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Thursday, May 14, 2015

Duanel Díaz vs. Lorenzo García Vega

García Vega cita ahora un libro suyo que, en mi opinión con justicia, fue muy criticado en Lunes: “Yo en mi Antología de la novela cubana, dije de Carlos Enríquez: “el afán por lo vital, excesivo en el novelista, al no partir desde un centro poéticamente vivido, toma la endeblez de lo buscado en demasía, con airecillo molesto de esnobismo ... Lo afiebrado y lo mórbido, he ahí las notas predominantes en la novela de Carlos Enríquez; pero carecen éstas, sin embargo, de centro reminiscente, de imagen estructurada en lo vivido”. Así como yo vi, y sigo viendo, la expresión plástica de Carlos Enríquez, como una manifestación de ese afrancesamiento de noventa millas (en Cuba, para muchos afrancesados, París estaba a noventa millas) que servía para ofrecerle a los extranjeros, haciéndolo pasar por pura cubanía, un folletín surrealista donde la violencia se mostraba con un efectismo pueril.” No parece haber, según García Vega, diferencia de calidad entre las novelas de Carlos Enríquez –no exentas de interés, pero ciertamente prescindibles– y su obra pictórica. Campesinos felices, El rapto de las mulatas, El rey de los campos de Cuba, Virgen del Cobre, Dos Ríos: todo ello es “folletín surrealista” y “efectismo pueril”, como, según García Vega ha afirmado en ocasiones anteriores, Fuera del juego es “periodismo disfrazado de poesía”, De donde son los cantantes puro origenismo y Piñera, a pesar de su gusto por el absurdo, no logra “superar la Forma”.
   Este juicio de García Vega no hace más que reproducir, sin los aciertos expresivos de Guy Pérez Cisneros, la crítica de este a Carlos Enríquez en Espuela de Plata, que manifestaba, en el terreno de la pintura, la posición de la generación que en Orígenes alcanzaría su "definición mejor" contra la que le antecedía. Cuando García Vega dice que a ellos los consideraron enemigos los de la generación de Carlos Enríquez, olvida que fueron los de Orígenes, los más jóvenes, quienes primero atacaron a aquellos, como es de rigor en las pugnas generacionales. Quien revise aquella polémica (que Hernández Busto ha ofrecido en su blog casi entera, incluyendo dos escritos que habían permanecido inéditos hasta ahora) podrá advertir que Pérez Cisneros acusa a Carlos Enríquez de ofrecer, a partir de una imitación superficial de la vanguardia europea, una imagen pintoresquista de Cuba, basada en el trópico, el campo, el afrocubanismo y una sexualidad intrascendente, frente a lo cual el crítico reivindica una cubanidad profunda que no estaría ya en el objeto, sino en la mirada. He aquí, evidentemente, un capítulo más de la controversia entre Orígenes, con su aristocrático penchant por la Cuba secreta y los interiores coloniales, y los “vanguardistas” de la generación anterior, que elevaron al negro, el campesino y el trópico a símbolos universales de lo cubano.
   Frente a la durísima crítica de Pérez Cisneros y de ese editorial de Espuela de Plata inédito hasta ahora, creo que habría que reivindicar a Carlos Enríquez, pues él no sólo sí sabía escribir, sino que es un artista imprescindible en nuestro imaginario nacional. Nos puede gustar más o menos que Mariano, más o menos que Amelia Pélaez, más o menos que Portocarrero (los tres pintores de Orígenes), pero es uno de los grandes pintores cubanos. Que a estas alturas, cuando aquella lucha generacional carece de actualidad y de sentido, García Vega le niegue la sal y el agua, resulta, en mi opinión, lamentable. Su artículo dice muy poco de Carlos Enríquez, pero mucho del propio García Vega, de lo poco que él tiene que decir.

(García Vega, Carlos Enríquez y los debates de Orígenes. Blog Cuba: la memoria inconsolable, febrero 2007)

Wednesday, May 13, 2015

Enrique del Risco vs. la UNEAC

UNEAC: Siglas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Los escritores y artistas cubanos a diferencia de los de resto del mundo no están devorados por la fiebre del mercado. Gente idealista y espiritual cuando están creando su arte lo hacen pensando únicamente en conseguirse un viajecito. Y cuando regresan del viaje cargados de pacotilla diversa les cuentan a sus amigos que sí, que afuera los supermercados están llenos de productos pero que como Cuba no hay nada y a continuación se enfrascan de nuevo en la ardua tarea de conseguirse otro viaje. O sea, la UNEAC puede definida en pocas palabras como una agencia de viajes para gente creativa y espiritual.

(Publicado en la red)

Tuesday, May 12, 2015

Heberto Padilla vs. Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante hace esfuerzos supremos por reunir todos los adjetivos del terror para reflejar nuestra realidad revolucionaria. Quiere dar la impresión de que hasta el cuidadano más humilde de Cuba está en peligro de perecer en las cárceles de una nueva tiranía. Pero si esto fuera cierto a mí no me quedarían esas tres opciones que señala. Ya estaría en la cárcel, condenado por el delito más reprobable, como ocurre generalmente bajo las tiranías. Si la situación que él describe fuera cierta no habría podido encontrar palabras más cínicas para comunicarnos su desconsuelo: “me preocupa únicamente la suerte de mi familia dejada en Cuba, librada de todas las represalias, desde el despido hasta el trabajo forzado”.
(…)
   En un rapto de frivolidad que a duras penas puede conciliar con aquellos años ásperos de nuestra adolescencia, Cabrera Infante expresa su disgusto de ver que en “los barrios elegantes crecen plátanos en vez de rosas”. Pero hace quince años aquellos barrios eran para él y para los que fuimos sus amigos un mundo abyecto y hostil. Entonces ostentaba el orgullo de su limpia miseria. ¿Es esta miseria —donde no hay un solo cubano desempleado— la que perturba sus ojos de ahora? Claro que Londres y París son más confortables que esta isla llena de dificultades y problemas, bloqueada y amenazada, que afirma resueltamente ante el mundo su derecho a la libertad y a la independencia.

(Respuesta a Guillermo Cabrera Infante. Índice, Madrid, diciembre 1968)

Monday, May 11, 2015

Carlos Alberto Montaner vs. Haroldo Dilla

Por mi parte, creo que nunca he conocido personalmente a Dilla y no tengo criterio sobre su persona. He leído algunos artículos suyos que me han gustado y otros que me han parecido parcialmente equivocados o disparatados.
   Me han dicho que fue miembro de la juventud o del partido comunista cubanos, algo que no me consta, pero ese dato, de ser cierto, no lo hace mejor ni peor. Lo mismo sucede con los exnazis, los exfascistas y los expinochetistas. La militancia es cuestión de ideas. Lo que importan son las acciones.
   Siempre hay tiempo y espacio para rectificar los errores juveniles, mientras no se tengan las manos manchadas de sangre, y no hay ninguna evidencia ni sospecha de que Dilla haya participado directamente en la represión y la violación de los Derechos Humanos de nadie cuando formaba parte de esa lamentable dictadura, aunque fuera lateralmente y en los estribos del poco influyente aparato académico cubano.
   Supongo, por el tono de sus escritos, y porque, finalmente, acabó exiliado, que le parecía repugnante la atmósfera de terror que se vivió en la universidad cuando él estudiaba, o cuando era profesor y veía cómo expulsaban y perseguían a algunos de sus compañeros por ser homosexuales o creyentes, y hasta convocaban a actos de repudio para ofenderlos y humillarlos antes de echarlos a la calle condenados a una especie de cruel ostracismo moral.
   Alguien, como él, que cree que la universidad debe tener las puertas abiertas, debió sufrir como una gran afrenta la política excluyente por razones ideológicas de esa institución ("la universidad es para los revolucionarios"), aunque no tengo información de que haya manifestado públicamente su descontento por estos atropellos cuando era estudiante, o luego cuando le tocó participar del claustro de profesores. 
   Si defendió a las víctimas, debe aplaudírsele. Si calló y otorgó, le cabe algún grado de responsabilidad moral en toda esa barbarie, aunque no seré yo quien se lo eche en cara. No es ese mi papel. Creo que dio un buen paso cuando abandonó al régimen, y ya se sabe que las dictaduras totalitarias contienen este deprimente factor de contaminación general que las hace especialmente repulsivas.
   Más que regímenes distintos, las revoluciones totalitarias son un gran charco de inmundicias en el que deben chapotear los partidarios para poder sobrevivir, ascender y mantenerse. Romper con ese lodazal es siempre meritorio y merece aplauso, aunque algunas personas queden parcialmente percudidas y psicológicamente afectadas, especialmente si tienen conciencia crítica.  
   Más curioso me resulta, en cambio, que siga siendo marxista, pero ni siquiera eso, a mi juicio, lo descalifica en el orden personal, pese a lo que implica de terquedad intelectual frente a la experiencia de sus propias vivencias en la marxista "dictadura del proletariado" del manicomio cubano, a lo que se agrega un siglo de barbarie, cien millones de muertos a lo largo del siglo pasado, veinte fracasos en todas las culturas y situaciones y bajo toda clase de líderes. Sencillamente, como dicen en España los más barrocos, hay "personas inasequibles al desaliento", o, como ratificaba el torero, "hay gente pa' to".

(La arrogancia y el error. Diario de Cuba, julio 2013)

Friday, May 8, 2015

Miguel Angel de la Torre vs. “Las impuras”, de Miguel de Carrión

Tal parquedad de estilo en Miguel de Carrión pudiera no ser defecto. Máximo Gorki la comparte, sin detrimento de sus méritos de novelista insignes. Pero nuestro compatriota lleva ese desdén suyo hacia lo que pudiéramos llamar la parte adjetiva de su arte a extremos verdaderamente condenables, porque comprometen el acierto total y en ocasiones llega a tocar la médula misma del empeño. No se trata ya de la gramática ni la retórica, sino de esas leyes inmanentes y rudimentarias a las cuales está sujeto el arte de novelar.
   El señor Carrión acaso sea una víctima de su sinceridad. Acaso su desmaño sea el efecto de su voluntad de no fingir ni disfrazar la realidad, aspirando a encuadrarla en sus libros tal como la tropezó en la vida diaria. ¡Deseo imposible y engañador! Eso lleva a la fotografía.
   Un pintor y un fotógrafo, puestos frente al mismo paisaje, producirían dos paisajes diferentes. El objeto sería el mismo, pero en la obra del pintor habríamos de encontrar, al lado de lo copiado, el reflejo de su temperamento y el trasunto de su arte. Ahora bien, ¿cuál de ambas cosas es la principal? Lo sustantivo en tal caso es indudablemente el destello mental a cuya lumbre lo veamos. Hoy no nos importa casi el nombre de los hombres y mujeres retratados por Velázquez y Van Diyck, mientras seguimos arrodillándonos ante el genio de los retratistas.
   Efectivamente, puede interesarnos poco el problema de herencia estudiado por Zola en su Rougont Marquard, pero el aliento de cíclope que alienta tal monumento literario nos pasma y encanta. El vaso es lo que importa, aunque tiremos el contenido. ¿Le quedarían méritos para subsistir a estos libros de Miguel de Carrión si nos desentendemos del valor de sus doctrinas y sus intenciones épicas? La respuesta nos parece dolorosa.
   Porque, restado ese valor circunstancial y artísticamente adjetivo, ¿qué nos queda de esta obra? El autor no quiso preocuparse de la perspectiva, del colorido, del fondo, del decorado.
   Quisiera ser justo hasta el fin. A primera lectura pudiera juzgarse por lo escrito que creo al señor Carrión en absoluto desprovisto de cualidades de novelista.
   Y no es así. El autor de Las honradas y Las impuras posee condiciones magníficas para fabricar novelas, pero no ha sabido explotarlas. No basta para descubrir los tipos y luego aceptar a enredarlos en una acción, a lo largo de la cual vayan desarrollando paralelamente una tesis ultra artística más o menos disimulada. Hay algo más.
   Hay que configurar a adaptar estos tipos unos a otros, para que jueguen sin rechinamientos dentro de la acción novelesca; buscarles un fondo armónico y pintoresco, contra el cual se destaquen a buena luz; colocarlos y moverlos atinadamente sin que se estorben y eclipsen unos a otros, cuidando la perspectiva.
   Y de esto carece el señor Carrión. Él sabe fabricar los muñecos de su guignol, pero no sabe moverlos atinadamente.

(Los muñecos de Carrión. Heraldo de Cuba, octubre 1919. Ref: Blog Hotel Telégrafo)

Thursday, May 7, 2015

Norberto Fuentes vs. la Generación del Mariel

La única vez que Guillermo Rosales estuvo cerca del Mariel fue en la primera jornada de Girón en abril de 1962, cuando fuimos a cortar caña para un central de la zona el sábado 20 y regresamos al otro día. Lo digo porque un comercial en YouTube de la Editorial Silueta nos invita a la próxima aparición del libro de Carlos Velazco y Elizabeth Mirabal sobre Guillermo. Con esos autores, garantizado un buen libro. Lo que no puedo pasar por alto es la segunda frase del corto cuando califica a Guillermo como “uno de los más emblemáticos autores de la Generación del Mariel”. Bueno, si solo fuera del Mariel, pues entonces habría que decir, en justicia, que es el más emblemático, más desesperado, más carismático, y mejor, por carrera larga, de todos los autores de ese grupo. Si aceptamos la premisa, desde luego, Guillermo brillaría como un sol en una cueva de espantados murcielaguitos. Debemos entender que a esa generación no pertenece ni siquiera Reinaldo Arenas, al que igualmente le endilgan el título, porque a todas luces Reinaldo es de la mía, o por lo menos se las arregló para publicar su Celestino antes del alba en 1967, un año antes de mi Condenados de Condado, y que haya venido en un bote de la famosa estampida del Mariel no lo convierte automáticamente en miembro de esa generación posterior. Es el mismo caso de Guillermo y su conocida amistad con Carlos Victoria. No significaba que Guillermo calzara los mismos zapatitos. La realidad es otra, muy distinta. Yo también fui amigo de Carlos Victoria —ese sí, al parecer, un representante genuino de la generación del Mariel—, o por lo menos lo conocí. Realmente, nunca me ha interesado mucho ese tipo de personajes. Estábamos en la onda de hacer una revista al principio de mi llegada al exilio. Creo que fue un invento de Jorge Dávila meterlo en nuestro equipo, y de esa manera lo conocí. Éramos Jorge, Adolfo Rivero, Alberto Batista, Andrés Reinaldo, Carlos Victoria y yo. Nos reuníamos los sábados por la mañana en casa de Jorge, en Westchester,el apacible barrio de clase media de Miami, y Jorge nos esperaba puntualmente con unos portentosos desayunos. De alguna manera iba a ser la quinta publicación literaria cubana de importancia después de Social, Orígenes, Lunes de Revolución y El Caimán Barbudo. Era el interés, así como los desayunos. Desayunos que evidentemente comenzaron a salirle caros a Jorgito, aunque no pueda precisar ahora si los cubos de café con leche que Yorch nos escanciaba tuvo que ver con la desaparición de la quinta publicación literaria cubana de importancia, sin que siquiera imprimiera un número. Luego supe que Carlos Victoria estaba muy ofendido porque yo había colgado en Internet una carta de Reinaldo Arenas muy poco favorable para Miami. En fin, a lo que iba al principio: incluir a Willy —Guillermito—, en esa generación, significa que un grupo de zarrapastrosos bolcheviques de origen cubano, unos mocosos todos, salidos de la manga del Comandante, algunos aún en activo como Silvio Rodríguez o Víctor Casaus o Guillermo Rodríguez Rivera (el otro Willy del grupo) y los más retraídos en el presente, como Raúl Rivero o este mismo servidor, o los que ya apagaron la planta y se fueron del aire, como Luis Rogerio Nogueras “Wichi el Rojo” o Jesús Díaz, por supuesto que perteneceríamos en masa, por derecho propio, a tal generación. Además de que Guillermo cayó en Miami desde España, todo por avión y con pasajes debidamente pagados, nada de flotilla de desvencijadas embarcaciones. Coño, caballeros, es hora de que acepten a Guillermito como lo que era: un escritor forjado en la Revolución Cubana y que desde los quince años vestía uniforme verde olivo y andaba de maestro voluntario. Hasta pudiera haber sido hoy un mártir como el negro Conrado Benítez. Ustedes, paren de cubrir sus insuficiencias de talento y querer emplearlo como emblema de algo que no ha producido un solo libro de interés, al menos si se les compara con los mismos de Guillermo Rosales. ¿El Mariel? Si el Mariel tuvo una impronta en su vida fue cuando, vulnerable y solo, lo llevaron a renunciar a su historia y a sus raíces y que se matara. Ese fue el servicio de la generación del Mariel respecto a una de las criaturas más emblemáticas de la generación de los hijos de la Revolución Cubana.

(El Mariel mata. Blog Libreta de Apuntes, julio 2013)

Wednesday, May 6, 2015

Leopoldo Ávila vs. “Tres tristes tigres”, de Guillermo Cabrera Infante

“Tres Tristes Tigres” es una larga colección de cuentos, pedazos de narraciones, etc, una especie de rompecabezas con el que Caín quiere asombrar al mundo y que con la ayuda de “buenos” amigos, de algún crítico que se ha dejado sorprender y el poderoso impulso de las publicaciones de la CIA, ha logrado, al menos, cierta resonancia. Objetivamente: toda valoración de esta obra está falsificada por el amiguismo y la política. Nadie que la lea puede colocar a Caín junto a García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes o Carpentier ni aún Asturias. Sólo “Mundo Nuevo”, por cuenta y riesgo de la CIA, puede hacer semejante ubicación. Es una novela sobre La Habana —sobre una parte de La Habana (tres cuadras de una calle: La Rampa, según confesión del autor), una Habana que ha existido, es cierto, pero no la única. Es La Habana de los borrachos, los homosexuales, los toxicómanos y las prostitutas: La Habana de Caín, en una palabra. En relación con Cuba, la novela resulta extemporánea y pedante, aunque haya intentos de captar el habla popular que sean interesantes. Las parodias de los literatos y escritores que incluye, mal hechas, falsas y sin gracia, están además, coronadas por la irreverencia injustificada y cainesca de una parodia de Martí. Sólo quien ha perdido todo concepto de amor a la Patria y a su historia podía haber hecho lo que ha hecho Cabrera con el Apóstol: el equivalente literario de lo que hicieron los marines americanos en la estatua del Parque Central.

(Las respuestas de Caín. Verde Olivo, noviembre 1968)

Tuesday, May 5, 2015

Haroldo Dilla vs. Carlos Alberto Montaner

El neoliberalismo es una doctrina cuya puesta en práctica no solo ha causado muchos estragos sociales, frustraciones y miserias, sino que ha estado precedido por ellos. Sencillamente, porque sus postulados solo pueden practicarse desde la represión y la inacción social, de lo cual el régimen de Pinochet en Chile —con sus asesinatos, desapariciones y torturas— fue un ejemplo trágico.
   Pero aún así, leer La Acción Humana o El camino a la Servidumbre es siempre un motivo de regocijo intelectual que sugiere que efectivamente hay cuotas de ideas atendibles en una propuesta teórica que coloca al mercado como principio ordenador de la sociedad. Pero como sucede en otros cuerpos teóricos, el argumento neoliberal se degrada cuando cae en manos de divulgadores menos ilustrados que los padres fundadores.
   Y CAM es un ejemplo de esto último, a lo cual se suma su tendencia a opinar sobre lo que no conoce, desfigurar situaciones, ofender a sus adversarios y hacer de su ideología un credo fanático. Como ocurre ahora con los estudiantes chilenos, pero antes con la izquierda latinoamericana que posee brillantes representantes en el continente, y a los que en algún momento llamó —escoltados por otros dos “perfectos amigos”— “los perfectos idiotas”.

(La ignorancia y el cinismo. Cubaencuentro, julio 2013)

Monday, May 4, 2015

Vicente Echerri vs. José Kozer

Aunque un impulso natural me lleva a alegrarme siempre que un compatriota recibe alguna distinción, el afecto y el respeto por la poesía me obligan a deplorar este premio por los malos ejemplos a que puede inducir. La escritura arbitrariamente segmentada que el Sr. Kozer segrega —por confesión propia— de manera incontinente no creo yo que pueda tener cabida en esta noble tradición, si exceptuamos los experimentos de la Vanguardia y sus lamentables derivaciones y parodias. Desde luego, ningún premio tiene la virtud de agregar méritos sustantivos, de lo contrario Zoé Valdés, que ha recibido algunas de las más altas distinciones editoriales en España, estaría entre los primeros escritores de la lengua.

(comentario publicado en la red, Jul. 2013)

Friday, May 1, 2015

Matías Montes Huidobro vs. “Aire frío”, de Virgilio Piñera

A pesar de la fama de Piñera y de que para algunos es su obra más importante, y de que Luz María Romaguera es una de las grandes heroínas de la dramaturgia cubana, esta pieza dista de ser una de mis favoritas, quizás tal vez por su incursión en el neorrealismo cubano, franco antecedente de los bajos fondos que vendrá después. No se me esconden los méritos, pero para mí la puesta en escena de Aire frío, fue una brutal experiencia teatral, y salí del teatro a punto de que me diera un colapso, con el corazón saliéndoseme por la boca. El final de la obra nunca lo he considerado particularmente bueno. Desde que la leí por primera vez, me pareció un desastre, porque el padre, que no ve, tal parece que es sordo, ya que aparentemente ni oye y ni reconoce las voces, sin poder identificar las de nadie. La escena tiene lugar, además, en el momento en que la madre está a punto de morir, con la participación de uno de los hermanos del protagonista, que está sordo, y que como bien sabían Goya y Beethoven, esto no tiene la menor gracia. Una situación patética, trágica, que es convertida por el dramaturgo en un grotesco. Piñera fue un escritor transgresor que supo llegar a las entrañas de la crueldad de una obra a la otra, y la del último acto de Aire frío es de alto voltaje, precisamente por una condición realista que llega casi a la irrealidad. Aunque yo al realismo lo detesto, reconozco que en cierto sentido más efectivo no pudo ser. En medio del caos, la escena se la “roba” el personaje del sordo, que no había aparecido en todo la obra y que sería francamente eliminable, salvo por el hecho que Piñera lo utiliza de forma astracanesca, uniendo a la sordera una voz distorsionada que acrecienta el grotesco de la situación. Para colmos, además de confundir todo lo que decían los demás, los otros tampoco lo entendían lo que él decía. La influencia mediática en la obra se deja ver, porque también tiene una procedencia radiofónica a través de un sordo paródico, Cucufate, que recuerdo de la radio cubana de los cuarenta o los cincuenta. En todo caso, el dramaturgo la pone en práctica en esta última secuencia, a lo que va a unir, a los estertores de la muerte, la ceguera y la sordera de los personajes, que no daban pie con bola, como si fuera una escena de una película de “Los Tres Chiflados” haciendo disparates. El público se desternillara de la risa, convirtiendo todo aquel espectáculo macabro y grotesco en un absoluto reality show en el cual los que estábamos en la platea éramos copartícipes. Para mí era bochornoso. ¿Cómo explicarse el hecho tratándose de un escritor que, seguramente, debió haber sufrido en carne propia crueldad semejante, por haber padecido la burla homofóbica y por su propia apariencia física? ¿O era esta burla, precisamente, la explicación? ¿Y la del público, cuál podríamos darle?

(El teatro de la crueldad: una pateadura histórica. Diario de Cuba, junio 2013)