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Tuesday, April 14, 2015

Elsa Rossell vs. “King of Cuba”, de Cristina García

La novela King of Cuba de la novelista cubano-americana Cristina García no es mala ni buena sino más bien todo lo contrario.
   Los personajes de caricatura en su obra habrían hecho una excelente farsa teatral.
   La literatura postmoderna les ha llamado “literatura de fronteras”, “literatura del borde” o “del margen” a las obras de personas que nacen en un país pero tienen ascendencia directa de otro país; yo prefiero llamarla “literatura con guión” (México-americana, italo-americana, etc.) y “literatura traducida” porque casi todos los escritores de la literatura hispano-americana que escriben en inglés han nacido en Estados Unidos y sus referentes sobre sus países de origen son narrados por otros; los autores tienen solo un conocimiento de segunda mano… con los consiguientes entuertos y datos falsos; un ejemplo terrible en King… es el infamante pasaje donde una Dama de Blanco se da candela.
(…)
   Lo primero que cabe preguntarse es cuál es el público lector para el que la autora escribió este libro. La literatura latina escrita en inglés usa términos en español, pero con destreza literaria se logra que el público angloparlante entienda la expresión, por el contexto o por una referencia posterior en donde está el significado en inglés. Importantes expresiones o figuras literarias en King… están solo en español y no comunican en inglés. ¿Será que la autora en realidad está escribiendo para los emigrados cubanos? La fábula, un tirano cubano viejo y otro cubano viejo del exilio recalcitrante no es muy interesante que digamos sino al lector ligado de alguna manera a los grupos fundamentalistas de la diáspora; para los que en Miami had a victory parade prepared to march down Calle Ocho a la muerte de Castro.
(...)
   El libro fue escrito en tiempo récord; se sabe porque en el mismo ya se hace referencia a la moringa, una senilidad de Castro relativamente reciente. Solo genios como Lope de Vega y los repentistas pueden crear obras de arte de ahora para ahorita.
(...)
   Hay personajes secundarios, “Fernando” (Raúl Castro) y otros; todos tan de cartón como los protagonistas y no vale la pena extenderse en ellos.
   La literatura y el teatro cubano-americano escritos en inglés tienen obras de gran calidad y unos cuantos premios internacionales… lástima que Cuba tenga un monarca absoluto y que alguien haga una caricatura mala del King of Cuba.

(“Rey de Cuba”. Cubaencuentro, junio 2013)

Monday, April 13, 2015

Fermín Gabor vs. Zoé Valdés (2)

La invitación que El País hiciera a Yoani Sánchez debió producir en su competidor, el diario El Mundo, parecido deseo: el de contar con una comentarista criolla. ¿Era, en diversa interpretación, la misma pieza: La Bella Cubana de Joseíto White ? En cualquier caso, El Mundo contrató a Wendy Guerra para que abriese blog en sus predios a partir de septiembre. Y, no más anunciado esto, comenzó el remake del gran filme de Nicholas Ray. Pues, sulfurosa por la oportunidad que se le abría a la joven novelista residente en La Habana, Zoé Valdés cargaba sus cartucheras y adoptaba las furias de Mercedes McCambridge.
   Llamadas telefónicas suyas intentaron inflamar los más altos despachos del diario madrileño. Como tantas veces en su exitosa carrera, Madame Valdés recurrió a la difamación: acusó a Wendy Guerra de acostarse con Gabriel García Márquez («qué buen tema para su blog », debieron pensar los de El Mundo), la acusó de agente del G-2, la acusó de haberse ganado el Premio Bruguera, la acusó de vivir en La Habana…
   Mercedes McCambridge poliforma, recientemente saltó a la prensa su enfrentamiento con Ileana de la Guardia. Pero ninguno de sus enfrentamientos supera al que establece ella consigo misma. Y no se trata solamente de su pasado, qué va. The best is yet to come. Lo peorcito suyo no es propiamente el pasado, sino el futuro que se truca desde ya.
   No hay más que leer su último bodrio para darse cuenta de ello. La ficción Fidel lo tituló, cuando debió ponerle La ficción Valdés. Caben en esas páginas los consabidos tupes sobre su biografía (me refiero a la de ella), y caben asimismo sus pretensiones de ser considerada a la altura de Guillermo Cabrera Infante y de Reinaldo Arenas. ¡Pobrecita, ni ella misma consigue creérselo !
   Prueba de esa profunda desconfianza suya es el oeste que arma en cuanto algún escritor o escritora cubana se alza con premio o libro u oferta de trabajo. Wendy Guerra abre blog y el mundo de Zoé Valdés tiembla, peligra, se viene abajo. Ante la más mínima prueba de existencia aportada por los otros, Madame Valdés pierde exclusividad, se diluye, no existe. Fidelina Castro de la literatura, ella tiene que brillar a costa de la eliminación de contrincantes. Y hablo de eliminarlos, no mediante el poderío de una obra, sino mediante presiones telefónicas y difamaciones. (Más artista, Cabrera Infante podía ser igual de macartista.)
   Zoé Valdés ha abusado de su biografía hasta el punto de jurarse sitio grande en lo venidero. (Tendrá que armarse de la misma paciencia mostrada por las protagonistas piratas de una de sus novelas quienes, desembarcadas, tuvieron que esperar un siglo o casi un siglo hasta que Cienfuegos viniese a ser fundada.)
   Zoé Valdés se cree tan sol del mundo moral que acusa de comuñanga recortero a todo aquel que intente aproximarse a sus logros. A juicio suyo, Pedro Juan Gutiérrez salió de un taller literario de Villa Marista para aguarle a ella la fiesta, para pisarle la sombra. Y no hace mucho acusaba a no sé quién de querer colarse en Gallimard, donde publica ella.
   Y antes Alejo Carpentier, me temo.
   Y antes Lydia Cabrera…
   Pero Zoé Valdés siente placer en creerse que sus competidores descubrieron la importancia de Gallimard desde que ella entró allí. (Ay, cómo deber haber gozado esta muchacha paseando por La Habana los trapos conseguidos en la Embajada de Cuba en París.)
   Raro entonces que, con tanto prurito de originalidad, no se lo haya pensado dos veces antes de elegir el tema de su más reciente libro. Porque, en cuanto a ficción y a Fidel, un compatriota suyo tenía ya la delantera. Me refiero, por supuesto, a Norberto Fuentes. Creánme que es una lástima que nuestra Mercedes McCambridge no vaya a acusarlo de colársele en la cola. Lástima lastimosa y lamentable. Porque, incluso en sus delirios que no la dejan distinguir verdades de mentiras, Zoé Valdés ha de sospechar lo inane de acusar a Norberto Fuentes de segurability.

(La lengua suelta # 52. La Habana Elegante, segunda época)

Friday, April 10, 2015

Belkis Cuza Malé vs. Francisco Morán, Lourdes Gil y Encuentro

En primer término, la nota de prensa —aún con el cuerpo insepulto de Heberto— donde se decía que el poeta había estado haciendo gestiones para regresar a Cuba. Luego, la aparición del número de La Habana Elegante dedicado a Heberto, donde inescrupulosamente se apropian de su obra sin solicitar permiso alguno, y su director, Francisco Morán, entrevista a la mujer que ahora trata de convencernos que amó al poeta. Para los que no conozcan esta triste historia sirva de recordatorio la forma en que Heberto murió en Alabama, solo, absolutamente solo, como lo había estado siempre en estos años finales.
(…)
   Por extraño que parezca, desde el mismo día de la muerte de Heberto, he visto crecer ante mis ojos un nuevo fenómeno: el de la calumnia. La vocera ha sido siempre la misma señora de esta historia, pero todo parece indicar que el amo es otro. Nadie que no estuviese apoyado por fuerzas superiores, sería capaz de enfrentar un proceso de difamación tan costoso como peligroso para la reputación de los involucrados. No soy yo ahora la que acusa a la señora Lourdes Gil de difamación, es ella la que tras poner las cartas sobre la mesa, la que tras reiterar en su entrevista en La Habana Elegante, que Heberto estaba haciendo gestiones para volver a Cuba a un acto de restitución, está diciendo muy a las claras lo que oculta.
   ¿Se trata —me pregunto—, de las maquinaciones de una mujer que quiere vivir de la fama del hombre que en vida maltrató, o se trata de toda una campaña de descrédito no sólo de mi persona, sino de la del propio Heberto Padilla? El Gobierno de Cuba, la tiranía castrista, ha estado acosándome desde la muerte de Heberto, como lo hizo en Cuba a partir del Caso Padilla, cuando a fin de eliminarme del panorama literario y político de Heberto, no paró en sus intentos por desprestigiarme.
   Prueba de esto es ese amañado número de La Habana Elegante con la autocrítica de Heberto, donde se eliminan todos los párrafos en que me menciona, así como la entrevista en la que Lourdes Gil recurre a la más vil difamación y a la mentira. Incluso, inventa un "torturado amor", pues, según ella, estaban siendo perseguidos por todos nosotros, sus ex esposas y sus hijos, quienes les grabábamos todas las conversaciones. Llega incluso a decir que Heberto vino engañado a Texas porque se le dijo que su hijo había tenido un grave accidente. Cuando en realidad, fue Heberto quien llamó y pidió venir, quien se brindó a dar una conferencia aquí en Fort Worth, en La Casa Azul: Centro Cultural Cubano, y que en su momento no sólo se anunció en el Internet, sino en los medios de prensa. Y que resultó ser, por paradojas del destino, la última que dictaría.
   Tras su aporte a ese número de La Habana Elegante, en el cual el director le agradece su colaboración especial, porque sin ella hubiera sido imposible realizarlo, Lourdes se asocia a la profesora Patricia Pardiñas Barnes en la creación del Coloquio 2001 que ahora se celebra, y que en un gesto de descortesía sin nombre, no invita a ningún miembro de la familia Padilla, ni siquiera a las veladas artísticas y sociales.
   En medio de la preparación de este coloquio, la revista Encuentro, a cargo de Jesús Díaz, uno de los invitados al mismo, en su número de Invierno del 2001, publica otra de las hazañas de Lourdes Gil: un "homenaje" a Heberto Padilla, con textos, entre unos pocos, del propio poeta y de "la cantante" (como ya han comenzado a llamarla algunos, por ser también el nombre de una artista del género). Tiene no sólo la osadía de publicar un texto apócrifo de Heberto, como son esas supuestas memorias del exilio, que dice escribió junto a ella. Heberto no escribía nada desde hacía muchos años, desde los años primeros de Princeton. Y, por supuesto, mucho menos un texto torpe como ése, lleno de mentiras, injurias contra mí, datos, nombres y fechas que no concuerdan en espacio ni tiempo. La señora se ha dedicado a reeditar otros textos, a los que ha interpolado esas calumnias puestas ahora en boca de Heberto, cuando en realidad es ella la que piensa así. Tengo la certeza de que esta mujer miente intencionalmente y la emplazo a que haga público dicho texto.
   Denuncio, pues, a la opinión pública, este nuevo Caso Padilla, porque esta vez es el gobierno de Cuba, el verdadero amo, quien intenta hacer aparecer a Heberto como un marxistoide, un izquierdista que detestaba al exilio, a su familia y a Belkis Cuza Malé. Quiero que Lourdes Gil muestre la copia original de esas "memorias del exilio" de Heberto, pues a mí no me puede engañar. Es notoria su deshonestidad, el ardid que usó, al otro día de su muerte, para apoderarse del pasaporte de Heberto, su certificado de ciudadanía, e incluso una tarjeta de crédito a nombre de mi hijo que le había entregado yo durante su estancia aquí en mi casa. En todos los sitios se hacía pasar como su esposa, y tengo pruebas de cómo manipulaba los asuntos de éste durante su breve estancia en el College of Columbia, en Georgia, las cartas falsas que escribía a nombre suyo, así como la invención de todo tipo de artimañanas para rodearse de escritores y artistas célebres.
(…)
   Un día, Jesús Arboleya, quien entonces fungía al frente del departamento de prensa y propaganda en la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas, me llamó para ofrecerme la lista de unos ciento cincuenta profesores, académicos, artistas y escritores cubano-americanos pro castristas, con los que Cuba deseaba que yo me relacionara. En esa lista, me recalcó en especial los nombres de dos mujeres: Lourdes Gil y otra persona, y me pidió en especial que no dejara de ponerme en contacto con Lourdes, una poetisa que el año anterior (1978) había ido a Cuba como invitada al Festival de la Juventud (evento internacional comunista que ese año se celebró en La Habana). No pasaron muchos días sin que Lourdes y una amiga, acompañadas de un poeta puertorriqueño de nombre Orlando, aparecieran por casa en Elizabeth, New Jersey. Traían incluso un hermoso cake de fresas comprado, dijeron, en la terminal de trenes de New York.
   Así conocí a la misma que hoy calumnia a diestra y siniestra en cuanta publicación encuentra, y no tiene reparos en presentar al poeta de Fuera del Juego como un grotesco personaje, lanzando improperios contra su esposa de treinta años y madre de su hijo, y gestionando una visita a la Isla, en busca de perdón. ¿No les suena demasiado raro todo esto?
   A mí, que he vivido de cerca las malévolas campañas de la Seguridad del Estado, que en Cuba no se cansó de intentar aplastarnos, y que ahora está usando las propias instituciones del exilio contra la imagen del hombre que generó el primer y gran brote de disidencia de los intelectuales cubanos, nada puede extrañarme ya. Hoy es ese acto en la Universidad de Miami, el "homenaje" de la revista Encuentro, las calumnias y la apropiación ilegal de los poemas por La Habana Elegante, el anuncio de la publicación de otros textos apócrifos del poeta (sin la autorización de la familia). Mañana, ¿qué?

(¿Fuera del juego? La Nueva Cuba, abril 2001)

Thursday, April 9, 2015

Norge Espinosa vs. Luis Pavón (2)

Su poesía es hoy ilegible e inmencionable, aunque tal vez suene más digna traducida al eslavo, si recordamos que entre sus condecoraciones, Pavón ostentaba la Orden Cirilo y Metodio. Sus artículos en la prensa, una invitación al peor olvido, al tiempo que ejemplares muestras de la intolerancia que primó en nuestra prensa durante un buen tiempo, dejando secuelas que siguen dejándose ver aún hoy, de vez en vez.
   En una antología preparada por Luis Suardíaz, David Chericián y Eduardo López Morales, puede encontrarse su rostro, emparedado entre versos de Roberto Fernández Retamar y José Martínez Matos, en el mismo tomo donde algunas de sus víctimas eran devueltas a la luz como parte de una generación que en realidad no fue nunca tal.
   Recuerdo otra foto suya, en la cual aparece junto a Alfredo Guevara en el entierro de Bola de Nieve, que había fallecido repentinamente en México. Era 1971 y Pavón empezaba a disfrutar de su poder ante el CNC. Funcionario y enterrador, debió haber sentido un alivio profundo ante el cadáver del escandaloso piano man. Uno menos, se habrá dicho, al frente de aquel cortejo literalmente fúnebre.
   Hablé con Luis Pavón Tamayo, según creo recordar, solamente una vez. Por teléfono. Había dictado ya mi conferencia, y con los materiales que la alimentaron, me di cuenta de que tenía que ir aún más profundo en el tema. Un libro, me dije, hay en todo esto, y aún estoy dándole vueltas a esos testimonios de quienes sintieron la grisura de aquella época en carne propia. Quise, sin embargo, escuchar tantas voces como me fuera posible antes de entrar en semejante empresa. Y así como hablé y entrevisté a Ramiro Guerra, Ingrid González, Antón Arrufat, Armando Suárez del Villar, José Milián, Iván Tenorio y muchos otros, me pregunté qué podría contarme Luis Pavón acerca de ese tiempo.
   Procuré su número, lo llamé. Ya le habían advertido. Repitió a través del cable la pantomima que el programa de televisión quiso hacernos creer. Apeló a su vejez, a su enfermedad, para negarse delicadamente a una entrevista. No iba, como sí hizo Julio Dávalos, a revelarme otras aristas del asunto. Acaso, mientras hablábamos, se habrá encogido en su sillón, para simular con mayor credibilidad el papel del anciano mártir. Un viejo pánico, como aquellos que Virgilio Piñera imaginó en una obra que presagiaba el silencio y el terror de sus días finales.
   No hubo pues entrevista. No creo que hubiera sacado mucho de ella. Pero a fuerza de ser justos, sentí que tenía al menos que intentarlo. Desaparecen archivos, se soplan las cenizas, se borran diarios y páginas que otros dictan desde el reverso opaco de los espejos que vieron lo que no quisiéramos tal vez saber, y así se va desmantelando cierto costado de la Historia. Mueren algunos personajes de esta otra obra, y con ellos algún matiz, un claroscuro, un índice de verdad, así sea corrompida, se nos escapa en el empeño de reconstruir las claves de un error. Qué me hubiera revelado ante la noticia que me empuja estas líneas, por ejemplo, el mismísimo Suárez del Villar, desaparecido ya hace casi un año. Para imaginar esa respuesta, seguiré persistiendo en los capítulos de mi libro.
   Murió Luis Pavón, y La Habana lo despide con un golpe de llovizna. A estas alturas, no encuentro en la prensa nacional noticia de su deceso. Me gustará ver si se le recuerda y cómo. De qué manera a una persona que no tenía ya ni peso, ni obra, ni nombre, se le dice adiós. Alguno de sus viejos colegas: esos otros comisarios grises y mal sobrevivientes, midiendo el tiempo que pueda quedarle en este mundo a partir de la desaparición de quien fuera un soldado tan enérgico en el cumplimiento de su fatal misión, tal vez le dedique un instante de silencio. Probablemente menos de un minuto: el tiempo que en la lluvia media entre uno y otro relámpago.

(Luis Pavón Tamayo: Sinfonía en gris menor. Diario de Cuba, mayo 2013)

Wednesday, April 8, 2015

Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí) vs. Jesús Díaz

No esperé que levantaras tu voz, desdeñosa, poniendo mi caso como centro de toda la problemática intelectual de Cuba.
   De tu coraje juvenil y revolucionario yo esperaba, en realida, una denuncia valiente a tantos problemas que afectan el mundo de nuestra cultura, y que van creciendo por día. Pero tú quisiste cerrar los ojos ante ese dilema, y disparar contra el punto que te pareció más débil y que si no es el más brillante tampoco es el más oscuro.
   Tú eres un joven valioso, con 24 años, viviendo en una sociedad que te abre todos los horizontes, por lo que no tendrás que forjar tu cultura contra viento y marea, a fuego y sangre, como algunos artistas del pueblo que teníamos que dejar de comprar un pantalón para comprar un libro, y hemos llegado a esta alta hora de la Patria sangrando.
   Para acabar de diamantar tu vida, sólo tienes que cuidar celosamente el no ser injusto en ningún momento. La injusticia afea a los hombres.
   Mira, a los veinticuatro años se puede ser genial en cualquiera de las manifestaciones del arte, pero un crítico cabal… difícilmente. En esta edad, la pasión puede enturbiar los cristales de la realidad, y el crítico debe ser sereno y consecuente. No hay tampoco en ese pedazo de tiempo azul una visión de conjunto de la vida y todas sus manifestaciones, para poder enjuiciar una obra, cuyos ángulos pueden ser muy diversos. Además, por mucho que se haya estudiado, no es posible a un hombre de 24 años tener acumulados los conocimientos suficientes para emitir aseveraciones absolutas.
(…)
   Comienzas tu crítica planteando la necesidad de que surja un Homero capaz de cantar las grandezas de la Revolución, en lo cual coincidimos. Seguidamente, con marcado desprecio, afirmas que ése no puedo ser yo. Debo preguntarte: ¿Y acaso lo pretendo? ¿Soy yo el único, entre tantos buenos y malos, que no puede serlo?
   Más adelante, descargas furiosamente contra las décimas, indiscutible vehículo expresivo de nuestros campos, y te eriges en enemigo implacable del canto popular.
   Y no sabes, ¡oh, Jesús!, que para que surja ese Homero que tú reclamas, hay que estimular y multiplicar la presencia de los jugalres, pues sin juglaría no puede haber Homero. Homero es la culminación de una larguísima secuencia de poetas populares.
   ¿Quién será el Homero de Cuba? El gran poeta futuro que sepa recoger, depurar y organizar la centenaria obra poética del pueblo, en una síntesis feliz, que no sería otra cosa que la epopeya de la Patria.
   He ahí la base indispensable para que surja Homero. Y tú quieres, de un golpe, con la misma ira de los trovadores cortesanos contra los juglares, hacer desaparecer esa base, creyendo que puedes encontrarla en Londres, en Nueva York, en París o en alguna de esas forzosas originalidades.
   Quero recordarte que los trovadores cortesanos y los sabihondos de la clerecía se superestimaban y sentían un desprecio infinito por la juglaría que, humilde y calladamente, estaba creando las modernas lenguas literarias y los dialectos, donde luego cantarían grandes genios españoles, franceses, italianos y de Latinoamérica.
   ¿No te parece, mi buen Jesús, que un pobre diablo que te hable de estas cosas, que pueda señalarte tamaña contradicción, no es guajiro cimarrón que tú te has imaginado, cantando silvestremente y sin ton ni son?
   Tu desdén nace en la estampa previa que tienes de mi persona, en el recuerdo estorbante de mi procedencia de la juglaría campesina, en la esquivez al primitivismo de mi seudónimo, todo lo cual influye en tu estado de ánimo para verme como un irresponsable, como un guajiro intruso que planta sus botas enfangadas en el Palacio de las Bellas Artes.
   Yo lo sé y simplemente me sonrío.
   Si hay algo que no te perdono es que me hayas obligado, desde el olimpo de tu desdén, a hablar de mí, cuando hay tantas cosas importantes de que hablar.

(Respuesta fraternal a Jesús Díaz. Bohemia, agosto 1966)

Tuesday, April 7, 2015

Alfredo Triff vs. la poesía cubana

poeta no soy, pero disfruto del buen verso. confieso que detesto la poesía cubana. no como arte, sino como masturbación mental. admiro a muchos poetas cubanos que hacen buena poesía. pero hay tantos mediocres. y sí, hay insoportables poetas cubanos.
   ¿qué los aqueja?  el yoísmo.
   la poesía cubana es pleamar solipsista disparando yoes al universo. por supuesto, el yoísmo tiene su historia. está el yo tajante que golpea, el yo casi infantil, el yo agarrado a cuanto fenómeno le sea posible. yo que se multiplica exponencialmente en todo. yo implacable que termina cosificándolo todo.
   ¿cómo?
   es obvio que yo no puede saciarse de sí. de ahí que ese presentarse y re-presentarse continuamente en eventos y situaciones que llamamos poesía no pueda resumirlo. yo es incapaz de alcanzar su problema fundamental que le queda siempre detrasí. yo es un reflejo, no una sustancia. por eso deberá repetirse infinitamente para al fin y al cabo, no encontrarse. entre tanto, un universo de cosas permanece invisible.
   yo es incapaz de prestarles atención. solo uno en el universo: el yo mónada.

(el lastre yoísta en la poesía cubana. Blog Tumiami, Jun. 2011)

Monday, April 6, 2015

Reinaldo Arenas vs. Pablo Armando Fernández y Miguel Barnet

¿Quiénes eran aquellos horribles maricones de cuerpos elefantiásicos? ¿Quiénes eran aquellos traidores viles que habían logrado infiltrarse en el cogollito de Olga Andreu? Es hora pues de que digamos sus nombres. Eran la Paula Amanda (alias Luis Fernanda) y la Miguel Barniz. Eran, y guárdense esos nombres en su memoria, dos de los más fieles confidentes de Fifo, a quien veneraban no sólo políticamente, sino también físicamente.
   Pues bien, en cuanto la regia Piñera terminó su lectura magistral, los maricones informantes lo abrazaron, lo felicitaron llorando y patieron a toda velocidad cada una por rumbo distinto (pues se trataban de informantes supersecretos) hacia la puerta especial que comunicaba con el Jardín de las Computadoras, situado a un costado superior del palacio fifal. Ambos maricones, grabadora en mano, se encontraron frente a frente junto a la puerta oficial. Cada uno de los informantes enrojeció de furia al pensar que el otro podría entregar primero el informe. Al mismo tiempo que las dos locas golpeaban desesperadas la puerta oficial con una mano  en la que sostenían la grabadora, con la otra se arañaban, intentaban sacarse los ojos , se tiraban de sus inmensas lenguas, se retorcían las orejas; todo eso mientras se impartían repetidas patadas en sus vastos vientres. En un momento dado, la furia de la Paula Amanda fue tan terrible que agarró a la Barniz por su larguísima cabellera y de un tirón la dejó calva, quedándose así el pájaro para el resto de sus días (cualquier otra versión sobre la calvicie de ese monstruo es falsa). Pero la Barniz, aullando de dolor por la pérdida de su cuero cabelludo, maniobró con tal furia su garfio libre que sin dejar de tocar a la puerta especial le arrancó a la Paula Amanda todo el mentón (desde entonces este maricón ostenta unas largas barbas blancas, dizque en homenaje a Fifo, pero en realidad lo que hace es cubrirse la terrible deformación causada por la Barniz). Las locas sangrantes seguían armando tal alboroto que por último la puerta especial se abrió y en ella apareció el mismo Fifo en persona rodeado por su escolta regia. Las dos locas se tiraron de rodillas ante Fifo y comenzaron a lamerle las botas a la vez que, alzando las manos, le entregaban las grabadoras mientras entre ellas se propinaban terribles patadas. Fifo ordenó a sus escoltas que las separaran e inmediatamente escuchó el contenido de ambas grabadoras. Magnánimo, postuló:
   –Ambos informes son idénticos y me han sido suministrados al mismo tiempo, de modo que sólo uno de ellos se le entregará a las computadoras. Pero los nombres de ustedes dos quedarán en el registro secreto como si el informe hubiese sido elevado por ambos. En cuanto a la Gran Medalla Patria, no se preocupen que ambos la recibirán el día de la gran fiesta precarnaval en homenaje a mis cincuenta años en el poder. Esa mima noche —y aquí se dirigió a su regia escolta— quiero que me liquiden a Virgilio. Pero óiganlo bien: quiero un trabajo limpio y silencioso, nada de estruendo ni ametrallamientos, como han hecho ustedes en Miami contra mis enemigos. Aquí hay que ser más cautelosos porque tenemos menos aliados. Así pues, quiero que ese hijo de puta muera como de una muerte natural y discreta (un infarto, tal vez un suicidio) que pase inadvertida entre el barullo del carnaval, del cual yo seré su alma y centro. Y en cuanto a ustedes —y aquí se volvió a dirigir a las locas sangrantes y arrobadas—, marchaos y seguid trabajando en la sombra, como verdaderos héroes y hormiguitas.

(El color del verano. Tusquets, 1999)

Friday, April 3, 2015

Luis Ortega vs. Guillermo Cabrera Infante

Si no hubiera ocurrido la Revolución en 1959 este señor seguiría escribiendo unas croniquitas de cine en la revista Carteles, —la más sonsa que existía en Cuba—, y recorriendo la calle Obispo, arriba y abajo, con un libro en el sobaco, presumiendo de su importancia y viviendo de un sueldo de alguna oficina del Estado. Fue necesario que el país entrara en Revolución para que este pobre gacetillero de Carteles lograra colarse en un periódico como subdirector, a la cola del pillo Carlos Franqui, para organizar aquella cosa horrenda y ridícula de Lunes de Revolución.
   ¡Cuántas cosas tuvieron que pasar en Cuba para que el pobre Cabrerita pudiera convertirse en personaje y vivir en Londres y lanzar ex comuniones y amenazas desde su precaria vivienda!
   Se lo debe todo a la Revolución. La Revolución lo hizo persona. Sin la Revolución estaría todavía deambulando por la Habana Vieja y viviendo en la casa de vecindad de la calle Zulueta. Los años que pasó con la Revolución los ha explotado muy bien. Haber estado y haber desertado, le ha dado material para construirse una personalidad refleja.
   En algunas de sus obras se puede apreciar a Cabrera Infante inventando a otro Cabrera Infante. Es un ejemplo típico de la obsesión de un hombre por el homosexualismo de los otros. Es lo mismo que Franqui.

(Miami, donde el tiempo se detuvo. Edición digital)

Thursday, April 2, 2015

Alejandro Armengol vs. Luis Pavón

No es que Luis Pavón muera sin pena ni gloria, es que murió oficialmente olvidado. Nadie mencionó su fallecimiento en la prensa oficial cubana, ninguna nota breve, no hay hasta el momento un cable de agencia noticiosa que recoja el hecho. Por otra más de las ironías del destino, la historia o la política —la retórica aquí no importa— ha sido en el exilio donde más se ha comentado, o al menos mencionado, el fin de alguien al que muchos con razón consideraron y han considerado siempre un hijo de puta. Que ya no exista no cambia en nada ese criterio. Al menos, si se quiere se consecuente.
   Pavón, que fuera director de la revista Verde Olivo y también el aparente autor de unos pocos textos que, con el nombre de Leopoldo Ávila —los trabajos se han atribuido también a José Antonio Portuondo, otro mediocre estalinista— sirvieron para desatar el terror entre escritores y artistas, en momentos en que se impuso el dogmatismo, la mediocridad y la estulticia en buena parte de la literatura cubana. Sin llegar nunca a convertirse en una especie de Marat o Robespierre del trópico —no por falta de vocación sino por carencia de posibilidades— este poeta mediocre trató sin descanso de arruinarle la vida a varios creadores. Lo conseguiría mejor desde la presidencia del Consejo Nacional de Cultura entre 1971 y 1976, donde pudo ejercer casi a plenitud su destino de censor.
   Tras su breve reinado de terror cultural pasó no sólo a la oscuridad casi total sino al rechazo poco menos que absoluto. Luego sirvió de pretexto para una de las tantas jugadas con múltiples interpretaciones que han ocurrido en la isla a partir de 1959, cuando apareció en un programa de televisión en 2007.  Es posible que aquella “guerrita de los emails” rindiera provecho a unos cuantos, lo que sí es seguro que nadie está dispuesto a repetirla ahora, ni en la más ligera escaramuza. Quizá, después de todo, ha sido el miedo, no a Pavón sino a mencionar a Pavón, lo que explique este silencio momentáneo en la prensa cubana.
   La muerte de Pavón, por lo demás, a estas alturas no significa nada. Si acaso servirá para que algunos de los perseguidos de entonces, que han permanecido en la isla y logrado el pleno reconocimiento oficial y oficioso —premios nacionales incluidos— le dediquen una sonrisa irónica. No creo que la condición de humanista haga a nadie humanitario, al menos eso espero. Deberían celebrar, no tanto la victoria sobre el censor, que lograron hace mucho tiempo, sino el olvido como una forma más sutil, pero también más poderosa, de detracción.

(Pavón, el olvido oficial. Cuaderno de Cuba, mayo de 2013)

Wednesday, April 1, 2015

Raúl Hernández Novás vs. José Prats Sariol

En el sangriento campo de batalla
se oye ¡prats! ¡prats! formar tremenda bulla
que hace que el flojo pusilánime huya
para que no lo alcance la metralla.

Y en la cocina, donde está la olla
junto al caldero, el jarro y la botella,
se oye también ¡prats! ¡prats! la bulla aquella,
inseparable, como la cebolla…

Y al escuchar la alocución tan tuya
que proferiste con palabra bella
de la memoria de Navarro brilla,

Oh Pepe ¡Prats! —perdóname la pulla—,
quiero saber si tu onomatopeya
es la de un pedo o de una trompetilla…

(Soneto al crítico  Prats Sariol. Blog Efory Atocha, May. 2013)