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Wednesday, April 30, 2014

Gerardo Fernández Fe vs. Víctor Fowler

Ahora comprendo mejor el sentido del artículo "De un regreso confiado", publicado en La Gaceta de Cuba (N. 4, p. 64), en donde Fowler, como si regresara a Troya tras una batalla de años, se muestra sorprendido por "la ausencia de vida" en las calles de La Habana "cuando ni siquiera habían dado las diez de la noche", por "la escasez de lugares para la interacción social de que hoy disponemos", y termina proponiendo fórmulas para "administrar la alegría". Tras el entarimado de nostalgia por los mejores tiempos del socialismo cubano, su inocente propuesta de cambiar-sin-cambiar y algo de crítica light, se esconde (y no es difícil descubrirlo) el horrible temor ante un futuro diferente de que ya había hecho gala en su contribución al libro "Cuba y el día después". Las últimas líneas de su artículo en La Gaceta, efervescentes y patéticas, compiten con el fervor con que en 1964 (foto de Calvert Casey incluida) en la misma revista se publicaban poemas dedicados a la zafra, y con la euforia con que en 1980 (Gerardito de 9 años incluido) sacamos a pedradas a nuestros vecinos díscolos e individualistas y nos aprestamos a construir un futuro mejor. "Vivamos, despidamos, regresemos a otra ciudad" no es una consigna de entonces, sino la última frase de la crónica de marras.
(…)
   Fowler escribe: "No veo qué evitará la desnacionalización de la producción y los servicios; (...) qué podrá impedir la extensión de un racismo que hoy (...) multiplica sus brotes". 
   Fowler no ve, no ve..., y esa ceguera no es borgiana, sino política. A lo largo de su artículo, a Fowler, un intelectual acucioso, no le interesa la futura posibilidad de leer periódicos verdes, rojos o azules sin que por ello sea "una prensa del escándalo" (¿o no hay prensa seria en el mundo?) y según nuestras convicciones o antojos, votar verde, rojo o azul según nuestros plurales daltonismos, o simplemente pensar en verde, rojo o azul sin que por ello seamos apartados mediante eufóricas pedradas o sutiles cacerías. Esa sería  --entre otras buenas y malas--  una realidad del famoso "día después"; un Estado un tanto (sólo un tanto) menos feudal, menos pendiente de sus fieles e infieles --aunque, no seamos ingenuos ni patéticos ni eufóricos, después de Deleuze y Foucault sepamos que nadie escapa a Estados de Control.

(Carta de Gerardo Fernández Fe a la narradora Ena Lucía Portela sobre la antología Cuba y el día después, La Habana Elegante, segunda época)

Tuesday, April 29, 2014

Lorenzo García Vega vs. José Martí

Tampoco puedo soportar a los héroes (Acuérdense: ya se ha dicho: «Todos los héroes son malos»). Razón: el haber nacido en un país donde, por tener como Apóstol a un desbordado romántico que hasta llegó a soñar una increíble religión con los grandes hombres como santos, logró que, junto con el choteo que tiñe toda nuestra historia, los héroes llegaran a pulular por todas las esquinas de nuestro lamentable relato.

(Maestro por penúltima vez. Encuentro de la cultura cubana, Nos. 53/54, 2009)

Monday, April 28, 2014

José Rodríguez Feo vs. José A. Baragaño

¿Quién que se considere un intelectual serio puede leer estas palabras del señor Baragaño sin echarse a reír? Aparte de estas consideraciones, había que preguntarse ¿qué hacía el señor Baragaño por aquellos años en que el grupo Orígenes se dedicaba a “mirar hacia atrás”? ¿No es cierto que este mismo “superrevolucionario” de hoy trató por todos los medios a su alcance que le publicasen sus poemas en las páginas de la misma revista Orígenes, de esa misma revista que él ahora califica de colonialista?.

(La verdad sobre Orígenes, Diario Revolución, marzo 1959)

Friday, April 25, 2014

Guillermo Rodríguez Rivera vs. “La conspiración de los iguales”, de Rolando Rodríguez

No me explico como un estudioso con múltiples trabajos de valor y que ostenta los premios nacionales de historia y de ciencias sociales, haya escrito un libro tan históricamente descontextualizado como La conspiración de los iguales, colmado de una rica documentación que su autor no ha sabido leer bien.
   El libro, desde una óptica actual, le reclama a los Independientes una visión que no podían tener y que muy pocos cubanos podían tener entonces.
   El alzamiento, ese “juego de las insurrecciones” que RR califica como tal en su libro, era una manera de negociar en esos primeros años de la república. Si alguien lo conocía bien era el propio José Miguel Gómez. Lo que ocurría es que ese juego sólo lo podían jugar los blancos.
   Los Independientes de Color no protagonizaron un alzamiento ni una conspiración, sino organizaron una “protesta armada” para negociar, pero los políticos blancos no iban a permitirle algo así a los negros. Sabían que los Independientes no tenían en sus filas más que pobres campesinos sin armas ni pertrechos, y repelieron la protesta como si fuera un auténtico alzamiento… o la “conspiración” de la que escribe Rolando Rodríguez.
   Los Independientes apelaron a los Estados Unidos creyendo que sus fuerzas iban a evitar una masacre. Las autoridades norteamericanas nunca iban a intervenir en Cuba para evitar la muerte de negros y mulatos. Si eso era lo que estaba haciendo el gobierno de Gómez, que lo hiciera de una vez.
   Pero me parece inusitado en un historiador revolucionario y marxista, que sea capaz de echarle en cara a los Independientes,  entre los que hay hombres asesinados (estoy pensando en Ivonnet y Estenoz) en 1912, unas palabras del poeta Nicolás Guillén, escritas cuarenta años después de su martirologio, sobre el racismo y la discriminación racial en los Estados Unidos.

(Un libro equivocado. Blog Segunda Cita, diciembre 2011)

Thursday, April 24, 2014

Desiderio Navarro vs. Píter Ortega

¿Ha habido alguna vez una exposición de un curador cubano que desde el  primer momento tuviera la megalomanía de anunciarse a sí misma como una  gran conmoción demoledora inscrita ya en la futura Historia del Arte?  ¿Cómo se atreve a acusar a otros de ansias de ser el centro del mundo  quien no puede escribir una cuartilla destinada supuestamente a presentar obras ajenas de artistas, sin dejar de cantarle  desfachatadamente a su propia curadoría egocéntrica?
   "Esta es una curadoría pretenciosa, ciertamente. No hay nada de humildad en ella. Su propio título sugiere un híbrido entre dinamita y ego, entre tsunami y catarsis narcisista."
   ¿Qué curadores cubanos habían llegado alguna vez a este desenfrenado mesianismo y autobombo? ¿Ha habido alguna vez alguno que concluyera las palabras de su catálogo con esta petulancia ególatra?

(El obsceno encanto del cinismo. Reproducido en Penúltimos Días, julio 2010)

Wednesday, April 23, 2014

Eliades Acosta Matos vs. Manuel Sosa

Manuel Sosa, guerrero cultural del exilio cubano, uno de esos inspirados escribas de alquiler que rasgan sus vestales vestiduras al referirse a los infinitos defectos de Cuba socialista, que cierran los ojos pecados del safio patrón que les paga, y al que perdonan por no interesarse mucho en tonterías libertarias, si estas no incluyen las dulces salmodias de las cajas contadoras, ha escrito refiriéndose a la enfermedad de Fidel:  “El Hecho Biológico esperado por medio siglo, no ha ocurrido aún. Nos tocó presenciar una derivación plagada de eufemismos, sangrante, escatológica (…). Al Final, ha sido la Simbología la que ha derrotado al paladín (…). Son los símbolos los que terminan por imponerse”. (…) ¿A qué paraísos inefables estaremos predestinados los cubanos de aceptar la lógica que Sosa nos propone, la que pronostica en la enfermedad de un hombre la derrota simbólica de un pueblo?

(Fidel Castro y los mercenarios culturales del siglo XXI, Blog de Yohandry, Sep. 2010)

Tuesday, April 22, 2014

Fermín Gabor vs. “En el cielo con diamantes”, de Senel Paz

Para la presentación de su tan esperada novela, Senel Paz decidió asombrar a la prensa española con la noticia de que los guajiritos de Cuba se singan a las chivas. Echó mano, travestido de Samuel Feijoó, a una mitología que no desmereciera frente a los amores entre Leda y el cisne o Pasífae y el toro blanco.
   Piensen que los autores del exilio tienen la libertad de echarle con el rayo al ñangarismo en cualquier presentación, pero quienes viven en la Siempre Fiel y se asoman a Madrid o Barcelona sí que tienen que hilar fino. Pues en cualquier momento, apenas se entretengan, ya están hablando en contra del próximo permiso de salida. Se ha hecho recurrente entonces paliquear de cuestiones sexuales con el fin de  saltarse las preguntas políticas.
   Así, mientras le preguntan si Quiéntedije volverá a gobernar, el autor isleño confiesa que, allá en la adolescencia, no le quedó otro remedio que mamarle el bollo a su madrastra (en tanto el padre lo espiaba desde un escondite). Y, si lo interrogan acerca de las aptitudes de Compay Segundo para llevar las riendas del país, él afirma: “Muchos años después, enfrentado a las preguntas de un notario, me acordé de la tarde en que no tuve más remedio que mamarle el bollo a mi madrastra”.
   Ejemplos no faltan. Pedro Juan Gutiérrez ha intentado convencernos de que su vida es una incesante templeta. No tiene a menos posar desnudo o enseñar un tatuaje que celebra la salida de uno de sus libros. Ha llegado, incluso, a tratar públicamente acerca del tamaño de su falo. Senel Paz, que no hallaría éxito en tal clase de maniobras, ha preferido pastorear chivas durante la salida de su novela En el cielo con diamantes (Bruguera, 2007) y habla, a página entera de El País, acerca de la obsesión sexual de los cubanos. Porque el calamar echa su tinta para que no lo agarren, y una receta equivalente consiste en explayarse sobre lo épico sexual, aquello que (refiriéndose a los gatos) Virgilio Piñera llamó “templetas homéricas”.
   Cuatrocientas veinte y seis páginas tiene de largo el mandado de Senel Paz. Cuatrocientas veinte y seis páginas para que el protagonista de su novela pierda la virginidad. David se llama el tal protagonista, David igual que todos los protagonistas que el autor ha escrito. Porque la suya es siempre la misma historia de becaditos, de guajiritos que llegan a La Habana para despertar al sexo y a la cultura. David es el Harry Potter de Senel Paz.
   La novela cuenta el asedio al pudor femenino de un joven cubano de los años sesenta (Pamela o la virtud recompensada, podría llevar como subtítulo), y gasta medio millar de páginas en convencernos de que, aunque David Pamela Potter no quiere acercársele a ninguna jevita, David Pamela Potter no es maricón.

(La Lengua suelta # 40. La Habana Elegante, segunda época)

Monday, April 21, 2014

Carlos Wotzkow vs. Norberto Fuentes

La envidia que Norberto Fuentes siente por Arnaldo Ochoa lo lleva a llamarlo "negro" "arrogante", "asesino" y otros muchos calificativos que hoy habría que preguntarse a quién le pegan más. Sin embargo, el colmo de su complejo de inferioridad se deja ver cuando algunas de las mujeres con las que el escritor quiere acostarse le dicen que Ochoa era muy bueno en la cama. Entonces saca, del inmenso baúl de sus complejos, una grosería que me recuerda el estilo Zoé Valdés y añade: "Pero a pesar de todo lo que me dijera Aymée, cada mujer que se metiera esa pinga de Arnaldo Ochoa, o la pinguilla de Polo, estaba compartiendo una verga que ya había pasado por los culos babosos de todas las yeguas y chivas que despertaron la libido de estos héroes legendarios..."
   Quien haya visto las fotos que Norberto Fuentes inserta en su libro coincidirá conmigo en esta descripción: Frente achatada de mestizo mexicano, pelo negro y enroscado como el de Carlos Aldana, orejas similares a las puertas abiertas de un jeep de fabricación soviética, nariz torcida, curva, y de porrón sobre un bigote similar a las brochas con la que los niños en Cuba pintaban de lechada las aceras, y dientes, que parecen haber sido liberados del sarro con ayuda de la dinamita. Sin embargo, este mamerto sin espejos se describe así: "apuesto señor, de elegantes canas, Rolex en la muñeca y briosos Ray-Ban,"... ¡El pobre!, no sólo porque tenía que hacer exhibicionismo del Rolex para atraer a sus mujeres, sino porque a falta de brío propio, tenía que atribuírselo a sus oscuras gafas.
   Hablando de un militar que no pertenecía a su casta, el Sr. Fuentes dice: "era uno de los vergonzantes usuarios cubanos de Rolex... al que no correspondía disfrutar del agradable peso en la muñeca de esa máquina de navegantes". Dios mío - me dije, - que no mire nunca a la muñeca de este pobrete relator de sus envidias. Que no pueda Fuentes nunca observar lo que un trabajo honesto, y no el saqueo y la piratería comunista, me han permitido a mi comprar. Yo que nunca he tenido medio millón de dólares robados y escondidos en mí casa, yo que jamás podría escribir un libro de 459 páginas para repetir en cada una de ellas que era el dueño del más pacotillero de los Rolex, correría el peligro de formar parte de una enciclopedia si Norberto se fija un día en lo que corona con esmerada exactitud a mi mano izquierda.

(Norberto Fuentes: ¿exiliado o infiltrado?, Revista Guaracabuya, 2000)

Friday, April 18, 2014

Ernesto Pérez Castillo vs. Jorge Luis Arcos

Jorge Luis Arcos es uno de los impacientes que quiere ganar ventaja pescando en el río revuelto de los dineros que el gobierno de los Estados Unidos despilfarra a través de la National Endowment for Democracy en su intento por destruir a la Revolución cubana.
   Luego de dar el triple salto fatal que lo llevó, desde su puesto habanero de director de la revista UNIÓN —publicación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba—, a colocarse en medio del consejo de redacción de la propia Encuentro —plataforma de la que se ha valido incluso para sus ataques contra su antiguo maestro Cintio Vitier—, no ha dejado pasar una oportunidad de mostrarse, de marcarse, de señalar hacia sí mismo, levantado su mano entusiasta en el coro de los que claman por las treinta monedas.
   Arcos, que desde que estableció residencia en Madrid se ha aplicado concienzudamente al guión de una supuesta oposición desde una “izquierda democrática”, ha comenzado por el principio. Esto es, la exaltación de un ilusorio pasado republicano en la Cuba de antes de la revolución. En su artículo “Según imagen”, aparecido en Encuentro en la red,  comienza por afirmar: “Hace ya tantos años que en Cuba no hay democracia (más de medio siglo)”.
   Con esto establece Arcos que antes de la revolución esta islita era un paraíso democrático, y santifica las dictaduras de Fulgencio Batista y Gerardo Machado. Solos, esos dos períodos suman la friolera de quince años de represión sangrienta, casi un tercio del lapso pretendidamente “republicano”.
   Del resto, deberemos aceptar que la instauración desde 1902 del fraude electoral como método fue un acto de democracia, que todo el dinero que desapareció del erario público durante aquellos gobiernos fue democráticamente robado, que el abandono en que mal moría la gente de a pie era un olvido democrático, y que Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias —por citar solo dos ejemplos— fueron democráticamente asesinados.
   Y es con ese mismo espíritu “democrático” que Arcos arremete contra la Cuba que dejó atrás cuando hizo sus maletas. Así ha querido aumentar su crédito cortando porciones generosas del pastel que imaginó frente a sí tras la aparición en la televisión de la Isla de varios de los responsables de las arbitrarias políticas culturales del llamado “quinquenio gris”. Ni presto ni perezoso, él dictamino sobre la imposibilidad de algún debate entre los escritores e intelectuales cubanos al respecto: “En Cuba, lamentablemente, eso es impensable. Pero, además, ya se sabe la reticencia comprensible a expresar en alta voz las verdaderas opiniones sobre cualquier asunto”. ¿Por qué Jorge Luis Arcos pretende silenciar así a la intelectualidad cubana, taparle la boca, inventar que aquí nadie ha dicho nada?

(La Jiribilla, febrero 2007)

Thursday, April 17, 2014

Jorge Mañach vs. Cintio Vitier

Vitier parece hallar contradicción entre mi referencia a "los Lezama Lima y sus cofrades", y mi reconocimiento de que estos poetas nuevos son "tal vez la generación mejor dotada para la poesía que Cuba ha dado". Es decir, no comprende que se les pueda reconocer talento a poetas a quienes "no se entiende". Que ciertos plumíferos adventicios tomaran mi "no entiendo" al pie de la letra, se entiende; pero que tal entienda Vitier, no lo entiendo. Ni un ápice quito del elogio que, desde mi primer artículo, dediqué a los momentos de indudable logro poético de un Baquero, un Gaztelu, un Vitier, del propio Lezama (y la enumeración no fue taxativa). Pero no puedo aceptar la tesis de Vitier según la cual el talento poético es necesariamente infalible en todos sus empeños, o en la totalidad de cada empeño dado. Según eso, no habría derecho a opinar que a veces Shakespeare es artificiosamente cultista, tedioso Dante, prosaico Jorge Manrique, desmayado Garcilaso, pujador de conceptos Góngora, como ya se lo dijo Lope de Vega, pedregoso Unamuno y sobreintelectualista Valéry, con ser todos ellos grandes poetas. Sin el derecho a tales reparos, la crítica no tendría razón de ser (porque el poeta —dice Vitier— siempre sabe lo que hace), o sólo tendría una función descriptiva y apologética. Si eso es lo que quiere decir Vitier, por ahí podía haber empezado.
   Pero no. La aceptación in toto es una de las formas de la beatería, que también se da en literatura. La crítica está en el derecho de velar, entre otras cosas, porque la poesía tenga una eficacia no sólo expresiva, sino también comunicativa. Vela por los derechos del consumidor de poesía, si se me permite expresarme burdamente. Y le incumbe decir, en nombre de ese consumidor, que "cierta" poesía nueva resulta fatigosa de leer y azarosa de gustar por ser a trechos absurda. Absurda, no porque no tenga sentido para el poeta, sino porque ese sentido no se ha hecho suficientemente explícito dentro del misterio que toda poesía envuelve.
   Ese "a trechos" lo subrayé mucho en mis artículos, y no me parece leal de Vitier el ignorarlo. Desde mi primer comentario mostré cómo en un poema de Lezama —el primero de su último libro— un pasaje de sentido metafórico "logrado con mucha energía y novedad" seguía a unos versos que no voy a reproducir de nuevo, para que no se me acuse de separarlos del ámbito semántico del poema; pero que, aun dentro del sentido general de este, resultaban totalmente ininteligibles. Como eso no es un caso aislado, sino que se repite mucho en la obra de casi todos estos nuevos poetas nuestros, creo que hay derecho a pedirles que no nos torturen tanto el seso o la sensibilidad a cuenta de la belleza que nos dan.
   De extraña y confusa tacha Vitier mi teoría de "la expresión separada de la comunicación". No es tan mía la tesis como él supone: muchas ideas semejantes hallaría, por ejemplo, en un libro que le recomiendo del excelente crítico inglés John Livingston Lowes, titulado Convention and Revolt in Poetry. Por lo demás Vitier está en su perfecto derecho de desestimar la tesis, como yo lo estoy para enjuiciar aquella poesía del modo como lo hago. Pero a muchos otros lectores desapasionados la teoría les ha resultado clara. Y yo no me explico que una inteligencia tan fina como la de Vitier, y sobre todo un poeta como él, no advierta que todo poema es, antes que nada, un ensueño, una imagen, una intención (lo que Jean Hytier, agudo exégeta de Paul Valéry por cierto, llamó en su libro Le plaisir poétique, París, 1923, "el poema interior"), y que lo demás, el poema escrito, es ya la realización, más o menos lograda, de esa experiencia. No: yo no creo que la poesía sea "trascendente por definición", como dice Vitier. Creo, al contrario —si es que tenemos que usar jerga filosófica— "inmanente", y que sólo el arte la hace trascender. Toda mi "teoría" consiste en reclamar que la realización artística logre, en efecto, hacernos partícipes en satisfactoria medida de la intención poética. ¿Es esto mucho pedir?
   Termina Vitier pidiéndome que diga, como lo dije en mi primer artículo que padezco de "incapacidad de fruición" respecto a los poetas de Orígenes, declaración que reputa de "sincera, exacta y tal vez inevitable". Siento defraudar un poco a Vitier; por lo visto, tiene el temperamento demasiado grave para captar ironías. Lo que yo dije es que pudiera ser que se tratase de una incapacidad mía de fruición, o de una extralimitación de los poetas de marras. Y claro es que mi modestia no llega al extremo de suponer lo primero, pues tal sospecha me hubiera disuadido enteramente de escribir sobre el asunto.

(Breve réplica a Cintio Vitier. Diario de la Marina, octubre 1949)