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Wednesday, August 7, 2019

Juan Abreu vs. Norberto Fuentes (2)


Leo que en su último libro (que no leeré) Norberto Fuentes habla de la cobardía de Padilla. Sobre eso sólo cabe decir que es mil veces mejor ser un cobarde (si es que Padilla lo fue) que un esbirro como Fuentes. Ya sé que Fuentes es un pobre hombre que quiso ser Fidel Castro y se enamoró de Fidel Castro y sigue enamorado de Fidel Castro y el sueño de su vida es que lo hubiera enculado Fidel Castro. Ay, pero no pudo ser, y por eso hoy tenemos que soportar los enormes mamotretos en los que Fuentes quiere ser Fidel Castro. Hay que diferenciar entre el poeta Padilla y Fuentes. Padilla fue una víctima del castrismo, a pesar de su oportunismo y ciertas bajezas (sus ataques a Lezama Lima, por ejemplo), pero Norberto Fuentes fue un esbirro y un agente de la policía cubana y un escritorzuelo al servicio de los asesinos y siempre él mismo aspirante a asesino. Son cosas muy diferentes.
   Yo, por otro lado, estoy convencido de que el ufanarse de Fuentes del bulto de la pistola bajo la camisa, no es más que una manera de compensar por sus dificultades para conseguir una erección. Este tipo de esbirro pistolero y algo mariconazo suele ser con la mayor frecuencia un picha floja.

(Blog Emanaciones, octubre 2018)

Thursday, August 1, 2019

Néstor Díaz de Villegas sobre “La Historia me absolverá”


El batistato es nuestra edad de oro, y La Historia me absolverá, su canon literario definitivo. El personaje más completo, más logrado del batistato, es Fidel Castro. En su noveleta jurídica todavía existían las leyes –y el castigo por infringirlas– pero, sobre todo, existía la idea de una República. En esa obrita está resumida toda la Libertad que pudo amasar y expresar una época de libertinaje. Y también, la crisis, la negación de esa Libertad. El acusado se convierte en acusador, y encarnando al fiscal condenará la época de oro que lo engendró. En lo sucesivo, ya nunca dejará de ser juez y parte, defensa y fiscalía en una sola pieza, tanto para sí como para cada uno de sus súbditos. El salvador de la República que vemos aquí en su momento estelar, durante el desenlace trágico del fin de la Historia, devendrá destructor de la República. Y toda esta riqueza descriptiva, estilística y semiótica, está contenida en un solo panfleto, en un único auto de fé, donde Batista deviene Claudio; Cuba, Gertrudis; Fidel, Hamlet, y Martí, el fantasma del Padre.

(Macramé para el primer aniversario de un blog. Blog Penúltimos Días, julio 2007)

Monday, July 29, 2019

Antonio José Ponte vs. Antón Arrufat y Reinaldo Montero


Para el régimen castrista sería muy útil contar con un PEN Cuba inefectivo o dócil. Admitiéndolo lo menos no gubernamental posible, tendrían otra UNEAC mucho más explotable internacionalmente. Y, puesto que existen el presidente Arrufat y el secretario Montero, queda cerrado el paso a cualquier espontáneo inmanejable empeñado en fundar otra rama habanera de PEN.
   Lo anterior son interrogantes y pronósticos. Queda por ver qué harán Arrufat y Montero, aunque algo de ello puede vislumbrarse ya al examinar la nota de condolencias cursada por ambos.
   Enviada a una lista de direcciones desde el correo privado de Arrufat, la nota no contiene petición de ser publicada y, hasta donde sé, no se intentó publicar en ningún medio. Demos por descontado que no habría hallado beneplácito en la prensa oficial, ¿pero al menos hicieron la prueba Arrufat y Montero? Y, ya que dirigen una organización no gubernamental, ¿por qué no probaron a publicarla en la prensa independiente de la Isla o en la prensa del exilio?
   Tampoco fue publicitada en un sitio propio en la red: no hay dudas de que se trata de una carta pública bastante poco pública. A juzgar por su texto, es la carta pública bastante poco pública de una organización que, si acaso es no gubernamental, es escasamente no gubernamental.
   Arrufat y Montero no reaccionaron de inmediato a la muerte de Miguel Mejides, dejaron pasar más de una semana. Lo que parece haberlos movido a componer su carta de condolencias fue la muerte de Rafael Alcides, el silencio oficial deparado a su muerte. Puesto que los medios oficiales publicaron noticia del fallecimiento de Mejides y silenciaron el de Alcides, la ocasión se prestaba para que PEN Cuba se pronunciara contra la censura política.
   No ocurrió así, no hay en la carta de PEN Cuba referencia a lo impar de la suerte póstuma de ambos autores. A quienes alcanzaran a leer esa carta les tocaba intuir que, al juntar a Mejides y Alcides, se estaba hablando contra la discriminación del segundo. Esa condena no era explícita, sino que había que barruntarla dentro de las maneras alegóricas y submarinas tan usuales en Cuba. Los firmantes de la carta contaban con la suspicacia de sus lectores para no poner en riesgo la buena disposición de las autoridades.
   Virgilio López Lemus fue más osado cuando escribió de Alcides en una publicación oficialista: "Él tuvo el derecho de renunciar a lo que quisiera, nosotros no tenemos derecho a renunciar a él y a su hermosa obra". Su obituario, aparecido en Cubaliteraria, fue uno de los dos publicados por la prensa del régimen. El otro, aparecido días más tarde en La Jiribilla, reproducía un texto publicado por Roberto Manzano en Facebook. (Tanto Cubaliteraria como La Jiribilla son medios dirigidos al exterior, con pocos lectores dentro de la Isla.)
   Puestos a hablar del tema, Arrufat y Montero tenían la obligación de denunciar la censura practicada. Y no es que Rafael Alcides, quien renunció a su membresía de la UNEAC y rechazó el Premio Nacional de Literatura, necesitara de una mención en Granma a la hora de su muerte, sino que los lectores que lo leyeron con fervor (ese fervor con que en los años 80 vi a tantos leer Agradecido como un perro) deberían saber que ha muerto el poeta.
   Se trata principalmente de un derecho de los lectores cubanos, de un derecho a la memoria, y es sobre violaciones como esta, y aún peores, que debería incidir un PEN que funcionara dentro de Cuba.
   Si Arrufat y Montero no sintieron la obligación de pronunciarse abiertamente sobre el tema, demuestran cuán incapaces son para liderar la defensa de unos derechos gremiales que, al incluir también a los lectores, rebasan lo gremial. Pero si, sabedores de su deber, decidieron adoptar un perfil bajo, pronunciarse sibilinamente y ejercer, ahora como presidente y secretario general de una ONG, más disimulaciones que las que ya hacían cada uno por su parte, lo menos caústico que podría afirmarse de ambos es que han reunido sus esfuerzos de dramaturgos para una nueva farsa que los favorezca.

(Antón Arrufat y Reinaldo Montero por la defensa de los escritores cubanos. Diario de Cuba, julio 2018)

Tuesday, July 23, 2019

Alejandro Armengol vs. Roberto Fernández Retamar

Retamar tuvo el “don” de cumplir a la perfección varios objetivos del centro de poder en Cuba— objetivos que trascendían las ideologías en juego en los inicios y luego internacionalmente— el cual necesitaba para ello de un instrumento idóneo, que permitiera el empleo del socorrido puño con guante de seda.
   Desde el 1 de enero de 1959 inició ese camino con un poema fechado en ese día: “Los sobrevivientes”:

   Nosotros, los sobrevivientes,
   ¿a quiénes debemos la sobrevida?
   ¿quién se murió por mí en la ergástula,
   quién recibió la bala mía,
   la para mí, en su corazón?
   ¿sobre qué muerto estoy yo vivo…?

   Con estos versos Retamar establece en la literatura cubana el complejo de culpa dentro de sus creadores por no haber participado con las armas en la lucha contra Batista; complejo que luego se ampliaría con el concepto de compromiso intelectual, primero en su versión sartreana y luego bolchevique. Aquí se anticipa al Che Guevara, que luego expresará igual opinión, incluso más a las claras, en “El hombre y el socialismo en Cuba”: el pecado original de los intelectuales cubanos es que no son verdaderos revolucionarios.
   “Calibán”, esta vez como ensayo, cumple igual objetivo en 1971, al aparecer por los mismos días que el funesto Congreso de Educación y Cultura que oficializa lo que luego se llamó el quinquenio gris que en realidad fueron años negros.
   En ese ejercicio como instrumento del poder Retamar fue más que nuestro Gorki o Ehrenburg (papel propio de Carpentier): el ejemplo de intelectual católico en sus orígenes, de clase media y formación en el extranjero convertido en funcionario-comisario de la dictadura del proletario.
   En lo específicamente literario, a la poesía cubana le hizo un daño momentáneo con la llamada poesía coloquial, pero ese, por supuesto, fue un mal menor.

(El sobreviviente. Publicado en la red, julio 2019)

Monday, July 15, 2019

Michael H. Miranda vs. Lourdes González

Despreciable el régimen que pone a un escritor en el lugar del censor.
   Y más despreciable todavía el escritor con pompa de funcionario que se sabe impune y muy lejos ya de todo escrúpulo, que tan a gusto se siente cumpliendo esa tan revolucionaria tarea.
   ¿Es el aislamiento cubano lo que lleva a decir esas cosas? ¿O es simplemente una confusión personal?
   Editar en ese país es censurar, está claro. Los cadáveres que la censura cubana ha prodigado han estado a la vista por décadas.
   Pero parece no sólo que el cuartico está igualito, sino que además ahora el escritor-censor ni se esconde ni se calla: quiere su manual, su novela, su lector y su entrevista.   Y que le aplaudan.

(publicado en la red, mayo 2019)

Wednesday, July 10, 2019

Juan Abreu vs. Abilio Estévez

Yo cruzaba la bahía de La Habana, una extensión putrefacta color excremento y aceitada por los desperdicios de los barcos rusos y me apeaba en el embarcadero de Regla para ir a mi trabajo de peón en la termoeléctrica de Tallapiedra. Todos los días. Durante años. Algunos días tenía que ir todo el trayecto con la nariz tapada porque el hedor de las aguas contaminadas era insoportable. Todo el que viajaba en la lanchita de Regla como le llamaban a la vieja embarcación que cruzaba la bahía sabía que una caída en aquellas aguas podía resultar mortal y nos aferrábamos al armatoste temerosos de aquello que llamaban bahía pero que más bien era un inmenso albañal. Y ahora me tropiezo (en un libro de Mark Kurlansky) con una cita del escritor costumbrista Abilio Estévez que habla de la “bahía hermosa, diabólicamente hermosa” refiriéndose a esa misma bahía hedionda que yo cruzaba todos los días para ir a trabajar.
   Nunca he entendido con qué ojo ven la realidad cubana algunos novelistas cubanos pero tampoco voy a aventurar lo que estoy pensando porque va y se ofende Estévez.

(Blog Emanaciones, enero 2019)

Monday, June 17, 2019

Rafael Rojas vs. Casa de las Américas

En la página electrónica La Ventana de Casa de las Américas, en La Habana, aparece una crítica de mi libro La polis literaria (2018), muy reveladora de la forma en que esa institución cultural rememora su rol protagónico en la pugna de las izquierdas durante la Guerra Fría latinoamericana. Los autores de la reseña no cuentan de qué trata el libro y no objetan sus tesis centrales sino que lo denuestan por sus ausencias bibliográficas, temáticas o ideológicas. Ausencias que, de manera grandilocuente, llaman "agujeros negros", y que no sólo limitarían al libro sino a mi persona, ya que la condición de "contrarrevolucionario" o "enemigo de la Revolución" representa, en ese tipo de textos, una degradación moral. Limitaciones políticas, entiéndase, que según Casa lastran tanto mi trabajo intelectual como mi vida personal.
   Si los autores de la reseña emplearan un lenguaje y un sentido propios, si no reprodujeran tantas frases que hemos leído en otras diatribas similares en La Jiribilla, en la misma Ventana -aunque ya no se encuentran electrónicamente- o en mi expediente en Ecured, podría pensarse que el texto es, plenamente, de una persona. Pero como desde la primera frase ("en su libro más reciente Rafael Rojas continúa su insistente tarea de calumniar a la Revolución Cubana") hasta la última ("parece más que evidente que el agujero negro por excelencia de Rojas es el mal uso que suele hacer de su inteligencia para atacar al proceso revolucionario cubano del país donde naciera"), se repiten las mismas palabras que desde hace décadas se emplean para caracterizar mi obra en la isla, debo entender que se trata de un autor colectivo.
   Como el anónimo habla orgullosamente en nombre de "la Revolución" y de su gobierno, no puedo menos que considerar sus juicios como juicios del Estado cubano, el Ministerio de Cultura o, específicamente, Casa de las Américas, la institución que edita esto que llamamos "reseña". Hay, como comprobará cualquier lector de mi libro, expresiones del editor o editora, que hemos leído, casi textualmente, en Roberto Fernández Retamar y otros intelectuales oficiales de la isla durante medio siglo. Defienden el presente y pasado de la política cultural cubana en bloque, haciendo excepción de un tramo corto de "quinquenio gris", a principios de los 70, ejecutado, según ellos, por unos cuantos "energúmenos".
(…)
   Mi conclusión, después de varias lecturas de la "reseña" que me dedica La Ventana de Casa de las Américas, es que los editores de esa institución todavía no encuentran la mejor manera de narrar su pasado. Hay ahí no sólo desactualización teórica o intelectual sino incapacidad para reconocer errores, aunque sea de forma retrospectiva, y una insaciable voluntad de poder, que se traduce en abiertas contradicciones, cuando no falsedades o equívocos. Quieren presentarse como plurales y democráticos en el pasado, cuando fueron dogmáticos e intolerantes, y aparentar armonía ideológica o traiciones casuísticas en el presente, cuando la memoria y la crítica crecen y se ramifican por las redes del siglo XXI.

(Casa de las Américas: el relato de las marionetas. Blog Libros del crepúsculo, septiembre 2018)

Monday, June 10, 2019

Roberto Madrigal vs. “La transparencia del tiempo”, de Leonardo Padura

En su novela más reciente, La transparencia del tiempo, no se hace esperar para mostrar ese lirismo picúo. Como si no bastara con el título, el libro abre con el siguiente párrafo: "La luz rotunda del amanecer tropical, filtrada por la ventana, caía como el haz teatral proyectado sobre la pared donde pendía el almanaque con sus doce cuadrículas perfectas, distribuidas en cuatro hileras de tres rectángulos cada una".
   No me explico cómo con tanta gente a quienes le agradece consejos editoriales, nadie se atrevió a disuadirlo de ese comienzo. Luego empieza a narrar y esa suerte de narrativa periodística le sale bien, pero para que no nos olvidemos de su lastimosa y, lo repito, ridícula prosa, vuelve a la carga con: "Sus pies han sido los caminos recorridos: de la inocencia a la culpa, de la ignorancia al conocimiento, de la paz a la muerte, del paseo placentero y el pesado acarreo montaraz a la fuga sin retroceso…", y por si no hubiera suficientes clichés, frases hechas y lugares comunes, una página después ataca con: "Un transcurrir que ni siquiera merecía una denominación que implica movimiento…", ante lo cual uno enmudece de tanto sin sentido.
   Estas dos citas se encuentran en las páginas 40 y 41 de la edición de Tusquets.  
   Esta vez parece que a Padura se le agotaron las ideas y le debía trabajo a la editorial, porque La transparencia del tiempo está "basada" (para no mencionar plagiada) en El halcón maltés, la extraordinaria novela de Dashiell Hammett. Menuda pretensión. La única diferencia es que con Conde ya retirado hace más de una década de la policía, al ejercer como una especie de "investigador privado" dentro de las limitaciones de la Isla, el personaje toma más de Philip Marlowe que de Sam Spade, por comportarse más como un marginal, aunque ambos son unos cínicos desilusionados que aún conservan un poco de idealismo.  
   La novela trata sobre el robo de una virgen negra, de valor desconocido y a la que se le atribuye poderes divinos. Se divide en dos relatos. El de la pesquisa detectivesca y la historia de la virgen que nos refiere a la Garrotxa catalana y hasta las últimas cruzadas. La parte detectivesca es legible, aunque muy similar a toda la obra anterior de Padura-Conde, sin ningún aporte temático. Nos regresa siempre a su grupo de amigos y las "excepcionales" comidas que prepara la mamá del Flaco, un ser inmaculado y estereotípico a no más dar y a su mentalidad de adolescente barriotero. Pero la parte de la historia de la virgen es simplemente insoportable y aburrida, además de estar escrita en esa prosa paduriana de lirismo sin brújula. Ya al final yo pasaba esas páginas sin prestar mucha atención.  
   Por mucha admiración que expresan los escritores cubanos por Hemingway, me parece que se relaciona con su aspecto de aventurero, de macho supremo, ignorando siempre su aspecto de "americano feo" (porque por todo lo que he leído de él, como persona, Hemingway debió ser un tipo intratable), ya que ninguno escribe ni lejanamente parecido a él, que si algo era fue un maestro de la prosa precisa y eficiente, que encontraba la belleza en la simplicidad.
   Padura en esta novela sobre todo, hace alarde de un alambicamiento que a veces lo hace perder el objetivo del párrafo y debilita la narrativa. También aburren los homenajitos y referencias a Virgilio Piñera y a Lino Novás Calvo, que se notan traídos por los pelos, guiños inútiles, pataleos de mono amarrado. Junto con La cola de la serpiente, esta novela forma lo peor de la obra de Padura. De una obra por lo general prescindible, La transparencia del tiempo es merecedora del más rápido olvido.  

(La pérdida del tiempo. Blog Diletante sin causa, marzo 2018)

Wednesday, May 22, 2019

Anónimo vs. Carlos M. Alvarez

¿Urgencia y precisión? Lo primero lo entiendo. Cada vez que comienzo a leer algo de este niño me cae una urgencia por dejarlo de lado que no veas. ¿Pero precisión? No será por lo que escribe, maestro como es de frases vacías de contenido semántico. Suenan bien si las lees en voz alta, pero no dicen nada.
   ¿Y todavía menciona en voz alta aquel librito del Calendario? Yo fingiría que no lo había escrito. Lo más gracioso que tiene es la dedicatoria a Rosa Miriam Elizalde, testimonio de tiempos en que no era tan vertical. De ahí en adelante todo es cuesta abajo. Sí me divirtió entonces que pretendía ir de personaje y de culto, pero pensaba en aquel momento que Keats y Yeats eran homófonos. Y tiene una de las oraciones más disparatadas y tiernamente cómicas de la literatura cubana. Es en un cuento también sobre el servicio militar (que parece ser lo único que le ha pasado en su vida) donde el protagonista dice que esa experiencia y las guardias nocturnas lo han vuelto “infalible a las películas”. Me desconcertó tanto la frase que fui al diccionario a comprobar que no estaba equivocado y que no había una acepción de “infalible” que desconocía. Pero no, y más tranquilo acepté que aquello era puro cantinfleo.
   Lo demás de la entrevista es ruido. Las opiniones sobre literatura son cómicas y oscilan entre la confusión, el cliché y el disparate. Es muy gracioso lo en serio que se toma a sí mismo. A lo mejor en persona es diferente, pero cuando escribe a CM parecen haberle extirpado el sentido del humor. No hay ironía, no hay distancia, no hay introspección real (lo suyo ha sido siempre el sentimentalismo y la sensibilidad de las señoras mayores de clase obrera). Acaso el problema sea un inexistente sentido del ridículo que lo prohíbe tomar conciencia de las boberías que dice y reírse un poco de sí mismo. Pero el socio, nada, se envuelve en la toga y dispara una sarta de boberías tras otra. Le habrían hecho un favor si cuando comenzaba como periodista no le hubieran mentido que era bueno.

(publicado en la red, septiembre 2018)

Friday, May 3, 2019

Gilberto Padilla Cárdenas regala libros de Leonardo Padura

Durante los seis últimos años he tratado de extinguir mis 125 ejemplares de Leonardo Padura. Los utilicé para elevar el monitor de mi computadora. Tapé la luz que entraba por los cristales de las ventanas de mi cuarto con algunos. Intenté regalar la tetralogía a mis amigos, pero “las cuatro estaciones” son como las películas de Jean-Claude Van Damme: una la toleras, las demás parecen refritos. Puse anuncios clasificados en revolico. Escribí artículos —con enlaces a mis anuncios— para estimular las ventas. Traté de canjearlos por otros libros que sí me interesaban. Y, de todos modos, la cantidad de ejemplares apenas disminuye.
   De modo que aquí estoy de pronto ante una caja con noventa o cien libros de Padura, libros que deben de costar unos 1000 euros fuera de Cuba. Su autor ha tardado años en escribirlos, la editorial Tusquets han invertido miles de euros en publicarlos, así como innumerables horas en corregirlos y en diseñar sus melancólicas portadas; hasta han desembolsado un poco más de dinero para reeditarlos. Y yo con todas estas ediciones cubanas estorbando en mi clóset…
   Solo me queda apelar a los desconocidos.
   Tú, si buscas libros gratis de Leonardo Padura, ya sabes qué hacer: escríbeme.

(¿Leerías los libros de Padura si fueran gratis? Hypermedia magazine, octubre 2018)