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Tuesday, January 14, 2014

Antonio Valiente vs. “Cántaro inverso”, de Pedro Pérez González (Péglez)

Excesivos encabalgamientos, rimas forzadas y falsas rimas, versos traídos por los pelos, incoherencias, adjetivaciones inconsistentes, mal empleo de la gramática y de las figuras de dicción, inseguridad expresiva, rellenos silábicos, cierres pobres, abuso de lugares comunes y, sobre todo, la presencia de algo desastroso en el discurso: la "palabrería" que conduce al sujeto lírico, no hacia el tremendismo que fue una virtud entre escritores españoles del siglo XX, sino hacia el disparate —no lírico como el delirante de Manuel de Zequeira—, lo ilógico, lo descabellado, la aberración poética.
   Organizado tomando como referencia principal algo que ya en la décima cubana resultaba insulso: los cuentos clásicos infantiles, el recipiente de P.P.G. presenta un texto que no sabemos si quiere pasar por chistoso, resistente sólo por demencial, donde no se salva prácticamente ni una línea de caer en la involuntaria selva del absurdo.

(¿Se va a bolina la décima cubana?, Cubaencuentro, septiembre 2005)

Monday, January 13, 2014

Rogelio Saunders vs. Orígenes y Cintio Vitier

Diferencias con Orígenes: Orígenes es autorreferencial. Quiere definir lo "cubano". Y es trascendentalista porque cree que lo "cubano" es trascendental. La trampa subyacente en Orígenes es el nacionalismo, derretidor de cerebros. (Case in point: Cintio Vitier, gran pelele lleno de agujeros como un muñeco de vudú haitiano). La rigidez de lo insular (de lo que quería escapar Virgilio como de la muerte). Lo insular (el agua por todas partes) es la muerte, la imposibilidad del cambio. Lo insular como erial que hierve: infiernillo colorado lleno sequedad volcánica, en rígido paralelismo con el agua. Lo nacional siguió siendo inapresable, dado que desde el principio era una ficción no confesa. Ficción insostenible, lo único posible al final era el fragmento.

(Zona cero, Revista Cacharro[s])

Friday, January 10, 2014

Enrique del Risco vs. escritores oficialistas y Abel Prieto

El diálogo no tengo que inventármelo, ya ha ocurrido en varias ocasiones y el resultado es francamente desalentador. Te confieso una vieja sospecha que tengo: los escritores adictos al régimen cubano no existen. Pueden apoyarlo por conveniencia personal o porque relacionan su adhesión a algún tipo de estabilidad emocional que necesiten pero hasta ahora no he encontrado ninguno que crea realmente que el régimen que apoyan funciona. Un escritor adicto a un régimen como el cubano es una imposibilidad teórica y según mi experiencia, también una imposibilidad práctica. Cuando me he encontrado uno de estos personajes se puede hablar de cualquier cosa excepto de la situación cubana. Llegado a ese punto sólo pueden hilar unas cuantas consignas. Eso es en público. Una vez que pasan a un plano más privado, en caso que tal cosa suceda, te pasan el brazo por arriba, tratando de convencerte de dos cosas: que los invites a tomarse una cerveza y de que nada de lo que han dicho en público hay que tomárselo totalmente en serio. Después de un par de cervezas vuelve el tema político pero esta vez en la forma de algún ataque personal, como para sentirse ellos mismos libres de la culpa de haberle aceptado una cerveza al enemigo. Es un patrón casi matemático. Me lo explico pensando que un régimen decrépito como el cubano, incapacitado de producir nuevas ideas o aún de dejarlas producir aunque le sean favorables, sólo permite la reproducción de consignas. Los escritores que apoyan al régimen tienen muy poco juego y su contribución se reduce a añadir comas y adjetivos, crear epítetos contra el enemigo pero siempre atentos a los caprichosos cambios de humor y de consignas del caudillo. Sólo Él decidirá cual es la táctica del momento y el enemigo del momento. De otro modo el escritor oficialista, pongamos por caso al propio ministro de cultura, habla de integración y acercamiento en una feria donde uno de los primeros actos es una burda provocación contra la presentación de una revista, provocación que hace quedar en ridículo a ese propio ministro. Ante una situación así los cambios se hacen imprescindibles para los propios sectores oficiales y el único tema de discusión posible sería la dirección y la envergadura de esos cambios. Pero poco se puede esperar en ese sentido cuando hablar de cambios no sólo puede ser considerado peligroso sino inconstitucional.

(En Milenio, 2003)

Thursday, January 9, 2014

José Martí vs. “A pie y descalzo”, de Ramón Roa (2)

¿Está o no al servicio del Gobierno español el revolucionario que publica un libro precipitado en que se acumulan los horrores de la guerra, y se narran sus obstáculos sin narrar sus recursos, y se enumeran los elementos hostiles sin enumerar los amigos, en los instantes en que parece volver a pensar en la guerra el país? Si está al servicio del Gobierno español, no tiene derecho a que se considere desinteresado un libro que favorece indirectamente al Gobierno a quien sirve. Esto he dicho, y no más.

(Carta a Enrique Collazo, enero 1892)

Wednesday, January 8, 2014

Alejandro González Acosta sobre “La novela de mi vida”, de Leonardo Padura

La novela histórica moderna tiene dos modelos inaugurales: por un lado, el establecido por Walter Scott (un personaje ficticio en circunstancias históricas; Waverley, por ejemplo) y del otro, Alfred D’Vigny (el protagonista real dentro de un escenario histórico; v.gr. Cinq Mars). Cuando Heredia escribe Jicotencal se inclina más por el modelo francés, interesado en crear caracteres para proponer como modélicos a la juventud lectora. Y la novela de Padura adopta indistintamente esos esquemas en sus tres planos narrativos: el del escocés en los relatos de Terry y de José de Jesús, y el del francés en el del mismo Heredia, lo cual presenta a nuestro modo de ver una cuestión seria y delicada: si bien es cierto que la imaginación tiene sus propias prerrogativas y que estamos hablando de una novela —obra de ficción de punta a cabo— no es válido a título de esa ficcionalidad incluir y proponer como histórica la visión del autor sobre las entretelas de la historia nacional, en especial la figura de Domingo Delmonte, pero también otras de la época, además de por lo grave de las acusaciones de convertirlo en un traidor, desconociendo su peso fundamental en la evolución histórica cubana, sino porque a través de una lectura esquemática y empobrecedora del siglo XIX cubano se está induciendo y propiciando implícitamente la legitimación de un discurso autoritario y dictatorial como parte consustancial de la esencia insular: llevado hasta sus últimas consecuencias, se trata nada menos que de condenar Cuba a un estado eterno de represión. La simplificación un tanto maniquea que el autor realiza del complejísimo panorama insular decimonónico, apunta quizá en el sentido de proponer una interpretación histórica la cual puede darse la mano alborozadamente con la versión oficial castrista y de sus epígonos, quienes echan a un lado —poseedores de la verdad absoluta— todos los esfuerzos para la definición de un perfil propio de las generaciones liberales, autonómicas y reformistas, entre varias otras, para levantar así el pedestal marmóreo que el propio Castro resumió en 1968 con la estremecedoramente lapidaria frase: «Ellos hoy habrían sido como nosotros; nosotros, ayer, habríamos sido como ellos». Lo que se dice una apropiación hereditaria de la historia nacional y por tanto, la absolución completa del presente represivo. He ahí donde veo uno de los aspectos más arduos y espinosos en esta novela, que al menos en uno de sus planos parece pretenderse como rigurosamente histórica.

(Heredia: iniciador de caminos, Encuentro de la cultura cubana, Nos. 26/27, 2003)

Tuesday, January 7, 2014

Juan Abreu vs. Fina García Marruz

Le han dado un premio a Fina García Marruz. Nadie va a decirlo, pero para eso estamos: la Marruz es una poeta del montón.
   Marruz tuvo la suerte de vivir en una Cuba libre (comparada con la de los Castro, muy libre), próspera, una Cuba que producía gente como Lezama, Gastón, Lydia Cabrera, Leví Marrero, Virgilio Piñera, Ernesto Lecuona y tantos otros. Tuvo suerte la señora Marruz. Vivió en una época extraordinaria, aquella, antes de la llegada del horror castrista. Eso hace aún más despreciable su traición a la poesía y a la libertad. Su sumisión a la vulgaridad de los Castro.
   Siguió a su marido en el miserable camino del esbirrato. Fiel y servil ha servido, no a la poesía sino a la dictadura castrista.
   Marruz: cascarillas, memeces, lugares comunes, lloriqueos, santurronerías. A veces aparece un versito bonito por aquí o por allá, pero poesía, ninguna.
   Tuvo la suerte de estar por allí, cerca de Lezama, cerca del grupo, durante un tiempo.
   Eso fue todo.

(Blog Emanaciones)

Monday, January 6, 2014

Emilio Ballagas vs. José Lezama Lima

Hay algo sobre lo cual me interesa saber también tu opinión. Resulta que no bastó la carga que Suárez Solís propinó a Urrutia para que otro plumífero vuelva por la picada de acusarme de plagiario con toda mala fe. Se trata de un pobre diablo –no sé si lo recuerdas– llamado Lezama Lima. Hay el agravante de que este señor me manifestaba amistad y es el caso que bastó que yo diera mi corto viaje a Europa para convertirse en mi peor enemigo. Es en la revista “Verbum” donde inserta sus perrerías el escritor envidioso y resentido. Estos ataques, esta maldad del cubano medio es lo que hace que se me caigan las alas a los pies y desespere de Cuba hasta el punto de querer abandonarla para siempre a colgar en un rincón mi pluma y mis actividades, aburguesarme, amurallarme, escaparme de la vida amarga y dura por una tangente cualquiera. El pícaro de Lezama sabe hasta qué punto soy un hombre honrado y decente, hasta qué límite mi vida es un sacrificio de superación sin negarme al servicio de los otros, aún de los que no lo merecen. ¿Valdría la pena de coger una yaya y hacerle entrar por la cabeza inoble o que no quiere comprender por el corazón oscuro y soslayado? ¿Vale la pena contestarles? La palabra es viento en el viento y no hay que darle beligerancia a bichos de esta (ininteligible). ¿Habré hecho yo un mal cuando me levanté del anonimato y de la nada a escribir versos diferentes a los que hasta entonces se habrán escrito en Cuba? Si me dicen que los hacía para levantar el odio habría roto mi pluma en pedazos y hubiera dejado la tinta evaporarse del tintero sin tapa...

(Carta a Juan Marinello, 1938)

Friday, January 3, 2014

Fermín Gabor vs. Belkis Cuza Malé

Muchas veces habrá deseado Belkis Cuza Malé ser la viuda de Heberto Padilla. Para ahorrarle tal honor, se cruzó en su camino una sentencia de divorcio (resulta arduo ponderar todo lo que hubiéramos tenido que aguantarle en caso contrario) y, gracias a esa separación legalizada, no alcanza ella a constituirse en Viuda Némesis. No clasifica para Torturadora Póstuma, Paralizadora de Ediciones Fiables e Impulsora de Ediciones Reprochables. Un detallito legal le impide codearse con brujas del calibre de María Kodama. Y, dado que sus poemas son poco memorables y resultan risibles sus revelaciones histéricas (¡Elvis vive y es Rey!), es una lástima que no goce del título de viuda literaria.

(La Lengua suelta # 50, La Habana Elegante, segunda época)

Thursday, January 2, 2014

La UNEAC vs. “Fuera del juego”, de Heberto Padilla

Padilla mantiene en sus páginas una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra latitud. A veces es una dedicatoria a un poeta griego, a veces una alusión a otro país. Gracias a este expediente demasiado burdo cualquier descripción que siga no es aplicable a Cuba, y las comparaciones sólo podrán establecerse en la «conciencia sucia» del que haga los paralelos. Es un recurso utilizado en la lucha revolucionaria que el autor quiere aplicar ahora precisamente, contra las fuerzas revolucionarias. Exonerado de sospechas, Padilla puede lanzarse a atacar la revolución cubana amparado en una referencia geográfica.
   Aparte de la ambigüedad ya mencionada, el autor mantiene dos actitudes básicas: una criticista y otra antihistórica. Su criticismo se ejerce desde un distanciamiento que no es el compromiso activo que caracteriza a los revolucionarios. Este criticismo se ejerce además prescindiendo de todo juicio de valor sobre los objetivos finales de la Revolución y efectuando transposiciones de problemas que no encajan dentro de nuestra realidad. Su antihistoricismo se expresa por medio de la exaltación del individualismo frente a las demandas colectivas del pueblo en desarrollo histórico y manifestano su idea del tiempo como un círculo que se repite y no como una línea ascendente. Ambas actitudes han sido siempre típicas del pensamiento de derecha, y han servido tradicionalmente de instrumento de la contrarrevolución.

(Declaración de la UNEAC, Fuera del juego, Ediciones Unión, 1968)

Wednesday, January 1, 2014

Reinaldo Arenas vs. Carpentier, Guillén, Vitier y Diego

Los dictadores y los regímenes autoritarios pueden destruir a los escritores de dos modos: persiguiéndolos o colmándonos de prebendas oficiales. En Cuba, desde luego, los que optaron por esas prebendas también perecieron, y de una manera más lamentable e indigna; gente de indiscutible talento, una vez que se acogieron a la nueva dictadura, jamás volvieron a escribir nada de valor. ¿Qué fue de la obra de Alejo Carpentier, luego de haber escrito El siglo de las luces? Churros espantosos, imposibles de leer hasta el final. ¿Qué fue de la poesía de Nicolás Guillén? A partir de los años sesenta toda esa obra es prescindible; es más, absolutamente lamentable. ¿Qué se hicieron de los ensayos luminosos, aunque siempre un poco reaccionarios, del Cintio Vitier de los años cincuenta? ¿Dónde está ahora la gran poesía de Eliseo Diego, escrita en los años cuarenta? Ninguno de ellos ha vuelto a ser lo que era.

(Antes que anochezca, Tusquets Editores, Barcelona, 1992)