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Tuesday, July 23, 2019

Alejandro Armengol vs. Roberto Fernández Retamar

Retamar tuvo el “don” de cumplir a la perfección varios objetivos del centro de poder en Cuba— objetivos que trascendían las ideologías en juego en los inicios y luego internacionalmente— el cual necesitaba para ello de un instrumento idóneo, que permitiera el empleo del socorrido puño con guante de seda.
   Desde el 1 de enero de 1959 inició ese camino con un poema fechado en ese día: “Los sobrevivientes”:

   Nosotros, los sobrevivientes,
   ¿a quiénes debemos la sobrevida?
   ¿quién se murió por mí en la ergástula,
   quién recibió la bala mía,
   la para mí, en su corazón?
   ¿sobre qué muerto estoy yo vivo…?

   Con estos versos Retamar establece en la literatura cubana el complejo de culpa dentro de sus creadores por no haber participado con las armas en la lucha contra Batista; complejo que luego se ampliaría con el concepto de compromiso intelectual, primero en su versión sartreana y luego bolchevique. Aquí se anticipa al Che Guevara, que luego expresará igual opinión, incluso más a las claras, en “El hombre y el socialismo en Cuba”: el pecado original de los intelectuales cubanos es que no son verdaderos revolucionarios.
   “Calibán”, esta vez como ensayo, cumple igual objetivo en 1971, al aparecer por los mismos días que el funesto Congreso de Educación y Cultura que oficializa lo que luego se llamó el quinquenio gris que en realidad fueron años negros.
   En ese ejercicio como instrumento del poder Retamar fue más que nuestro Gorki o Ehrenburg (papel propio de Carpentier): el ejemplo de intelectual católico en sus orígenes, de clase media y formación en el extranjero convertido en funcionario-comisario de la dictadura del proletario.
   En lo específicamente literario, a la poesía cubana le hizo un daño momentáneo con la llamada poesía coloquial, pero ese, por supuesto, fue un mal menor.

(El sobreviviente. Publicado en la red, julio 2019)

Monday, July 15, 2019

Michael H. Miranda vs. Lourdes González

Despreciable el régimen que pone a un escritor en el lugar del censor.
   Y más despreciable todavía el escritor con pompa de funcionario que se sabe impune y muy lejos ya de todo escrúpulo, que tan a gusto se siente cumpliendo esa tan revolucionaria tarea.
   ¿Es el aislamiento cubano lo que lleva a decir esas cosas? ¿O es simplemente una confusión personal?
   Editar en ese país es censurar, está claro. Los cadáveres que la censura cubana ha prodigado han estado a la vista por décadas.
   Pero parece no sólo que el cuartico está igualito, sino que además ahora el escritor-censor ni se esconde ni se calla: quiere su manual, su novela, su lector y su entrevista.   Y que le aplaudan.

(publicado en la red, mayo 2019)

Wednesday, July 10, 2019

Juan Abreu vs. Abilio Estévez

Yo cruzaba la bahía de La Habana, una extensión putrefacta color excremento y aceitada por los desperdicios de los barcos rusos y me apeaba en el embarcadero de Regla para ir a mi trabajo de peón en la termoeléctrica de Tallapiedra. Todos los días. Durante años. Algunos días tenía que ir todo el trayecto con la nariz tapada porque el hedor de las aguas contaminadas era insoportable. Todo el que viajaba en la lanchita de Regla como le llamaban a la vieja embarcación que cruzaba la bahía sabía que una caída en aquellas aguas podía resultar mortal y nos aferrábamos al armatoste temerosos de aquello que llamaban bahía pero que más bien era un inmenso albañal. Y ahora me tropiezo (en un libro de Mark Kurlansky) con una cita del escritor costumbrista Abilio Estévez que habla de la “bahía hermosa, diabólicamente hermosa” refiriéndose a esa misma bahía hedionda que yo cruzaba todos los días para ir a trabajar.
   Nunca he entendido con qué ojo ven la realidad cubana algunos novelistas cubanos pero tampoco voy a aventurar lo que estoy pensando porque va y se ofende Estévez.

(Blog Emanaciones, enero 2019)

Monday, June 17, 2019

Rafael Rojas vs. Casa de las Américas

En la página electrónica La Ventana de Casa de las Américas, en La Habana, aparece una crítica de mi libro La polis literaria (2018), muy reveladora de la forma en que esa institución cultural rememora su rol protagónico en la pugna de las izquierdas durante la Guerra Fría latinoamericana. Los autores de la reseña no cuentan de qué trata el libro y no objetan sus tesis centrales sino que lo denuestan por sus ausencias bibliográficas, temáticas o ideológicas. Ausencias que, de manera grandilocuente, llaman "agujeros negros", y que no sólo limitarían al libro sino a mi persona, ya que la condición de "contrarrevolucionario" o "enemigo de la Revolución" representa, en ese tipo de textos, una degradación moral. Limitaciones políticas, entiéndase, que según Casa lastran tanto mi trabajo intelectual como mi vida personal.
   Si los autores de la reseña emplearan un lenguaje y un sentido propios, si no reprodujeran tantas frases que hemos leído en otras diatribas similares en La Jiribilla, en la misma Ventana -aunque ya no se encuentran electrónicamente- o en mi expediente en Ecured, podría pensarse que el texto es, plenamente, de una persona. Pero como desde la primera frase ("en su libro más reciente Rafael Rojas continúa su insistente tarea de calumniar a la Revolución Cubana") hasta la última ("parece más que evidente que el agujero negro por excelencia de Rojas es el mal uso que suele hacer de su inteligencia para atacar al proceso revolucionario cubano del país donde naciera"), se repiten las mismas palabras que desde hace décadas se emplean para caracterizar mi obra en la isla, debo entender que se trata de un autor colectivo.
   Como el anónimo habla orgullosamente en nombre de "la Revolución" y de su gobierno, no puedo menos que considerar sus juicios como juicios del Estado cubano, el Ministerio de Cultura o, específicamente, Casa de las Américas, la institución que edita esto que llamamos "reseña". Hay, como comprobará cualquier lector de mi libro, expresiones del editor o editora, que hemos leído, casi textualmente, en Roberto Fernández Retamar y otros intelectuales oficiales de la isla durante medio siglo. Defienden el presente y pasado de la política cultural cubana en bloque, haciendo excepción de un tramo corto de "quinquenio gris", a principios de los 70, ejecutado, según ellos, por unos cuantos "energúmenos".
(…)
   Mi conclusión, después de varias lecturas de la "reseña" que me dedica La Ventana de Casa de las Américas, es que los editores de esa institución todavía no encuentran la mejor manera de narrar su pasado. Hay ahí no sólo desactualización teórica o intelectual sino incapacidad para reconocer errores, aunque sea de forma retrospectiva, y una insaciable voluntad de poder, que se traduce en abiertas contradicciones, cuando no falsedades o equívocos. Quieren presentarse como plurales y democráticos en el pasado, cuando fueron dogmáticos e intolerantes, y aparentar armonía ideológica o traiciones casuísticas en el presente, cuando la memoria y la crítica crecen y se ramifican por las redes del siglo XXI.

(Casa de las Américas: el relato de las marionetas. Blog Libros del crepúsculo, septiembre 2018)

Monday, June 10, 2019

Roberto Madrigal vs. “La transparencia del tiempo”, de Leonardo Padura

En su novela más reciente, La transparencia del tiempo, no se hace esperar para mostrar ese lirismo picúo. Como si no bastara con el título, el libro abre con el siguiente párrafo: "La luz rotunda del amanecer tropical, filtrada por la ventana, caía como el haz teatral proyectado sobre la pared donde pendía el almanaque con sus doce cuadrículas perfectas, distribuidas en cuatro hileras de tres rectángulos cada una".
   No me explico cómo con tanta gente a quienes le agradece consejos editoriales, nadie se atrevió a disuadirlo de ese comienzo. Luego empieza a narrar y esa suerte de narrativa periodística le sale bien, pero para que no nos olvidemos de su lastimosa y, lo repito, ridícula prosa, vuelve a la carga con: "Sus pies han sido los caminos recorridos: de la inocencia a la culpa, de la ignorancia al conocimiento, de la paz a la muerte, del paseo placentero y el pesado acarreo montaraz a la fuga sin retroceso…", y por si no hubiera suficientes clichés, frases hechas y lugares comunes, una página después ataca con: "Un transcurrir que ni siquiera merecía una denominación que implica movimiento…", ante lo cual uno enmudece de tanto sin sentido.
   Estas dos citas se encuentran en las páginas 40 y 41 de la edición de Tusquets.  
   Esta vez parece que a Padura se le agotaron las ideas y le debía trabajo a la editorial, porque La transparencia del tiempo está "basada" (para no mencionar plagiada) en El halcón maltés, la extraordinaria novela de Dashiell Hammett. Menuda pretensión. La única diferencia es que con Conde ya retirado hace más de una década de la policía, al ejercer como una especie de "investigador privado" dentro de las limitaciones de la Isla, el personaje toma más de Philip Marlowe que de Sam Spade, por comportarse más como un marginal, aunque ambos son unos cínicos desilusionados que aún conservan un poco de idealismo.  
   La novela trata sobre el robo de una virgen negra, de valor desconocido y a la que se le atribuye poderes divinos. Se divide en dos relatos. El de la pesquisa detectivesca y la historia de la virgen que nos refiere a la Garrotxa catalana y hasta las últimas cruzadas. La parte detectivesca es legible, aunque muy similar a toda la obra anterior de Padura-Conde, sin ningún aporte temático. Nos regresa siempre a su grupo de amigos y las "excepcionales" comidas que prepara la mamá del Flaco, un ser inmaculado y estereotípico a no más dar y a su mentalidad de adolescente barriotero. Pero la parte de la historia de la virgen es simplemente insoportable y aburrida, además de estar escrita en esa prosa paduriana de lirismo sin brújula. Ya al final yo pasaba esas páginas sin prestar mucha atención.  
   Por mucha admiración que expresan los escritores cubanos por Hemingway, me parece que se relaciona con su aspecto de aventurero, de macho supremo, ignorando siempre su aspecto de "americano feo" (porque por todo lo que he leído de él, como persona, Hemingway debió ser un tipo intratable), ya que ninguno escribe ni lejanamente parecido a él, que si algo era fue un maestro de la prosa precisa y eficiente, que encontraba la belleza en la simplicidad.
   Padura en esta novela sobre todo, hace alarde de un alambicamiento que a veces lo hace perder el objetivo del párrafo y debilita la narrativa. También aburren los homenajitos y referencias a Virgilio Piñera y a Lino Novás Calvo, que se notan traídos por los pelos, guiños inútiles, pataleos de mono amarrado. Junto con La cola de la serpiente, esta novela forma lo peor de la obra de Padura. De una obra por lo general prescindible, La transparencia del tiempo es merecedora del más rápido olvido.  

(La pérdida del tiempo. Blog Diletante sin causa, marzo 2018)

Wednesday, May 22, 2019

Anónimo vs. Carlos M. Alvarez

¿Urgencia y precisión? Lo primero lo entiendo. Cada vez que comienzo a leer algo de este niño me cae una urgencia por dejarlo de lado que no veas. ¿Pero precisión? No será por lo que escribe, maestro como es de frases vacías de contenido semántico. Suenan bien si las lees en voz alta, pero no dicen nada.
   ¿Y todavía menciona en voz alta aquel librito del Calendario? Yo fingiría que no lo había escrito. Lo más gracioso que tiene es la dedicatoria a Rosa Miriam Elizalde, testimonio de tiempos en que no era tan vertical. De ahí en adelante todo es cuesta abajo. Sí me divirtió entonces que pretendía ir de personaje y de culto, pero pensaba en aquel momento que Keats y Yeats eran homófonos. Y tiene una de las oraciones más disparatadas y tiernamente cómicas de la literatura cubana. Es en un cuento también sobre el servicio militar (que parece ser lo único que le ha pasado en su vida) donde el protagonista dice que esa experiencia y las guardias nocturnas lo han vuelto “infalible a las películas”. Me desconcertó tanto la frase que fui al diccionario a comprobar que no estaba equivocado y que no había una acepción de “infalible” que desconocía. Pero no, y más tranquilo acepté que aquello era puro cantinfleo.
   Lo demás de la entrevista es ruido. Las opiniones sobre literatura son cómicas y oscilan entre la confusión, el cliché y el disparate. Es muy gracioso lo en serio que se toma a sí mismo. A lo mejor en persona es diferente, pero cuando escribe a CM parecen haberle extirpado el sentido del humor. No hay ironía, no hay distancia, no hay introspección real (lo suyo ha sido siempre el sentimentalismo y la sensibilidad de las señoras mayores de clase obrera). Acaso el problema sea un inexistente sentido del ridículo que lo prohíbe tomar conciencia de las boberías que dice y reírse un poco de sí mismo. Pero el socio, nada, se envuelve en la toga y dispara una sarta de boberías tras otra. Le habrían hecho un favor si cuando comenzaba como periodista no le hubieran mentido que era bueno.

(publicado en la red, septiembre 2018)

Friday, May 3, 2019

Gilberto Padilla Cárdenas regala libros de Leonardo Padura

Durante los seis últimos años he tratado de extinguir mis 125 ejemplares de Leonardo Padura. Los utilicé para elevar el monitor de mi computadora. Tapé la luz que entraba por los cristales de las ventanas de mi cuarto con algunos. Intenté regalar la tetralogía a mis amigos, pero “las cuatro estaciones” son como las películas de Jean-Claude Van Damme: una la toleras, las demás parecen refritos. Puse anuncios clasificados en revolico. Escribí artículos —con enlaces a mis anuncios— para estimular las ventas. Traté de canjearlos por otros libros que sí me interesaban. Y, de todos modos, la cantidad de ejemplares apenas disminuye.
   De modo que aquí estoy de pronto ante una caja con noventa o cien libros de Padura, libros que deben de costar unos 1000 euros fuera de Cuba. Su autor ha tardado años en escribirlos, la editorial Tusquets han invertido miles de euros en publicarlos, así como innumerables horas en corregirlos y en diseñar sus melancólicas portadas; hasta han desembolsado un poco más de dinero para reeditarlos. Y yo con todas estas ediciones cubanas estorbando en mi clóset…
   Solo me queda apelar a los desconocidos.
   Tú, si buscas libros gratis de Leonardo Padura, ya sabes qué hacer: escríbeme.

(¿Leerías los libros de Padura si fueran gratis? Hypermedia magazine, octubre 2018)

Friday, March 15, 2019

Ibrahim Hernández Oramas vs. la antología "La generación de los años 50"

Publicada en saludo al 25 aniversario de la revolución, la antología de la generación de los cincuenta es uno de los textos más infestados de ideología que la historia de la literatura cubana recuerde. A mí siempre me ha parecido una suerte de montaje generacional, de entelequia: un libro de ocasión con una carga de oportunismo notable. En el prólogo, escrito por Eduardo López Morales, se elogiaba el incremento de la producción artística en las provincias (como si de una cosecha de papas se tratara), se enfatizaba la correlación dialéctica entre nueva técnica y espíritu nuevo (cualquier cosa que esto signifique), se subrayaba la pertenencia de los poetas al pueblo trabajador y uniformado, se empalmaba, a fin de cuentas, vanguardia política y vanguardia literaria. El tono de la antología debe ser leído en relación a sus intertextos: la diatriba El socialismo y el hombre en Cuba y, en general, toda la atmósfera antiintelectual de la época. Leída en estos términos, La generación de los años cincuenta puede considerarse una especie de tributo al poder, de expiación de ese pecado original, una capitulación en toda regla.
   Friol comenta que la enemistad de uno de los antologadores le valió la exclusión, pero, ese mismo carácter reconcentrado y, como tú dices, singular, de su obra, esa relación oblicua y de vínculos que no se pueden atajar en la superficie tanto con Orígenes como con la generación de los cincuenta, hacen de su poética algo muy difícil de sistematizar, de asimilar a la norma, y más si se trata de asimilarse al tipo de operación ideológica y de legitimación que pretendían los autores de la antología. Esta es una cuestión que analizo con detenimiento en el libro.
   Esa exclusión le debe haber parecido a Friol un gesto más de esa indiferencia con que la industria editorial y la maquinaria ideológica del campo intelectual premiaban su obra. Hay que tener en cuenta que, luego de su primer cuaderno, Alción al fuego, publicado en 1968, pese a que se mantiene escribiendo y enviando manuscritos durante todo ese tiempo, Friol no ve publicado libro suyo en Cuba hasta 1988, cuatro años después de que apareciese esta antología.Visto con cierto cinismo retrospectivo, aunque fueron años de su vida muy complicados, ese ostracismo puede haberle salvado de participar de la adscripción y el entusiasmo que tan magros resultados transpiró en la escritura de sus contemporáneos. Al menos sí se libró, con seguridad, de figurar en la que puede ser la reunión más insulsa de poetas y poemas cubanos: una antología que incluye los poemas adolescentes de algunos mártires de la lucha contra Batista, los poemas infames del funcionario Luis Pavón (junto a, por cierto, los poemas de algunos de los damnificados por su labor de funcionario), los poemas mediocres de poetas mediocres como Alberto Rocasolano, Domingo Alfonso, Carilda Oliver o César López, etc. Una antología que recoge, además, los momentos más bochornosos de algunos poetas que tuvieron luego momentos mucho más atendibles. Recuerdo, por ejemplo, un poema de Rafael Alcides que equiparaba la idea de soledad y ausencia del amante con la imagen de un blúmer rosado abandonado dentro de un escaparate.

(Friol contra los cincuenta. Entrevista a Ibrahim Hernández Oramas. El Nuevo Herald, marzo 2019)

Tuesday, February 19, 2019

Néstor Díaz de Villegas vs. José Martí

Ah, pero Martí, como un Paul McCartney empeñado en cruzar descalzo la cebra de Abbey Road, nos llevó precisamente por ese largo y tortuoso sendero, hacia el destino de mierda que señala con su dedo de mármol desde el pedestal del parque. Si quisiéramos denostarlo realmente, lo llamaríamos “Mármolo”.
   Porque Martí es, positivamente, el autor intelectual de cada desastre ocurrido en Cuba desde el 59, el culpable de todas nuestras desgracias, desde las Escuelas al Campo hasta la Batalla de Ideas. Martí es el escritor fantasma del vademécum totalitario y de cada uno de sus acápites, hasta llegar al capítulo culminante, que es ya el punto y aparte.
   I’m with stupid, debería estar escrito en el pedrusco de Fidel, con una flecha que apuntara al mausoleo martiano. I’m with stupid, debió ser el aviso enorme en la pechera de un pulóver hecho a la medida del Martí de la Raspadura. Porque toda estupidez cubana es martiana.
   Querámoslo o no, admitámoslo o no, Martí y Fidel son un dúo, como Clara y Mario, o Pototo y Filomeno. Por eso, cuando Roberto Smith le sale el paso a la película, en realidad está defendiendo el legado de Manchae’ Plátano, y no el de Ginebrita (hubo insultos peores lanzados contra Mármolo).
   Porque lo que verdaderamente está en juego es la versión revisionista del mojón martiano. No son “los símbolos patrios”, en plural mayestático, los que peligran, sino el símbolo único, el que superó y pulverizó a todos los otros, incluido Martí, hasta el punto de que la sola mención de “Cuba” provoca en los extranjeros la respuesta automática “¡Castro!”.

(‘i’m with stupid!’: martí habla de su rol en “quiero hacer una película”. Blog N.D.D.V., marzo 2018)

Tuesday, February 5, 2019

Antonio José Ponte vs. Leonardo Padura (3)

Leonardo Padura, que nunca se ha atrevido a denunciar la dictadura que padecen los cubanos, que no da beneficio de mención a la disidencia, que no protesta por el abuso y la represión contra los disidentes, admite, sin embargo, que se banalice a beneficio suyo lo que es ser disidente dentro de una dictadura. Pero si era un chiste..., podría excusarse. Y en efecto, el chiste es Padura.

(Padura, un chiste de Pablo Iglesias. Diario de Cuba, marzo 2018)