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Friday, November 29, 2013

Manuel Millor Díaz vs. Jorge Mañach

Mañach y los de su generación, constituyen hoy la tesis carcomida, y pútrida que se revuelca en sus últimos estertores. No importa que truene con los rayos de su negación. Ni con su actitud de incomprensión de mentalidad presuntamente ahíta de sabiduría se levante como un santo laico imponiendo como norma "su verdad" para señalar las fronteras de lo cierto y de lo falaz. Lo cierto es su derrumbe inevitable. Lo falaz es su empecinamiento en persistir. La fe y el ideario de los hombres de la Revista de Avance se ha derrumbado porque estos artífices de la pluma y el verbo han sido los grandes sofistas de la Revolución cubana. Nos enseñaron un lenguaje y un estilo nuevo. Pero nada más. Sobre su habilidad de alquimistas que todo lo tornaban en oro al contacto con su palabra tersa y cantarina y de su prosa embrujadora, se ha levantado el bostezo y la indiferencia del pueblo. Y ya hoy se lee una página de Mañach o se escucha una oración suya con la misma indiferencia que se asiste al cinematógrafo a presenciar un drama conmovedor. Al regreso nos hemos olvidado de todo. Es que, como muy certeramente dijo Lezama Lima, cambiaron la "fede por la sede".

(Sobre el diálogo Lezama-Mañach. Prensa Libre, octubre 1949)

Thursday, November 28, 2013

Emilio Bobadilla vs. Aniceto Valdivia

Personalmente Valdivia no me es antipático del todo, y le estoy agradecido por alabanzas que en otro tiempo escribió con motivo de mi personalidad humilde. He dicho, y no tengo empacho en repetirlo, que es hombre leído, si bien le sucede lo que á ciertos animales inferiores, que, á diferencia de los carnívoros, tragan mucha materia indigesta, según advierte Spencer; nada tonto, de los vulgares, porque hay el tonto literario, que es quizá el peor de los tontos.
   Valdivia carece de sentido crítico, y á veces de sentido común; juzga por impresiones, sin método; no sabe asociar las ideas; todo lo caldea con el fuego de su imaginación enferma.
   Hay en sus escritos dejos de lirismo hugoniano, hinchazones hidrópicas, salidas de tono, desplantes de epiléptico. Hay momentos en que parece un loco á quien se ha puesto una pluma en la mano mojada en sangre de tonina. A ratos, parece un Carlyle traducido y rebajado, sin el talento, ni sombra, del famoso historiador inglés.
   Su prosa churrigueresca y malsonante me produce el efecto de un gran collar de cuentas de vidrio multicolores, desgranado sobre un caldero viejo.

(Triquitraques, Madrid, 1892)

Wednesday, November 27, 2013

Antonio Rodríguez Salvador vs. Manuel Sosa

Esto último le pasa también a Manuel Sosa. Niega el tiempo, aunque no lo haga con la maestría de un Borges; menos aún con la ingeniosidad criolla de mis amigos bromistas. Años atrás escribió un libro titulado Saga del tiempo inasible, y por elemental secuela de la construcción gramatical no hay dudas que para él habrá cierta clase de tiempo que puede ser asible: quizá un par de meses que pueden guardarse de reserva en el bolsillo, o vaya usted a saber si un tiempo de reloj roto. En cualquier caso, si la combinación “tiempo inasible” no expresa una sosa redundancia, puede que entonces sea otro afeite para su ya un poco decrépita, aunque obstinada pubertad.

(Camino de la media rueda o saga del compañero Manuel Sosa, Cubaliteria, enero 2010)

Tuesday, November 26, 2013

Jesús Díaz vs. Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí)

¿Es revolucionaria una buena parte de la literatura soviética —Chapaiev, La Joven Guardia— que a pesar de tratar en todas sus páginas el tema de la Revolución quedarán en la historia como ejemplo de mala literatura? Y en Cuba, ¿son ejemplos de literatura revolucionaria las décimas del Indio Naborí, o las cuartetas de Martín Proletario? ¿Puede el socialismo aceptar que la antigüedad quede representada en la historia literaria por La Ilíada, la edad media por El Cantar de Mío Cid, el capitalismo por La Montaña Mágica, y quedar él representado por una literatura reducida a la consigna?
(…)
   Es necesario que esa obra, para ser considerada obra de arte lo sea efectivamente, y el arte tiene sus leyes, y estas son rígidas. Las décimas del Indio Naborí, o las cuartetas de Martín Proletario a las que me referí anteriormente pueden, en el mejor de los casos, tener una muy relativa eficacia política inmediata, pero no son arte, no pueden ser ejemplo de literatura revolucionaria. La propaganda política puede y debe servise de algunas formas artísticas, esto es lícito y necesario, pero confundir la propaganda con el arte, o reducir la función del arte revolucionario a la del cartel, es inaceptable.

(Publicado en Bohemia, 1966)

Monday, November 25, 2013

Fermín Gabor vs. Cintio Vitier

Algunas de sus páginas ensayísticas (hasta un par de libros enteros, con todos sus empecinamientos y patinazos) soportan bien la relectura, y puede que resulten deslumbrantes para quien hoy las lea por primera vez. Y yo reservaría igual suerte para algunos de sus poemas, aunque adivino la disuasiones que tendría que oír.
   Disuasión primera: la poeta es su mujer, Fina García Marruz, no él.
   Disuasión segunda: los poetas de verdad de ese grupo son Gastón Baquero, José Lezama Lima, Eliseo Diego, la ya aludida señora, Virgilio Piñera, y hasta Octavio Smith y Ángel Gaztelu si la cosa apura. Pero él no.
   Disuasión tercera: fue, más que nada, un antologador de poesía.
   Disuasión cuarta: demasiado crítico para ser poeta.
   Y así, por el estilo.
   Como si la poesía tocara a uno por núcleo familiar. Como si en la guagua de Orígenes no pudiera empujar uno más, aunque viaje colgado. Como si el raciocionio no trajese su poesía gélida. Como si no existiera la poesía pujona, que habla de lo difícil que es ser poesía. Como si sólo hubiera lo confesional del corazón, y quedase vetado lo no menos confesional de la inteligencia...
   Sus novelas, ejem, toso, trago agua, miro el reloj, le hago un cuidado lazo a cada uno de mis tacos y, ya que ando por allá abajo: fue calcañal de índigena lo que escribió como narrativa. Bagazo en salsa esas novelas suyas. ¡Y cómo se dolió de no ser considerado narrador!
(…)
   Los buenos ensayos y poemas de Cintio Vitier fueron compuestos bajo el gobierno de Tacón. Ya podría creerse él que iba matando canallas con su cañón de futuro, que cabalgaba sobre una palma escrita: lo cierto es que llevaba muerto por lo menos cuatro décadas. (Valga una datación aproximada: Crítica sucesiva incluye, en 1971, las que debieron ser sus últimas lecturas contemporáneas de peso. Luego, mucho Cardenal. Mucho Nicaragua me duele por aquí, Nicaragua me duele por allá. Mucha teología de la liberación, consomé de sotana guerrillera. Y José Martí como joker de la baraja.)
   Se podrá estar en desacuerdo con lo dicho hasta aquí, pero nadie me discutirá que, en las últimas décadas, cuando sonaba el nombre de Cintio Vitier era menos por sus páginas que por sus barrabasadas. Y, como no pienso malgastar la tarde (escribo en una tarde otoñal y húngara) trayendo a cuento cada uno de esos momentos bochornosos, me pondré a antologarlos.
   Suya fue la ocurrencia, puntual para la conmemoración del cincuentenario de Orígenes, de relacionar el cierre de la revista con el asalto al cuartel Moncada. Vitier aseguró ante las cámaras televisivas que después de Orígenes no podía venir sino el ataque al cuartel de Santiago. Conectaditos ambos actos como si se tratara del cambio de estrategia de un grupo clandestino que pasaba de la edición de una revista a la violencia de las ametralladoras. (Quien comprara por entonces el último número de Orígenes recibía, como artículo convoyado, un brazalete del Movimiento 26 de Julio. Los torturadores de Batista no se ponían de acuerdo: según unos, el cabecilla de aquel ataque respondía al nombre de José Castro Ruz, mientras que otros traían a colación a Fidel Lezama Lima.)
   Metido en el agua jabonosa del cincuentenario origenista, Cintio Vitier jugó otra vez con las causalidades. Sin que se le amotinase la crencha ni alforcita de su guayabera se torciera, fumigó la tesis de que los escritores del grupo Orígenes (él y su esposa entre ellos) eran los presocráticos del Sócrates que fue José Martí.
   ¡Aúpa y papaúpa!
   Posaba Vitier de presocrático cuando, en verdad, era previllapólico. Pues, mucho antes de que Nitza lanzara al mundo la receta de croqueta de gofio, él solo, sin la ayuda de Margot, se había inventado ya sus buenas variantes del arroz con mango histórico. (El juego de la chapita fue su fuerte. Si bien una curiosa modalidad de ese pasatiempo, en donde la presteza de mano conseguía que, por cada ocasión destapada, apareciese el grupo Orígenes.)
   A raíz de la estampida de balseros de 1994, se bajó con el sucusucú de que aquellos muchachos fugabánse en balsas (no en alas) por no haber leído a Martí como era debido. De los mayores no dijo ni pío, quizás debido a su imposible reeducación. Pero los jóvenes, esos jóvenes, ¿cómo después de haber leído al Apóstol eran capaces de abandonar la Patria? Lo que faltaba allí era una buena edición de las Escenas Norteamericanas. Porque si esos jóvenes las hubieran leído, no sé, no podrían salir...
   Una vez más, el autor de Ese sol del mundo moral daba muestras de su tremenda agudeza ante la realidad. Demostraba su profunda comprensión del espíritu del Apóstol al brindarle a éste el papel de guardafronteras: yugo, más que estrella.
   Una década más tarde, en abril de 2003, Vitier volvió a exhibir su inteligencia fronteriza. Ocupábase otra vez de fugados, lució firmeza de inquisidor ante quienes pretendían escapar, y ningún prurito le impidió plantar su firma en la carta pública que abogaba por el fusilamiento de tres jóvenes y el encarcelamiento de setenta y cinco disidentes.

(La lengua suelta # 56, La habana Elegante, segunda época)

Friday, November 22, 2013

Manuel Sosa vs. Encuentro

Los que hemos publicado en Encuentro sabemos que sus filtros son caprichosos. Y hemos podido comprobar que todo lo que venga de la isla tiene prioridad, sea cual sea el atuendo.
   También sé que algunos colaboradores habituales lo piensan dos veces antes de enviarles un artículo. Y que otros no envían por principio, al alegar que el sitio se ha convertido en una sociedad exclusiva, donde no entran ciertos nombres.
(…)
   Lo que más nos preocupa a los asiduos del diario electrónico: cada vez toma menos tiempo leer su página. Como nos ocurría con el Granma. Se abría, se le echaba una ojeada por encima, nos deteníamos en un espacio específico, dos o tres minutos, y ya.
   Soy defensor de Encuentro, de la necesidad que tenemos del portal, del diario y la revista. Y creo que va siendo hora de que se haga verdaderamente representativo, por mucho que les cueste y les pese. O todo el mundo va a terminar con un blog a cuestas, que es el castigo mayor que se pueda concebir.

(Los filtros de Encuentro. Blog La Finca de Sosa, marzo 2007)

Thursday, November 21, 2013

Jorge Salcedo vs. Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos,
un hombre de pensamiento
oficial, de gran talento
policial, marxista innato,
reformador del castrato
en castrismo, bailador
social, buen historiador
de historias, crítico impar,
se va a Madrid a salvar
los logros del logrador.

(Blog Salcedo Diario, Jul. 2008)

Wednesday, November 20, 2013

Guillermo Cabrera Infante vs. Edmundo Desnoes

Entre las “aventuras sigilosas” de Lezama está su encuentro con un efebo escribano que los años transformarían en un mal aprendiz de comisario cultural y al que una efímera fama como novelista revolucionario (según ciertos críticos cubanizados) otorgó un nombre y una atención que no merecía. No voy a nombrarlo pero sí quiero contar una de sus primeras salidas oportunistas. Este novelista cuando joven (ya entonces era ambicioso y ambiguo) se acercó adulador a Lezama, quien quedó prendado de su belleza. Es verdad que era falso pero era bello. Alto, esbelto, rubio, de ojos asombrosamente azules, y Lezama, al revés de Virgilio, siempre se dejó admirar por jóvenes bien dotados, mirándolos tal vez como posibles amantes o como futuros discípulos. Un día Lezama llevó al efeboliterario, recién conocido, a una reunión en la finca frutal de un mecenas literario, entonces un poderoso periodista, enérgico y agresivo y rico y no el pobre exilado ecuánime que es Hoy . Era un antiguo colaborador de Orígenes y protector de Lezama. Parecía que el orgulloso poeta no necesitaba padrinos pero siempre estuvo a su merced y los tuvo todopoderosos, innúmeros.
   En la reunión el escritor, el efebo o lo que fuera entonces se sentó a los pies de Lezama, atento al amigo rumor del poeta. En un momento que se quedaron solos, recostado contra las robustas rodillas de Lezama, le dijo: “¡Qué manos más bellas tiene usted, Maestro!” Lezama, que nunca tuvo nada bello, entendió que el elogio a sus morcilludas manos era más bien un avance y decidió invitar a su adulador amigo a dar una vuelta entre la aireada arboleda. En un rincón recoleto Lezama trató (como contó el escritor) de besar los labios de su compañía, que sintió una súbita repulsión incoercible. Es posible que sucediera así pero era un sucedido íntimo. Al poco tiempo este efebo escritor se las arregló para editar una revista efímera en que publicó un cuento que se llamaba “El hombre gordo”. Aquí relataba el incidente, añadiendo a la repulsión física bastante náusea literaria (el existencialismo estaba entonces de moda) y aunque no decía nombres la descripción de Lezama era exacta. Pero no contento con la publicación, el libelista hizo llegar un ejemplar de la revista a Lezama. Tal vez Lezama se sintió herido pero sus gritos fueron como siempre literarios. Sabiendo que el escritor efebo estaba viviendo en casa de un pintor tan chino como mulato y tan talentoso como malévolo, publicó en un próximo número de Orígenes la primera entrega de una novela en clave, verdadera román a Klee, en que describía cómo una blonda criatura púber vivía con un pintor malayo y por las noches del vientre del pintor asiático se desprendía un gusano —que hurgaba en el cuerpo casi albino del huésped para introducirse obsceno. Tal vez ambas historias sean apócrifas pero lo que queda Hoy es la mala literatura de “El hombre gordo” contra la prosa poderosa del relato del pintor malayo, su gusano insidioso y el efebo penetrado, hecho nubil de noche. De ese infierno íntimo surgió público Paradiso.

(Vidas para leerlas, Alfaguara, 1998)

Tuesday, November 19, 2013

Norge Espinosa sobre “Lo cubano en la poesía”, de Cintio Vitier

Lo cubano en la poesía, coincidamos, es un libro imprescindible. Como tal, se le ha manipulado de los modos más diversos. Hoy, el poeta y ensayista que lo firma insiste en presentar esas páginas como una suerte de premonición de lo que Cuba sería después de 1959. A esa lectura caprichosa se han enfrentado varias voces. Mi generación ha querido desmantelar su afán político, insistiendo en el modo en que, además, Vitier se aparta de aquellos autores que no comprende, o de quienes se siente distanciado. Pobres son, por ello, las páginas de un libro que se supuso en sí mismo tan abarcador e integrador de todas las formas y fórmulas de lo cubano, en las que Vitier manifiesta su desconcierto o desdén ante lo que la Avellaneda, Virgilio Piñera o Dulce María Loynaz ofrecen a ese margen. La primera porque, a pesar de esa pieza excepcional que es su soneto Al partir, no le ofrece «una captación íntima, por humilde que sea», de lo cubano. Piñera, por razones que hoy entendemos como de mezquindad, critica: la importancia que tiene La isla en peso debiera acallar esos párrafos que huelen más a riña callejera que a certeza literaria. Y respecto a la Loynaz, el crítico se limita a mencionarla... en una nota al pie.
   Coincidamos también en que determinados arrebatos verbales del libro ya nos son intolerables. Hundir a esos autores mencionados para levantar sonido y furia sobre otros no tan dotados, es un gesto que viene acompañado de expresiones que hoy ya no sostienen demasiada fuerza crítica. Para loar al padre Gaztelu, un poeta menor del grupo origenista, Vitier echa mano, por ejemplo, a los siguientes fraseos: «cándidos primores», «pintado gozo verbal», «su garza buida», «su lindo caracol». Es el mismo Gaztelu al cual Rodríguez Feo cenizó, espantado al leer aquella décima risible donde el cisne es comparado a un almohadón de pluma.

(Sobre Lo cubano en la poesía, Encuentro de la cultura cubana, No. 24, 2002)

Monday, November 18, 2013

Antonio José Ponte vs. “Das Kapital”, de C. A. Aguilera

Quienes desconozcan en otras literaturas ejemplos tan o más raros que los que C. A. Aguilera alcanza a mostrarnos, deben sentirse aterrados frente a un libro como éste. Es para esos lectores, para ese terror, que el libro se publica. A ellos les está dedicado.
   Recorrer los primeros poemas de su autor, leer su primer libro y asistir ahora a la aparición de Das Kapital ayudará a comprender por qué C. A Aguilera resulta ser, como él mismo supone y suponen sus comentaristas, un límite de la literatura cubana. Con él comienza a desaparecer (todo límite lleva un busto del dios Término) la poesía y empiezan para el lector las tierras bárbaras del desinterés y del aburrimiento.

(C.A. Aguilera en los límites, La Gaceta de Cuba)