunas cosas a mí mismo. Aunque nací en el Paradero de Camarones, no me considero un escritor cubano, es más, creo que ya no me considero un escritor.
   Digo cosas, las que se me ocurren, y algunas aún tienen las formas de la literatura porque soy un individuo del siglo pasado y arrastro esos rezagos. Lo único que no quisiera dejar de ser nunca es un comunicador. Sobre todo ahora, que es más importante comunicar que escribir. Por eso no me preocupa estar al lado del camino, ya no importa el lugar donde tan bien se esté, ni lo cerca o lo lejos que quedes, lo único en verdad importante es estar conectado.
   Hoy El Fogonero es un blog, pero mañana puede ser cualquier otra cosa. Lo único que no mutará en él es mi obsesión por cuestionar, acertar o errar a través de la creatividad. En cuanto a la literatura, creo que las pocas cosas que escribo serían más o menos igual si yo fuera argentino, polaco o australiano. No me interesa que se vea mi “obra” dentro de una generación, un contexto o una geografía. Creo esa “metodología” es cada vez más incomprensible y absurda.

(Al lado del camino. Blog El Fogonero, junio 2009)

Quisiera mandar esta carta para Santa Clara, allá, en el centro Cuba. Acabo de recibir un email de Ricardo Riverón cuya respuesta hago pública. De Riverón conservo recuerdos de los que realmente no soy capaz de deshacerme. Hace unos días escribí algo sobre Sigifredo Álvarez Conesa y recordé un viaje a Caibarién. Ricardo es uno de los testigos de aquella expedición, junto a Luis Lorente, Emilio Comas Paret, Waldo Leyva y Yamil Díaz, entre otros. No olvido ninguno de aquellos rones, conservo todos los abrazos.
   Lo primero, viejo Riverón, es que no le exigí a nadie que firmara la carta que condenaba el deleznable acto de represión cometido contra Ángel Santiesteban, sólo le reclamé, a los pocos que protestaron con tanto ahínco cuando reaparecieron en Cuba dos célebres censores, que hicieran lo mismo ahora, cuando estábamos frente al mal de raíz, que es la falta de libertades en Cuba.
   Me alegra que El Fogonero se lea por allá, eso quiere decir que, a pesar de todas las restricciones, prohibiciones y desmanes que impone el régimen, siempre hay algún valiente dispuesto a pasarle por encima al horror. Es una pena que cada uno de ustedes no tenga la posibilidad de mantener un blog, porque eso haría que Cuba, al menos en el ciberespacio, fueras mucho más plural.
   En cuanto a las cifras que reúnes sobre los accesos de determinadas páginas de Internet, tengo poco que decir. Siempre he sido muy torpe en eso de los números. Todo lo que sé de matemáticas lo invierto en el béisbol. Prefiero recordar los jonrones de Cheíto Rodríguez, las bases robadas por Víctor Mesa y los juegos ganados por José Ramón Riscart. No veo la manera de contabilizar las ideas, de redondear las opiniones.
   Sobre mi evocación al Paradero de Camarones, te confieso que no hay otra pretensión que no sea la de poder regresar por encima de las prohibiciones que me impone la dictadura de mi país. Ese pueblo de mierda es mi lugar en el mundo, el sitio donde podría vivir el resto de mi vida sin que casi nada más me haga falta. Su estación de ferrocarril son las coordenadas exactas de lo que soy como individuo.
   El problema de Cuba no somos ni tú ni yo, Riverón, ni siquiera las ideas que podamos tener de lo que debe ser o no nuestra patria. El problema de Cuba es el régimen decadente que la tiene sumida en el oprobio y la afrenta. Te prometo que cuando nos volvamos a ver beberemos ron hasta la inconciencia. Tú pones las décimas inigualables del Club de Poste y yo todos los abrazos que nos debemos desde el siglo pasado.
   ¿De dónde has sacado tú, Riverón, que te odio yo? Me duele que a veces tú te olvides de quién soy yo; caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo.

(Una carta para Santa Clara. Blog El Fogonero, junio 2009)

Thursday, March 12, 2015

Camilo Venegas vs. Rafael Hernández

Como siente que se está quedando afuera, que comienza a ser ignorado, reacciona de la peor manera: descalifica, insulta, reprime. Usa las armas preferidas del Estado al que representa. Por eso suena tan descarado cuando le achaca a otros los términos que lo definen a él: provocación, intolerancia y extremismo.
   Llamar moscas a algunos cubanos que ponen por escrito lo que piensan, porque no lo hacen de una única manera, delata al represor que se encubre en el académico. Pero, sobre todo, demuestra su total falta de independencia, porque se ve en la necesidad de hablar por el régimen que le paga y subvenciona sus publicaciones.

(Rafael Hernández, el intermediario, Blog El Fogonero, marzo 2013)

Monday, January 19, 2015

Camilo Venegas vs. José Miguel Sánchez (Yoss)

Recientemente Yoss se sumó al coro de las 8 escritoras cubanas que, en un rapto de oportunismo, apoyaron el encarcelamiento de Ángel Santiesteban. Con absoluto descaro, en un mismo párrafo, difama dos veces al convicto: primero se hace pasar por su amigo y luego, sin la más mínima prueba, asegura que es culpable.
   Ángel Santiesteban siempre se comportó conmigo como si fuera un hermano mayor. Con él aprendí muchas de esas reglas no escritas que te enseñan a ser un hombre bueno y actuar como tal. A pesar de su proverbial nobleza, Ángel es intransigente en esas cosas. Lástima que a Yoss le faltara esa figura en su vida, que no tuviera quien le inculcara esas convicciones.
   Como sé que muchos de los que me leen no le conocen, les resumo al personaje: José Miguel Sánchez Gómez nació en La Habana en 1969. A partir de una fecha imprecisa se disfrazó de Yoss para dedicarse a la literatura, oficio en el que ha logrado algunos aciertos. Como individuo, ha mostrado una resistencia inusual a la idea de hacerse adulto.
   Ese trauma, sospecho, es el culpable de que haya hecho lo que hizo. Insisto, no es que sea un miserable, es que aún no sabe ser de otra manera.

(Yoss sigue sin querer crecer. Blog El Fogonero, marzo 2013)

Thursday, October 9, 2014

Camilo Venegas vs. Enrique Ubieta

Enrique Ubieta defiende sin capa y con espada a una dictadura que ha sumido a Cuba en la miseria económica y moral, convirtiendo a la nación cubana en una paupérrima isla a la deriva y sin futuro. Yo, quiero un país plural, con todos y para el bien de todos, donde cada cubano tenga derecho a decir lo que piensa y a participar en el futuro de su patria con entera libertad.
   Enrique Ubieta presume que “en Cuba existe una Revolución, porque existe un pueblo revolucionario”. Yo, creo que la revolución (así, con minúsculas) no se atreve a preguntarle a los cubanos qué piensan de ella y por eso ha preferido mantenerlos en el oprobio sumidos. Ubieta habla en nombre de un pueblo sin otro sustento que no sea el de una infame maquinaria propagandística.

(Mañana mismo, Ubieta. Blog El Fogonero, noviembre 2009)

Thursday, September 18, 2014

Camilo Venegas vs. Raúl Capote

Los chivatos que había presentado la televisión cubana, en su macabra serie contra los luchadores por la democracia en la isla, me parecían seres incomprensibles y detestables. No conocía a ninguno, sus rostros ni siquiera me eran familiares. Hoy todo cambió de repente. El chivato de esta noche es un tipo al que yo saludaba con un abrazo.
   Conocí a Raúl Capote por un primo suyo al que quise mucho, Evelio Luis (un malogrado escritor de mi generación que murió en el exilio). Coincidimos en los trenes y los parques de mi provincia. Su parentesco con Evelio fue el salvoconducto para nuestra amistad. Ya no recuerdo de qué hablábamos (además de literatura, claro), pero en ninguna de nuestras conversación intuí que era capaz de algo semejante.

(¿Y tú qué haces ahí, Raúl? Blog El Fogonero, abril 2011)

Thursday, June 19, 2014

Enrique Ubieta vs. Camilo Venegas

Camilo Venegas ¿quiere debatir o quiere ganarme la pelea con ofensas, que son una forma primaria de violencia? ¿Quiere develar la “verdad” o quiere tomar el poder? En algún momento de su vida cumplió sin percatarse su sueño: es el fogonero de un tren que ya marcha muy lejos, tan lejos, que él apenas recuerda la vieja estación del pueblo. Y entre los anuncios efectistas de la “gran” prensa y sus exacerbados deseos, olvida que en Cuba existe una Revolución, porque existe un pueblo revolucionario (y viceversa).

(El fogonero envía una postal didáctica. Blog La Isla Desconocida, noviembre 2009)