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Monday, September 14, 2015

Zoé Valdés vs. Rosie Inguanzo, William Navarrete y Wendy Guerra

El problema de Rosie Inguanzo es, primero nada que jamás tuvo swing, es mala actriz, mala poeta, y mala persona, envidiosa y guajira lépera, que hoy te adula y mañana te calcula. Ya la calé hace ratón y queso. Y segundo quiere situarse cómodamente, en ese justo medio del comemierda. Jamás ha dado perreta de nada porque le falta mendó. Digo lo que pienso, es todo. Ninguna perreta, mis ideas en libertad y con mendó. El otro asunto: ha cogido obsesión con la pinga de Juan Abreu, igual que cuando la cogió con decir que Güicho era maricón. ¿Quién pinga se cree ella que es para juzgar a nadie? Algún problema con la pinga y con el culo debe tener. Seguro que es falta de morronga lo que tiene, o de culo, lo que es más evidente. Es lo que suele suceder en estos casos. Pero que le pregunte a su amiguete Navarrete, ladrón de viejas y ahora de otros amigos pintores -que todo se va descubriendo en este París de las delicias- qué cosa quiere decir pingustia. Es una palabra de esa excelsa escritora: Nieves, o la Quendi Guerra, que ellos publicaron en Tumiami, que pasó primero por varias etapas, pintora cuando le copiaba a Zaida del Río, actriz con nombre de Zoé cuando le copiaba a Leonor Arocha y empezaba ya a plagiarme los poemas en La Habana de los 80, cuando Humberto Castro se la dejó en los callos por estúpida. Y ahora escritora, cómo no, después que me rindió años de años, pidiéndome mis novelas a través del tarrúo del marido. Esa sí que tampoco tuvo swing, ni aún cuando se puso a cagar encima de los cuadros de Flavio Garciandía, con el que también lloró en un café de París, después de habernos llorado a Ricardo y a mí en otro café parisino. Nunca tuvo swing y lo único que hace es copiarme el mío, segundo a segundo, sombreros incluídos.
   El swing para Rosie Inguanzo, parece ser, debe ser tibio, y de esa izquierda churrosa miamense que me da arqueadas nada más que de olerla. Ahora mismo debe estar viniéndose, chorreándose la chancletica, con la mierda de canción de Carlos Varela a los de allá y a los de aquí, en el concierto más aburrido del mundo, el de Juanes de los Palotes. Lo estoy viendo por yahoo, porque aquí en Francia ni se ha hablado de eso en la televisión.

(Comentario publicado en la red, septiembre 2009)

Friday, September 11, 2015

Andrés Reynaldo vs. la poesía cubana y su crítica (Vitier, García Marruz…)

La crisis de la poesía cubana debe mucho, a mi juicio, a estos factores:
   1) Mediocridad del entorno crítico. Tanto en la isla como en MIami (el polo libre de la cultura cubana) la crítica es cenacular, frívola y, con frecuencia, inculta.
   2) Imposibilidad de reconocer los valores de la alta cultura. Esto viene de finales del siglo XIX. El ensayo de Jorge Mañach, casi a un siglo de distancia, sigue siendo lo más esclarecedor que se ha escrito sobre el tema.
   3) Sublimación acrítica del elemento autóctono. Obedece a una idea dieciochesca de la identidad nacional. Aquí hay mayor intención política que literaria. Un género de garibaldismo literario, aferrado a unos tópicos. Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, es la piedra de toque de ese edificio que tratamos de construir a partir del techo. Un postulado parroquial que ha limitado el vuelo de muchos poetas con talento y le ha venido de perillas a la oficialidad castrista. En la misma obra de Vitier y de su esposa, Fina García Marruz, brillan esos defectos.
   4) Incultura de los poetas, a secas. Cuando el creador carece de referencias, dominio técnico, profundidad de la mirada, en fin, conocimiento poético, no le queda más remedio que hablar de su estrecha inmediatez.
   5) Dos aclaraciones:
   a) La dictadura es culpable de perseguir a los poetas, no de su mediocridad y cobardía. En la Rusia soviética, con régimen similar, hubo unos poetas de rango universal: Brodsky, Ajmátova. Eso se debe a la resistencia de su propia tradición y, sobre todo, a la madurez de su identidad nacional. Nuestra tradición es endeble. Nuestra identidad, incompleta. Estas carencias hay que verlas como unas características muy comprensibles y no como una maldición. Los australianos tampoco tienen una tradición poética que valga la pena. Lo importante, lo saludable, está en que ellos lo saben.
   b) Cuando Alfredo [Triff] habla del yoísmo no se refiere al uso de la primera persona del singular ni a la premisa antropocéntrica. Tampoco es un ataque a la lírica. Alfredo critica la reiteración narcisista, empobrecedora y asfixiantemente autorreferencial de un yo minúsculo, trivial, reacio a la sustancia, en suma, subdesarrollado. Es la diferencia, digamos, entre Lord Byron y Víctor Casaus.

(Comentario publicado en la red, junio 2011)

Thursday, September 10, 2015

Fermín Gabor vs. Abel Prieto

Aquellos que persigan (como yo) las declaraciones del Ministro de Cultura Abel Prieto han de estar de fiesta con la entrevista que La Jornada de México ha publicado recientemente. Creo que desde la publicación en España de El vuelo del gato, hobby al que el Ministro dedicara sus asuetos como ahora los dedica a pintar, no contábamos con tanto motivo de estupor. 
   El vuelo del gato disfrutaba ya de edición cubana. Letras Cubanas la había impreso dos veces en un año, accidente que no le ha ocurrido a nadie que no sea ministro.  Para promover la edición española el autor no había estado solo: lo acompañaban José María Vitier al piano y Francisco López Sacha como presentador.  Y, sin embargo, lo mejor de esa gira autoral no estuvo, ni en el piano, ni en el ditirambo, ni en el propio libro, sino en las declaraciones ministeriales a la prensa. 
   Molesto quizás por ser tomado menos como autor que como ministro, o incómodo por el encarnizamiento de periodistas menos dóciles que los del Granma o del Juventud Rebelde con quienes acostumbra a lidiar, Abel Prieto se lanzó por el desbarrancadero de unas aseveraciones que aquí resumimos: Heberto Padilla debe su fama a lamentable equivocación cometida por los directivos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y, fuera del escándalo político, es más rollo que película. Guillermo Cabrera Infante, aunque autor de un par de libros importantes, no agrega nada más a la cultura cubana porque está loco. Y las novelas de Zoé Valdés no se publican dentro de Cuba por ser malos productos literarios. (De acuerdo con este último punto, cabría preguntar entonces qué hace en las librerías habaneras ese bodrio último que firma Daniel Chavarría -- Adiós muchachos --, por mucho premio Poe que haya recibido.)
   Según Prieto la política ha inflado a Padilla, vuelto inútil autor a Cabrera Infante y no pesa para nada a la hora de juzgar si la Valdés es o no publicable por editorial de la isla. Y ahora, en entrevista más reciente, el Ministro se considera responsable de la cultura cubana in toto. "Nos sentimos responsables de la totalidad de la cultura cubana, se produzcan las obras donde se produzcan", afirma. Ministro en Cuba y Ministro en el exilio, si acaso la cultura cubana es una sola él la ministerea dondequiera que ésta se halle. Toca a él hacer de psiquiatra soviético frente a Cabrera Infante, de profesor de buenas maneras frente a la Valdés y de balanza de agromercado -sección Carnes- en el caso Padilla. 
   (...)
   Quienes persiguen las declaraciones de Prieto, aquellos a quienes intriga qué pasa por la mente del Ministro, qué hay debajo de la peluca en que se empeña todavía, cuentan (contamos) con suficientes motivos de esperanza.  Pues dentro de muy poco volverá a ser entrevistado y nos dará motivos nuevos de sobresalto. 

(La lengua suelta # 3. La Habana Elegante, segunda época)

Wednesday, September 9, 2015

Nivaria Tejeda vs. Guillermo Cabrera Infante

Recibo sus e-mails referentes al trabajo que preparan sobre GCI por si tengo alguna anécdota personal que pudiera referirles, dando por ejemplo la que mencionan y que considero una fabulación al estilo del bueno de Marré y su humor algo socarrón. A ver si se aclara este malentendido de las serpentinas anécdotas: mi relación con Guillermo se redujo al corto año que coincidimos en la entonces Escuela de Periodismo y fue más bien distante, dado su comportamiento machista que me resultaba particularmente desa­gradable. Tampoco existió la pertenencia a un mismo grupo (mi vía era la poética; la suya, periodística), por lo que nuestros encuentros muy esporádicos se reducían a uno de sus característicos sarcasmos que me lo hacían aún más antipático: “¿Sigues escribiendo poesía?” Convergimos más tarde en los puestos de agregados culturales que nos fueron confiados y también en el mo­mento de abandonarlos, yo primero y él después; pero tampoco hubo comunicación entre nosotros. Y en el terreno literario (ni qué decir), nuestras búsquedas se aproximan únicamente —y así lo ha considerado cierta crítica— en que mi novela Sonámbulo del sol describe la diurnidad habanera y él la nocturnidad.
   Así pues, que se deje de fabular alrededor de lo que Vallejo denomi­naba “la nonada”.

(Sobre los pasos del cronista. Elizabeth Mirabal, Carlos Velazco, Ediciones Unión, 2011)

Tuesday, September 8, 2015

Joaquín Gálvez vs. Rolando Jorge (2)

La metatranca es un producto del tallerismo cubano. Entendamos entonces la existencia de un esperpento como RJ, que solo en un país de ficción como en Cuba se puede dar un personaje salido de ese teatro del absurdo que es la realidad cubana. La vaciedad de contenido, la incongruencia y el disparate son algunos de los rasgos distintivos de este. Pero humanamente hay otros, que son... aún peores: mal agradecido, bretero, vulgar, irrespetuoso, no loco e irreverente como dicen por ahí (sino sin vergüenza), etc... Cultura no es tener Buena memoria, ni espíritu aristocrático, decir de memoria unas frases librescas o enumerar libros leídos. Pero aun así, y, a pesar de la bajeza de esta diatriba, no me arrepiento de haberle tendido mi mano amiga en múltiples ocasiones. Jamas nadie aquí le ha dicho que no publique en Cuba, ni lo ha amenazado por eso, ni nada por el estilo. Libertad es también derecho a opinar y disentir de una opinión.

(publicado en la red, octubre 2013)

Monday, September 7, 2015

Eliades Acosta Matos vs. Haroldo Dilla

Esto que tienen delante es H.P. Dilland. Es cierto que, aunque viene bien vestido y oloroso, sigue repugnando a simple vista por la ostentación que hace de sus llagas morales. También lo es que, por estos días y aún de figurín, a más de uno ha provocado arcadas su gelatinoso continente de lambón inveterado. Pero, ¿qué se la va a hacer? Con eso no pudieron ni padres, ni hermanos, ni amigos, ni maestros, ni el Jefe, que ya es mucho decir. “Algo tenías por dentro…” , se llega a pensar ante tanta abyección flagrante, como rezaba el tango en que un despechado en amores reprochaba a su ex “abacanada”, la dignidad perdida ante el dinero, el poder y el champagne.
   Nos guste o no, esto que tenemos delante es H. P. Dilland, ex especialista en comarcas y fronteras; ex director del Instituo Trujilloniano; exmilitante del Partido Dominicano y antes del Partido Socialista Popular. Desasido de toda pertenencia, relevado de toda lealtad, lo que queda es lo que hay. Ni más ni menos. Y aunque luzca atildado, hemos de ser piadosos, aunque no permisivos, con este derelicto humano que balbucea, se cree un triunfador  que regresa del exilio y alardea de reconocimientos  que solo existen en su triste cerebro, ese que suponemos, aunque a veces dudemos de su existencia, bajo la bóveda craneana que se halla al norte de su cara de polichinela triste.
   Pero esto, lo sabemos bien, que antes se arrastraba, gemía, pedía perdón por su pasado dizque revolucionario, renegaba de sus raíces y amanecía cada día, primero en la fila de potenciales emigrantes  que se formaba ante el Gran Consulado  Imperial, no siempre fue así, aunque, justo es decirlo, solo por fuera. Porque la carroña no pudre de un día para otro, sino que se incuba en lo oscuro, en lo interior, destilando la materia pultácea de su circulación, la que laboriosamente  bruñe,  pule,  conforma y  acumula durante décadas, día a día, hora a hora, minuto a minuto, en el minué perverso de las arañas resentidas, hasta que, en el momento menos pensado, estalla ante cualquier ofensa real o imaginada. Y esa explosión, amigos queridos, marca, por lo general, el último día de Pompeya, o sea, de su honor.
   Ya sabemos que su nombre real, aquí en Santo Domingo, adonde ha regresado bien vestido y pisando fuerte, era Hastroldo Cuasihomérico Pe. Dilland y que  escaló hasta el favor del Jefe, mientras no se pasó de la raya con sus ditirambos, que luego se supo, había copiado de los que Los Laínes  hacían circular en España, en loor al otro Generalísimo. Eso precipitó su caída y era de esperar: el Jefe no pagaba, y pagaba bien, por refritos sino por adulaciones astrales y más que eso, originales.
    En aquel entonces, recordamos, trató de mantenerse a flote, mientras pudo, mendigando a la puerta de los hoteles donde se alojaban los dictadores derrocados de América Latina que, como polluelos, terminaban siempre refugiándose bajo el ala maternal del más duro, recalcitrante y tenaz de todos. Ofertó sus servicios de escribidor a destajo, de adulón desaforado y de alabardero ideológico a Rojas Pinilla, Batista, Perón, Carías y Marco Pérez Jiménez, pero nadie lo tomó en serio. Los más generosos o los más hartos, se limitaron a  arrojarle, en algún día afortunado, unos centavos para la magra pitanza. Y mientras eso sucedía, sus antiguos empleados del Instituto Trujilloniano, a quienes humillaba sin piedad en su edad de gloria, organizaban excursiones a los desfiladeros de su abyección e iban a verlo mendigar, acosándolo con los apodos que habían ideado para él, entre los que descollaban “Don Pomposo”, “Príncipe Chinche” y “Lord Piltrafa”. A veces, también sazonaban los gritos con el lanzamiento de pellas de fango, lo que consideraban un deporte, al que no tardaron en bautizar como “Mata a la rata”.
   Pues bien, por azares del destino, o más bien por su pasado, dizque socialista, H.P. Dilland fue un día fichado por los perspicaces empleados del Gran Consulado Imperial, muy necesitados de apóstatas en tiempos de la Guerra Fría, cuando la más variopinta fauna invertebrada era acarreada, sin piedad, para atacar, denostar, desprestigiar, dividir desde dentro, erosionar, aplastar, machacar y pulverizar a todo movimiento revolucionario, socialista, comunista, progresista, feminista, antirracista, o simplemente, surrealista, dadaísta o cubista de la región. Y de esta extraña manera salvó la vida este experto en rezurcir, no en crear, que nos pasa ahora por al lado, bien vestido, pero indigente contumaz; el mismo que antes se llamaba H. P. Dilland, en Santo Domingo y que hoy, años después, ha regresado del olvido.
   El hado adverso que un día de su lejana infancia le había chupado la columna vertebral, intercedió ahora para salvarlo, quizás por lástima. Terminó desembarcando en Miami, como un náufrago material y casi loco de frustración y rabia, de donde fue llevado a New York para ser instruido en técnicas de rompehuelga y propaganda negra  en la escuela sindical de Jimmy Hoffa. Allí compartió dormitorio con un colombiano llamado José Antonio  Devastación de Osorio y un  peruano, por cierto, buen escritor, al que se conocía como Marqués de Valía Rosa.
   Cierta bonanza económica, pues la traición se suele premiar con largueza, hizo que, poco a poco, fuese regresando la luz a los ojos apagados de H. P. Dilland, de este mismo que ahora se pavonea ante nosotros, como si no lo recordásemos en sus días trágicos. El fuelle de sus pulmones, antes exhausto  de susurrar misericordia, también regresó y con él se levantaron los hombros caídos, apuntalando una apostura que, no sé por qué, aún hoy, conserva un tenue olor a podredumbre. ¿Lo sienten, verdad?
   Como era de esperar, con la recuperación de sus rasgos aparentemente humanos, regresó lo peor de su circulación pultácea que, a su vez, insufló nueva vida a sus ideas más ruines y dio manigueta de continuidad a los instintos que mejor permitían comprender el por qué de las iniciales de su nombre. En lo que llamaba, a boca llena y con gesto de Pierrot enharinado, “su vertical exilio patriótico e insobornable contra la dictadura trujillista”, a la que antes había servido con delectación, H. P. Dilland se fue labrando un título de “pensador marxista”, perteneciente a una tercera vía, dedicándose a descuartizar a sus excompañeros y a la vez, a unos nebulosos “imperialistas”, de quienes cobraba   mesadas bien concretas, por supuesto, bajo cuerda.
   No tuvo límites, desde entonces, su descocada carrera por hacer méritos a los ojos de sus nuevos amos. Llegó hasta a enfilar los cañones, acusando mediante anónimos y denuncias de toda clase, a los mismos funcionarios liberales del Departamento de Estado que le habían facilitado la salida de Santo Domingo y que terminaron declarando ante el “Comité de Actividades Antinorteamericanas”. Denunció también a republicanos españoles a los que frecuentaba, entre ellos a Jesús de Galíndez, a los que calificó de ser inspiradores de una conjura judeo-masónica-bolchevique, con lo que evidenció que seguía robando conceptos tremendistas de Los Laínes, como el buen perro huevero que siempre sería.
   Ya se sabe, queridos amigos, que no hay nada más despreciable que un converso y no porque haya cambiado de parecer, sino porque cree que su legitimidad y seguridad, en las nuevas condiciones de su existencia, si es que a eso podemos llamar, en rigor, existencia, dependen de perseguir a sus antiguos cófrades o correligionarios. De marranos conversos estuvo lleno el Santo Oficio español. Servían de espías, delatores, traductores (como el mismo Greco) de aquellos judíos  de quienes se sospechaban más apostasías en la misma medida en que les crecían los doblones en la bolsa.
   No eran las SS, sino la Policía Judía, la que guardaba el orden interior en el Gueto de Varsovia; la que arrestaba, golpeaba, entregaba a los alemanes y llevaba ordenadamente a los trenes de la muerte a los demás judíos, los que terminarían como montañas de cenizas en las cámaras de gas de los campos de Buchenwald o Auschwitt-Birkenau.
   Esto que ahora intenta deslumbrarnos con su traje de buen paño y su reloj reluciente, es ese mismo H. P. Dilland también un marrano converso. No solo se refocila en sus llagas morales, sino que viene a restregarnos en la cara lo que llama “… su éxito en el exilio antitrujillista”. Como si alguien nos hubiese extirpado la memoria y las bibliotecas no conservasen sus escritos jacobinos de postín, sus denuestos dialécticos contra el mismo amo al que ahora sirve y sus ditirambos casposos de cuando dirigía, con mano de hierro, el Instituto Trujilloniano.
   Fíjense bien: se nos acerca. Y no es casual. Les apuesto que llegará sonriente y urbano, haciendo gala de una bondad que nunca tuvo, de un compañerismo que jamás ha experimentado y de una prodigalidad difícil de creer en un estafador consuetudinario.
   Ya está aquí, nos palmea la espalda, hace chistes, brinda cigarrillos, nos invita a tragos. Dice que se acuerda bien de nosotros, pero que ya lo ha perdonado todo, entre otras cosas, que le llamásemos “Don Pomposo”, “Príncipe Chinche” y “Lord Piltrafa” y también aquellas  “simpáticas sesiones juveniles”, así las llama, de “Mata a la rata”. Cuenta sus éxitos, los hitos de su “heroica lucha antitrujillista en el exilio”, los peligros corridos por la libertad y la democracia, por instaurar en el país un gobierno del pueblo y que garantice la justicia social. Habla como un verdadero revolucionario y se hace casi insoportable su hedor.
   Este mismo H. P. Dilland, el de siempre, nos palmea de nuevo la espalda, como un viejo camarada, nos invita, otra vez , a unas rondas de tragos, sacude la solapa de su traje de buen paño y mira el reloj reluciente. Es entonces cuando hace un  gesto, casi imperceptible, a la patrulla de ocupantes, en la estela de cuya invasión regresó al país.
   “Son estos y no tienen remedio”- les dice, mientras nos  entrega.
   Y es cuando descubrimos en sus ojos el mismo brillo de cuando dirigía el Instituto Trujilloniano.

(H.P. Dilland reloaded. Diario Libre, 2014)

Friday, September 4, 2015

Jesús Díaz vs. Zoé Valdés

Los autores a los que me he referido están impregnados de nuestra realidad: son duros —duros tanto para el castrismo como para el exilio— y expresan como nunca la gran frustración de sus personajes y de su pueblo. El éxito comercial de Zoe Valdés proviene de que ella escribe lo que cierta parte del público europeo desea leer: una dosis de feminismo, una dosis de sexo, una dosis de desarraigo, una pizca de Lezama Lima. Es una forma de turismo literario, en el momento en que Cuba se convierte en un paraíso del sexo barato. Se ha comercializado la tragedia cubana. La literatura, la verdadera, es el lugar imposible donde tratan de expresarse la tragedia y la comedia, el abismo y la ambigüedad entre los que se mueve este siglo; toda la complejidad del destino humano. Son necesarias la lucidez y la locura y no una fuga hacia unos personajes que no son otra cosa que marionetas ideológicas.

(Encuentro, entre la isla y el exilio [entrevista], Le Monde, mayo 1998)

Thursday, September 3, 2015

Norge Espinosa vs. homófobo anónimo

¿Qué temor político despierta la homofobia de este sujeto enmascarado, anónimo en un país donde afortunadamente, y no pocas veces a riesgo de ser aún más despreciados de lo que lo fueron en sus silencios, los escritores homosexuales han comenzado a arrancarse los antifaces para decir que su amor sí "puede decir su nombre"? ¿Cómo recuperar verdaderamente el legado de Piñera, Lezama, Casey, Sarduy, Ballagas, Arenas y otros si desde el subterfugio de un anónimo se ataca así a una parte del cuerpo sociocultural que finalmente el Cuerpo de la Nación, no sin estremecimientos ni incomodidades, comienza a reconocer como suyo? ¿Por qué no le preocupa, digamos, el modo en que escritores no homosexuales echan mano a fábulas de escarceos homoeróticos para implantar su nombre en ciertos mercados, cosa que ocurre no solo en La Habana o Matanzas? ¿Por qué no le preocupa el que este país siga dando la espalda a la difusión concreta de las nuevas corrientes teóricas y literarias que fundan un concepto preciso de literatura homoerótica, y propaga en cambio visiones superficiales de esos segmentos de nuestras letras dando rango de especialistas a personas que apenas saben lo que es en verdad el ámbito de las letras? ¿Por qué no le preocupa la inestable legalidad de los cientos de homosexuales que noche tras noche viven sus vidas a riesgos de multas o persecuciones? ¿Por qué no le preocupa el otro ghetto, el de los heterosexuales, que en una medida muchísimo mayor que la que pudieran alcanzar cinco Lauras o diez Alfredos de los aquí denuncia, han dictaminado políticas editoriales que hasta no hace mucho discriminaban esa clase de creaciones literarias que pudieran ahondar en las complejidades de lo homoerótico? ¿Qué clase de persona pervive tras ese anónimo que es capaz de poner el grito en el cielo por estas cosas, y no es capaz de poner su nombre en limpio para manifestarse?

(Publicado en la red, 2007)

Wednesday, September 2, 2015

Belkis Cuza Malé vs. Norberto Fuentes (2)

El tono de la autocrítica era de por sí una denuncia al totalitarismo, a la dictadura. Una acusación que cualquiera podía ver a simple vista. Una trampa, en que Heberto hizo caer al propio Fidel Castro.
   Si alguien duda de las verdaderas intenciones de su autocrítica, debería detenerse y analizar a fondo todo lo allí dicho, y leer entre líneas, porque incluso tuvo la habilidad de dejar bien claro el papel de informante de la Seguridad que había jugado Norberto Fuentes en aquéllo. Tres días antes de nuestra detención, Norberto --que no era amigo de Heberto, sino mío-- se había presentado en nuestro apartamento con el pretexto de hablarle de la situación en torno al fotógrafo francés Pierre Golendorf, detenido recientemente. Y luego de tres días de conversaciones, el viernes 19 de marzo, también se apareció en el Hotel Riviera, donde Saverio Tuttino, corresponsal italiano de la Unitá, se había citado con Heberto y Jorge Edwards para despedirse.

(La noche de la autocrítica en la UNEAC: Abril 27 de 1971. Blog Belkis Cuza Malé, abril 2010)

Tuesday, September 1, 2015

Jorge Pomar vs. Orlando Luis Pardo Lazo

El mensaje profundo del autor en síntesis: "Pobrecito yo, tan culto, erudito, contextual, evocativo, posmoderno, lírico, hiperestésico, sutil, exquisito, original, animalitario, ampuloso, maromero, farandulero, engreído, esnob...". Otrosí, podría mejorar y a ratos lo intenta, pero a la postre se lo vetan al alimón su propensión a la frivolidad y su ego monumental. Repárese ahora en la sideral distancia que lo separa de la diafanidad expositiva, concisión, riqueza de contenido, originalidad y honestidad subjetiva de sus coetáneas Yoani Sánchez, Miriam Celaya, Claudia Cadelo o Laritza Diversent.
   Orlando Luis Pardo Lazo escribe mal, piensa peor y siente pésimo por la sencilla razón de que en principio no tiene nada que decir, salvo ñoñerías de niñato de clase media educado bajo el castrismo. Suspende en los cinco criterios de la retórica aristotélica: Inventio (creatividad), dispositio (composición), elocutio (estilo), actio (gestualidad; la teatral maroma de la foto lo retrata en cuerpo y alma), memoria (coherencia). No en balde este caucasiano pendiente literario del "negro catedrático" Manuel Cuesta Morúa pasó a ser de golpe y porrazo la pluma más asidua en EER.
   Pero no cabe la menor duda de que el autor de los diletantes, soporíferos relatos de Boring Home -cuya principal figura de lenguaje consiste en el siperoneo (sí pero no) sistemático de enunciados traídos por los pelos- reunía todos los requisitos de moderación, equidistancia y corrección política para ocupar la vacante dejada por tantas plumas de fuste.

(Más sobre el oro Cintio, el de las confesiones a esposa y almohada. Blog El Abicú Liberal, octubre 2009)