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Friday, November 8, 2019

Zoé Valdés vs. Wendy Guerra (4)


La Quendi Guarra escribió ese librito de mierda titulado 'Dopinga de Revolución', título que según ella homenajea a Lunes de Revolución, queriéndose arrimar a la figura de GCI, quien ni la conoció y si la hubiera conocido la habría despreciado con toda su alma, por enana tapiñada y crica salida del plato.
   Bien, en el libro dicen que cuenta (no leo sus fantocherías) que un actor de Hollywood, puertorriqueño, moreno, alto, se la singó en Cuba hasta casi violarla. Absolutamente todos los abogados y el equipo de Beneficio de la Yegua llamaron a la Agencia de Carmita Carmona Balcells y pidieron la retirada del libro, y pusieron como condición que no se pudiera publicar de nuevo si la autora no cambiaba uno por uno los detalles y datos del personaje que tanto se parecían a él. Dicen que retiraron la novela, ella cambió todo, y han vuelto a editarla. Ahora el personaje es bajito, sueco, aunque también actor de nombre impronunciable de esas películas suecas de las de ahora ... etcétera y demás...
   Sin embargo, ahora anda por Hollywood, que se cuide la mujer de Iñárritu.
   Por cierto, esta tiparraca está fajá con los títulos, porque ese del último: El Mercenario... que no sé qué más... es como para quitarle el único premiecito que se ha ganado. ¿Ganado?

(La esbirra que coleccionaba singantes. Publicado en la red, Agosto 2019)

Friday, December 16, 2016

Gilberto Padilla Cárdenas sobre la literatura “selfie” (Wendy Guerra, Pedro Juan Gutiérrez, Leonardo Padura)

La “fotografía de escritor”, un género con el mismo grupo sanguíneo del retrato, facilita también una posible hermenéutica del texto. Parece descabellado y extraliterario, pero funciona. Pensemos en las imágenes de Wendy Guerra desnuda —made in Mordzinski— como una anticipación de su literatura selfie. Vemos esas fotos hermosísimas en Soho y luego tenemos la herramienta precisa para leer Ropa interior. Esos desnudos tienen el rol de asegurarnos un protocolo de lectura. Es más, en algunos casos creo que la literatura de Wendy no es más que un intento desesperado de lucir a la altura de sus propias fotos, de poder habitar aquel imaginario que no se consolida del todo en su prosa. Wendy Guerra escribe con la cámara frontal del iPhone como si su smartphone fuera el espejo de Stendhal.
   Pienso en un escritor como Pedro Juan Gutiérrez, concentrando pavorosamente sus fetiches cosméticos: el ron, el tabaco, los collares religiosos, su tatuaje, la azotea de un país en ruinas (Cartier Bresson habría hecho una fiesta con este muchacho), para fundirse con aquel universo de mártires y héroes amalditados de su Trilogía sucia de La Habana.
   En Leonardo Padura fotografiado en Mantilla, tratando de ser un escritor empático, alguien que escribe desde un barrio parecido al nuestro.

(Literatura selfie. Revista El Estornudo, mayo 2016)

Thursday, November 3, 2016

Andrés Reynaldo vs. escritores de la isla (Wendy Guerra)

De cuando en cuando, a algunos escritores cubanos que viven en la isla les da por hablar de la paz, el reencuentro, el perdón. Ideas nobles, por supuesto. Diríanse discípulos de Gandhi, si no fuera por la dieta. Si no fuera porque Gandhi, en verdad, protestaba. Pacíficamente, pero protestaba.
   Sobre todo si andan de viaje, si acaban de publicar libro en el extranjero, adoptan una pose ambigua, entre sapiente y párvula, y en la primera rueda de prensa sueltan el rollo de la reconciliación, el rechazo a una transformación violenta, en fin, el borrón y cuenta nueva. Así, en abstracto.
   Quien los vea, el hombro levemente caído, las gafas a media asta, el tono mugido, no tiene más remedio que admitir: “¡Esta gente sufre!” En verdad, han sufrido. Se les censuró y todavía se les censura. Les negaron permisos de salida. Los echaron de los empleos, de las universidades. Tuvieron que pasar una odisea para conseguir un aire acondicionado. Dejaron de convocarlos (o nunca fueron convocados) a las reuniones importantes. ¡A las fiestas importantes!
   Sin embargo, ahora no hablan mucho de sus sufrimientos. En todo caso, hablan de sus sufrimientos a la defensiva. Cuando se les sorprende tratando de pasar gato por liebre. El gato del acomodo con la dictadura por la liebre de la opinión heterodoxa. Es otra de las grandes inversiones éticas que las dictaduras totalitarias imponen a la inteligencia de un país. La víctima reclama su autoridad moral para legitimar al victimario.
   De modo que estos escritores van soltando de Buenos Aires a Estocolmo los tópicos de la reconversión de la verdad, del maquillaje de la historia. Alguno alcanza a quejarse de que nadie le pregunta a Paul Auster sobre política pero que a él si le indagan constantemente, irritantemente, sobre la dictadura de los Castro. (Aclaremos, él nunca pronuncia la palabra “dictadura”). De hecho, según él, hablar de dictadura en Cuba puede ser excesivo. “Hay muchas Cuba”, dice. Debían preguntarle si en alguna de esas muchas Cuba existe un estado de derecho.
   Si pasamos por alto la desconsiderada comparación con Paul Auster, no deja de haber cierta ternura en estos argumentos. Cierto eco de incorporado terror. El apego desesperado a las protectoras simplificaciones de nuestra temprana juventud. Cada cual sobrevive como puede.
   Hace poco, alguien ha entrado en el poco frecuentado terreno de la oposición violenta a la dictadura. No se deben cambiar las cosas a punta de ametralladora, dice. Además, ¿cómo vamos a matarnos unos a otros para cambiar un sistema que hemos construido nosotros mismos?
   Aquí hay que deslindar entre la paja y el heno. Por un elemental principio humanista, la violencia no puede ser propuesta como solución política. No obstante, sería inmoral descalificar la oposición armada contra un poder ilegítimo perpetuado por la fuerza. En el mismo orden, no porque la dictadura sea obra de cubanos (¿de quiénes iba a ser?) la responsabilidad queda repartida a partes iguales. En rigor, todos sabemos muy bien quiénes son los responsables.
   Entiéndase, no se trata de pedirle a estos escritores que se pasen a la disidencia. Que eleven su voz frente a la represión. Que escriban poemas sobre el presidio político. Que quemen su carnet de la UNEAC. Que salgan a repartir subversivas octavillas. En fin, que apunten con su palabra a la cabeza del tirano. Nadie tiene derecho a pedírselos. Menos aún desde Miami.
   Pero, por una cuestión de obvio pudor, de rudimentaria decencia, de mero respeto a sus propios talentos, ¿podrían dejar de hablar de la cosa ya que no quieren llamar a la cosa por su nombre?

(Los escritores cubanos, o posan de Gandhi o de suecos. El Nuevo Herald, abril 2016)

Thursday, October 13, 2016

Nicolás Aguila vs. Wendy Guerra

“Intentar derrocar con violencia un sistema que hemos construido nosotros mismos sería muy incoherente”. Eso ha afirmado la inefable Wendy Guerra con motivo de la presentación de su libro ‘Domingo de Revolución’. Y yo me quedo a cuadros. ¿Cómo es posible que una escritora nacida en 1970 —cuando ya todo en Cuba estaba destruido y no había nada que construir como no fueran más cárceles y las ergástulas conocidas como ‘escuelas en el campo’— se responsabilice graciosamente con la implantación del totalitarismo en esa isla desdichada?
   Yo mismo, que tenía siete años en 1959, nada tengo que ver con el desastre castrista. Como tampoco mis mayores, mis vecinos o ninguna persona que conozca, aunque hayan sido revolucionarios o fidelistas. Si algo se le puede excusar al pueblo de Cuba —sin por ello olvidar su pasmosa pasividad y capacidad de aguante— es el no haber votado nunca por ninguno de los dos Castro, ni por el comunismo, a diferencia de Venezuela, en elecciones u otro tipo de consulta popular que puedan calificarse de mínimamente libres.
Fidel Castro no contó absolutamente con nadie— ni siquiera con sus ministros y colaboradores cercanos, a no ser un reducido grupo formado por los más radicales entre los radicales— para imprimirle un rumbo comunista a su revolución. Fue una decisión suya y solo suya, totalmente suya y nada más que suya. Si él no hubiese deseado copiar el modelo soviético al pie de la letra, nadie se le hubiera opuesto y lo habrían aplaudido igualmente a rabiar. Y quizás otro gallo nos hubiera cantado.
   Por otro lado, en Cuba no se construyó ningún nuevo sistema que merezca tal nombre, como afirma la narradora con frívola complicidad. Allá se destruyó hasta el mínimo detalle el sistema que existía antes y que, sin ser perfecto, funcionaba razonablemente bien. En su lugar se sistematizó el caos económico-administrativo, junto con el odio envidioso y la represión más brutal. De ahí que el empleo de la violencia para derribar ese régimen tenga plena justificación.
   La resistencia contra cualquier tiranía está histórica y moralmente justificada. Otra cosa es que, en la situación cubana actual, la lucha armada no resulte factible. En ese país no hay ni donde comprar una escopeta marca U (de esas que usaban en tiempos de mi niñez para cazar codornices y palomas rabiches). Y el que la conserve de antes, escondida en un clóset de tarecos viejos inservibles (en Cuba se guardan hasta los envases desechables), no tendría donde comprar la munición.
   Es que ni siquiera serviría la carabina de Ambrosio, el famoso bandolero sevillano, porque este, en vez de utilizar pólvora, cargaba el arma con cañamones (un alimento para pájaros que en la Cuba del eterno no-hay se encuentra solo en la shopping de los ornitólogos y espiritistas autorizados).
   Wendy Guerra podrá cambiarse el apellido y el nombre para renombrarse Irene de la Paz, y nada logra con ello. En Cuba no se permite ni siquiera el irenismo (pacifismo a ultranza) si es contrario a la línea del castrismo.

(La inefable Wendy. Neo Club Press, abril 2016)

Monday, September 19, 2016

Wendy Guerra sobre la Feria Internacional del Libro

Ciertamente es esta una exhibición extraña en la que se producen muchos encuentros que deberían llevarnos a algún lugar, pero su espiral ascendente se desvanece al cierre mismo del evento.
   Los acuerdos que puedan tomar cierto editor extranjero con algún dirigente de cultura casi siempre se los lleva el viento. Recordemos que la literatura aquí es un medio ideológico y los funcionaros intermedios no deciden nada, mucho menos qué es o no pertinente en la política cultural de la isla.
   Como diría Eliseo Diego: “Pasa la fiesta y es como si no hubiese venido nadie”, lo acordado se vuelve humo. Los tratos con editoriales españolas, ventas y pactos de colaboración duran tan poco como el invierno en La Habana.
   En el marcial complejo Morro Cabañas se levanta el laberinto de cubículos de las editoriales nacionales e internacionales que nos visitan cada año en febrero. Algunos de estos volúmenes logran venderse en pesos cubanos o CUC y otros son simplemente textos de exposición.
   Los cazadores de libros leen parados e intentan convencer a los editores foráneos, quienes no siempre poseen autorización para distribuir sus ejemplares, que desaparecen luego entre abrigos y carteras. Es preferible repartirlos disimuladamente que llevarlos de vuelta a sus países. Tampoco se les permite a dichos invitados permanecer más allá del tiempo estampado en su visa de participante.
   Los ejemplares de autores cubanos de éxito en el exterior como Pedro Juan Gutiérrez o Leonardo Padura son imposibles de encontrar horas después del paso de dichas voces por los cubículos de las lúgubres galeras.
   Es justo decir que este es un país de lectores. La insistencia de los cubanos por leer es indiscutible, pasar horas y horas de pie en una larga cola para adquirir un libro lo validan.
   La imposibilidad de acceder masivamente a internet para la exploración literaria de lo más reciente mantiene al lector atento y ávido de lo que pueda obtener cada año en este evento.
   Algo digno de celebrar es el esfuerzo de las pequeñas editoriales del interior del país por editar e invitar cada año a nombres significativos de la literatura iberoamericana, quienes debaten sobre tópicos permitidos en los foros interiores. Desafortunadamente, asiste muy poco público y no siempre estos espacios son bien conducidos por el anfitrión, que a veces olvida su lugar como moderador en la mesa y se extiende en citas innecesarias o gestos ególatras.
   Lo terrible de la Feria del Libro de La Habana es la excesiva venta de bebidas alcohólicas y el choque cultural que ocurre en el corazón del encuentro, verdadero combate entre intelecto y vulgaridad.
   ¿Desea mostrar esta feria el retrato literal de nuestros días?
   Ese ambiente de reggaetón camuflado con bachata, trova, salsa y olor a frito impide el intercambio coherente en las áreas exteriores.
   Afuera se discute, ron mediante, de todo menos de literatura, mientras dentro, algunos padres intentan comprar en pesos cubanos un libro para colorear la realidad de sus hijos.

(La Feria Literal del Libro de La Habana. El Nuevo Herald, febrero 2016)

Thursday, November 19, 2015

Zoé Valdés vs. Wendy Guerra (3)

Una de las Momias emblemáticas de la izquierda caviar ha salido en una foto sin enterarse siquiera, acompañado de una de sus tristes puticas plataneras. La Putica Platanera le puso su cuerpo en bandeja a la Momia desde los doce años —según ella misma se ha encargado de regar—, en tríos, cuartetos, y sextetos que nada tenían que ver con Ignacio Piñera. La Putica Platanera (…) no siempre fue escritora, no. Mimética como siempre ha sido, primero ansió ser poeta como la progenitora de esa plaga llamada Putica Platanera, luego actriz, después pintora. Tras tantos fracasos juntos y gracias a darle de mojar el mocho en forma de jicotea en su tintero o “chocho mal lavado” a la Momia con guayabera mexicana pudo entrar en la Meca del cine latinoamericano, la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (ya me dirán ustedes qué tiene eso de Meca, pero así son las cosas que se inventan en Cuba, deberá ser el fanatismo religioso). Estudió allí y comió espaguetis con Coppola, que ahora nos enteramos que en lugar de dar clases a los estudiantes extranjeros, que pagaban sus estudios en divisas, bastante caro, por cierto, lo que recibían eran raciones de espaguetis hervidos por Coppola; qué simpático, qué provechoso, qué útil para un cineasta.
   Pese a todas sus triquiñuelas y traquimañas, la Putica Platanera, singante donde las haya con informantes contra ellos mismos, no se hizo cineasta, qué va, pero de todos modos llegó a realizar un documental. Y para colmo se le metió entre ceja y ceja, siempre mimética, el convertirse en escritora, novelista para más inri. Y ahí anda, folkloreando de lo lindo, envuelta en tules, celofanes, o sea, imitando lo que no llegará a ser jamás. Se atreve y cacarea que en Cuba el racismo no es “política” del “gobierno”, ah, vaya; ignorando a Orlando Zapata Tamayo, a Sonia Garro Alfonso, a Alejandro Muñoz, y a tantos negros que viven hacinados y acorralados en Cuba. ¿Habrá visto la película ‘Una noche’ de Lucy Molloy, ella que tanto se interesa en el cine? La Putica Platanera, como la ha llamado un amigo, dictamina, como buena comisaria tapiñada que es, que sólo se puede escribir de Cuba desde Cuba. Rectifico, sólo se puede escribir del castrismo desde el castrismo, que es lo que ella hace. Y de tal modo la invitan a los Festivales y Ferias del Libro, les producen películas a ella y a otros tapiñados del castrismo. Pero claro, ella les lleva ventaja, ella se sacrificó en cuerpo y alma, de manera vehemente, aliviándole la “pingustia” (la palabra es de la Putica Platanera, no mía) a la Momia en guayabera.
   Yo pregunto, ¿es eso la literatura? Claro que no. Y otra pregunta: ¿por qué de las películas basadas en novelas de escritores cubanos no hay ni una sola inspirada en un escritor cubano del exilio?  Que yo recuerde, el cine chileno, el argentino, el boliviano, todas las películas que se producían en Cuba, y hasta los clavos de Glauber Rocha (confieso que a mí me gustaban estando en Cuba, pero ahora ya es otra cosa, las he visto todas de nuevo y no sé qué clase de chícharos comía yo que me permitían entender y admirar semejantes bodrios), post-producidas en Cuba, con el dinero del pueblo cubano, eran películas contestatarias, en contra de las dictaduras, basadas algunas en obras de escritores exiliados. No creo que la Putica Platanera ni la Momia puedan ofrecer alguna explicación al respecto, de por qué no se producen películas basadas en los libros de escritores cubanos exiliados; de ninguna manera, ellos forman parte del entramado, de la intriga, de la componenda, en una o dos frases: de la traición al pueblo cubano, de la estafa a los lectores y futuros espectadores. Allá ellos, yo como no soy ni lo uno ni lo otro…. Además, mi médico me prohibió el chícharo.

(La Momia en guayabera y la Putica Platanera. Blog Zoé Valdés, diciembre 2013)

Tuesday, October 20, 2015

Juan Abreu vs. Wendy Guerra

Antes de ir al restaurante, pasamos por la librería a comprar una obra maestra, Claus y Lucas, y el último de Cabrera Infante. Allí, mirando, encuentro el más reciente bodrio de Wendy Guerra, publicado por Anagrama. Qué bajo ha llegado Anagrama. Leo en la contraportada del bodrio que el bodrio va de negros y folklorismos y de deidades africanas y en fin de toda esa morralla primitiva, terruñera, turística y realistamágica (qué coño será eso). Cuando una literatura muere, como es el caso de la literatura cubana escrita en Cuba, del proceso de descomposición del cadáver lo que sale regularmente son novelitas folklóricas como este bodrio de Wendy Guerra.
   Es imposible escribir sobre Cuba desde dentro de Cuba.

(Blog Emanaciones, diciembre 2013)

Monday, October 12, 2015

Zoé Valdés vs. Wendy Guerra (2)

De la verdadera Cuba sólo puede escribir quien la conoció tal como fue y no antes de que llegaran los bárbaros (alusión al poema de Cavafis que seguramente esta señora inculta no ha leído). José Lezama Lima escribió sobre París, sobre los pensamientos de Pascal, y nunca puso un pie en París, ni conoció a Pascal. La literatura, parece que ella no se ha enterado, es sobre todo imaginación, y no el cuentecito alrededor del ombligo del escritor. Por otra parte, como no se ha leído la última novela de Guillermo Cabrera Infante no sabe que Mapa dibujado por un espía la escribió en el año 1965, recién a su regreso de Cuba. Esta ignorante, oportunista, descarada, no es más que una vergüenza para la cultura cubana, la verdadera, y no la castrista. Sólo hay que ver el lenguaje corporal de esa foto. La mirada perdida del Nobel, la garra de ella subiéndole la mano para que muestre que tiene su novela, usándolo de publicidad, como siempre ha usado a la gente. Como nos ha usado a tantos. Una trepadora de envergadura, hija de la robolución en su más estricto sentido. Puaf!

(Comentario publicado en la red. diciembre 2013)

Tuesday, October 6, 2015

Walfrido Dorta vs. Wendy Guerra

Wendy Guerra intenta retractarse en su blog Habáname de algunas cosas que aparecieron en la entrevista que le hiciera la agencia DPA, publicada en Diario Las Américas. Pero en el texto publicado en su blog —"La literatura cubana es una sola"— sigue ofreciéndonos oportunidad para el aburrimiento y alguna perplejidad.
   En la entrevista se mezclaban, entre otras cosas, rotundidades topográficas, persistencias naturalizadas del "realismo mágico" como idiosincrasia nacional, descargos de responsabilidad al Gobierno cubano sobre el problema racial… Cada una de estas alusiones es ejemplar en cuanto a su calidad de lugar común o en cuanto a ser altamente cuestionable.
   Luego, en el texto publicado en su blog se concentran desafortunadamente algunas cosas que se repiten y repiten de varias maneras en el habla de algunas figuras públicas y escritores de Cuba. Cuando el agua de los lugares comunes llega al cuello y atora la garganta (como tal parece sucederle en este caso a Wendy Guerra), o cuando el impulso de algún "atrevimiento" ideológico lleva a decir cosas arriesgadas (como en un titular de artículo sobre la raza, por ejemplo), y la imparable maquinaria de internet echa a andar, entonces esas figuras tienen siempre a mano el recurso del "yo no dije eso, me han manipulado" o "han sacado mis frases de contexto".
   Nada pudiera haber más tranquilizador que esta exculpación, pero el problema es que nadie, o casi nadie, se cree ese evento salvador que deroga la responsabilidad con lo que uno manifiesta. Además, tal estrategia es muy contraproducente ante frases tan rotundas y estructuradas como "la cubanía es algo de lo que se puede hablar desde Cuba y no fuera de ella" (Wendy Guerra).
   Si topografías perversas como esta pudieran dar risa o despertar fantasmas, absolutizaciones sobre la "unidad" de la literatura cubana no son menos preocupantes. No es que no puedan defender sus opiniones los escritores cubanos que se mueven como agrimensores, pero es que el paso corrector puede ser peor aún.
   Los pasos hacia atrás de Wendy Guerra en ese texto de su blog la conducen a los territorios desoladores del kitsch ("las sublimes páginas de una literatura"), y hacia pasajes que no pueden ser más confusos y esencialistas porque la imposibilidad también tiene un límite ("La mano de un cubano, su voz y su gesto, su acento es suficiente para saber que estamos ante un original o una pieza editada que deriva en nuestra literatura").
   Afirma Wendy Guerra con énfasis: "la literatura cubana es una". Cuando de lo que se trata es de que no sea una: un compendio de escrituras que se uniformiza a partir del sentido único de una geografía. Que ninguna apelación a la unidad convoque a comunión.
Y para rematar, lo que no podía faltar en las vertientes automatizadas de los discursos sobre Cuba: cualquier variante de excepcionalismo —que no solo aparece en donde casi se le espera, sino que puede surgir hasta en las escrituras/hablas supuestamente más arriesgadas (si no, ver algunas apelaciones por parte de escritores muy recientes a "los lectores nuestros que no han nacido aún"). Ese excepcionalismo que se invoca por algunas figuras para hacernos y figurarnos (la literatura cubana, los escritores cubanos) como intraducibles, pero que está atravesado por el inconfesable prurito de volvernos transparentes para el mercado o las escuchas exteriores.
   Un deseo de transparencia que parece animar la nueva novela de Wendy Guerra —Negra—  publicada en Anagrama: un ejercicio de ventrilocuismo racial, si nos atenemos a lo que dice su autora en otra entrevista, aparecida en El Informador. En las palabras de Wendy Guerra se suceden asunciones muy problemáticas y uniformidades que cualquier estudio sobre la raza desharía a estas alturas: dice que su novela habla de "la sexualidad y los rituales de una raza" (la unión de ritual y raza parece entresacada de un manual antropológico del XIX), sin que uno pueda imaginar a qué rituales se refiere, ¿a los rituales sexuales, supuestamente privativos de una raza?, ¿a la religión afrocubana, que en modo alguno es privativa de la raza negra?
   Más arriba, y según la glosa del periodista, Wendy Guerra reproduce un imaginario estancado, al que solo cabe atribuirle la malograda idea de que "la sexualidad afrocubana" es "fastuosa", adjetivo que solo se esperaría encontrar en guías de viaje colonialistas. A través de muy desafortunadas metáforas de minería, que le otorgan a la raza negra una calidad basta y oscura, Wendy Guerra dibuja para sí como escritora la improrrogable labor de "sacar el diamante de entre el carbón": un redentorismo que remite directamente a las más trasnochadas políticas de representación.
   Parecería fácil lo que los escritores cubanos se ven abocados a contrarrestar, dado lo plano de las hablas públicas y de las escrituras y actores más visibles. Pero no lo es. La escucha y las expectativas de recepción tenderán a privilegiar esas regularidades (anodinas en su forma, pero muy perversas en sus efectos), porque son Cuban fast food, hegemonías livianas y receticas caducadas, pero fáciles de digerir.

(Los pasos hacia atrás. Diario de Cuba, diciembre 2013)

Monday, September 14, 2015

Zoé Valdés vs. Rosie Inguanzo, William Navarrete y Wendy Guerra

El problema de Rosie Inguanzo es, primero nada que jamás tuvo swing, es mala actriz, mala poeta, y mala persona, envidiosa y guajira lépera, que hoy te adula y mañana te calcula. Ya la calé hace ratón y queso. Y segundo quiere situarse cómodamente, en ese justo medio del comemierda. Jamás ha dado perreta de nada porque le falta mendó. Digo lo que pienso, es todo. Ninguna perreta, mis ideas en libertad y con mendó. El otro asunto: ha cogido obsesión con la pinga de Juan Abreu, igual que cuando la cogió con decir que Güicho era maricón. ¿Quién pinga se cree ella que es para juzgar a nadie? Algún problema con la pinga y con el culo debe tener. Seguro que es falta de morronga lo que tiene, o de culo, lo que es más evidente. Es lo que suele suceder en estos casos. Pero que le pregunte a su amiguete Navarrete, ladrón de viejas y ahora de otros amigos pintores -que todo se va descubriendo en este París de las delicias- qué cosa quiere decir pingustia. Es una palabra de esa excelsa escritora: Nieves, o la Quendi Guerra, que ellos publicaron en Tumiami, que pasó primero por varias etapas, pintora cuando le copiaba a Zaida del Río, actriz con nombre de Zoé cuando le copiaba a Leonor Arocha y empezaba ya a plagiarme los poemas en La Habana de los 80, cuando Humberto Castro se la dejó en los callos por estúpida. Y ahora escritora, cómo no, después que me rindió años de años, pidiéndome mis novelas a través del tarrúo del marido. Esa sí que tampoco tuvo swing, ni aún cuando se puso a cagar encima de los cuadros de Flavio Garciandía, con el que también lloró en un café de París, después de habernos llorado a Ricardo y a mí en otro café parisino. Nunca tuvo swing y lo único que hace es copiarme el mío, segundo a segundo, sombreros incluídos.
   El swing para Rosie Inguanzo, parece ser, debe ser tibio, y de esa izquierda churrosa miamense que me da arqueadas nada más que de olerla. Ahora mismo debe estar viniéndose, chorreándose la chancletica, con la mierda de canción de Carlos Varela a los de allá y a los de aquí, en el concierto más aburrido del mundo, el de Juanes de los Palotes. Lo estoy viendo por yahoo, porque aquí en Francia ni se ha hablado de eso en la televisión.

(Comentario publicado en la red, septiembre 2009)

Friday, July 31, 2015

Alexis Romay vs. Wendy Guerra (y Carlos Varela)

Carlitos y Wendy Guerra
tiran con cierto abandono
de la cadena. ¿Y al mono?
Lo dejan… que les aterra.
De sus días en la tierra
dan cuenta con sus canciones
y escritos bobalicones
a la ciudad disoluta:
«Esta Habana es una puta
(fuera de revoluciones)».

(Algunas disquisiciones sobre la inmortalidad del cangrejo. Blog Belascoaín y Neptuno, Oct. 2008)

Tuesday, July 15, 2014

Zoé Valdés vs. Wendy Guerra

Wendy Guerra es un caso patológico. En una época quiso ser como Zaida del Río, en otra como Humberto Castro, después se le metió en la cabeza ser como yo. Tenía hasta un programa de televisión en Cuba, señores, porque ella lo que siempre fue  y es una actriz de segunda, en el que el personaje se llamaba Zoé. No paraba de escribirme emailes alabándome como escritora. Cuando su marido cubano de madre francesa venía a Francia, mandaba a pedir mis libros con él. Yo de comemierda se los mandé dedicados. Cuando mi madre se enfermó ella fue a mi casa, no a ver a mi madre, no, a pedirle mis libros y mis sombreros (sin mi consentimiento), los que yo usaba en La Habana, porque se iba a casar y quería llevar sombrero como yo. Además empezó a vestirse con tules y ropa inventada como mismo me las inventaba yo en una época en Cuba. Y es que la gente de allá se piensa que cuando uno se va de Cuba, que cuando uno se exilia, ya se muere, y a cogerse el puesto se ha dicho.

(Otra detenida. Blog Zoé Valdés, octubre 2012)

Wednesday, May 28, 2014

Humberto López Guerra vs. Wendy Guerra

En realidad Guerra no es nada original: cabalga alegremente por el oblicuo trillo con sus compañeros en el arte de ser artistas inconformes, pero plagados de un conformismo rayano con la complicidad de un régimen que se aprovecha de sus talentos, fama, entrevistas y giras internacionales, para apuntalar la falsa hipótesis de que en Cuba hay libertad de expresión, que artistas inconformes, críticos, reconocen los logros revolucionarios desde una posición crítica.

(Wendy Guerra y el travestismo en Cuba. Blog de Zoé Valdés, octubre 2011)

Friday, November 15, 2013

Jorge Fornet sobre Wendy Guerra

Ya comenté en algún sitio, por ejemplo, la paradoja de que a muchos escritores se les reprocha estar plegados al mercado por eludir la "realidad" de sus países, mientras que a los cubanos se les reprocha lo mismo, exactamente por la razón inversa. Pero está claro que los riesgos de que el escritor sea influido negativamente por los intereses de los editores o agentes literarios están latentes. Me llama la atención, por ejemplo, el caso de la novela de Wendy Guerra Todos se van. Durante años Wendy estuvo trabajando en torno a la figura de Anais Nin y esta novela era, de hecho, parte de ese proyecto. Sin embargo, Wendy contó que en algún momento Carmen Balcells le había recomendado despojar el texto de la historia de Anais Nin y concentrarlo en la figura y el drama de ese personaje cercano a la autora. ¿Por qué? ¿Por qué Wendy debe renunciar a aquella historia y concentrarse en sí misma y en su entorno? No tenemos modo de saber si el consejo obedecía exclusivamente a factores literarios o si respondía a una idea preconcebida de lo que debe ser (y a lo que debe dedicarse) un autor cubano. Es probable que, efectivamente, la novela de Wendy haya mejorado, pero es improbable que un editor cubano hubiera hecho tal petición, lo que significa que, de haberse publicado aquí, estaríamos leyendo otro libro. 

(Jorge Fornet y el camino de los cuestionamientos, entrevista de Elizabeth Mirabal Llorens, La Jiribilla, No. 305, 2007)

Thursday, February 7, 2013

Zoé Valdés vs. William Navarrete (y Wendy Guerra)

Tal vez Manny López desconozca quién es Reina María Rodríguez, pero no ignora quién es el Tartufo Ladrón de Gina Pellón, el mismo que se dice representante en París de Yoani Sánchez, de Wendy Guerra y de Daína Chaviano, quien busca ser aceptado por los castristas mientras se mete en todas las organizaciones anticastristas de Miami para pedir dinero, y de sus viajes vuelve cargado de cheques –según él– de Carlos Saladrigas, de Janisset Rivero, de MAR por Cuba, y de otros tantos más que no saben que tienen al enemigo pastando en sus jardines. El mismo tipo que le dijo a Pepe Triana que no le regalara un libro de poesía porque encontraba la poesía inútil, y que de la noche a la mañana se convirtió en poeta, ganó un premio en Nueva York de poesía, tan parecido al premio que ganó Wendy Guerra en España, un premio para hacer de ella una voz cubana, algo disidentona, pero que invariablemente defiende a Cuba y al castrismo por encima de todas las cosas, que ataca a Miami en un programa de la televisión francesa, sin embargo se pasea por los predios de la Feria del Libro de Miami, invitada como una de las figuras de referencia, el mismo año en que El Ladrón de Gina Pellón (ha vivido durante años de vender lo que le robó a Gina en Miami, incluso a los mismos amigos de Gina) se presentó en la Feria del Libro de esa ciudad como editor y poeta, ahora para colmo es novelista.
   A este Ladrón de Gina Pellón lo conozco muy bien, también estuvo metido en mi casa, gracias a mí tuvo su primer trabajo serio, gracias a mí conoció a mucha gente en Francia importante, lo presenté a editoriales y a editores, y una vez que se coló, empezó a hablar mierdas de mí, pero todavía se presentaba en Miami como el tipo que escribía mis novelas (mi negro), mi secretario, y el dueño de mi vida y mis secretos más íntimos. Fue el que dio la información (distorsionada) al Inmundo García para que hiciera un programa de radio en mi contra, donde el pintor Ramón Alejandro, imbuido por este personaje, deschavó y mintió sobre mi vida personal y la de Ricardo Vega. Al día siguiente el Ladrón de Gina Pellón colgó muy orondo esta entrevista en su blog, haciéndole uno de los mejores trabajos al castrismo. Este es el mismo personaje que se cartea con Mariela Castro, el mismo que escribe a personalidades francesas en contra mía, un delator nato. Envidioso, sabandija, castrista tapiñado, que incluso publicó poemarios de presos políticos que se encontraban en la cárcel y se clavó dinero de esas publicaciones, no sé si mediaron contratos editoriales de por medio con esos presos y con sus familiares. Es el mismo tipo que se vende como católico en algunos círculos y viaja a la Arabia Saudí y se adapta muy bien al país que decapita homosexuales y lapida mujeres, siendo él mismo homosexual. Ese tipo, que es el odio en persona, el castrismo en persona, la delincuencia en persona, leyó poemas en Zu Gallery y devino compinche de Manny López, es quien representa a Yoani Sánchez en varias actividades en Italia y publica gracias a las gestiones que hace con el editor italiano de Yoani Sánchez, según él mismo grita a voces. Publica artículos en Cubaencuentro y en El Nuevo Herald sobre viajes que nunca hizo, copia como un caballo de Wikipedia, y no es más que un jinetero que se hace pasar por profesor de la Sorbona, y hasta se dice miembro de la Academia Francesa, ¡por favor!

(Blog Zoé Valdés)